Ranking

He tenido que aprender a entenderme en muchas cosas. Una de ellas es el cariño, el amor, el respeto por la vida, y todas esas sandeces que nos enseñan de chicos que deben ser de una manera determinada. Si se muere un familiar, tienes que tener pena. Si se muere un perro, menos pena. Si se muere el perro de un familiar, menos pena aún. Si se muere el familiar de un perro, sin pena. Tarde comprendí que la neurodivergencia también «afecta los afectos». Esta honestidad también es interna. No solo soy desubicado para decirle las cosas a los demás. También lo soy para sentir mis sentimientos y emocionarme con mis emociones. Como ya saben, el mundo nos divide en verdes y amarillos. Perros y gatos. Chanchos y Pollos. Normales y Raros. Rojos y Azules. Por eso cuento estas historias de gatos amarillos con azul que se creen pollos.

El 26 de marzo de 2015 pasó un aluvión de barro por chañaral. Fue a la hora de almuerzo. Yo estaba en la fiscalía de chañaral, a la que habíamos llegado con la nati por el sueldo, solo por el sueldo, no lo olviden. La nati estaba con la emi en una casa que estábamos arrendando a una cuadra de la carretera, y a una cuadra y una playa de distancia del mar, mientras la mariana se echaba una siesta porque habían suspendido las clases ante la posibilidad de que hubiera un aluvión de barro (no es chiste, le achuntaron medio a medio). Bonita la casa. Tenía 4 piezas y 2 baños, lo que para nosotros era un avance despues de haber vivido en una pieza de Zamora, una casa de 2 piezas, 1 baño y una cosa que se presentaba a sí mismo como cocina, y una casa de 3 piezas, 1 baño y una escalera de 30 escalones que había que subir para llegar, pero que al menos tenía patio.

Bien, el barro venía de la cordillera y yo lo vi desde la parte alta de chañaral. Pesqué la camioneta de la fiscalía y me fui torettamente hasta la casa y entré gritando «nati, nati, vamos, salgan, nos tenemos que ir.» La nati alcanzó a armar un bolso para la emi con un par de pañales y salió en la Mochina arrancando. Al salir me preguntó «¿y los perros?». «Los perros no, amor.» Ese era el santo y seña para una cagada inmimente, ya lo habíamos conversado. No somos doglovers ni nada, pero queremos a nuestros huachos. Pero nos queremos más a nosotros. Si no había tiempo, si realmente la cosa era grave y urgente, los perros no.

Salió la nati con la emi y la marianita en la mochi hacia la parte alta, que estaba una cuadra más hacia arriba. Yo me quedé para tratar de salvar a los perros. Subi al perrote, a la coca y al chino a la camioneta, los amarré y los llevé a la casa de Marco con la Fabi, en «el alto». Faltaba la cleme. Volví, estacioné a la subidita, entré al a casa para buscarla pero también entró el barro. Entró como en las películas, a chorro. Me agarré de la reja de la casa y aguanté. Subió, subió y subió hasta que me llegó al pecho. Frío, viscoso, y no sabroso, me amenazaba con subir hasta la cara, pero yo tenía el cemento de la base de la reja para medir 2 metros 10 si era necesario. Hasta ahí todo bien. Los autos empezaro a moverse con el río de barro. Ahí fue la cuarta vez en que he estado a punto de morir. Ayer les hablaba de la tercera. Esta es una película desordenada, sorry. Una camioneta luv, azul, venía hacia mi, conducida por el barro. Me iba a aplastar. Les prometo que cerré los ojos por un momento, pensando, hasta aquí no más llegamos, cleme. La cleme es nuestra perrita caniche que se había agazapado a mis hombros durante el barreo. Viva la weona. Es que los perros saen.

Antes de llegar donde yo estaba, una puerta se le abrió a la camioneta. Eso hizo que entrara el barro a la cabina y se torció para el lado del conductor. Se fue con el río y chocó suavecito con la reja del frente. Fue suavecito, no creo que me hubiera matado con el choque. Pero pensé que me moría. No pasó toda mi vida frente a mis ojos, en todo caso. No tuve una revelación, ni nada.

Okey, estamos con el barro hasta el cuello. Después de 20 minutos más o menos, la corriente bajó de velocidad, así que empecé a caminar por la vereda con el barro hasta el cuello y la cleme en mi mano izquierda, mientras la derecha se afirmaba de las rejas y las muletas. Porque no les conté esa parte. Para esa época todavía yo usaba bastones a los dos lados, debiudo al accidente del 2011 en moto. Así que imagínense no más la escena digna de Hollywood, o Bollywood, o loliwood. Por suerte no fue digna de natalie wood. Oo la talla maldita.

Cuando «lo pierdes todo» de verdad lo pierdes todo. Los incendios son así, las inundaciones también. No es solo que te falte ropa, zapatos, cama, refrigerador, cocina, microondas, corbatas, calzoncillos, poleras, calcetines, etc. Te faltan también fósforos cortauñas. cepillos de dientes, pasta, guater, lápices, libros, recetas de cocina, ollas, platos, corchetera, perforadora, papel, cuaderno, alfombra, ganchos de ropa, palitos para las orejas, lentes de sol, lentes ópticos, la weá que se te ocurra, te falta. El barro a nosotros nos llevó, literalmente, todo. La nati, la emi y la mariana quedaron con «lo puesto» como dice la gente. Yo ni siquiera, porque mi ropa quedó toda embarrada y el barro venía con ácido sulfúrico desde unos depósitos y camiones más hacia la cordillera.

También se llevó mis recuerdos.

Yo tenía un libro de esos antiguos que vendían en los locales donde revelaban fotos, que siempre se llamaban «foto» y un apellido alemán. Foto Müller, Foto Puëller, Foto reisfchneider y después cuando sobrevinieron los moles, se llamaron por un tiempo «foto müller-puëller» y otros joint ventures que al final murieron igual, pero al menos murieron acompañados. Era de esos libros guatones, con un anillado dorado tremendo pero que venían forrados con unas fotos de paisajes y que decían «photo album», con hojas duras que tenían unas páginas transparentes que se pegaban a la hoja y que uno podía abrir para poner fotos dentro, que quedaban pegadas y tapadas con la transparencia. Es más fácil que miren la foto en realidad.

Lo tenía con los mensajitos de más de 30 años que me habían enviado mis papás, en papelitos. «te mandé un sandwich, mi cuchito», «para que aproveches las horas libres» porque había escogido una extraprogramática de periodismo en el colegio y tenía que esperar desde las 12 45 hasta las 16 30 dando vueltas. «Cuando entres, da tu nombre y dile a la recepcionista que tu mamá ya va» eso era para una visita a la tecnóloga óptica, por mi estrabismo, más o menos a los 7. Había una carta hermosa que me escribió mi mamá cuando cumplí 15, como regalo de navidad, con unas cosas preciosas escritas en su letra maravillosa de la que no olvidaré jamás la x. Era tan rara su x, con unas vueltas para atrás y para adelante, pero ella es la única persona que conozco que escribe la x realmente manuscrita sin levantar la mano. «next chapter: skeleton attack» un cartelito que venía con el monito de he-man que me regaló mi papá cuando tenía 12, anunciando que pronto vendría «skeleton». Una joya.

También se fue un lápiz de esos súper bacanes marca montblanc que mi mamá me regaló para cuando me titulé de abogado. A mí nunca me han gustado las cosas caras y de hecho ese lápiz lo tenía guardado nuevo, porque me daba cosa usarlo, pero era un regalo bonito. La montblanc apareció, eso sí, entre el barro, meses después, cuando yo ya estaba en Puerto Natales. Me la mandó por starken el Pancho Hardoy, uno de los doctores y doctoras que «lo dieron todo» durante el aluvión de chañaral.

Mis recuerdos no aparecieron más.

Resulta que a mí nunca se me ha muerto nadie. Así de rajudo. Voy a cumplir 49 años en febrero y nunca se me ha muerto nadie. Mis dos papás vivos, mi hermano también (aunque no sé si me de realmente mucha pena cuando se muera, si se muere antes que yo), mis hijas e hijo por suerte con salud toda la vida. Dos hermanos de mi mamá se murieron uno hace años y el otro el año pasado, pero no me dio mucha pena. No los conocí mucho y más tristeza me dio mi mamita que estuvo tan apenada. Mi abuelo se murió el 2012, pero como ya les he contado, no tuve mucha cercanía con él, porque era un viejo fome. Otra vez, tuve más pena por mi mamá que había perdido a su papi. Por último, una prima se murió hace un par de años. Yo no la veía hace 30 años así que comprenderán que me dio lo mismo.

Mi pérdida más grande hasta ahora han sido Salomón, la Guantalamera y el chino. Los dos huachos y la huacha que se han ido muriendo a través de este casi medio siglo. Salomón murió a los 2 años, cuando yo tenía 11, envenenado con estricnina por unos vecinos de mierda, que nunca pude identificar. La guantalamera murió a los 14 años, cuando yo tenía 30, de vieja, luego de haber tenido más de 40 hijos en varias camadas. Era bacana. Y el chino se murió a los 6, luego de meterse en una riña con unos perros de campo. Quiero creer que se metió para hacer justicia por el más débil, probablemente un terrier cagón bueno pa ladrar y malo pa la pelea, pero lo más probable es que haya sido de puro weón, si era más bueno que el pan y se notaba que no le gustaba pelear. lo deben haber toreado hasta que no aguantó más.
Después de mis perros, la pérdida más significativa fue mi álbum de recuerdos en el aluvión. Esa es la clasificación. Primero, Salomón. Yo era muy chico y su muerte fue muy trágica e inmerecida. Segundo, el Chino. Era un pan del big bang. No merecía morir así. Además, estaba a préstamo en un club extranjero cuando pasó, viviendo en pichirropulli. Tercero, la guanta. Es mi única pena negra de la muerte que sobreviene porque ya no hay más bencina. La única que se ha ido porque ya era hora de irse. Mi único contacto con el misterio del fin de la vida. Después, mi álbum de recuerdos. Y después, harto después, mi abuelo con dos o tres puntos más que mis tíos y mi prima, que están todos revueltos ahí en una fosa común de mi alma, sin mucho valor.

Carerraja, me importa más mi perro que mi abuelo.

Cuando se muera mi mamá o mi papá, claro, el ranking va a cambiar. Lo sé. Cuando se muera mi hermano, lo dudo. El fue malo conmigo. Ya no lo es porque no está en Chile y no tiene cómo ser malo conmigo. Es mezquino, egoísta, egocéntrico, ególatra y todos los egos que se les ocurran. Yo creo que no usa ego porque no vive en chile. Si se muriera un hijo, uf, ni pensar. A veces el chancho tiene el mismo sabor del pollo, depende cómo lo cocines. Hay cosas que son iguales para rojos y azules.

Comentarios

Una respuesta a «Ranking»

  1. Avatar de Fran

    Chuta amigo que bueno que eres «duro de matar» ajajajaj me alegro de eso… De las perdidas obvio que no pero aveces siento lo mismo, por algunas muertes de verdad no he sentido nada pero porque no me eran cercanos… Buen inicio del 2023!!!

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