El mejor papá del mundo

Ayer leí como una apoderada del curso de mi nieto publicó en el famoso grupo whatsapp un video de su hijo jugando un juego. Ella decía «este juego es para que aprendan la distribución gaussiana». A mi me dio entre risa, vergüenza, pena y ganas de sacarme un brazo y tirárselo, como decía el gran joey tribbiani. Será que yo no tengo idea qué es la distribución gaussiana y tampoco sé, o sea ni siquiera sé si esa es una weá que yo debería saber o es algo que nadie en su sano juicio sabe. Lo que se me ocurre es que yo, que soy abogado, no pondría un video en el grupo de whatsapp de primero básico diciendo «miren, esto es para que les niñes aprendan lo que es la purga de la hipoteca» y no me vengan con que no es útil, porque la distribución gaussiana seguro que sirve para algo, pero pagar la hipoteca es más importante, porque si no la pagas, vas a estar haciendo distribución gaussiana debajo del puente. Como te quedó el ojo, na de cosas juana rosa.

El tema de hoy es la paternidad. Ahi quedaste tirado, como decía mi gran amigo josé miguel. Tirada. tirade. Porque si eres un fiel y asiduo lector de las aventuras y más bien desventuras del ex neurotípico, sabrás que no es muy yo eso de decir derechamente de qué se va a tratar la cosa. Como que uno tiene que ir descubriéndolo entre garabatos paréntesis y una que otra referencia a la cultura popular, como diría alfredo lewin en 1995.

La paternidad po. No la estupidez a la que le dicen paternidad cuando un equipo de fútbol le ha ganado más partidos al otro. Eses es uno más de los usos patriarcales del lenguaje. Como patrimonio y matrimonio. Uno es la plata, el otro es el amor (supuestamente). Y después se enojan porque uno dice niñes.

Me pasó que soy un padre autista. No lo sabía, pero lo era. Así de duro. Yo crié a mis hijos siendo autista. No tengo dudas ni tampoco pruebas de que es muy difícil ser papá cuando eres autista. O sea, el niño pidiéndote que juegues a la pelota y uno preguntándose por qué 11 pelotudos deben perseguir una bola. Dejemos ese puro botón de muestra, como diría una rosa. Imagínate si eres autista y no lo sabes. Es el nivel 2.0 de la dificultad paternal. O maternal. Yo digo paternal porque cuento mi experiencia y como tengo tula y naci en los 80, soy hombre, nunca tuve otra opción.

Mi papá, que a estas alturas yo espero que ustedes sepan que también era, fue, es, será, hubo sido, hubiere estado siendo y todas las formales verbales posibles autista, solía decirme «mis nietos me vengarán» refiriéndose a que todos los malestares y malos ratos que yo le hacía pasar, él no iba a poder cobrármelos porque seguramente iba a estar hecho un viejo despojo, pero que mis propios hijos se encargarían de administrarle justicia atemporal, brindándole el regocijo y el solaz de ver cómo yo habría de sufrir las mismas indecibilidades (no imbecilidades) que yo le hice vivir a él, a manos de los enanos malditos y enanas malditas que traje al mundo. Y así fue. Una de las cosas que no depende del autismo es esa certeza de que uno está pagando las culpas padelante, como en la película del niñito de sexto sentido que hizo después con la helen hunt, donde era tan bueno que moría. No es broma. El feroz spoiler, pero así son los gringos. Manufacturan personajes bondadosos para que mueran en los brazos del óscar. En fin, por cada vez que le robé a mi papá 200 pesos de su caja de monedas para ir a comprarme unos wantanes a la esquina, alguna de mis hijas o hijo me asaltaron en modalidades modernas, como pedidos ya, uberits, yapo, o alguna cosa por el estilo. Por cada cana que le hice salir a mi papá con mis preocupaciones autistas que él no entendía porque él no era autista (o sea) mis hijas e hijo me han vapuleado con preocupaciones neurotípicas que no he comprendido. Hijas e hijo no es una empresa. No es que el dueño de la empresa sea de apellido hijas y tenga la empresa con su hijo. Not. Es que tengo 3 hijas y un hijo y como soy todo un belem do pará, le pongo weno con el lenguaje inclusivo, que sepan ustedes y ustedas que aunque les digan que no sirve para nada, por lo menos sirve para saber quiénes son tan ridículamente intolerantes que les molesta que digas hijas e hijos en vez de hijos. O sea hay que ser realmente un saco de weas.

Pero no olvidemos la frase de hace unas líneas. Mis hijas e hijo me vapulearon con asuntos neurotípicos. Si po. Porque ellos son de la bancada neurotípica pues. Mi hija mayor, bueno tengo dos hijas mayores, una biológica y la otra gnoseológica, o quizás empírica o epistemiológica. Bueno, mi hija mayor en términos mendelianos clásicos (onda gauss) es totalmente neurotípica. Es alternativa, y medio posera como todas las cabras de su edad. 20. También cree que sabne mejor que yo como vivir la vida, lo que implica sabe el doble de mejor que mi papá y cuatros veces mejor que mi abuelo como vivirla, porque todos creemos que sabemos mejor que ancestro como hacer las cosas. A esa edad todos creemos que los viejos no han descubierto la real forma de lograrlo, y que nosotros sí. Ya po, enriélate. Ok, ella es sociable, sabe como comportarse en el mundo y no le teme a cosas insignificantes como una fiesta. Pueden que no le gusten, pero no les teme. Entonces, con todo derecho, ella esperaba que yo le proporcionara una paternidad neurotípica y no se la di. La nati dice que no tenía por qué, que los papás neurotípicos no llaman todos los días a sus hijas, que nadie lo hace, que nadie lleva a los hijhos y las hijas al museo a cada rato, ni al planetario, o les lee libros clásicos de la literatura universal, ni les pregunta por sus profundas preocupaciones dando consejo acertados todo el rato. En el fondo que nadie es perfecto. Y bueno, yo tiendo a pensar que eso es así. Nadie es perfecto. Realmente lo sé. Nadie lo es, pero esto no se trata de perfección, pues. Se trata de lo que esperaba mi hija, con toda inocencia, porque eso es lo que le hacía esperar su maldito estereotipo neurotípico. Tal como el mundo esperaba algo de ella por ser mujer, y ella no lo dio, ella esperó algo de mi como padre hombre abogado encorbatado macho, y yo no se lo di. Qué me importa a mí que me digan que nadie me podía exigir eso, que cada padre es distinto, que lo que importa es tratar, etc. Lo que yo sé es que mi hija no recibió lo que quería y yo ni siquiera decidí que no iba a dárselo porque nunca me di cuenta que eso es lo que quería. No puedes ladrar cuando eres gato.

Otra cosa muy distinta es que la mamá de ella y su hermano, que no es la nati, haya contribuido a que lo que ella esperara de mi fuera intransable. Esa es una cuenta que viene en otro sobre y que un día supongo que podré cobrar. Aunque no la cobre, Me basta con poder cobrarla.

Y el hermano se fue por el mismo camino que ella, muy comprensiblemente porque veía a su hermana mayor adorada caminar por ese sendero con seguridad. Era una ternura y me funcionaba estar con él cuando ser autista era entretenido. Porque para un niño de 5 años es entretenido que su papá sea otro niño. Yo le inventaba historias a mis hijos, cuentos. Les hablaba de los pájaros pajeros y de un superhéroe que inventé que se llamaba terrible de perro, que tenía capa y no podía volar, que tenía hocico y no podía ladrar, todo con la canción de andrés de león, que no es de él, ,y que dice «si me amaras». Mi hija hasta hizo una presentación powerpoint de terrible de perro y su polola. Y de los enemigos, que tenía que haberlos. Como esto es inicialmente de 2010, alcanzó a existir una enemiga que se llamaba «marimacho», que era lesbiana y malvada. No era malvada por ser lesbiana, ni lesbiana por ser malvada. No era en realidad muy mala, pero no prosperó porque pronto se convirtió en el epítome de lo cancelable. Mi hijo amaba verme. incluso cuando su hermana decvidió que ya no me quería ver, yo seguía yendo a verlos porque él quería salir a estar conmigo, cazar pokemones, ver monitos, hablar leseras y hacer bailar a las cucharas, que como eran unas locas se convertían en la cuchara chúcara. Todo estaba bien cuando él y ella estaban en esa edad en que te dejan ser feliz y no esperan aún que te pongas falda si eres mujer y corbata si eres hombre. Cuando llegas a esa edad, se sabe si eres neurotípica o neurodivergente. Cuando eres típico, es como si trajeras genéticamente aprendido como hacerte la corbata. Cuando no, te la pones, aprendes, y te preguntas porque tienes que tener colgando un pedazo de género del cuello para que te respeten. Y por qué es verdad que así te respetan, también te lo preguntas. Porque si tienes corbata eres serio, ejecutivo, responsable, puntual, confiable, proactivo, inmune al estrés y todas esas pelotudeces que piden en los trabajos, como tener 20 años de experiencia cuando te titulaste el año pasado. Y si no la tienes, eres un loco. Un parlamentario díscolo. Eres la oveja negra. Algunos te aclaman, porque está de moda hacerlo. Otros te critican, porque la paja en el ojo ajeno nunca pasa de moda, pero todos te pelan porque no te pusiste la corbata.

También está mi hija mayor ontológica. La mariana. Ella siguió otro camino, pero también uno en el que puso en ejercicio la inefable frase de mi padre. Cobró venganza por lo que se supone que eran todas nuestras incompresiones, todas nuestras trancas de viejos, todas nuestras formas anticuadas de ver la vida que no encajaban con la realidad real en la que vivía ella. En el fondo es otra versión de lo mismo. Hija que juzga al padre por ser como es. Y ahí anduvo, dando vueltas por el universo con su pupa a cuestas, acompañada o no, no lo sé, de un alma bondadosa pero pequeña como era el papá de la pupa. Y bueno, hace poco volvió pues. Onda Dios, la biblia y el hijo pródigo, todo eso junto. Y me ama. Me ama porque le mando comida de pedidos ya, pero también porque sabe que cuando el mundo se le viene encima, puede venir a acostarse a mi cama y yo la voy a tapar y puede cerrar los ojos. Eso que uno hacía en la cama del papá.

Y por último están la emilia y el gaspar. MI hija y mi nieto, que por edad y relación parece mi hijo menor. Gaspar es un dulce, demasiado pequeño para cobrar venganza de nada. Es la emilia la que me demuestra con su amor que todas mis teorías son tan valiosas como un grano de arena en la playa. Resulta que a ella ya se le pasó la edad en que creía a ojos cerrados que cuando yo soplo, las puertas del auto se abren, o que los regalos de navidad se los trae un viejo rechoncho vestido de rojo. Ya está en condiciones de acceder al estándar adolescente de cuestionar a su padre por el solo hecho de ser lo que es, pero no lo hace. Ella me ama. Sin reservas, sin contemplaciones, sin contratos, sin concursos ni sorteos. Ella opta conscientemente por seguir siendo niña lo más posible y por encontrarle una explicación a todo lo que hago mal. Incluso está dispuesta a enojarse con sus hermanas y hermano por cobrar venganza. La emilia es totalmente neurodivergente, hay que decir. Pero también ha sido forjada en una caldera de amor incondicional.

Así que supongo que al final, este autismo que tanto desencuentro y dolor me ha causado no ha sido tan relevante en la relación con mis hijas e hijo, como las personas que les han acompañado mientras forjaban sus personalidades. Entonces, más que echarle la culpa al empedrado, como decía ferrer, al autismo, a la normalidad, al estado, a boric o a la camila vallejo, hay que mirarse la propia nariz. Mi papá esperaba con ansias que sus nietos lo vengarán, porque tenía la certeza de que había cosas que vengar. Yo no quiero reparación histórica ni venganza por mi paternidad. No quiero que Gaspar se la cobre a la mariana, o que quien sea le haga pagar a la Fernanda o Renato por su indiferencia. Lo que quiero es que sean felices no más, y quiero morirme tranquilo de puro saber que en cada momento de mi vida, en cada segundo, hice todo lo que buenamente pude por ser el mejor papá del mundo. Y esa precisamente es la respuesta. El mejor papá del mundo es el que nunca para de tratar de ser el mejor papá de mundo.

Comentarios

Deja un comentario