
Last week in Exneurotipiends (voz de Joey Tribbiani)
«Change color»
«José Ignacio Piña llegó a ser presidente del Consejo de Defensa del Estado»
«La josefina bravo jamás iba a tomar el curso más desordenado»…
FERRER…
Ahora, la conclusión…
Así no más po. Ferrer. Estábamos abandonados por el dios del colegio Andrée, que era margalet, y ferrer dijo yo voy. Con eso debería bastar para que se ganara el cielo, pero la vida nunca te da lo que mereces pues- Ferrer no era la gran cosa, pero en el país de los ciegos el tuerto es rey.
Debería hablar algo más del colegio andrée. Yo llegué a ese colegio en 1985. El colegio se había formado en 1967, o sea, llevaba poco Era el típico colegio que estaba buscando hacerse un nombre en la escena escolar santiaguina de los 80. La directora esa la típica vieja culiá facha que se creía del pueblo. Nombró al colegio en honor a su madre. Por eso, se suponía que todos debíamos casi tener un orgasmo inmediato por el solo hecho de escuchar el nombre. Era de las típicas viejas que esperaba que porque el colegio estaba nombrado en honor a su mamá uno se volviera loco con eso. Cuando mi mamá me postuló al colegio, me entrevistó un profesor que se llamaba julio rojas. Era un clásico neurovidergente adulto que no sabía que lo era. Pero él vio mi potencial y me informó positivamente, muy a pesar del plan del colegio. y entré po. El colegio Andrée. Na de weás. Un colegio privado, pero con los camarines hediondos. Lo más triste del colegio Andrée de los 80 es que no recuerdo nada de manera especial. No hay nada que valga la pena recordar salvo, por supuesto Ferrer. Quizás un par de auxiliares, de esos que contratan en los colegios y los ponen en los libros de fin de año para que uno siempre tenga claro que a los rotos también los consideran, pero en realidad son rotos, son empleados no son personas. Quizás un par de fotos de alguna actividad no tradicional, como el club de teatro. Recuerdo cuando inmortalicé a un homosexual en el club de teatro, en una obra a fin de año, frente a todo el colegio. Quedó la zorra. La directora se levantó en cada una de las funciones y habló sobre la decencia, la biblia y las buenas costumbres. Y el weon ni siquiera era explicitamente fleto. Era amanerado no más. Que colegio de mierda.
Sin embargo, dentro de toda esta mierda, había un par de mojones que olían distinto. Uno de ellos era Ferrer.
Ferrer.
Ferrer escribió un libro. «Los españoles del winnipeg, el barco de la esperanza». Por allá por 1990 lo presentó como su gran obra en el círculo español de Santiago, en la estación los héroes de la línea 1 del metro de Santiago. Me acuerdo que nos enteramos y fuimos hasta allá, con varios compañeros, de los cuales solo recuerdo a la francisca salinero. Llegamos, entramos, nos arriesgamos. Y el weon no dijo nada más que «y ustedes qué estaán haciendo aquí». Onda, » por qué vienen si son solo alumnos, ustedes no son parte de mi vida, son una mierda a la que debo hacerles clase para pagar la luz, etc.»
Ferrer usaba corbata y bigote. Terno Café. Lo anticipé en el capítulo 1, pero hay que profundizar. Era su esencia. Ferrer necesitaba de manera enfermiza la normalidad. Cuando nos tomó como curso, fue una noticia positiva para mí porque el weon me tenía buena, pero a poco andar me di cuenta de que su compromiso con la neurotipicidad era absoluto. Era tan weon que mis compañeros todos los meses, por huevear, me cantaban feliz cumpleaños los días 28 de cada mes, y el weon sonreía y lo celebraba. No sé si sabía que hacía tan solo un mes me habían cantado por lo cual era imposible que fuera mi cumpleaños o simplemente el weon era tan tonto que no se acordaba, pero no decía nada, o peor todavía, se hacía el weon. Era el estilo completamente opuesto a margalet. Margalet nos habría chucheteado a todos por imbéciles, pero los dos eran igual de malos, porque ninguno estaba preocupado de la razón por la cual me cantaban todos los meses que era, simplemente, huevearme. Margalet estaba preocupado de las notas y ferrer de que su curso apareciera como uno sin problemas.
Ferrer fue el weon que nos llevó al viaje de estudios. Y como el colegio se creía cuico, fuimos a uruguay, argentina, paraaguay y brasil. Cinco minutos en cada país, pero estabas listo para contgar que habías viajado a cuatro países en el viaje de estudios. Igual hasta hoy me pregunto como chucha aceptas ir a un viaje con 30 pendejos que eran conocidos por ser los más culiaos del colegio. Ferrer se merece mi respeto por eso porque se la jugó y llegó de vuelta a chile con todos los weones vivos. Mientra tanto, otros cursos tenían escándalos, papás que viajaban a ver a sus hijos y otras weás peores. Raya pa la suma, ferrer controló la weá y no se puede negar.
Algo me pasa con Ferrer. Odiaba y odio su bigote perfecto, su terno café y su voz digna de la Rae, pero no logro odiarlo en realidad. Él intentaba enseñarnos la virtud y la típica weá de los profes y estaba casado el weon y se comía a la leonor mateo que era la profesorade biología. Con el tiempo fue tan obvio que los dos se volvieron pareja y nadie más lo cuestionó, pero mientras yo me preguntaba si tenía que respetar a ferrer por su infidelidad mi mamá se separaba de mi papá porque se había enamorado de otro weon que conoció en el trabajo, entonces la absolutez de las cosas se me iba a la cresta de a poco y ferrer se convertía en una simple muestra de que somos todos seres humanos y que mi mamá era como él.
Cuál es, entonces, mi real opinion sobre ferrer? Acaso es un profesor cualquiera de esos que no calan hondo y que pasan por la vida como pasa una ventolera por la playa? o acaso es uno de esos pilares fundamentales que la humanidad encuentra durante su desarrollo, de cuya comprensión depende no solo la existencia humana sino la misma subsistencia del universo?
Hay que decidirlo. Esta weá no púede quedar sin resolver.
Partamos por decir que el solo hecho que ferrer no me deje dormir es suficiente para que el weon no sea cualquier cosa. O sea, margalet me da lo mismo, duermo como rey, pero ferrer merece mi tiempo. Eso es algo.
La cosa es que ferrer no es solo un profesor, ni un concepto, ni una forma de enseñanza.
Ferrer es una forma de vida. La corrección, la perfecta adaptación, la neurotipicidad. La respuesta esclava a una forma de enfrentar la realidad que por antigua parece extendida, que por ruidosa parece correcta. Ferrer es la norma. La heteronorma. Ferrer es lo correcto. Lo normal. Ferrer es el palo de un metro que está guardado en francia y que mide realmente un metro, y da la norma para todas las weás que miden un metro. Más encima, Jaime ferrer era un weon bienintencionado, que quería ayudar, que quería educar, pero estaba consumido por la norma. Está consumido por él mismo, por todo aquello que él representaba. Yo pongo a Ferrer a la altura de todo el sistema educacional chileno, que más que personas quiere formar drones que colaboren con la construcción de una sociedad automatizada. Sin embargo, el weon me quería. Me leía los poemas pencas, me hablaba con pasión del quijote de la mancha., que es la weá menos apasionante que existe.
Hacia el final de la época escolar, ferrer nos dijo que teníamos que hacernos cargo del anuario del colegio. Era algo que hacían los cuartos medios, pero mi curso de mierda no iba a hacerlo. Yo pensé que ferrer se lo merecía, que lo había dado todo por nosotros aunque el curso pensara que era un pelota. Así que me hice cargo del anuario. lo hice casi todo yo. De verdad. Casi todo. Y hasta le dediqué unas líneas por su entrega al curso. Quedó como la típica weá poco sentida que se pone en los anuarios. «Ahí está el hombre que nos enseñó….» etc. Algunos compañeros y algunas compañeras lo leerán y dirán «que es esta weá», pero no saben que realmente lo que hizo ferrer fue traerlos vivos del viaje de estudios, y sacarlos vivos de cuarto medio. Cuando uno está en un colegio que quiere ser cuico, chocar curao el fin de semana es una weá esperable, es casi un requisito. Así que ferrer lo logró, aunque mis compañeros nunca lo supieron.
Ferrer no era un neurotípico porque no le dio el cuero pa ser distinto, porque no tenía ninguna neurodivergencia, porque no le daba para más. Ferrer no era neurotípico por descarte. Él era el neurotípico the real. Al lao de neurotípico en el diccionario aparece la misma foto que en este post. Ferrer sonriendo. Lo más sorprendente para mí es que siempre lo voy a querer. No por ser esto ni otro. No por ser blanco ni negro, sino porque el weon era auténtico. El weon me demostró que realmente hay gente que sigue la norma y es feliz. Que realmente si yo no quería seguir la norma, era porque era distinto, no necesariamente rompedor de esquemas y un weon raro. En un sistema educacional que intenta formar personas peinadas a lo lengua de vaca, encorbatadas y con terno, ferrer optaba conscientemente por peinarse a lo lengua de vaca, encorbatado y con terno. Eso es quizás incluso más difícil que ser distinto, como era yo. Ser un modelo perfecto de la norma porque efectivamente crees en la norma, me saco el sombrero. Sin burlas, sin socarronería, sin change color ni escala de notas. Jaime Ferrer creía en que había que ser neurotípico y eso lo respetaré hasta el día que me muera.
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