Baby Dentist

La otra vez la nati estaba haciendo una de sus tortas maravillosas (maravillosas es poco la pueden encontrar en Pasteleria Natalia en instagram) y le habían pedido una torta que tuviera a Baby Yoda. Chuta. como la voy a hacer decía, si baby yoda tiene demasiados detalles y yo no puedo hacer tantos detalles. Ella siempre dice lo mismo, y siempre hace la torta y le queda preciosa que llegan a doler los dientes. (no es por eso que esta «entrada» se llama baby dentist, sean pacientes) (segundo paréntesis, sigo poniendo entrada en comillas mientras no me acostumbre a que las weás se llaman entrada) (tercer paréntesis el segundo paréntesis debería ir entre dos paréntesis así (()) o no? obvio) Bueno, volvamos con los enanitos al bosque como dice mi amiga chepi, que es la primera y única facha que merece aparecer en mi blog. En fin, la torta le quedó la raja, el baby yoda hasta tenía pelos en la cabeza. No sé cómo chucha hizo los pelos con fondant. En serio, son pelos de fondant, es una wea imposible. Entonces, aplicando nuestro súper sentido de los negocios, al estilo piñerasaurus, pusimos un aviso en el insta (el insta se dice, así lo dice mi amiguita karina cruzat, que es la única facha a la que mencionaré en este blog) con la foto de la torta para animar a la gente a comprarla. Y faltaba la canción, porque en instagram si ponís la pura foto se cacha altiro que eres de los 80, hay que poner la weá en un reel, en un story, o en un live, y puras cosas que se dicen en inglés porque somos weones. Busqué en espotifai y encontré la canción «baby yoda». Baby yoda, baby baby yoda, súper pegote la melodía. Estaba decidido. Salió el aviso. Y qué tiene que ver todo esto con baby dentist? Bueno, más o menos por la misma época (diremos eso para beneficiar la continuidad de la entrada porque no sé si fue en la misma época) (puta que hay hartos paréntess en esta entrada) (tercera vez que digo entrada) yo decidí que ya estaba bueno de tener el hocico hecho mierda por los golpes del pasado (literal, como dice doblao) y correspondía que fuera a ponerme los implantes que me faltaban en la boca antes de que fueran 32, pero como soy un impulsor del conocimiento, amigo de la enseñanza y fiel mecenas de los jóvenes, no fui a una clínica dental cualquiera, sino que fui a la clínica dental universitaria de la USS Valdivia. Me atendió un señor amable que se llamaba Elber. No es hueveo, se llamaba Elber. Me hizo una evaluación y me dijo que tenía que ponerme como 8 implantes. Igual barato porque era clínica universitaria. Pero antes, había que sacarme unos pedazos picantes de muela que tenía enclavados y hacerme unas tapaduras. O sea, ahora se dice restauraciones, porque la cosa es con resina y harta tecnología, pero pa qué andamos con weás si son tapaduras. Ok, tuve que esperar a que pasara el tiempo suficiente para que una alumna o alumno de la USS llegara a cuarto y le interesara atenderme. Un buen día de septiembre eso pasó. Me llamó ella. Quién? la Baby dentist po, obvio, no sean weones.

Pa uno no es llegar e ir al dentista. Al menos ahora lo sé. Cuando eres autista, a veces te horroriza que te toquen. Otras, como en mi caso, te horroriza que te traten con frialdad. Yo creo que eso es peor. Al menos si te horroriza que te toquen, lo sabes desde siempre, porque desde que naciste te tocaron. Por el contrario, yo no supe que me horrorizaba que me trataran con frialdad hasta que me trataron con frialdad. No sé si la primera vez fue en el dentista, o en el oculista (la weá se llama oculista, no me vengan con siutiquerías), el pediatra, el peluquero, o el peor de todos, el profesor de gimnasia. Al menos, no recuerdo cuál fue el primeri, pero no parece tan importante definirlo. Todos estos seres de luz descendientes de Zeus (que no sé por qué chucha es un dios si se la pasaba violando a las diosas y a las mortales) son unos elegidos que te tratan como una basura. Hoy ocurre. Y estamos hablando de 1980 por la chucha, o sea, estos weones no solo se creían dioses sino que lo eran.

Empero, como decía Pablo Neruda, los dentistas son el tema hoy. Recuerdo al dentista al que me llevaba mi papá. Moises Beas, en un edificio en francisco bilbao con tobalaba. Fuera de toda duda, una bestia medieval, o peor, el que cuidaba a la bestia medieval. tengo grabado el momento en que me puso la anestesia y no me tomó. Y recuerdo que le metió otra aguja con anestesia y el líquido saltaba de mi boca para afuera, saltaba, lo juro, lo vi volar por los aires. Y no tomó. (la dani debe estar riéndose)(ese paréntesis es solo para una persona, no hueveen) y como no tomó, el sádico me sacó la muela sin anestesia. «Ahora vamos a ver si eres hombre o marica.»

Un minuto de silencio. Por mí, por mi diente, por la humanidad. Por Moisés Beas que ya murió.

Así fui dando bote toda mi vida de dentista en dentista. Una vez mi mamá fue a ver al papá de una compañera de curso de urgencia un sábado porque se le había caído la «restauración» de los dientes de conejo, o sea, se le veía roto el diente como toda una carmela. Llegó diciendo «era suavecito el caballero». Tate. Para allá partí. Sí, el tata era bien suave, lo reconozco. Un día me dijo «ahora deja la boca abierta porque si la cierras se pierde lo que acabo de hacer». Tosí y cerré la boca. «Por la chucha te dije que que tuvieras la boca abierta, ahora tengo que hacerlo de nuevo voy a perder el tiempo y tu también y tre saldrá el doble…»

Figura de Álvaro corriendo en el vidrio de la puerta.

Otra se llamaba Hortensia. Me dijo «si te saco esta muela, podrías tener problemas en el futuro». Era dentista y sicóloga.

Una vez andaba en Iquique con una polola y me empezó a doler una muela a las 2 de la mañana en un hostal. Ya no podía ser peor. Pesqué la guía telefónica (eso es un libro que se pubicaba antes donde estaban los teléfonos de las personas. Nunca me termino de acostumbrar a que la gente joven no las conoces Es como las manillas para subir la ventana de los autos. Hoy si tu auto no tiene ventanas eléctricas eres una mierda)(y dele con los paréntesis) y encontré un dentista de urgencial Lo llamé. Fui. Súper amable, pero me dijo «mira, a esta hora te puedo sacar la muela, nada más.» Chucha ok. La sacó. Me cagó el weon porque estaba pa tratamiento de conductos.

En fin. Para qué les cuento los pediatras tocándome las bolas para ver si estaban bien. Iban a explotar? O sea, me habría dado cuenta. Pregúntame si me siento los dos cocos, pero no me vengai a agarrar las weas sin permiso. Eso le molesta a un neurotípico, imagínate a mí.

Okey, llegué a los 49 ahí peregrinando entre bestia y bestia, a ratos entre dentistas buenos, que solo no habían crecido en una sociedad que supiera que los autistas no solo nos damos cabezazos contra la pared. No es fácil. La emilia tenía el año pasado una profe que no entendía su neurodivergencia. Y era el año 2022. Le dijimos que tenía altas capacidades y puso cara de limón. «pero si no le va bien en todo». Chas. Las ganas de pegarle una patá en la cabeza.

En este infierno de tocaciones no autorizadas, espacios no seguros, llamados misóginos a demostrar que tengo la tula más grande del oeste y cotonas blancas que colorean la sangre de azul, apareció baby dentist.

«Hola don alvaro, mire mi nombre es Daniela y le llamo de la clínica universitaria de la USS para ver si va a seguir su tratamiento con nosotros». Uno es así. El tono de voz, la forma de hablar, la forma de tratarme. Todo entró. «Sí, claro. » «ya, que bueno, venga el martes.»

Espacio seguro.

La bay dentist me brinda un espacio seguro. Ella se puso feliz cuando me dio una clase de cómo lavarme los dientes y yo cumplí sus instrucciones. Me habla con franqueza, me trata con ternura, porque la ternura se le sale por todos lados. Me protege. Ella no lo hace. No sabe que lo hace, pero me protege. Tanto me protege, que un día le dije que yo era autista y que ella era la mejor dentista del mundo y que no quería atenderme con nadie más nunca. Le dije que ella debería dedicarse a tratar niños y niñas que tengan autismo, porque su forma de tratar tiene la ternura y la calidez que necesitamos. Porque la necesitamos. Uno de los momentos más desafiantes de la vida para una persona del espectro TEA es dejar que te toquen, te revisen y te analicen, te corten el pelo, te revisen los ojos (eso es terrible, te miran de cerca, acercan la cara a tu cara, el ojo a tu ojo, te dan ganas de salir corriendo)

Hace unos días no nos resultó la sesión. La anestesia no tomó. Igual que con el verdugo Beas que en paz descanse. Yo me puse muy mal. Ella lo notó. Fue tan dulce conmigo. Esas cosas son invaluables. No me interesa un dentista que tenga un diploma de la universidad de no se dónde chucha. Me interesa una persona que sea capaz de darse cuenta de que necesito un espacio seguro. Lo más sorprendente es que la baby dentist lo brinda sin planearlo. Es una de las muchas cosas en que los chicos y chicas de hoy son tanto mejores que nosotros. Estoy hastiado de leer que la generación de cristal, que no aguantan nada, que son flojos y le tienen miedo a todo. Es verdad que nosotros crecimmos en un mundo de mierda donde todo era ser más choro que el del frente y los hombres no lloraban y las niñitas eran miedosas, y no nos vacunábamos ni nos curábamos las heridas porque supuestamente éramos invencibles. Es verdad también que a mi nadie me respetó nunca, ni me preguntó qué necesitaba. La baby dentist representa una evolución de la humanidad. Ella, ellas, ellos, son mejores que nosotros. Si no quieres aceptarlo es porque te gusta que te saqueb las muelas sin anestesia y crees que eres más valiente por eso, cuando la verdad es que eres más hueón no más.

Ah, a todo esto, baby dentist es porque ella es una bebé. Tiene 23 años. Tenía 9 para el terremoto de 2010. Es tan chica que nunca vivió en en el siglo XX. Es más chica que mi hija mayor, y me hace sentir más seguro que mi papá.

Y bueno, la conocí el día que fui a dejar la torta de baby yoda.

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