Colegio Andrée I: Change Color

He hablado harto de cuando era bien chico. Los 80, bernard, harta nostalgia. Es tentador, uno quiere volver a la edad de la inocencia, como dijo Martin Scorsese, pero cuando se han vivido casi 50 años, hay harta más década que recordar que solo la primera. Y como la idea original de este blog era contar experiencias de autismo, sería bueno volver a ello antes de seguir odiando tanto al mundo. Veamos

Entre sexto y octavo básico no me iba muy bien en el colegio. O sea, mal tampoco, pero no era un alumno excepcional ni nada de eso. Al menos, no en términos neurotípicos, que son los términos que importaban. Me gustaba harto la música. Incluso en el colegio en el que estaba jodí tanto hasta que hicieron una extraprogramática de órgano. Órgano po. Esos casiotone, con ritmos y sonidos distintos, todos re pencas. O yamaha. Me dijeron que si quería tener una extraprogramática de órgano tenía que conseguir por lo menos 5 alumnos que quisieran tomarla. Qué me han dicho. Póngale interés profundo, más conocido en esa época como obsesión. Así fue como conocí a mi amigo José Miguel. Era el presidente del octavo B y le fui a preguntar si algún alumno querría tomar clases de órgano. Huevié y huevié hasta que tuve 7 alumnos. Contrataron a un profe y lo pusieron a hacer clases. Pencas las clases, pero fue mi logro. Creo que fue el primero proveniente de las «externalidades positivas del autismo» como habría dicho mi profesor de economía, el chico silva.

Con los años hubo más. En primero medio, no sé por qué, empezó a irme bien en Castellano., historia y geografía, inglés, francés, ciencias sociales y obvio, música. Realmente no sé por qué. El día en que entregaban la primera prueba de castellano de primero medio, Rodrigo Carreño me preguntó cómo me había ido y yo, acostumbrado a no creer en mí por más de una década de maltrato silencioso por parte de mi padre y protección invalidante por parte de mi madre, dije «yo creo que mal». En castellano me había ido mas o menos en todo el «segundo ciclo básico». Reguleque, como ganar 3 millones y medio no más. Por qué iba cambiar algo. Pum. Pérez, 6.5. Quéeee. Carreño me dijo, saale weon y pa qué decís que te había ido mal. O sea, vos cachai que yo odio todo, lo que implica que odio también a esa gente que dice que le va mal y se hace la que está preocupada solo porque es lo que hay que hacer. Y sin quererlo, lo juro, lo juro sr. juez, sin quererlo, yo había sido eso. Weno. La cosa es que nos reímos con Carreño y se convirtió en una tradición que yo le decía que me había ido mal y, lo más curioso de todo, se convirtió en una tradición que me iba bien. Ahora mismo, en este mismo momento mísmico, me sigo preguntando qué fue lo que cambió y si quizás tuvo que ver con la llegada de la profesora Josefina Bravo, una crack famosa porque tenía un Lada Samara y porque no leía las pruebas. Uno de los mitos urbanos del colegio era que un alumno había puesto entreparéntise (lean el blog completo pa saber por qué lo pongo así) una palabra sin sentido en uno de los párrafos de respuesta, y ni siquiera se lo habían observado con lápiz rojo. Otro mito decía que si partías tu respuesta con «desde una perspectiva amplia…» tenías asegurado el punto. Porque así era la cosa, 6 preguntas de desarrollo, punto base, 1 punto por pregunta y un cuadernillo de matemáticas para contestar. Un cuadernillo eran 4 hojas de oficio de matemáticas dobladas al estilo librillo. Y la puntuación? la rúbrica? la escala de corrección? chúpala con mayo. En el reino de la educación el profesor era el emperador, y no porque guardara las peras en cajas sino porque corregía como se le paraba el hoyo. En este empeño, claro, la barra era un importante elemento de juicio. Tenías que caerle bien a la profe y yo le caía bien a la josefina. Sin embargo, yo era un hijo de Ferrer.

Ferrer había sido nuestro profesor de castellano en séptimo y octavo, y a pesar de que mis notas no eran de esas que daban orgullo al maestro, él me quería. Le gustaban mis poemas horribles e incluso se los pasó a un poeta español que vino una vez al colegio para que los leyera y el tipo le puso «persiste muy buena cualidad poética». Como era poeta, quién sabe qué quiso decir, quizás estaba diciendo que hacía frío en la antártica. Así es, la poesía me carga. Todo me carga. Bueno, uds. Saben. En todo caso, Ferrer tenía varias virtudes. Era un buen ejemplo de neurotípico total. Ya hablaremos más de él, pero uds no saben cuándo.

Ferrer nos dejó en primero con la josefina, que era chistosamente dispersa. Sin embargo, ahora la valoro. Ahora el hueoncito se da cuenta, ahora cierto, ahora que la pobre no ve los frutos. Si po, ahora. Y qué tanta weá. Ahora la valoro. Ella realmente creía en las letras como un medio de expresión artística. Creo que era la única del colegio que lo creía. Ella hablaba disperso, porque hablaba el idioma del arte. En cambio, ferrer y todos los demás, se cortaban el bigote perfecto y se ponían la corbata y la chaqueta para formar personas adecuadas a las necesidades de la sociedad. Hombres y mujeres de bien, capaces de aportar su granito de arena al engrandecimiento de la humanidad a través de la sagrada práctica de marcar tarjeta por el resto de su vida. La josefina me vio. Ahora lo sé. Yo escribía mis pruebas en autista y ella se dio el tiempo de entenderlo. Por eso me iba bien. Ahora recuerdo que ese año me explicaba cosas que no había entendido de mis respuestas y me enseñaba a decirlas de otra forma. Qué grande. Nunca me dijo nada. Yo creo que no sabía, solo vio algo que los demás no.

Entonces, repasando la profesoritud de la vida, voy encontrando ejemplos dolorosos de incomprensión y recuerdos sorprendentes de virtud, todo por supuesto en relación a la neurodivergencia. Es difícil juzgarlos, porque para ellos y ellas igual que para mí, el autismo era vomitar espuma por la boca, pero no solo de autismo viven las personas. Ha llegado la hora de hablar de margalet.

Como le dije a mi hija cuando me preguntó cómo abordar un discurso si tienes poco rato para darlo, partamos por el final, así después solo explicas como llegaste a él.

Margalet fue una mierda como profesor.

Tanto, que cuando se murió me puse contento. En serio. Claro, seré criticado. Mansa weá. Me critican por todo. Al menos que me critiquen por weás que son ciertas. Bien muerto está el chuchesumadre Igual que Guzmán, Goebbels y Hitler. Bueno, hitler y Goebbels viven en Ganímedes junto con Michael Jackson, Elvis Presley y Yosip Ibrahim. Son los políticos los que no pueden decir la verdad porque pierden votos. A mí me dan lo mismo los votos. Para lo único que me han elegido en la vida fue para el concurso de ortografía de primero básico.

Una vez estando en octavo un compañero mío de nombre Jorge Hales, que estaba muy presionado por las notas, porque no le estaba yendo tan bien, sufrió un ataque de pánico en clase de matemáticas. Margalet estaba entregando las pruebas. La cosa es que las entregaba en orden de notas, de la mejor a la peor, públicamente y diciendo en voz alta el nombre del alumno. Tenía este sistema estúpido en el que si te sacabas entre un 5.5 y un 6.4 te ponía un 6, 4.5 y 5.4 te ponía un 5, etc. Entonces, se sentaba y decía, los sietes! y empezaba, los seises!, etc. Si pasaban los sietes, ya no te habías sacado un 7. Bueno, la cosa es que a jorgito todavía no le entregaban la prueba y ya iban en los treses, que es donde siempre me la entregaban a mí. Súmale a esto que margalet se sonreía primero con orgullo, botando baba por los sietes y luego con socarronería y burla a la altura de los 3. A mí siempre me decía, veo que ud. es un hombre de principios, se mantiene en su nivel. Así de estúpido. Era tanto una mierda que a fin de año ponía en un papel mural a todos los alumnos que sacaban buenos puntajes en la prueba de aptitud académica, que antes s ellamó bachillerato, después PSU y ahora quién sabe cómo, e indicaba a qué carrera habían ingresado: Ingeniera en esto, construcción civil, Arquitectura, etc. Mi hermano se sacó el manso puntaje en la prueba de matemáticas y en la específica de matemáticas, pero el weon no lo puso, porque cristián entró a estudiar al conservatorio de la U. Católica, una carrera que no le daba prestigio a los matemáticos del colegio y claramente no era un ejemplo para las próximas generaciones.

Ok, jorgito ya estaba nervioso por ahí por los cuatros. Margalet tenía una práctica humillante (oh sorpresa) que era gritar fuerte «Change Color» para cambiar el color del lápiz cuando empezaban los rojos. Fue ahí, cuando sentenció que ya no había más azules, que Jorgito colapsó. Empézó a faltarle la respiración, se cayó al suelo, se paró, vino corriendo donde el profe. Yo lo vi, porque estaba recibiendo mi 3. Tomé a jorge de los hombros y lo llevamos a la enfermería. Fin del episodio.

Los papás de jorge tuvieron una reunión con el profesor jefe (este weon que era de educación física y me despreciaba porque no era un deportista de elí) y con la directora del «ciclo» y con la directora del colegio. Ey, no se pierdan, 1990. No fue para hablar del profesor, ni del sistema educativo, ni de la práctica de entregar las notas así. Fue para ver qué estaba pasando con Jorge que estaba tan mal, qué estaban haciendo mal los papás que Jorge no respondía como los demás alumnos. Al final jorge se cambió de colegio. Cuando se fue, todos decían, ohh, jorge no se la pudo con el colegio porque es muy exigente. Me llevé la impresión de que casi estaban orgullosos de que se tuviera que haber ido. Recuerdo lo mismo con el cristian reyes, el rodrigo jara, la paula castello. La Paula y Rodrigo , hoy los recuerdo, eran evidentemente neurodivergentes. La paula era autista, sin duda. Rodrigo tenía atención divergente. El negro reyes pa mí era flojo no más, pero en fin. No llegaron a la meta. La pregunta es, Cuál era la meta? Otro compañero al que echaron del colegio, porque lo echaron, por flojo y penca, se llamaba Juan Piña. Lo echaron en sexto, el año que llegué.

Mis sospechas se confirmaron. A la clase siguiente, margalet nos dijo que le daba pena lo sucedido, pero que teníamos que aprender no solo matemáticas, sino también cómo era el mundo. Así de imbécil. Para mis compañeros neurodivergentes, blancos y católicos, que no eran ingenieros solo porque estaban en el colegio todavía, margalet era un dios. Estaba en la cima de la cadena alimenticia neurotípica, sentado seleccionando normales y despreciando a los subnormales. Y como las historias de terror siempre tienen un giro inesperado, a partir de primero medio el weon más encima fue mi profesor jefe. Uy si los apoderados estaban con un orgasmo múltiple, qué suerte tenía el primero A, tenían al mejor profesor como jefe. Al mejor!! Un weon que le había provocado un ataque de pánico a un alumno. Me estai hueveando. Éramos un curso de esos sagrados. Intocables. Malditos. Teníamos el mejor promedio del colegio, pero éramos el curso más desordenado y como el colegio era aspiracional, es decir, aspiraba a ser cuico y famoso, nos aguantaban todo. Se supone que Margalet nos iba a domar, con toda su experiencia y sus frases estúpidas como «estas canitas valen». A finales de segundo medio colapsó y arrancó como un cobarde. Renunció a la jefatura porque no se llevaba bien con nosotros. Y eso que Jorgito Hales ya se había ido. Claro, ahí se vio quién era quién. Otra cosa es con guitarra. Querís canela, weon? El que quiere celeste que le cueste, camaron que se duerme amanece más temprano, no hay mal que poco aprieta, etc.

Cagaste, pelao cobarde. Arrancaste como una vil rata de cloaca, como decía Kojak y también yo. Y tus mierdas de enseñanzas no le sirvieron a nadien. Se fue juan piña y ahora es un súper académico y hasta fue presidente del consejo de defensa del estado. Cómo le habría gustado a Margalet y al colegio vanagloriarse de ese ex alumno. O sea, ex alumno era, pero no podis decir con orgullo en tu página de internerd que al presidente del consejo de defensa del estado lo echaste en sexto básico porque era desordenado, así que lo felicitamos por su logro.

Jorgito Hales. Ahora también es académico y es un súper abogado de derecho tributario, o sea de impuestos y cosas así. Esas weas no las sabe nadie. Nadie. Y seguro que estaría entre los super destacados ex alumnos del colegio

La Paula? vi unas fotos. Es feliz. Con eso me basta. Bueno volvamos al curso. Se fue el sádico y abusador de Margalet. Más encima se llamaba justo. Dónde la viste.

Y adivinen quién llegó.

Nunca tanta suerte No fue la Josefina. Ahora éramos el curso maldito. Ella habrá sido una profe distinta, pero weona no era. Y estaba con su curso en tercero medio.

Dónde fuego hubo cenizas quedan. Besos y abrazos no quitan pedazo. Aunque te pillen clavado niégalo todo.

Ferrer.

Obvio que continuará pues.

Comentarios

Deja un comentario