Todo, Todo

Había que escribir. Claro que si. El último post del año pasado fue hace tieeempo, tanto que todavia si decias Kast la gente sabia de lo que hablabas. Hoy ya no. Nadie sabe si kast es kast o es trump o bolsonaro o rojo edwards. Y como se agolpan las cosas y las experiencias uno empieza a ponerse medio neurótico por querer contarlas. Me pasa también que pienso en la real llegada de mis escritos. O sea, alguien me lee? los de wordpress me felicitaron porque tengo 6 seguidores. Seis. Puta la wea, hasta alberto plaza tiene más seguidores que yo. Pero no importa, yo sé que alguien lee esto y le sirve. La polilla psiconauta por ejemplo, ella siempre me lee y le pone me gusta. Aunque sea solo para ella, seguire contando estas terribles historias de cómo cambia todo cuando uno es autista.

Además que hoy quiero hablar de un asunto espantoso. Cuando a uno le diagnostican el autismo de adulto hay una parte tremenda que es reevaluar el pasado, que es lo que he estado haciendo y les he estado contando, entre intentando hacerles reir, un poco hacerles llorar y principalmente hacerles identificarse y cashar si ustedes son autistas también (o autistes como diría mi amiga karen fuentes), pero otra parte también tremenda de la que yo no me habia hecho cargo, y que es aterradora, porque significa hacer cambios de verdad, es el presente. Claro porque puta, uno puede mirar al pasado y llorar todo lo que quiera y reencontrarse consigo mismo y cantar canciones de graduación soltando un lagrimón porque por fin te entiendes y la weaíta, y perdonas a tu mamá y a tu perro por todo, y te perdonai a ti mismo y te creis la raja y súper evolucionado por todo, especialmente porque te dai cuenta de las cosas y así sucesivamente, pero otra muy distinta es mirar padelante y decir «ahora qué chucha hago con mi autismo y lo que estoy viviendo» porque significa hacerle de verdad a los cambios de registro y de forro.

Pero como soy valiente (también soy caliente pero esa wea na que ver aquí) me fui en la volá zen tipo bruce wayne en busqueda de mi mismidad mísmica, como cuando se fue 7 años al tibet a tomar clases de artes marciales con Ras al ghul. Me salí de todos los grupos de whatsapp, cerre mis redes sociales y me confiné a una parte limitada de la realidad a la que ya nadie accede: el mundo real. El pasto, el aire, el cielo, etc. y toda la pachamama de los weones lana que comen placenta.

POr supuesto, mi viaje al tibet fue harto más rasca que el batman, primero porque yo no soy multimillonario, pero principalmente porque a diferencia del murci ese, yo existo y tengo que pagar cuentas. Asi que nada de fiestas sofisticadas y trajes de murciélago. Estuve en concon en el departamento de mi mamá, primero de vacaciones y después con licencia. Mi gurú era la señora del café frida que vende no solo café sino también canjea libros y seguro que te sirve sandwiches de placenta mayo. Mis enseñanzas las saqué de netflix y amazon prime, y mi compañera leal era, por cierto, la mega nati, que es harto mejor que la weona fea de la maggie gylenhaal o la ex de tom cruise.

En fin, terminé mi viaje a la semilla por el hiperespacio con una conclusión que puede parecerles weona o inteligente, pero me importa una raja porque es mi conclusión: Soy autista y eso no es normal. Así de simple. Yo creo que hay una normalidad en el mundo, y consecuente con mis principios huecos y anodinos respecto del mundo, esa normalidad está definida por la mayoría. Y cómo la mayoría de la gente es neurotipica (me refiero a la casa, el perro, el auto, la esposa, los hijos, etc. ver los capítulos anteriores) resulta que yo soy raro. Hice las paces con ser raro. Le conté a la nati hermosa que soy un raro y desde la rareza ahora enfrento el mundo. A mí me sirve. Primero, decidi usar la ley de conciliación de vida familiar y laboral y la ley de autismo para exigirle a mi empleador que me permita ser raro en la oficina también, porque soy raro y necesito ser raro para desarrollarme. Así de simple. Voy a mandar una carta pidiendo que me dejen ir a trabajar en chores cortos y no me obliguen a actividades sociales, y que me dejen trabajar lo más posible desde la casa porque tengo un nieto que criar y porque simplemente me siento como las pelotas en el ambiente de oficina.

No tengo idea cómo me va a ir con eso, pero creo profundamente que es lo correcto pedirlo, exigirlo y hacerlo sentir. Nunca me senti así antes. Siempre me senti raro, pero raramente raro, así como que era una cosa sin forma ni color que no debió nunca haber existido. Ahora por fin me siento raro, pero onda de colección. Soy un ford T. Antes era un nissan V16 todo tuneao y viejo. Las dos weás son raras, pero el primero es de colección, se entiende?.

Ok. Una de las mejores consecuencias de mi autoconversión en un auto de colección es que por fin la nati pudo referirse a mí con tranquilidad sin pensar que me podía estar pasando a llevar. La pobrecita ya no sabia si decir que soy neurodivergente, autista, tea, persona con tea, persona autista, persone con tee, persone autiste, raro, rare, o lisa y llanamente un weón mañoso. Ahora, por fin sabe que me puede decir que soy autista y soy medio raro y por cierto también que soy un weon mañoso, pero eso no tiene nada que ver con la neurodivergencia, sino con que simplemente soy un weon más mañoso que la chucha, como todos los viejos de 50 y más.

POr que esa es la otra weá. Cumplí 50 años. Yo queria hacer una fiesta. miren la weá que se me ocurrió en mi búsqueda de la redención personal en las frias arenas de concon. Una fiesta de disfraces de los 80. A medio camino ya estaba arrepentido. Qué a medio camino. Cuando terminé de pensar en hacer la fiesta ya no quería hacerla, pero igual quería hacerla. Al final no la hice porque no pude, porque me dieron licencia porque se me abrió de nuevo la fistula de la osteomielitis y no iba a estar en valdivia para organizzarla. Entonces, como suele pasar con la mayoria de las cosas de la vida, las circunstancias decidieron por mí y me quede con las ganas de saber si queria hacer la fiesta ql o no.

Ese fue mi verano pues, perritos, perritas y perrites. Ahora que lo pienso, este largo hiato entre mi último post y el actual se corresponde completamente con el viaje de autodescubrimiento y alimentación placentaria sin redes sociales que emprendí un poco sin saber que lo hacía para reencontrame y un poco pensando que me reencontraría conmigo mismamente mismo en la mismidad misma de mi individualidad individual. Nunca vi una piedra hablándome, ni tuve visiones de futuro o de pasado, ni fui contactado por una fuerza superior, ni por una inferior, ni me apareció el espíritu de un coyote difunto enseñando valiosas lecciones sobre la vida en el desierto. Esas weás no existen. Pero sí encontre por fin la respuesta a la primera pregunta que hice en este blog. Qué es esto? Qué cresta es esto de ser autista. Es una enfermedad, una condición una desventaja, una discapacidad, un privilegio, una forma de vida, una configuración cerebral? Un regalo que te permite ver el mundo como Robin Williams, desde arriba de un escritorio, desde donde se ve el interior de las formas de dos dimensiones? La respuesta la canto la Daniela Romo hace más de tres décadas ya.

Comentarios

2 responses to “Todo, Todo”

  1. Avatar de Marco Hormazábal
    Marco Hormazábal

    Felicitaciones por el ensimismamiento; a veces hay que viajar -no necesariamente lejos o siquiera moverse- o moverte a ti mismo para ver las cosas desde otra parte para realmente observarlas y comprenderlas; que mejor regalo de los 50 que el proceso que hiciste y las conclusiones y la aceptación a la que has arribado. Por eso y más te abrazo amigo mío.

    PD. Si bien sospechábamos que la fiesta no se concretaría, estuvimos buscando disfraces.

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  2. Avatar de Polilla Psiconauta

    Conozco ese camino, como si el diagnóstico diera una sensación de alivio y logro, finalmente una respuesta… y tenía razón! Pero pronto la felicidad se difumina y llega a una crisis existencial nunca antes vista. Ante eso: silencio, espacio y tribu. Gracias por la mención 💅🏻

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