Bernard

Hace unos días con la Natalia cumplimos un sueño de años. Por fin nos pudimos comprar una casa. El casado casa quiere dicen, no? Nosotros nos casamos hace ya casi 10 años y ahí estábamos queriendo casa y no teniéndola. Y al final fue departamento y no casa. Ironías. Principalmente porque yo tenía un montón de problemas con Dicom, que venían de mis años en Rancagua y después por las peleas del divorcio. Ok, pero esto qué tiene que ver con ser autista y no saberlo? Nada. Y entonces qué estai contando leseras? A ver? Una cosa es que el blog se llame recuerdos de un ex neurotípico y otra es que esté obligado a escribir puras cosas de autismo. El blog es mío, cachai. Ya, eso como declaración de principios inútil Ahora, vamos al grano.

Después de firmar esclavitud por 20 años en la notaría nos pusimos felices con la Nati. Obvio. Éramos libres y ya no lo somos, Podíamos comprarnos una bicicleta trek al mes y ya no podemos. Ahora «tenemos dónde caernos muertos», como si antes de tener casa algún efecto físico incomprendido nos hubiera impedido tocar el suelo con el cuerpo y dejar las chalas en ángulo recto. Para mí, era cumplirle una promesa a mi Nati preciosa que dejó todo botado cuando me conoció y como toda una princesa del patriarcado se fue conmigo a Chañaral sin trabajo y sin ingresos a vivir de mi sueldo. Para la Nati, hasta donde entiendo yo, es una tranquilidad de que le podrá dejar algo a sus hijas si tenemos la mala suerte de ponernos el piyama de palo juntos. Como sea, era lindo el momento, así que llamé a mi mamá para contarle. Ella nos echó una manito con parte de pie así que estaba al tanto de la «operación» como le dice el banco. Qué falta de empatía no? La casa es para todos un lugar especial, no lo olviden, por eso arréglenla en Sodimac.

Mi mama se puso contenta y me felicitó, a la nati también. Días después me tocó llegar a verla por un viaje a Santiago y cuando abrió la puerta me dio un abrazo y me dijo «te felicito, hijo, tanto que les costó». Bonito. Muy bonito. No solo es bonito que tu mamá te quiera, sino que es más lindo que se ponga feliz por tus éxitos aunque no sean de ella. Bueno, la verdad es que los éxitos de mis hijos son míos también.

Y el rollo autista, cuándo? Oye, si andai con apuro anda al rápido a comerte una empaná. Estoy contando.

Después, yendo en contra de la historia de mi vida, con mil historias insistiéndome que no lo hiciera y trémulamente porque nunca dejaré de creer que un día será distinto, se me ocurrió llamar a mi papá para contarle. Uf. Mi papá merece un capítulo entero, o como dice aquí en el blog, una «entrada» para él solo. O dos. O tres. «Hola, papá. Llamó para contarte que con la nati nos compramos por fin un departamento.»

«Pero como podís ser tan hueón». «Siempre haciendo weas, hijo mío, por la chucha, que nunca hayai aprendido.»

Mi papá tiene 3 casas y 1 departamento.. Se las fue comprando durante su vida laboral para asegurarse una pensión porque nunca tuvo sistema previsional ni isapre. Juntó la plata y las compró al contado. Cuando pudo.

«Pero papá, yo estaba arrendando hace 15 años, ahora pagaremos nuestra propia casa y son como 200 lucas al mes por sobre el arriendo.» «200 lucas al mes, por la chucha, como te metís en weás siempre. Siempre haciendo todo mal».

«Y entonces por qué te compraste tú 3 casas y 1 departamento si comprar propiedades es una huevada?» «Comprar propiedades no es una huevada. Tú eres un weon que no sabe hacer las cosas. Cuando yo me las compré, era un buen momento para comprar.»

«Papá, me dieron una tasa rewena porque soy cliente del Banco hace 20 años. Al final quedó en menos de 4 por ciento, no sé cómo». «Bueno, tú sabrás lo que haces, pero cuando te quiten el departamento y no tengai dónde caerte muerto (otra vez lo mismo) no me vengai a pedir ayuda,» (Eso es mentira, si yo le pidiera que me regalara una de sus casas, me la regala altiro)

Bueno, corté el teléfono y le conté a la Nati. Ninguna novedad para ella. Mi papá siempre ha creído de manera sistemática y constante, como dice el facho de Mosciatti cuando dice cualquier cosa, que yo hago todo mal porque soy un weon. Mi papá no es malo, pero nunca me comprendió. Tal vez porque yo no era un macho, tal vez porque era débil, porque a los 3 años me regaló un peluche de un perro San Bernardo que se llamaba Bernard (el nombre penca, pero así se llamaba. Traía el nombre anotado atrás) y yo lo convertí en parte de mí. Dormía con él, lo llevaba a todas partes, como todo niño, lo que estuvo bien y aprobado por él como hasta alrededor de los 8 o 9 años, pero después de eso, cuando seguí necesitando estar con Bernard me convertí en un chico raro y débil para el estereotipo del macho alfa que él esperaba.

No es totalmente su culpa, no? Nacido en 1939, criado en los 40. Ni siquiera en los 50. Cuando mi papá tenía 13 años recién las mujeres pudieron votar para presidente. El mundo para él siempre fue y será de hombres fuertes, que se crían para proveer a las mujeres a las que toman cuando les parece, porque son de ellos. Cómo encajar yo ahí, con mi perrito de trapo (como decía mi mamá en broma) a los mismos 13 años, haciéndolo hablar con voz de niño y conversando con mis otros 10 peluches, con los que me acostaba a dormir. Casi ni cabía en la cama yo. Para mí, Bernard no era solo un peluche para jugar. Era mi cable a tierra. Curiosamente, Bernard era mucho mejor con la gente que yo. Bernard tenía un grupo de rock anglo, saben? Se llamaba «The Dogs». Su tercer disco se llamó «The China Menace». No se traducía como la amenaza china. Era la amenaza que significaba China. Comprenden? algo así como «China: El modo de vida que nos amenaza». A los 13 años, en vez de ponerme zapatillas pluma, pantalones amasados y camisa color damasco, yo componía el primer single del tercer disco de Bernard: «Diguiliguilongdongdingdangdong», una especie de grito desesperado de una banda que no quería ser un one hit wonder, porque su primer sencillo «The dogsong» había llegado a lo más alto del dogboard. Y mas encima dibujaba las tapas de los elepés. Y todo solo.

Mi papá no entendía que yo era autista. Que bernard era mi objeto de apego. Mi rutina. Yo tampoco pues. Para mí era mi amigo bernard, que siempre tenía que estar a mi lado. Yo vivía una vida exitosa a través de Bernard, porque siendo Alvaro no me atrevía a mirar a mis compañeros a los ojos ni saludarlos. Menos a mis compañeras.

A los 13 años empecé a hacer todo mal, para siempre.

Comentarios

Deja un comentario