
Soy autista. Tengo Un trastorno obsesivo compulsivo. Tengo altas capacidades. ¿Es como decir algo malo, algo malo y después algo bueno, no?
He recorrido harto camino para llegar a sentarme hoy en este computador a escribir palabras como «neurotípico» y «neurodivergente.» Curioso, cuando las escribes, el corrector te las marca de rojo. No las conoce. En verdad nadie las conoce mucho. Menos yo. Tengo 48 años y las conocí hace 1. Claro, sabía lo que es ser autista, pero porque lo había visto en la tele, en alguna colecta de Aspaut, o en la casa de algún amigo que tenía un hermano taradito. Taradito decía mi papá. Cuando alguien no miraba a los ojos, no jugaba a la pelota, no hablaba de corrido, no se rascaba las bolas con los amigos ni le gustaba agarrarle el poto a las mujeres, era un huevón raro. Cuando una chica no jugaba con muñecas, cuando caminaba por el patio alrededor de la cancha sin entrar en ella, y jugaba solo con algunas de sus compañeras porque no le gustaba jugar en grupos ruidoso, ni le gustaba la música fuerte, era una cabra rara.
Qué idea iba a tener yo de que ser autista no era una enfermedad mental. Mi papá decía que los niños autistas hablaban a gritos y que había que alimentarlos a la fuerza. Que terminaban en hospitales siquiátricos. «Tu hijo, eres normal».
Normal.
Yo recorría el borde externo de la cancha, me iba a tocar piano durante los recreos, no sabía como saludar a las personas, me daba miedo estar sin mi mamá, no entendía los chistes y me aferraba a las personas. Mis compañeros no. Ellos jugaban en la cancha, esperaban con ansias los recreos para ir a correr y pegarse patadas jugando al so, a los 12 años le echaban Zolben en las bebidas a las compañeras en fiestas a las que yo no iba porque me daba vergüenza. ¿Por qué no te gusta bailar hijo? decía mi mamá, si todos los niños bailan. Yo pensaba que bailar era fome, inútil no servía para nada y quería ir a leer todos los libros de ásterix, y después todos los de isaac asimov. Me gustaba la música de Alberto Cortez y no el rock latino.
No sé realmente si escuché rock latino para encajar, sin saber que nunca encajaría. Cuando eres un triángulo no entras por espacio del cuadrado.
Eso es esto. Un lugar donde les iré contando mis memorias, pero no cualquier memoria. Las memorias de cuando yo no era autista. Cuando no era una persona neurodivergente. Son mis recuerdos de la época en que era un niño normal, pero raro. Inteligente, pero raro. Bueno, pero raro. Anormal, pero normal.
Estos son mis recuerdos de cuando era neurotípico.
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