La Natita

10 de la mañana. Estoy sentado en el viviendo de mi casa (compromiso total con la lengua castellana) y la natita hermosa me habla. Me dice «amor, dijeron en las noticias que un perrito salvó a un chino de ser atropellado, por un pelo» (no me diría eso la nati, es solo para el ejemplo y éste es el chiste del perro que salva al chino, a todo esto) «El perro fue un héroe».

Mi mente se activa. Uno de mis pasatiempos más fundamentales consiste en determinar cuáles son los poderes de los superhéroes y superhéroas. De todos modos, no sé si un pasatiempo puede ser fundamental, especialmente si tienes otros pasatiempos además, lo que es claramente un requisito para que ese pasatiempo sea «uno de los más fundamentales». En efecto tiene que haber por lo menos tres para que dos sean los más fundamentales y uno al menos no. Aunque pensándolo bien, podrían ser solo dos y ser ambos fundamentales y yo ser un chanta que quiere aparentar que tiene más pasatiempos y que los sabe clasificar en más fundamentales y menos fundamentales. En fin, no es fácil determinar los superpoderes de una de estas personas y eso es así evidentemente porque no son los clásicos. Si pienso en Batman, es obvio que su superpoder es ser millonario. Superman, superfuerza, miradas que matan, etc. Esos son simples. Me refiero a los que nadie conoce. Por ejemplo, Yesterman. Este es un superhéroe gringo y yo pienso que tiene el poder de llegar ayer. No es un mal poder. Lo imagino en su casa escuchando por la radio «están robando el banco nacional» porque el robo siempre es en el banco nacional. Entonces yesterman dice «a luchar por la justicia» en un grito con marca registrada que seguramente le costará un juicio largo por no pago de derechos. Yesterman llega al banco nacional y cuando llega, es ayer. Es decir, falta un dia completo para el robo, lo que le permitiría avisarle a todos que se va a producir el robo. El tema es que como yesterman siempre llega un día antes y evita todos los delitos, nadie le cree, porque siempre dice que va a pasar algo y al final ese algo no pasa. Claro, me imagino a los ladrones entrando al banco al dia siguiente, al que habían estudiado durante dos semanas. Sabíam que había un guardia con pistola en el pasillo central, etc. Y resulta que entran y hay 10 guardias armados. Se van po, si weones no son. Entonces el robo se frustra porque nunca se produjo. Y yesterman queda de weón.

Por otra parte está explowoman. Esta es una chica gordita, bajita y con capa, solo porque no quiero que sea alta, rubia y ajustada a los cánones de belleza impuestos por el patriarcado para que una mujer sea exitosa. Así que explowoman es baja, gordita, morena, inteligente y maravillosa. Ella también está en su casa también escuchando la radio y también escucha que están robando el banco nacional (no tengo que explicar por qué supongo) así que se dirije raudamente al sitio del suceso. Al llegar se acerca al patrullero que esta con su arma y un megáfono hablándole a los ladrones que están adentro, con rehenes. Porque en las películas los ladrones son tan weones que siempre toman rehenes. Y siempre son mujeres embarazadas o niños. Explowoman le dice al paco «qué ocurre, sargento o’hara» y este la mira y le dice «quien es ud. señora gordita» porque las gorditas son señoras y las flacas señoritas. Entonces explowoman entra al banco, activa sus poderes y explota. Junto con ella, mueren debido a la explosión todos los ladrones (que si se fijan son siempre hombres) pero también muere la mujer embarazada y los niños. De hecho, el banco se viene abajo por la explosión. Fin del robo, fin de los ladrones, fin de las víctimas, fin de explowoman, la superhéroa de más alto rendimiento de todas, porque su efectividad es del 100 por ciento. Enfrentó 1 solo evento y lo solucionó, pero murió.

Implomán, en cambio, es lo contrario. Al usar sus poderes implota, es decir desaparece en un punto del espacio-tiempo achicándose hasta convertirse en una pelotita negra de dimensiones infinitesimales (quería decir infinitesimal hace como diez entradas) que cuando desaparece finalmente hace «ping». Lo que queda por dilucidar es si al implotar se lleva algo consigo. ¿Cuál es el tamaño de su campo de atracción implosiva? Podría ser cualquiera desde cero hasta el infinito. En el primer caso, su implosión no tiene sentido, no sirve como superhéroe y es un completo idiota por dedicarse a eso, ya que desaparece solo y los ladrones siguen robando. En el último caso, su implosión se lleva consigo todo el universo conocido, lo que también lo convierte en un superhéroe inservible. No me parece científicamente correcto (porquehasta ese momento todos mis pensamientos lo han sido, como pueden ver) que pueda llevarse consigo el universo desconocido, primero porque no sabemos si existe, dado que es desconocido, y segundo porque si es desconocido puede que tenga alguna propiedad que le permita no ser succionado por un repentino hoyo negro creado por un superpoder.

Hasta ese momento, ha transcurrido un intervalo de tiempo no determinado ni determinable para mí entre el momento en que la natita dijo que el perro era un héroe y el momento en que vuelvo del universo desconocido al viviendo de mi casa a estar con ella. Vuelvo satisfecho porque viajé con mi mente por bancos, universos, superpoderes, explosiones, implosiones y sargentos de la policía con megáfonos en la mano, lo que me ha hecho olvidar que el intervalo de tiempo también ha transcurrido para la natita. Ahí tengo tres posibilidades.

En la primera, la natita me hizo ese comentario y se fue a hacer sus cosas, sin enterarse de que yo anduve viajando por la liga de la justicia. Este es el escenario más cómodo, porque en él nadie sale lastimado. Es un escenario aleatorio para mí, porque no puedo controlar su ocurrencia, pero si ocurre, lo disfruto, como un arcoiris.

En la segunda, la nati se quedó conmigo en silencio esperando alguna respuesta, lo que es lo más normal del mundo, porque si le comentas algo a tu pareja o tu esposo, usualmente es para que te comente algo de vuelta. En esta opción mi regreso es un poco más complicado. No sé cuánto tiempo ha pasado, probablemente algunos segundos y quizas hasta un minuto si la nati estaba, por ejemplo tomándose un cafe conmigo. Sin embargo, aquí no es tan imposible retomar, dado que el tema sigue siendo el perrito y puedo decir algo que me interese sobre el perrito, como por ejemplo «los perros son así, maravillosos, un gato jamás haría eso, el gato probablemente se vaya de inmediato a revisar el testamento del chino para ver si le dejó algo y le conviene salvarlo o no.» algo que es totalmente certero, dado que los perros vienen del cielo y los gatos del infierno. No solo «salvé» el momento sino que lo hice un momento nuestro, porque con la nati pensamos lo mismo, que los gatos siempre tienen algún plan para apoderarse del mundo y tienen razón los de marvel cuando dicen que son seres extradimensionales de otro universo.

La tercera opción es la más difícil. En esta, la nati no solo se quedó sino que me habló más y yo, sumido en las tierras de los superpoderes y las capas, simplemente no le escuché. Aquí es donde los prejuicios nos cagan.

El mundo está lleno de prejuicios y estereotipos que hemos aprendido. Tal como los policías siempre tienen, megáfono, los ladrones siempre son hombres y las heroínas siempre son altas y flacas, resulta que a las personas autistas no nos interesan los demás. Cada una de estas afirmaciones es falsa. Se supone que vivimos en un mundo desconectado de la realidad, en el que solo nos interesan los dinosaurios y que sabemos contar en un segundo todas las piedras que se caen de un jarrón. Todo eso se lo debemos a dustin hoffmann y rain man, la película que le enseñó a mi generación que somos taraditos que no saben hablar, y a los sacos de weas que piensan que el autismo es una enfermedad que se pasa con los años, cuando los niños y niñas aprenden a relacionarse. No es culpa de nadie. También le debemos a disney y barbie que nuestras hijas quieran vestidos rosados y un príncipe azul, y más oscuramente, que las golpeen y las maten si deciden que no es eso lo que quieren.

Pero las personas autistas (si sé, empecé una oración con pero, demándenme) se interesan por los demás. No cualquier demás, eso sí. La nati, por ejemplo, ella es la luz de mi vida. ¿Cómo no me va a interesar? Cualquier cosa que me diga me importa. Lo que me pasa es que me voy al mundo de mis intereses profundos a cada rato. Además, tengo una obsesión compulsiva. No tengo un TOC, como dice la gente estúpida que cree que porque le gusta tener la casa ordenada tiene un toc y lo tira como afirmación liviana en una conversación social. Eso es tan estúpido como hacerse una herida en la rodilla y decir en un cumpleaños «ay es que tengo cáncer a la piel» o reírse de que alguien se equivoque en una suma y decirle «es que eris un retrasao mental». No, yo tengo un trastorno obsesivo compulsivo. En mi campo visual hay algunas cosas que no pueden ocurrir, y otras que si pasan, deben pasar de una manera determinada o mi mente se va a la chucha. Esa es la explicación en chileno de «pensamientos y miedos no deseados que provocan patrones de comportamiento repetitivos que afectan la vida diaria.» Entre mi interés profundo por la ciencia ficción, la ciencia real, los efectos generales de la física sobre los cuerpos, la exploración espacial y los animales, y mi obsesión compulsiva por saberlo todo acerca de los temas que se me hacen interesantes, me cuesta mantenerme en tierra.

Pero lo hago. (otra vez vieron) Porque me importa la natalia, la mariana, la emilia, la fernanda, el renato, el gaspar, mi mamá, mi papá. Otras pocas personas no cercanas también. En la opción tres, entonces, prefiero decirle a la nati que no le estaba prestando atención, sumido en mis intereses profundos. Prefiero eso, en vez de inventar algo sobre lo que pudo haberme estado diciendo y corro el riesgo de que ella caiga en el estereotipo que también le enseñaron, de que por ser autista, no me importa lo que me hable. Prefiero correr ese riesgo, qué mas me da, como decía la miriam hernández, porque la otra opción es embolinar la perdiz, engatusar, o emperrusar como inventamos hoy con mi amigo rafa irarrázaval, porque los perros son mejores que los gatos.

Le ha costado a la Nati. Obvio. No es fácil vivir conmigo. La diferencia es que ahora sabemos por qué no es fácil. Sin embargo, no es solo un tema de ella. No es ella la que tiene que entender. Yo debo salir de mi espacio de comodidad. Cuando uno está en el territorio de los intereses profundos, no está desconectado de la realidad. Uno puede escuchar. Sabe donde están las personas que ama. Sabe que están hablando. Yo creo que hay que entrenar la voluntad para ser mejores y tratar de frenar el bus. Hay catalizadores para eso. El amor es uno de los más fuertes. Las personas autistas amamos mucho. Mucho. Incansablemente. Amamos fuera del estereotipo y por eso a veces no se ve. Como un carabinero sin megáfono a grito pelao hablando con los ladrones. Como ladrones que no toman rehenes y embarazadas que no lo están, como niñas que quieren ser más poderosas que princesas. A veces dirás que quieres un turrón creyendo que nadie te oyó y unos días después un autista te lo dará. Otras, dirás que te te gustó un libro de pedro lemebel , y el autista lo leerá para compartir eso contigo, pero no te dirá que lo leyó y solo te enterarás cuando te repita una parte.

No hay peor amigo que el estereotipo. Es el amigo que te cae bien porque te cuida de lo desconocido, pero no te deja saludar a quien quieres conocer. Aquí estoy. Conóceme. No vomito espuma por la boca, no sé contar los palillos de un mikado cuando se caen al suelo. No tengo un megáfono para hablarle a los ladrones, pero si me pides que estudie los planos del banco, lo haré feliz porque te amo.

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