El código Kast

Hace unos días fui a los papanamericanos con la nati. Contra todo pronóstico, vienta, marea y contra todo mi mal entendimiento y pésimo juicio, acepté ir a un estadio lleno de weones a sentarme al aire libre en unos asientos de plástico más incómodos que la chucha y que se creen butacas porque se les sube la parte pal poto cuando te levantai para mirar a otros weones que ni conozco competir en deportes que nunca he entendido y más encima ver como otros países sacan las medallas mientras los chilenos y chilenas se quedan debajo de la mesa, todo ante la mirada inclemente de un sol espantoso o resistiendo los embates de un viento huracanado y frío, solo para sentir el placer ridículo de no ver nada porque todo está muy lejos y tener que mirar unas pantallas gigantes que también están lejos en las que también no se ve nada (no «tampoco se ve nada», «TAMBIÉN NO SE VE NADA») porque ponerle tampoco da la idea de que es una ausencia de experiencia, cuando en realidad es una experiencia más de horror sensorial. Súmale la música ambiental, que por suerte estaba algunas tribunas más hacia la derecha, pero igual se escuchaba a todo porcino y la gente aplaudiendo y entonando bellas melodías como el meneíto, la macarena o peor aún, el engendro más despreciable de la historia del multiverso, que no existe, pero claramente sería el hijo de maluma con bad bunny.

Aireeeeeee.

Ultimamente tengo que tomar harto aire porque mi odio ha crecido en intensidad y frecuencia, como las agresiones en una relación malsana en la que hay violencia de género o simplemente desequilibrio en la correlación de fuerzas. Como te quedó el ojo. De todos modos, amo el odio, primero que nada, como dicen los futbolistas, buenas tardes. Primero que nada, porque es una de las pocas palabras, si no la única palabra castellana que es al mismo tiempo un verbo y un sustantivo (afírmate los calzoncillos arjona, el poeta de las cosas simples) Si po, yo odio el odio cachai? yo amo el odio. No puedo decfir yo odio el amo, porque amo significa dueño o patrón, o sea, naqueers con amar. Sospecho que esa es la real y única razón por la que amo el odio, tal como la única razón por la que muchas veces digo cosas es porque quiero escucharlas salir de mi boca nada más. La comunicación es secundaria para mí. Terciaria, cuaternaria, probablemente icosaedriana, es decir, propiamente constitutiva de un poliedro regular con 20 lados, cuya única gracia es que es uno de los poliedros regulares de pitágoras, lo que es harta gracia en realidad. Eso me ha costado duros costalazos, como decía mi papá. No es que se haya muerto, es que ya no lo dice. Eso, por ejemplo, es un ejemplo ejemplar de lo que quería ejemplificar, tal como lo que acabo de decir también lo es de lo mismo. Maravilloso, no? Es un juego de palabras hermoso, pero que no sirve para nada. Si lo lees, tal vez sigas leyendo mi texto por curiosidad, pero cuando me lo escuchas decir en una conversación, usualmente dirás «y qué le pasa a este saco de weas». Eso me pasa siempre. Todos creen que soy un saco de weas, porque vivo en mi mundo autista en el que las cosas tienen un sentido específico que no suele ser el mismo que tiene para el mundo no autista, que he definido como el mundo de kast. Sí, porque Kast para mí representa todo lo que está mal en el mundo, que es, precisamente el mundo. Me puse bélico. Ya no creo que yo sea el raro. Creo que el mundo es el raro. Raro porque quiere que yo no sea raro. Y kast es el que más quiere que todos seamos iguales. Todos peinados por una vaca que vive en el segundo cajón de tu closet. La abres en la mañana y te pega un langüetazo y te deja listo, encorbatado y con terno para ir a producir. Como voy a estar mal yo si a pesar de que hablo cosas para escuchar como suenan, pienso que las mujeres tienen derechos, que los negros no son monos, los chinos no son mafiosos, los colombianos no son narcotraficantes y los gringos no son libres? Como va a estar bien pensar que hay personas que tienen que dejar de pensar como piensan, porque tienen que pensar como otras personas? Como va a estar bien querer que la gente deje de ser libre, creativa, rebelde, apasionada, cochina, verde, roja, salada, amarga, gritona, nerviosa, desconfiada, amable, sagaz, mordaz, procaz, mendaz, perspicaz, maleable, dúctil retráctil, invisible, hematofóbica, proactiva, activa, reactiva, insoportable, irreconocible, o por último cualquier weá que quieran ser o dejar de ser? Como van a estar en lo correcto las personas que lean la enumeración anterior y en vez de darse cuenta de que esta puesta de esa manera en forma de adredes para despistar a quienes creen que hasta hay que enumerar las cosas de una manera determinada, piensen que es una enumeración ridícula porque rima y no vean que cada adjetivo está puesto no solo para escuchar como suena antes y depués del otro, sino porque es verdad?

Hace dos años descubrí que era autista, pero al final el asunto es que no soy autista pues. El autismo es una categoría que me puso Kast a mí. No kast. Ese weon ni siquiera sabe que existo. El otro día lo vi en el aeropuerto y me dio diarrea o colitis como habría dicho mi abuelita. Pero un weon como kast. Alguien que cree que a las personas hay que etiquetarlas. Los productos se etiquetan. Para ver cuándo vencen, cuándo los hicieron, cuánto valen, cuantas calorías tienen, cuá va a ser su contribución específica a mi muerte prematura por exceso de grasas trans, que son las grasas que nacieron como grasas pero se sienten proteínas por dentro). Si te etiquetan, es porque van a clasificarte. Y si te clasifican, detrasito te entregam un listado de las cosas que puedes hacer y las que no, y más peligroso aún, aquellas que puedes pensar, y más peligroso doblemente aún, aquellas que no puedes pensar.

A mí no me gustan los estadios, pero fui. Fui porque la nati me invitó. La nati quería ir a los papanamericanos porque era algo que no se iba a repetir nunca. Y yo la amo, así que fui para acompañarla y me programé para no estar idiota ni odiar nada. Usualmente es lo que puedo lograr. No expresar el odio, para no hacer el rato desagradable. Pero la pasé bien. Muy bien. Fue una tarde mágica en que estuvimos juntos, nos cagamos de frío juntos, aplaudimos juntos a dos o tres deportistas de chile que sacaron medallas, aplaudimos con amor a los demás que llegaron de últimos o muy en el montón. Eso me emocionó de verdad. Esa cosa que te recorre por dentro y que sientes como de a poco va llegando a tus ojos y removiéndolos hasta que se te llenan de agua. Me encanta cuando los ojos se me llenan de agua, cuando la guata se me llena de risa, cuando no me puedo aguantar la risa ni la pena. Así que al final todo mi odio se echó a dormir una siesta, agradecido me imagino, cansado de estar de turno sin vacaciones los últimos 50 años. Fui feliz, pero no por primera ni segunda vez. Yo soy muy feliz cuando odio todo. Me da energía, es el motor que me mueve a funcionar. En el trabajo por ejemplo. Así que fui feliz, pero no por el odio, sino por el amor esta vez, como muchas otras, casi íntegramente todas relacionadas inextricablemente con la nati. Disfruté el viento, me encantó la sensación de vida y de espacio que da sentarse en un estadio y mirar pal otro lao. La weá de las pantallas no tiene arreglo, son como las weas y están lejos, y eso de que no se ven los deportistas porque están lejos tampoco tiene solución. Soy feliz, pero no weon. La cosa es que no dejé de ser yo. No me sentí traicionándome a mí mismo mismamente por ser feliz con algo tan poco tradicional para mí como una actividad al aire libre llena de personas, con ruidos y sin razón intrínseca de ser. Como fui criado en el código Kast, pasé casi toda mi vida sintiendo que mi sola existencia era una traición al mundo, porque no encajaba en el código. Y toda esa misma vida tratando de salir de la traición, poniendo pantalones amasados con 13 años cuando quería usar chores cortos, usando terno a los 21 cuando quería andar con buzo, chaleco y bolsito, yendo a fiestas que no me interesaban a bailar canciones que no me gustan y que seguramente son el antecedente directo de Badluma (el hijo del parcito). Entonces, un glorioso día de 2021 la cota román me dijo que era autista y empecé a pendulear hacia el otro lado, odiando todo y amando mi odio, validando todas las weas que hacía y sintiendo que no tenía por qué transar en nada. Hablaremos de eso en otro momento, pero ahora quiero decir que el péndulo volvió al centro, como vuelven todos los péndulos, siempre al centro, porque el movimiento continuo no existe, es como la fusión en frío y los fachos con buenas intenciones. Y aquí estoy. Ya no quiero ser bacán porque odio ni porque tengo camisas smile. No quiero sentirme raro en el mundo de kast, ni convertirme en kast para dejar de ser raro. No soy ni chicha ni limonada.

Así que declaro hoy que no soy autista, ni neurodivergente, ni neurotípico, ni gordo, ni flaco, ni correcto, ni incorrecto, ni socialmente desadaptado, ni verde, ni rojo. Soy Álvaro, descendiente de odin, hermano de thor, hijo de Leonardo y Carmen. Si te gusta, bien. Si no, por fin, luego de 50 años de miedo, de ocultarme, de dudar, de pensar que tenia que ser, de vestirme a la moda y desvestirme con vergüenza, de envidiar a los populares en código Kast y de ser envidiado por nadie, por fin al término de mi largo viaje de redención personal quencomenzó la primera vez que no entendí algo, que fue la primera vez que tuve que entender algo, por fin, si no te gusta Alvaro, cómprate un pasaje, súbete al bus y ándate a la conchetumadre.

Comentarios

One response to “El código Kast”

  1. Avatar de Camusnebula
    Camusnebula

    Jaja, eres un genio!

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