
Hoy fue el último día de clases de la Emilia en el colegio alemán. Para mí, esa fue una gran noticia y lo que siempre quise. No sé si estaba bien quererlo tanto, pero me basaba en mi propia experiencia. Yo también fui a un colegio cuico y facho, probablemente el colegio más cuico y facho de chile en el momento en que yo estaba ahí. El nido de aguilas. En 1980, el nido de aguilas quedaba en un cerro, allá lejos, por lo barnechea. Nosotros vivíamos en Vitacura, en una casa chica para la vitacura de hoy, pero grande para el santiago de ayer. No tengo recuerdo del jardín infantil Mi Casita, así que mis primeros recuerdos de estudiante son del Nido de Aguilas. Como en una evaluación de trabajo, vamos con lo bueno primero, para que la mente se abra y esté de mejor ánimo para lo malo. Lo primero y más importante, como diría cualquier facho que se precie, es la infrastructura. El colegio era simplemente gigante. Quedaba en un cerro y tenía miles de hectáreas de terreno, pasto, cerros, bosques, mieses, plantíos y arbustos xerófitos, como dice la ley de bosques. Buscando, buscando en google que es xerófito, porque no creo que sea amar un zero, ni tampoco amar a un fiat 600. Aquí esta. Arbustos que puede vivir en terrenos secos. Ok. De vuelta al blog. Claro, eso es lo más importante, la infraestructura. Tenía baños en las salas, un gimnasio que parecía el estadio nacional, una cancha al aire libre, cancha de fútbol, esas malditas barras por las que los profesores pretendían que uno subiera arrastrándose, una sala de música independiente, con un espacio tremendo y un escenario que daba al patio central, súper bien ubicada y una biblioteca tremenda. Quizás no era tan grande pero yo la recuerdo como la biblioteca de alejandría porque, bueno, yo era chiquitito. Ahí sí era po. Yo iba harto a la biblioteca. Sin embargo, en el mundo extraño de 1980, que en eso no se diferencia mucho del de 2023, en el recreo estaba prohibido entrar a la biblioteca, a la sala de música, a la sala de arte, hasta la cancha de fútbol. Si pues, si el asunto aquí no anda al lote. Estamos criando niños ordenados, que canten la canción nacional en fila, que usen el pelo cortito y pantalones, y niñas bien, que usen la faldita hasta la rodilla, aprendan a tejer, cocinar y la importancia de la acción social y de cema chile, nada de andar tocando música o pintando a deshora. A deshora. Con 45 minutos de música a la semana y 45 de arte es suficiente, si al final nadie se dedica a eso pues. Nadie que quiera tener un cargo de gerente en una empresa multinacional, al menos, o muchacha con dos dedos de frente que quiera casarse con el gerente de una multinacional.
Mis compañeros eran millonarios. No estoy exagerando ni hablando en metáforas. Los cumpleaños a los que me invitaban eran en el estadio palestino, en mansiones arriba de cerros con dos piscinas y en fundos. Los paseos a fin de años eran en el «haras» de uno de mis compañeros, porque los papas tenían un criadero de caballos y había aposentos para las visitas y también para «el servicio». Yo no soy «un muerto de hambre» como diría mi madre. Parece que por eso me debía conformar con todo.
¿Qué más era bueno? La ubicación. Se parece a la infraestructura, pero no es lo mismo. Quedaba en los cerros. El aire era puro, y esa era una exigencia para mí porque tengo bronquitis obstructiva crónica. Como ya les conté, esa fue la excusa con la que nos fuimos a vitacura. Había casilleros. Los añorados casilleros. Añorados por quien? Por todos los weones y weonas que quieren ser como las películas gringas, en las que los alumnos de secundaria guardan suis cosas en casilleros, los compañeros les meten droga en el casillero y el inspector los reta, y por supuesto nada malo pasa, no como en la vida real. Pero los casilleros eran para los alumnos de séptimo para arriba. Ahh, también se iba al colegio sin uniforme. Ah, pero también era de séptimo para arriba. Cagué. Me fui en sexto.
También Carlos Troncoso era bueno. Nadie más. Carlos es neurodivergente. Si está leyendo esto, compañero, en serio. Con carlos jugábamos a cualquier cosa, menos al fútbol. Íbamos juntos a la bibilioteca. Hasta el día de hoy somos amigos. Es la persona que conozco hace más tiempo en este mundo, fuera de los que me trajeron a él y el pesao de mi hermano que llegó antes.
Bueno, suficiente. Paremos de contar. Nada más fue bueno para mí. El mundo desde arriba se ve demasiado chico para mí, y me daba vértigo vivir entre tanta desigualdad. Pero no solo eso. La gente no me gustaba. Y tenía 4 años. 5, 6, 7 8, 9 10 y hasta 11. Mis compañeros hablaban de irse a Estados Unidos a estudiar a Yale cuando tenían 7 años. Del viaje a Tailandia, de autos, de casas. Tenía un compañero que había nacido en singapur y yo creo que estaba pololeando con otro compañero que era chileno, y ellos eran una de las pocas fuentes de hazmerreír aparte de mí. El negro darrick también. Negro culiao, mono, bájate del árbol. Aquí los cabros chicos tenían papás que eran realmente de missisipi. Esta no era una chilenada cualquiera, tratando de parecerse a los chicago boys. Estos weones eran los hijos de los chicago boys y algunos venían de chicago y eran boys. Estos weones hoy son los que echaron al saco de weas de parisi de la universidad en gringolandia por acoso. Cuando uno mira en el mapa un estado gringo raro que se llama connecticut por ejemplo, yo tenía un compañero que venía de ahí. Ellos duraban un año, dos, a veces un semestre, porque el colegio recibía a todos los hijos de los diplomáticos y empresarios gringos que venían a Chile. Unos años después de que me fui, el colegio cambió al horario gringo, es decir, las clases empezaban en agosto y terminaban en julio. No es chiste. Ahí si que ya la cosa perdió todo contacto con la realidad.
El hijo de Henry Kissinger fue compañero de colegio mío durante un par de meses. Después comprendería yo que a Chile en esos años venía una cantidad excesiva de gringos por poco tiempo para participar en todas esas operaciones que nunca tuvieron lugar y que hicieron desaparecer a tantas personas que nunca existieron, porque no olvidemos que todo es un invento de los comunistas para comerse las guaguas. Entreparéntesis, aquí en la mesa de al lado del Cafe de Luis, que es donde usualmente escribo, una vieja está tratando de convencer al garzón de que los comunistas quieren tomarse el país y que boric no usa corbata porque no terminó la universidad. No es broma. Y dice que todos los chilenos estamos unidos para combatirlos. Chuta, nunca supe que me habían inscrito. Es como mi amiga consuelo diciendo que todos los autistas queremos esto y lo otro, y yo no le he dado poder notarial nunca. En fin.
Me cambiaron del Nido de Aguilas en 1985, justo antes del casillero y de ir sin uniforme. Lloré como cuando te apretan un coco. A pesar de todo lo que les cuento, y además de lo que les conté del bullying en capítulos anteriores. Lloré porque no me quería ir. Obvio, uno nunca se quiere ir de nada cuando es chico.
La realidad del colegio alemán es muy distinta. No está basado ni pensado para recibir a los hijos de los diplomáticos, ni tiene su horario ajustado a la realidad europea. Sin embargo, por distinta, no es mejor. No se si es peor. Yo creo que todo lo facho es malo en un mismo nivel. Es difícil que algo malo sea más malo que otra cosa mala cuando el nivel necesario para llegar ahí es ser de partida como las weas. A mí me produce sarpullíos la alemanidad. Esa alemanidad falsa que se sale a borbotones de todo el sur de chile. La falsa y la real también, así que obviamente es muy probable que en muchas cosas, si no todo, no tenga razón, pero bueno, el blog es mío y aquí digo lo que pienso yo.
La alemanidad falsa es la actitud alemana de los chilenos del sur. Ese arribismo estúpido, porque ser alemán no es estar arriba. Si fueran tan bacanes habrían ganado la segunda guerra mundial y todos hablarían alemán, pero los bacanes son los gringos y todos estudian inglés y ven los óscares. Y aquí los chilenos von pérez, von gómez y gonzalezweiflen se frotan las manos y ya casi se ven aceptados en la unión europea porque sus hijos arruinan sus promedios sacándose cuatros en alemán. La alemanidad verdadera es peor. Familias que se vinieron de alemania a colonizar el sur en 1850. Me pregunto por qué se irían de alemania a vivir en un lugar desconocido, sin luz, sin agua, sin nada (que mi amigo juan diría que es, entonces, con todo). En fin, como les regalaron más tierra que la que había en el hoyo donde hicieron la torre costanera, ahora sus descendientes están forrados en plata y se creen los reyes del sur. Y como en chile la plata es lo que determina el color de tu sangre, no solo se creen reyes y reinas sino que lo son. Y desde su plataforma incontinental (porque también se hacen viejos) miran a los simples mortales que entran a sus colegios alemanes para mezclar su sangre y hacerla a lo menos morada, porque azul no va a ser nunca, y ni se molestan en mirar a los que no entran al colegio alemán, porque no son dignos.
Yo creo que todos están en el colegio alemán para decir que están ahí, tener contactos y formar parte de la kultura alemana, para que sus hijos vayan de viaje de estudios a alemania y se codeen con ellos mismos para el resto de su vida. Aquí en el sur la cosa es divertida. Tu cruzas un puente en bicicleta y estás en la dehesa, cruzas de nuevo y llegaste a chicureo. Te devuelves dos puentes y estás en Santiago. Andas un rato en bicicleta y llegaste a estacion central. Todo está cerca, hasta las clases sociales. Entonces, no cuesta nada meter a tu hijo al colegio alemán para que, o bien se mantenga dentro de la endogamia cuica, o ingrese mediante contactos a ella. Si cruzas tu perro con otro igual, los cachorros salen iguales. Matemática facha simple. Segundo paréntesis, a pesar de que ahora en vez de poner el paréntesis escribo paréntesis, no sé por que, hay un artículo en internet sobre el «mal uso de la palabra facho» escrita por un facho pobre venelozano. Está entre lo triste y lo ridículo.
Pero más allá de lo que creo, que lo dije puro pa descargar todo el odio de 4 años de mi Emilia en ese colegio, no me gusta un colegio donde ella, que es neurodivergente, le daba miedo pedir permiso para ir al baño, si llegaba tarde le decían «buenas noches» en frente de todos los compañeros así que cuando íbamos un poco tarde me rogaba que no la dejara para no tener que vivir eso y la huevearon durante 1 año porque tocaba la flauta dulce con los dedos cambiados. Tuvimos una reunión con la directora del ciclo y la profesora de música para conversar sobre el tema. O sea, tuvimos que tenerla, porque nos llegó un correo diciendo que emilia tenía que aprender a tocar la flauta «bien». En la reunión «acordamos» que emilia tocaría la flauta al revés, y tuvimos que firmar porque obvio, cuando ella llegara a grande y se diera cuenta de que había tocado mal la flauta toda su vida y buscara culpables de su drama equino por no poder ser normal, el colegio le iba a mostrar nuestras firmas liberándolos de responsabilidad porque ellos quisieron hacer lo correcto, pero nosotros la llevamos por el camino del diablo. Y asi todo, la profesora de música, una vieja de mierda, nos pidió UN INFORME SICOLÓGICO que respaldara que la emilia tenía que tocar la flauta «al revés», porque nunca dejó de ser «al revés.» Imagínate si la emilia fuera zurda. Me pego un tiro. Unos días antes la profesora jefe de la emilia nos dijo que «el colegio no era inclusivo». Un tiempo antes entregamos en el colegio la evaluación de que ella tiene altas capacidades, y nos miraron con cara de «pero si no se saca puros sietes».
Mi hija no ha sufrido tanto en realidad. Este mismo blog me ha permitido conocer a muchas personas que han tenido epopeyas de nivel histórico tratando de encontrar un colegio, o cualquier cosa que entienda, respete, cuide y proteja a sus retoñitos. He escuchado historias realmente espantosas, de profesores que le dicen a alumnas «pero si tu no pareces autista!», «ya déjate de hacerte la tontita» y otras estupideces aún peores. La maría montessori decía que cómo esperamos que un niño se quede sentado y callado para aprender, si los niños y las niñas quieren jugar y saltar todo el rato. Me acuerdo de mi nieto Gaspar, que es un alma hermosa llena de amor, se la pasa abrazándome y diciéndome que soy el mejor tata del mundo. El vive conmigo y con la Nati, lo estamos criando para que su mamita pueda trabajar tranquila y surgir en Santiago. La mariana su mamá, dice que el tiene «trastorno de déficit atencional». Yo creo que él tiene un sistema de atención divergente. Él escucha y aprende de manera distinta a como esperan los neurotípicos que aprenda. El otro día le hablé del invierno mientras jugaba. Y lo recordó todo. Así es. No más moldes estúpidos. No más sistemas prusianos que forman clones destinados a producir. La educación neurotípica tiene como objetivo generar funcionarios y funcionarias. Y en Chile es más crítico y malo, porque como estamos gobernados desde 1818 por los fachos, la educación ha sido moldeada para generar drones y «dronas» que aprieten botones, compren en falabella y se pasen la vida pagándole los intereses a los bancos para que los dueños de falabella y los bancos se compren un mercedes benz y otro yatecito. Dénse cuenta, por favor, de que las familias de este país hipotecan sus casas que compraron con subsidio para que el hjijo o la hija «vayan a la universidad» a estudiar medicina, kinesiología, odontología, derecho, cualquier weá, pero que sean profesionales porque «así van a surgir no como nosotros que solo tenemos una rotisería de barrio», y esa misma familia no va nunca al médico, ni al kinesiólogo, ni a la dentista, ni paga abogadas, porque como gastan toda su plata en pagar el estudio de los retoños, no les alcanza para salud ni para luchar por sus derechos. Es un círculo vicioso asqueroso y yo no quiero formar parte de los que lo dibujan, ni quiero que mi hija se codee con los hijos de los que lo dibujan. No importa si yo puedo pagar la kinesióloga, esa es la excusa de los flojos. La lucha por la igualdad no se acaba cuando encuentro un trabajo bien pagado. Se acaba solo cuando te ponen el piyama de palo, y ni siquiera ahí, si has tenido la visión y el corazón suficiente para saber que llevar a tu hijo a un cumpleaños en un criadero de caballos solo le enseñará a querer criar caballos y que el color de la sangre es uno solo, porque esa hija, la Emilia, va a tener en su corazón la semilla de la igualdad, esa que no crece en alemania ni en estados unidos, que solo crece en el corazón de los que ven más allá de sus propias narices.
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