El negro mandinga

La vida es lo que te pasa mientras haces los planes. Esa frase siempre la he vistro atribuida a John Lennon, pero al final uno nunca sabe si realmente fue él quien la dijo, porque ahora en internet nada es lo que parece. El otro día apareció una foto de una mina que es actriz porno y decia que necesitaba ayuda para combatir el cáncer. La broma era que o caías en la trampa porque nunca habías visto a la mina, o cachabas altiro quien era porque habías visto películas porno y quedabas en evidencia. Yo la caché altiro. En fin, por qué partí con la frase del flaco lennon? Pues porque dentro de mi plan preconcebido para compartir con todos ustedes lo que es ser autista yo estaba preparando en mi mente hace semanas una entrada sobre mi papá. Uf, mi papá, es un universo completo hablar de él. Y daba para varias publicaciones, pero ahí estaba yo haciendo mis planes y el marido de la yoko ono me cagó la onda. Me pasó una weá totalmente inesperada, pero de esas que nunca en mi vida pensé que podrían ocurrir. No a estas alturas ya, y no lo digo por parecer un viejo ya deschavetado, o para hacerme la víctima así como ohhh que viejo estoy, sino porque, puta en vez de dar tanto jugo y preámbulo mejor les cuento pa que cachen. Me reencontré con mi hermano.

No es hueveo. Yo sé que no me van a creer. O van a decir ah este chuchesumadre estaba puro inventando que se odiaban con el hermano como para ponerle color al blog, pero no. Es verdad. Con mi hermano no nos soportamos. En toda nuestra historia solo tuvimos problemas .Les conté la vez pasada que me pegó en las bolas sin razón. Bueno, para ser justos, yo una vez le cagué la amistad con el negro mandinga. El negro mandinga era un compañero de colegio de mi hermano que se llamaba Gustavo Anríquez y le decían el negro mandinga, pero el problema es que él no sabía eso. Se lo decían a sus espaldas, muy propio de inicios de los 80 en un colegio de idiosincrasia gringa. Y yo, pues, escuchaba como se referían a él. Un día lo invitaron a la casa, y me lo presentaron. «Alvaro, este es mi amigo gustavo anríquez» dijo cristián. Y yo le dije «ah, el negro mandinga.» Puta quedó la cagá. Gritos pa cá, gritos pallá, el negro mandinga se fue a mandinguear y no volvió más.

Mi hermano siempre fue un loco culiao, pero a veces me hacía reír. Cuando tenía 4 años, esperaba en la puerta de la casa a que pasara alguien caminando y cuando lo veía salía corriendo, se bajaba los pantalones y le mostraba el poto. No es hueveo. Mis papás pensaban que estaba loco, y bueno, tenían razón. Una vez llamó por teléfono a un amigo y estaba tan apurado que cuanto le contestaron dijo «aló, con quien desea hablar». Otra vez se le ocurrió llamar a la gente y habar como chino. En esa época hermosa en que uno no tenía idea qué número era el que te estaba llamando, porque los teléfono tenían un disco para marcar, él llamaba a cualquier lado y decia «alo, lolíalaalolilalón?» (se supone que era aló, podía hablar con li la lón, una supuesta persona china inventada por él). Lo decía con ese tono de chino falso que cuentan los chistes. Le cortaban y se cagaba de la risa. Un día una señora le dijo «lalín lalón» y le cortó. En fin.

Creciendo se nos hizo más difícil. Él tiempo pasó mal para nosotros. Cristián creció y se fue convirtiendo en un extraño y yo fui profundizando mi neurodivergencia. Pensábamos muy distinto respecto de todo. Él cree en dios, yo no. Él tocaba jazz y miraba en menos el pop. Yo tocaba pop y odiaba el jazz. El tenía una polola muy simpática que se llamaba Mariely y yo una vez le dije «wea». Mal. Lo principal, en todo caso, es que mi música yo la hacía con cariño, creía en ella, y él la miraba en menos. Esa weá nos mató. Uno de mis defectos más hermosos es que no perdono nunca, así que la cosa se enfrió. Más encima, yo siempre dando el primer paso. Le escribía, le mandaba cartas, una vez hice una versión pop de una canción que él había compuesto para homenajear a un música de jazz al que admiraba mucho, michel petrucciani. Hice una versión pop con rap de la canción de cristián, se la dí en un cassete (cáchate lo viejo) y a él se le quedó en Chile. Yo creo que la dejó acá. No le interesaba.

Estos últimos dos años, ya ni hablábamos. Hace algunos años Cristián contó a la familia que tenía según él esclerosis lateral amiotrófica, lo mismo que stephen hawking y bueno, yo no le creí, porque no tiene diagnóstico, como que se autodiagnosticó. En fin, más allá del título, cristián está sufriendo hace años con su cuerpo. Quizás eso le hizo cambiar.

Para mi cumpleaños, hace 23 días, Cristián me escribió para saludarme y me dijo que había escuchado mis canciones y que había hecho unas versiones a su manera de algunas de ellas. Me las mandó.

Khé? Sonido de tocadiscos rajándose.

Era verdad. Escuchó mis canciones. Por primera vez en 30 años. Y no solo las escuchó. Las sacó. Eso significa que le puso atención a las notas y los acordes y las tocó él mismo. Luego de eso, craneó arreglos nuevos para las canciones que más le gustaron. Toda esa weá hizo sin siquiera decirme nada, sin esperar nada a cambio. Parece teleserie de corín tellado, pero no lo es. Es cierto. y puta, yo seré weon, reconcoroso…, y rencoroso no más, la verdad. Más rencoroso que la cresta. Yo debo ser el weon más reconcoroso del mundo. No se me olvida nada. No perdono nada. No distingo nada. No sigo adelante. Todavía me acuerdo de cuando el samuel papazian me bajó el short de gimnasia mientras estaba en las barras en el Nido de Águila. Todavía me acuerdo cuando el saco de weas del Pablo Jaque me tomó del cuello y me tiró contrá una de las rejas de la cancha de fútbol en el ándree. Y quiero que los dos weones se quemen en el infierno, pero antes los atropellen y queden vivos y sufriendo. Y estas cosas pasaron en 1980 y 1989 respectivamente. Ese nivel de odio y rencor tengo yo. Imagínense con mi hermano como era la cosa. Bueno, volviendo al camino pavimentado, por muy rencoroso que soy, también soy como esos juegos de las guaguas en que hay que meter una pirámide adentro de un cubo y hay entradas con forma de pelota, cuadrado y pirámide. Cuando encontrai como meterme la pirámide, todo termina. Y eso, hijo mío, es autismo puro. No perdonar, no porque no quieras hacerlo, sino porque no puedes olvidar, porque no entiendes una, dos, tres o cien bromas y acumulas la frustración de no entender algo que todos los «normalitos» dan por hecho que entendiste, y dan por hecho que después las bromas las vas a hacer tú. Y después haces las bromas, pero no porque te parezcan chistosas, sino porque es el el idioma en que aprendiste a comunicarte con los pelotudos que te las hicieron y con los pelotudos que se reían mientras te las hacían. Como todo lenguaje, es un código para meter la pirámide en el cubo. Como cuando aprendes a decir «de nada» luego de que te dan las gracias, y te preguntas por qué chucha hay que decir de nada si no es verdad que no te costó nada hacer el favor, por qué hay que decir una weá que no es verdad y por qué la gente espera que uno la diga.

Comprendan entonces que en mi vida NUNCA había perdonado a nadie por nada. Pero a mi hermano lo perdoné por todo. Cuando cumplí 49 años, por primera vez, perdoné a alguien por algo y para más maravilla, fue a mi hermano, el único que tengo y que tendré, el que corrió a un volao de encima mío cuando estábamos en el recital de chicl corea al que fui solo pa estar con él, el único que sabe quién es fito andrés puta johnson, el único tío de mis hijos, y que está tan enfermo que a veces no me puede escribir. Llevo 23 días recuperando 30 años perdidos de los que no me arrepiento, porque de verdad pienso que Cristián fue como las weas conmigo y yo a veces como las weas con él, pero no puedo hacerme el weon si finalmente mi hermano me dio lo único que siempre quise, que era su atención, su respeto y la oportunidad de crear música entre los dos, porque tenemos una conexión casi micelial que fluye sola como una seda.

Y asi no más fue, pues. Por mucho que la yoko ono haya separado a los beatles, que digan que john lennon era homosexual o que confesó haber matado a Paul McCartney en una canción, el flaco de los lentes redondos se podrá haber mandado muchas cagadas pero su frase está grabada en el bronce de la historia. Aunque tengas 49 años, 4 hijos, 1 nieto, seas fiscal hace 20 años y te sepas tu vida de memoria, igual, igual la vida sigue siendo lo que te pasa mientras haces los planes.

Comentarios

One response to “El negro mandinga”

  1. Avatar de Marco Hormazábal
    Marco Hormazábal

    Que haya oido y escuchado tus composiciones es notable….o «lo máximo»; me alegro infinitamente que en la medida que se pueda recompongan su relación y sean capaces de verse y poner atención al otro y sus circunstancias.

    Quizás sea hora de juntos contactar a Gustavo mandinga y quizás reir un rato….o invitarlo a ver Jhon Wick 4 (la pelicula de Keanu Reeves, en que uno de los malos es un actor chileno).

    Me alegro mucho que la celebración de tu cumpleaños haya traido este inicio de reencuentro, de perdón, entendimiento y nuevas notas a escribir.

    PD: desconozco si la frase es original de Lennon, pero si está en una de sus canciones… «Beautiful Boy (Darling Boy)» . Y eso «te lo firmo» porque esa canción se la cantaba a Cundo. Pero eso, será tema de otro comentario, otro café o que se yo.

    Un abrazo, felicidades y felicitaciones.

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