Intervalos

Tengo harto que decir y como pocas veces no sé como partir. Como cuando uno quiere pintar un cuadro y no sabe con qué color partir. Yo siempre pintaba puras weás color café, porque no sé pintar bien y al final terminaba pasándole el rojo encima al azul, y al amarillo y al verde y todo se iba a la míerda. Es que pintar no es lo mío.

Escribir siempre ha sido lo mío. Escribir y hablar. Yo soy el que siempre sabe qué decir, cómo abordar los temas. Pienso que fui tomando esa posición, porque al que organiza las cosas como que nadie lo molesta con hacer la parte social. Entonces, me acostumbré a ser efectivo, a brindar resultados, a cambio de que no me hueveen. A los 14 años era el secretario de la brigada de los bomberos y redacté una reforma al reglamento. Era la raja la reforma. Y eso que le puse cosas que encontraba obvias a los 14 años y hasta el día de soy sigue siendo el reglamento de la brigada, 36 años después. Con el tiempo he ido sabiendo que los bomberos no le dan mucha importancia a los reglamentos, así que parece que no era muy difícil superar el reglamento vigente. Bueno, volvamos. No sabía como partir, porque pensé decir «dicen que el luto tiene 5 etapas» pero no me gustó porque me sonó muy de matinal. Después pensé en «El luto tiene 5 etapas», pero eso me sonó a pilar sordo enseñándote a vivir a su manera, porque no hay otra.((Habrán notado que odio a la pilar sordo) (puse dos paréntesis en el paréntesis anterior porque noté que en un post anterior me faltó un paréntesis, parece que fue en el Código Kast). En, fin, lo que quería trasuntar, como diría un psicólogo menos pilarsórdico, pero igualmente sicólogue, es que yo creo que el duelo de ser autista también pasa por etapas. Mira la weá, podría haber empezado así: Yo creo que el duelo de la persona autista también pasa por etapas. Bueno, ya fue.

La primera etapa es una especie de choc. No de chocman, pero no voy a decir shock porque soy un ferviente defensor de cualquier cosa que no sea gringa. Así que es un shock, pero uno bueno. Claro, el sonido de la aguja del disco saliéndose así «jjjjjjj» es evidente, pero porque en un nivel entre subconsciente y semiholístico uno llega a puerto. Te dicen que eres autista y todas las piezas del lego encajan y terminas de armar la nave espacial. Entonces, obvio, llegas a puerto y no hay más oleaje, el barco no se mece más, de un momento a otro, así que te mareas al revés. Como en las películas de viajes en el tiempo cuando el protagonista cambia el pasado y después vuelve al futuro y de golpe se le meten un millón de recuerdos en la cabeza, porque salvó al papá de morir entonces ahora recuerda toda la vida con su papá, así es el ataque de las memorias, esta vez recargadas con el barniz autista. No sé cuánto dura esta etapa, pero a mí por lo menos me duró hasta que me fui a dormir ese día. Como todo intervalo de tiempo, es difícil ver los límites. Si no fuera difícil, sería cosa de poner el reloj y esperar que pasara el período. Yo creo que esa es la diferencia entre un período y un intervalo. Y como las cosas nuncas son tan simples como uno querría, estas etapas duran intervalos y no períodos.

Tampoco sé cuándo empieza la etapa siguiente, pero como dije por ahí en un poust, es la del péndulo. Yo me fui a la cresta para el lado del autismo. Empecé a odiar todo lo neurotípico, y a sentir que lo único válido era lo neurodivergente. Todo engrupido hay que decir. Formé un grupo de whatsapp e invité a personas que no conocía y resultó re bien. Por ahí incluso alguien me dijo que le encantaba el grupo y eso me hizo sentir exitoso por primera vez. Eso de hacer algo público y que personas que no conoces te sigan. El grupo sigue y he estado invitando gente y me gusta creer que ya no es mío, así como que se convirtió en un grupo por sí mismo que no me necesita, lo que es grandioso porque implica que las instituciones superan a las personas, pero al mismo tiempo es triste porque uno se supone que dice «oh, es mi hijo» o algo así, cosa que yo no digo ni sentí en momento alguno, así que al final solo fue grandioso. Quiero nombrar a la tribu. Les amo. Está la xime, una mujer buena que descubrió su autismo en la adultez y fue la primera en contestar mi invitación. La otra coni, que dice que no es tan autista, pero es mentira. Está lenin, que escribe cosas maravillosas y no se atreve a reconocérselo a sí mismo. La danitza karla, que no se llama así pero así le digo y que vive en Santiago aunque viva en los ángeles. La paulita pilar, con su corazón de oro, la amaranta con su nombre de cien años que volvió a hacer pancito gracias a la bondad de la tribu. Francois, Natileiton y eugenia, mi adorado par de tres…

La tribu se llama el grupo. La tribu neurodivergente. No le puse así yo. Yo solo puse la única regla: No hay reglas. Les amo. Ojalá lean. En fin…

Se pone peligrosa esta etapa en un punto que no se explicar, porque uno se acerca al momento tan humano en que comienza a sentir que es mejor que los demás por ser autista. El otro día fui a una reunión de un consejo regional en Valdivia y una chica pidió la palabra y le explicó a los consejeros que ella era autista y que los autistas eran los que hacían los puentes y construían las ciudades mientras los demás conversaban en las fiestas. Tai más equivocá que Piñera cuando contaba un chiste en una de sus empresas y todos se reían y él creía que es por que era chistoso, pero así es la cosa. Te pasaste varios pueblos si crees que ser autista es una ventaja, o es ser mejor, o ser más honesto, o más humilde, o más noble, o más cualquier cosa. Yo conozco autistas como las weas, personas mezquinas, miserables, competitivas, mentirosas, dispuestas a usar la condición para conseguir beneficios, o peor, a usar a sus hijos e hijas autistas para conseguirlos vendiéndose como cuidadores o cuidadoras cansadas y sacrificadas que luchan por la justicia. En esa etapa me encontré con varias personas consumidas por su propia ideología sobre el orgullo autista y el paradigma de la neurodiversidad, no porque no exista, sino porque no puedes andar diciendo que ser autista es una ventaja si existen autistas que no pueden comunicarse y que decididamente no controlan esfínter ni logran insertarse en la sociedad. El autismo no es la ventaja. Además, hay un montón, pero un montón de personas neurotípicas que construyen puentes, descubren estrellas, crean vacunas y salvan a la humanidad y además tienen casa, auto, perro, hijo, y bailan en las fiestas. Así es, las personas autistas también se ponen weonas y se juran imprescindibles.

Pasó el tiempo y en otro intervalo indefinido e indefinible, así como también es indefinido e indefinible el momento en que la luna de miel se convierte en acumulación de tensiones (esto en el círculo de la violencia intrafamiliar, un modelo antiguo y ahora despreciado para explicarla, pero que sigue funcionando, así como funcionan los primeros satélites que no se caen cuando se cae el 5g, o como funcionan los teléfonos ericsson sin whatsapp para mandar mensajes de texto después de un terremoto, o sea, confiable pero de último recurso) mi desprecio por toda la neurotipicidad comenzó a apagarse. Fue por ahí que dije en un poust que yo era raro y no me vengan a decir que no soy raro. No sé cuándo pasa, pero sé que pasa cuando uno ya deja de sentirse distinto. Porque mi vida que ha estado llena de dolores y felicidades, como la de todos y todas, me ha enseñado entre otras cosas que sentirse distinto es muy distinto a ser distinto. Cuando uno es distinto, a veces no lo sabe, que ha sido el tema central de este blog. Ser distinto y no saberlo. En cambio, cuando uno se siente distinto, a veces no lo es. A veces sí, claro, pero a veces no. La gente más posera, ridícula, falsa y poco querible de la humanidad, es aquella gente que se siente distinta, pero no lo es. Y cómo sé que no es gente distinta? Distinta a qué? Y quién soi vos guatón culiao pa decir quién es distinto y quién no? Bueno, aquí la diferencia es ser autista pues. Incluso cuando uno se siente distinto, y es distinto, se comporta más falsa y apestosamente que cuando no se siente distinto. Lasunto es que esto es como el color cafe. No viene de fábrica entre los colores primarios. Hay que hacerlo. Tenís que ser distinto para sentirte distinto, y luego de sentirte distinto, tenís que pasar por la etapa apestosa de sentirte distinto para volver a ser distinto sin creerte distinto. No podís hacer café sin mezclar todos los colores del set de témperas.

Ahí estoy yo ahora. Sé que soy distinto, pero encuentro que no tiene sentido hacérselo ver a nadie, salvo que necesite algo. Como los ajustes necesarios de los que habla la ley. Tan inteligente la ley. Raro en las leyes, pero en ésta resultó. Los ajustes necesarios son para cada persona, porque cada persona es distinta. Eso caché después de estos casi dos años. Que no soy distinto porque sea autista. Soy distinto porque soy café.

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