Autor: exneurotipico

  • Corto y preciso

    Cuando era chico una vez me invitaron al cumpleaños del Alan Portmann en santa rosa de las condes. Alan vivía con su mamá, la Ita Portmann, que no se llamaba Ita y no tenía apellido portmann. Se llamaba Haydée y su apellido se había perdido en la noche de los tiempos por haberse casado en Estados Unidos. No se olviden de que así era mi vida, un pueblerino viviendo en nueva nueva york, que quedaba en el cerro 18 de la dehesa cuando todo era puro pasto, vacas y bichos. La casa de alan portmann era grande. No era apoteósica como una mansión, pero era lo suficientemente grande como para amedrentarme. En verdad, no recuerdo si era el cumpleaños o uno de los paseos de curso, pero da lo mismo. El asunto es que me dieron ganas de hacer caca y fui al baño. Me senté y, consecuencialmente, hice caca. Todo bien. Una arrugada de frente, un mojón haciendo ploch y estábamos listos, pero CHAN. No había papel. No estoy hueveando, estas historias que están en las canciones a mi me pasan. No había papel. En fin, no encontré nada mejor que limpiarme el poto con una toalla de mano que estaba colgada en el baño. La dejé llena de caca, colgada y me fui. Me imagino la experiencia de la próxima persona que se lavó las manos.

    Tengo muchas atenuantes. Tenía 8 años, era autista, andaba solo, no tenía recursos mentales como para idear otra solución, y principalmente, era un mijito rico criado en cuna de oro que no pensaba en las consecuencias.

    Creo que sigo siendo lo mismo. Un saco de weas criado en cuna de oro, mimado, que no piensa en las consecuencias y hace estupideces creyendo que se las van a perdonar porque es autista, tierno e inteligente. Soy, básicamente, un mojón nadando en una acequia. Hediondo, asqueroso, inmundo y vil.

    Nada más.

  • Intervalos

    Tengo harto que decir y como pocas veces no sé como partir. Como cuando uno quiere pintar un cuadro y no sabe con qué color partir. Yo siempre pintaba puras weás color café, porque no sé pintar bien y al final terminaba pasándole el rojo encima al azul, y al amarillo y al verde y todo se iba a la míerda. Es que pintar no es lo mío.

    Escribir siempre ha sido lo mío. Escribir y hablar. Yo soy el que siempre sabe qué decir, cómo abordar los temas. Pienso que fui tomando esa posición, porque al que organiza las cosas como que nadie lo molesta con hacer la parte social. Entonces, me acostumbré a ser efectivo, a brindar resultados, a cambio de que no me hueveen. A los 14 años era el secretario de la brigada de los bomberos y redacté una reforma al reglamento. Era la raja la reforma. Y eso que le puse cosas que encontraba obvias a los 14 años y hasta el día de soy sigue siendo el reglamento de la brigada, 36 años después. Con el tiempo he ido sabiendo que los bomberos no le dan mucha importancia a los reglamentos, así que parece que no era muy difícil superar el reglamento vigente. Bueno, volvamos. No sabía como partir, porque pensé decir «dicen que el luto tiene 5 etapas» pero no me gustó porque me sonó muy de matinal. Después pensé en «El luto tiene 5 etapas», pero eso me sonó a pilar sordo enseñándote a vivir a su manera, porque no hay otra.((Habrán notado que odio a la pilar sordo) (puse dos paréntesis en el paréntesis anterior porque noté que en un post anterior me faltó un paréntesis, parece que fue en el Código Kast). En, fin, lo que quería trasuntar, como diría un psicólogo menos pilarsórdico, pero igualmente sicólogue, es que yo creo que el duelo de ser autista también pasa por etapas. Mira la weá, podría haber empezado así: Yo creo que el duelo de la persona autista también pasa por etapas. Bueno, ya fue.

    La primera etapa es una especie de choc. No de chocman, pero no voy a decir shock porque soy un ferviente defensor de cualquier cosa que no sea gringa. Así que es un shock, pero uno bueno. Claro, el sonido de la aguja del disco saliéndose así «jjjjjjj» es evidente, pero porque en un nivel entre subconsciente y semiholístico uno llega a puerto. Te dicen que eres autista y todas las piezas del lego encajan y terminas de armar la nave espacial. Entonces, obvio, llegas a puerto y no hay más oleaje, el barco no se mece más, de un momento a otro, así que te mareas al revés. Como en las películas de viajes en el tiempo cuando el protagonista cambia el pasado y después vuelve al futuro y de golpe se le meten un millón de recuerdos en la cabeza, porque salvó al papá de morir entonces ahora recuerda toda la vida con su papá, así es el ataque de las memorias, esta vez recargadas con el barniz autista. No sé cuánto dura esta etapa, pero a mí por lo menos me duró hasta que me fui a dormir ese día. Como todo intervalo de tiempo, es difícil ver los límites. Si no fuera difícil, sería cosa de poner el reloj y esperar que pasara el período. Yo creo que esa es la diferencia entre un período y un intervalo. Y como las cosas nuncas son tan simples como uno querría, estas etapas duran intervalos y no períodos.

    Tampoco sé cuándo empieza la etapa siguiente, pero como dije por ahí en un poust, es la del péndulo. Yo me fui a la cresta para el lado del autismo. Empecé a odiar todo lo neurotípico, y a sentir que lo único válido era lo neurodivergente. Todo engrupido hay que decir. Formé un grupo de whatsapp e invité a personas que no conocía y resultó re bien. Por ahí incluso alguien me dijo que le encantaba el grupo y eso me hizo sentir exitoso por primera vez. Eso de hacer algo público y que personas que no conoces te sigan. El grupo sigue y he estado invitando gente y me gusta creer que ya no es mío, así como que se convirtió en un grupo por sí mismo que no me necesita, lo que es grandioso porque implica que las instituciones superan a las personas, pero al mismo tiempo es triste porque uno se supone que dice «oh, es mi hijo» o algo así, cosa que yo no digo ni sentí en momento alguno, así que al final solo fue grandioso. Quiero nombrar a la tribu. Les amo. Está la xime, una mujer buena que descubrió su autismo en la adultez y fue la primera en contestar mi invitación. La otra coni, que dice que no es tan autista, pero es mentira. Está lenin, que escribe cosas maravillosas y no se atreve a reconocérselo a sí mismo. La danitza karla, que no se llama así pero así le digo y que vive en Santiago aunque viva en los ángeles. La paulita pilar, con su corazón de oro, la amaranta con su nombre de cien años que volvió a hacer pancito gracias a la bondad de la tribu. Francois, Natileiton y eugenia, mi adorado par de tres…

    La tribu se llama el grupo. La tribu neurodivergente. No le puse así yo. Yo solo puse la única regla: No hay reglas. Les amo. Ojalá lean. En fin…

    Se pone peligrosa esta etapa en un punto que no se explicar, porque uno se acerca al momento tan humano en que comienza a sentir que es mejor que los demás por ser autista. El otro día fui a una reunión de un consejo regional en Valdivia y una chica pidió la palabra y le explicó a los consejeros que ella era autista y que los autistas eran los que hacían los puentes y construían las ciudades mientras los demás conversaban en las fiestas. Tai más equivocá que Piñera cuando contaba un chiste en una de sus empresas y todos se reían y él creía que es por que era chistoso, pero así es la cosa. Te pasaste varios pueblos si crees que ser autista es una ventaja, o es ser mejor, o ser más honesto, o más humilde, o más noble, o más cualquier cosa. Yo conozco autistas como las weas, personas mezquinas, miserables, competitivas, mentirosas, dispuestas a usar la condición para conseguir beneficios, o peor, a usar a sus hijos e hijas autistas para conseguirlos vendiéndose como cuidadores o cuidadoras cansadas y sacrificadas que luchan por la justicia. En esa etapa me encontré con varias personas consumidas por su propia ideología sobre el orgullo autista y el paradigma de la neurodiversidad, no porque no exista, sino porque no puedes andar diciendo que ser autista es una ventaja si existen autistas que no pueden comunicarse y que decididamente no controlan esfínter ni logran insertarse en la sociedad. El autismo no es la ventaja. Además, hay un montón, pero un montón de personas neurotípicas que construyen puentes, descubren estrellas, crean vacunas y salvan a la humanidad y además tienen casa, auto, perro, hijo, y bailan en las fiestas. Así es, las personas autistas también se ponen weonas y se juran imprescindibles.

    Pasó el tiempo y en otro intervalo indefinido e indefinible, así como también es indefinido e indefinible el momento en que la luna de miel se convierte en acumulación de tensiones (esto en el círculo de la violencia intrafamiliar, un modelo antiguo y ahora despreciado para explicarla, pero que sigue funcionando, así como funcionan los primeros satélites que no se caen cuando se cae el 5g, o como funcionan los teléfonos ericsson sin whatsapp para mandar mensajes de texto después de un terremoto, o sea, confiable pero de último recurso) mi desprecio por toda la neurotipicidad comenzó a apagarse. Fue por ahí que dije en un poust que yo era raro y no me vengan a decir que no soy raro. No sé cuándo pasa, pero sé que pasa cuando uno ya deja de sentirse distinto. Porque mi vida que ha estado llena de dolores y felicidades, como la de todos y todas, me ha enseñado entre otras cosas que sentirse distinto es muy distinto a ser distinto. Cuando uno es distinto, a veces no lo sabe, que ha sido el tema central de este blog. Ser distinto y no saberlo. En cambio, cuando uno se siente distinto, a veces no lo es. A veces sí, claro, pero a veces no. La gente más posera, ridícula, falsa y poco querible de la humanidad, es aquella gente que se siente distinta, pero no lo es. Y cómo sé que no es gente distinta? Distinta a qué? Y quién soi vos guatón culiao pa decir quién es distinto y quién no? Bueno, aquí la diferencia es ser autista pues. Incluso cuando uno se siente distinto, y es distinto, se comporta más falsa y apestosamente que cuando no se siente distinto. Lasunto es que esto es como el color cafe. No viene de fábrica entre los colores primarios. Hay que hacerlo. Tenís que ser distinto para sentirte distinto, y luego de sentirte distinto, tenís que pasar por la etapa apestosa de sentirte distinto para volver a ser distinto sin creerte distinto. No podís hacer café sin mezclar todos los colores del set de témperas.

    Ahí estoy yo ahora. Sé que soy distinto, pero encuentro que no tiene sentido hacérselo ver a nadie, salvo que necesite algo. Como los ajustes necesarios de los que habla la ley. Tan inteligente la ley. Raro en las leyes, pero en ésta resultó. Los ajustes necesarios son para cada persona, porque cada persona es distinta. Eso caché después de estos casi dos años. Que no soy distinto porque sea autista. Soy distinto porque soy café.

  • Chicos Buenos

    El otro día estaba sentado aquí en el café Cosas Ricas y me iba a poner a escribir cuando sonaron unas canciones de jazz. Odio el Jazz. Lo odio porque no es música, son un grupo de músicos amándose a sí mismos mientras tocan cualquier cosa que se supone es especial, cuando en realidad suena fome y aburrido. En fin, Odio todo, en realidad. El odio ha sido el motor de mi vida. Me ha motivado a estudiar, crecer, mejorar, a veces incluso y muy contra mi naturaleza, competir. La última vez que competí por algo, mmmm, me cuesta recordarlo. Esa sensación de realmente querer ganarle al del lado para obtener una satisfacción personal… A ver? Aers? Yo creo que fue en el año 2018. Salió uno de esos concursos internacionales para ir a un curso en Holanda sobre investigaciones de delitos de lesa humanidad. Lo dictaba el instituto internacional de estudios penales. Asi que postulé, y entré a competir, según el correo que me recibió la postulación, con otras 25.000 personas de todo el mundo, para obtener un cupo para el curso. La verdad es que postulé solo porque el curso suponía una beca completa con pasajes, plata pal bolsillo y hasta una taza de café con el logo del instituto. No lo sentí tanto como una competencia, porque no conocí a mis contrincantes. No estaban en el carril de al lado mirándome con esa cara de machos alfa que quieren destruirte por el solo hecho de que estás corriendo la misma carrrera. Era una competencia justa además, porque no había segregación por sexo, género, color ni por país, etnia, raza, todas esas cosas lindas que dicen las constituciones y las leyes zamudios, pero que no pasan de estar ahí y nunca llegan al mundo real. Claro, uno pensaba, seguro que van a darle los cupos al hermano del director del instituto o a la hija del millonario que lo financia, pero tiene que haber sido bien honesta la forma de resolver el concurso, porque me seleccionaron y yo no hice más que mandar mi currículum. Así, onda como en los cuentos de hadas, en los que los derechos existen y se respetan. Me acuerdo que cuando me llegó el correo avisando la selección yo estaba en otro curso que también me había ganado, en Cartagena de Indias. Ese también era con los gastos pagados y como era cortito y más cerca, fui con la nati. Mientras yo me cagaba de calor en un curso, con polerita con cuello, ella tomaba copete al sol en cartagena de Indias, mish. Salí corriendo a contarle, feliz. En aquel tiempo (Sigo bíblico) (me acordé de Douglas, que sacó un disco que se llamaba Sigo Romántico. Siempre quise saber si era su segundo disco y el primer se llamaba «soy romántico» o «romántico» o algo así. Yo encontraba la raja que el weon se autoamara tanto y se reconociera tanto como un tipo que cantaba weás románticas que simplemente su disco se llamara así. Esto tendrá que ver con el blog, confíen en mi parentisidad) Jesús dijo a sus discípulos «A Álvaro lo seleccionaron para dos cursos, uno en Colombia y otro en Holanda», y yo estaba feliz porque me pagaban todo el viaje y por fin iba a volver a Europa, donde había ido a ver a mi hermano que vive allá desde 1993. Nunca me detuve a pensar algo que era bien evidente. Soy seco. Claro que sí. Pa que me seleccionen entre 25.000 personas solo por mi currículum, es porque el currículum tiene que haber sido bueno. De verdad que no hice nada, no conocía a nadie ni llamé al papá de un amigo ni a algún rubio casado con su prima, como lo hacen todos los fachos para conseguir todo lo que tiene, que lo tienen asegurado desde que nacieron. En ese momento no caché que el gran regalo de mi papá y mi mamá, que se fueron a vivir a Vitacura para que yo fuera al colegio más cuico de Chile y aprendiera inglés, había surtido sus efectos. MIs papás me regalaron educación y yo le saqué brillo. a los 45 años, yo era un weon seco, tan seco que me fui becado a estudiar a Europa. Mis amigos del colegio, los más queridos, también lo hicieron. Daniel se fue a estudiar a Estados Unidos y se quedó viviendo allá. Andrés se fue a estudiar a Holanda y después se quedó viviendo en Finlandia y Dinamarca, tranbajando para la Nokia. Por algún motivo yo decía «claro, es que ellos son secos». Yo, en cambio, cuando salí del colegio, agobiado por el autismo que tenía sin saber, destruido por la competencia con mis compañeros, que siempre ganaban, un poco porque yo no sabía que estaba compitiendo y otro poco porque siempre competían en categorías que a mi no me interesaban, como el fútbol, el baby-fútbol, el futbolito, otros deportes menores como el futsal, el fútbol 6, fútbol 8, y otras variadas formas de correr detrás de una pelota, pero también destruido por el maltrato constante de mi padre, que con su amor duro y macho quiso convertirme en un vaquero rudo, pero me terminó por desdibujar como una pintura de picasso que puede ser un vaquero pero también un trozo de estiércol en el pavimento.

    Ahi fue, cuando entré a los bomberos. Así es, esta es la ansiada segunda parte de aquél post en el que hablé sobre Jaime Miranda, si es que alguien se acuerda.

    Los bomberos.

    Yo estuve durante 37 años ligado a los bomberos. Cuando tenía 13 años, trece, por la mierda, se me ocurrió postular a la Brigada Juvenil de los bomberos de Vitacura. No sé por qué. Intento recordarlo y me viene a la memoria escuchar a mis amigos del barrio diciendo que eran bomberos, mi mamá diciéndome que eso era imposible y yo, queriendo saber. En el año 1987 yo estaba en octavo básico. Ese año, luego de siglos de opresión conquistadora española, por fin yo me había decidido a hacer lo que me gustaba y estaba en el coro del colegio y también en el taller instrumental, o sea, creyendo un poco en mí por primera vez. La mala cuea es que me topé con un pelotudo de primer nivel, que era el profesor de música, y que más encima se amaba a sí mismo porque todos decían que era bacán, simpático y todo, el Benito López. Ese weon megalómano y autorreferente me echó del coro y del taller instrumental en noviembre de ese año porque yo molestaba mucho. La mierda. Yo era inquieto, curioso, todas las weás que le encuentran buenas al mono culiao de Jorge el Curioso, pero en mi versión eran malas. Claro, el weon era un facho de mierda que quería puros milicos cantando callados y weones tocando las melodías compuestas por el pelao mackenna y no, no po weon. Yo tocaba soda stereo. A la mierda. Ven que el odio me mueve? Ok, más encima, yo, como primera vez que pertenecía a algo, quería volver al coro, tuve que ir en micro al colegio después de terminado el año escolar, A PEDIRLE PERDÓN AL WEON, y lo recuerdo pagándose su propio sueldo miserable mientras me miraba con condescendencia (si se anulan, podría ser «me miraba descendencia» y debería entenderse, eso en un mundo donde las matemáticas fueran tan importantes como pretendía el saco de weas de margalet, otro día más sin usar el mínimo común múltiplo). Yaaaaa, ok, si sé que me fui a la cresta.

    La cosa es que me encontré de colitsión directa y frontal con que ya no pertenecía a la única weá que había pertenecido en mi corta y miserable vida, y justo se me presentan los bomberos. Creo que por eso me metí. Además, si algo me motiva a mí siempre es aprender. Y me di cuenta de que había mucho que aprender, y principalmente cosas que yo nunca había hecho, porque mi papá le tenía tanto miedo a todo que me había criado para ver el mundo por la tele. En los bomberos, en cambio, había que hacer cosas con las manos. Juntar mangueras, tomar un pitón con la mano, afirmarlo, achuntarle al fuego o al blanco, ponerse de verdad un uniforme de bombero, ponerse un equipo de respiración, respirar con una máscara, Puras cosas que salían en las películas, cosas que hacía la gente de verdad en el mundo real, y que no estaban en mi pantalla de televisión.

    Mi paso por los bomberos fue como mi paso por todos los lugares en que he estado. Por un lado, excelente, seco, promisorio. Me sabía todos los reglamentos, me aprendí todos los procedimientos, estuve más de 7 años en la guardia nocturna, fui a cientos de emergencias, me certifiqué en rescate, me gané cursos a Estados Unidos, me certifiqué en incendios estructurales fuera de Chile (fui la primera persona de Chile en hacerlo), mantuve el record del tipo que más rápido se ponía el uniforme con equipo de respiración incluido durante años, etc. Por el otro lado, sufrí durante años el ostracismo de un grupo que no me comprendía, en el que yo no encajaba mientras hacía mis pequeños stimming con los dientes que me hacían parecer con frío cuando había 30 grados, todos se iban a carretear, o armaban una fiesta, o hacían un bautizo mientras yo no participaba, porque entre que me daba miedo y estaba preocupado de estudiar, etc.

    No he conocido en mi vida un grupo humano más violento que los bomberos. VIolento, en serio. Violento en los términos en que hoy se puede ser violento. No ese concepto básico y pueril que tienen los hombres de la violencia. Si no hay moretón, no hay violencia. Si no quedas parapléjico, no fue tan grave. Si no te dejan tonto a golpes, es porque puedes soportarlo. No, violencia verdadera. Clasismo, racismo, machismo, elitismo los pocos que eran inteligentes, utilitarismo, bullying, maltrato, discriminación, todo lo que quieras. Elige. Todo está en los bomberos. Y eso que cuando yo entré no había mujeres bomberas. Al menos, no en Santiago ni en casi ninguna parte. Me acuerdo que en Tongoy había una bombera en la lista. Yo me sorprendí a mi mismo preguntándome «y cómo puede una mujer ser bombera». Me acuerdo que una vez pregunté por qué no había mujeres, y uno de los especímenes promedio de la población general me contestó «porque el reglamento dice individuos y no individuas». Claro, el lenguaje te sirve cuando es excluyente, no inclusivo.

    De todos modos no olvidemos que esto es 1988, 1989, etc, hasta más o menos el año 2000. De la misma forma en que no puedes condenar a una persona por cometer un delito que no era delito cuando lo cometió, puedes criticar que Pablo neruda viviera en una sociedad que no le condenara por abandonar a una hija, pero es discutible que puedas criticar a Neruda por abandonarla sin sentirse mal. En 1988, todas estas cosas que yo estoy hablando eran obvias. No podías ser bombero si eras mujer, débil, maricón, raro, fleto, tontito, autista (el que bota espuma por la boca no lo olviden), ateo, si no te gustaba el fútbol, el baby fútbol, el futbolito, o por último el futsal, si no eras choro, prepotente, bueno para reírte de estupideces, si no veías películas porno, si no pensabas que a las mujeres drogadas en la fiesta hay que culiárselas antes de que despierten, si no creías que matar un perro era algo medio fuerte, pero bueno, qué tanto, etc. Para ser malo en 1988, había que ser realmente malo. Había que secuestrar, violar y matar a Victor Zamorano Jones o la Viviana Lavados. El resto, bueno, era ser un poco duro y poner orden pues. Pelo corto los hombres, pelo largo las mujeres. Faldita, porque asi es más fácil culiarlas en la fiesta.

    Los bomberos no eran malos en 1988. Eran chilenos.

    El asunto es que con el paso del tiempo, necesariamente, salimos de 1988. Y de 1989, y etc. Llegó el año 2000, y las mujeres comenzaron a entrar a los bomberos a borbotones. Luego llegó la década de 2010 y las mujeres comenzaron a tener cargos de autoridad en algunas compañías de bomberos, los fletos salieron del closet, los taraditos consiguieron una ley para que los trataran como personas, y los fletos, los taraditos y las mujeres consiguieron una o dos leyes para que tocarles el poto, las tetas, o culiárselas mientras dormían fuera, a lo menos, mal visto. Llegó la década de 2020 y los tribunales incluso tuvieron la idea extraña e interesante de condenar por violación a los hombres a los que se les ocurriera esto de penetrar a las mujeres mientras dormían. Claro, se salvó Neruda porque murió en 1971. Se salvó tanto weon. Tanto. Se salvó mi papá, seguro. Creo que hasta me salvé yo, que cuando tenía 20 años en 1994 le dije a una chiquilla que tenía bonitas tetas en frente del pololo. Estaba curado, en una fiesta de año nuevo… Excusas.

    Pero los bomberos siguieron en 1988. Y siguen en 1988. Hasta hoy. Y claro, uds deben estar diciendo «este weon que se mueve por odio, está puro odiando», pero no. En vez de decir «no tengo pruebas, pero tampoco dudas» les diré «no tengo dudas, porque tengo pruebas». Claro, si basta con leer el diario, o entrar a la página del poder judicial. Los bomberos son como mi profesor de música. Son weones simpáticos, a los que todo el colegio adora. Yo conocí a mi profesor de música antes de conocerlo. En el primer día de clases en mi colegio el profesor jefe nos daba el listado de profesores que nos harían clases ese año. Cuando llegué a sexto básico a ese colegio, el profesor dijo «música… Benito López» y todos se pusieron a aplaudir (todos, porque en esa época las mujeres eran parte del todos) y gritar de alegría. El weon era lo máximo. Por suerte no nos había tocado Juan Iradi. Juan Iradi no era un maricon sonriente. Era enojón y guatón. Lo conocí con los años. Era harto mejor músico y mejor educador que el Benito López. Una vez tuvimos un profesor de reemplazo, no recuerdo su nombre. Calmado, agradable y poco dado a las luces, nadie lo pescó. También era harto mejor que Benito López, que enseñaba puras huevadas y más encima se enojaba a cada rato, seguramente porque le tenían cortada el agua en la casa, porque a los pocos años se separó, pero el weon era como el alexis sánchez del colegio. Se tiraba un peo y todos se lo olían.

    Así son los bomberos. Son los Benitos López del colegio. Gozan de buena reputación aunque no los conozcas. Son los músicos de jazz, vacíos, sin sustancia, pero convencidos de que son lo mejor de la música. Son los Arturos Vidales de la sociedad. Chocan curaos y se les perdona porque meten goles, que es lo importante. Los bomberos violan a sus bomberas en los cuarteles, les andan tocando el poto, las andan acosando, pero se les perdona porque apagan incendios gratis. Porque tiene una aprobación del 100 por ciento en la opinión pública y como lo único que importa en el mundo es la aprobación pública y tener más seguidores por andar mostrando las tetas que la mina de al lado que también muestra las tetas, pero tiene menos seguidores, nadie se atreve a molestarlos pues. En una de esas, no te apagan la casa porque dijiste que son malos.

    Imagínense lo que fue para mí pertenecer a los Bomberos. Yo no me daba cuenta de la dependencia emocional que formé con ellos. Estuve viviendo 7 años en el cuartel de los bomberos. Los demás miembros de la guardia nocturna fueron mis hermanos mayores, mis hermanos menores. Me identifiqué con ellos. Yo mismo me convertí en un acosador, participando de bautizos, siendo el más cruel de los viejos, poniendo apodos, contestando a palabrotas, compitiendo por tonteras que no me interesaban, como quien se pone el uniforme más rápido, quien llega a ser oficial primero, quién es más antiguo, quién manda más, quién sabe más que el otro, pero no para saber y hacer las cosas mejor, sino para hacer callar al otro. Ahi estuve años, deformándome, viviendo una vida que no era la mía, siendo la persona que no era, pero de verdad siéndolo. Una epopeya de mascaraje que tenía por objeto convertirme en la máscara misma y que me fue convirtiendo en el cuadro de picasso, más cerca del estiércol que nunca. No entendí por qué me empezó a dar por renunciar cuando llevaba diez años. Renuncié, retiré la renuncia, me iba, volvía, me desaparecía. Ahora entiendo. Ahora que sé que soy autista, pero que también lo fui siempre, entiendo que mi naturaleza estaba reaccionando desde adentro. Había que arrancar. Si hasta jugué a la pelota en los bomberos. Metí dos goles. En toda mi carrera deportiva he metido tres goles en partidos oficiales. Dos de ellos fueron en los bomberos.

    Claro, las cosas se dieron de maneras tan obtusas como inimaginables. Ahora nos acercamos a la titulación.

    Y todavía no les hablo de Jaime Miranda.

    Nos vemos.

  • Adiosito*

    *Esta entrada no contiene garabatos, por respeto a mi cuñadita y su padre.

    Mi cuñadita hermosa y maravillosa se me murió. Así, como es la vida, de un día para otro, le dio una neumonía, se complicó y no alcanzamos a llegar a cuidarla. La natita se iba en avión a Puerto Natales ese mismo día con el plan de cuidarla y traerla a Valdivia o Santiago si era necesario, para que no estuviera solita. Resultó que me fui con ella y en vez de cuidarla llegamos a buscarla, vestirla, maquillarle su carita hermosa de princesa de película de 1950 y despedirla, como dijo la nati en su misa, tan apresuradamente, tanto antes de lo que debió haber sido.

    Mis cuñaditas, las dos, son lo máximo. La tania es inteligente, linda, comprometida, prudente, trabajadora, sensible y le gusta decir que no lo es. La Carla era tantas cosas también.

    El trabajo del papá de Carla la llevó a ella y sus hermanas a conocer y vivir en distintos lugares del mundo. Desde Talca hasta Colombia, las niñas forjaron una relación fuerte y cercana ante los constantes cambios que les correspondió vivir, los que les permitieron formarse una mentalidad abierta y una experiencia multicultural que las marcó de por vida. La carlita entró a estudiar medicina en Colombia, pero cuando volvió a Chile se decidió por ser ingeniera comercial. «Cambiaste el dinero, por el dinero» le decía yo bromeando. Ella se reía con esa explosión inolvidable y me mostraba sus dientes benditos, blancos, completos. Otra virtud que todos quisieramos tener.

    Por donde anduvo la querían. La Carla trabajó durante años en PMI Chile, empresa donde conoció a una de sus grandes amigas, Susana. La susana llegó a su funeral en Puerto Natales. Tomó un avión, estuvo y se fue. Viajó ida y vuelta más horas de las que estuvo en Puerto Natales. Yo quiero tener una amiga como ella, y otra como la Carla, que la motivó a hacer ese viaje de locura.

    Ahí, en PMI, en Santiago, estaba la carlita cuando se le ocurrió venir a vernos a Puerto Natales, donde habíamos quedado varados con la natita, la emi y la mariana después del aluvión de Chañaral. Venía de visita y se quedó pa siempre. Como diría mi padre, la carla tenía un buen par de bolas, como si no pudiera alguien ser valiente sin tenerlas. En fin, la carlita fuentes renunció a su trabajo, salió de la casa de su padre y su madre donde había vivido siempre, y con el ímpetu propio de una caballera de las cruzadas, hizo lo que muchas personas sueñan, algunas intentan y pocos logran: Cambió su vida por completo.

    Mi cuñadita siempre amó la naturaleza y los animales. Por eso abrazó la vida vegana como una forma de respetar a todos los seres vivos y por eso sus hijos en esta tierra fueron sus adorados compañeros peludos: Su primogénito Vecchio con su amigo Evaristo, que la acompañaron por más de 13 años en Santiago. La inolvidable Gertrudis, que con sus patas chuecas y cortas le robó el corazón en un fin de semana y se quedó para siempre, pero que también se fue al cielo antes de tiempo por una inesperada enfermedad, y ahora el pequeño gran Willy, que hace tan poquito había adoptado según ella, de manera temporal, algo que ni la Caro desubicá, la ale Chavala, ni la romina, tampoco la marité chang ni la kathy ni menos su familia le creímos. Cuando Willy entró a la casa de Sargento Rebolledo, todos sabíamos que no iba a salir más. Antes de partir, Carla incluso estaba pensando en darle hermanos a willito. Así, tremendo y sin fin, era su corazón.

    Ese mismo corazón decidió que quería parar de trabajar cuando la carlita todavía tenía tantas sonrisas que darnos. Y aquí estamos. La luz de Carla se apagó recién en el mediodía de su vida y hay que despedirse tan apresuradamente. Debimos haber tenido décadas más de su sonrisa tremenda y su risa explosiva, muchos años más de sus mañas adorables. Debieron haber sido cientos los perros afortunados que tocaran a su puerta para pedir un hueso y consiguieran un hogar y por lo menos otros cuarenta años nuevos más en que la Carlita prometiera subirse a una silla con una maleta y fiestas patrias en que alzara su copa de medio litro, el gran choroki para celebrar no solo el cumpleaños de Chile, sino el de su madre amada y el suyo también.

    Así que tuvimos que venir a Puerto Natales a buscarla. Como le contaba a mi amiga karen, que también por alguna coincidencia cósmica es Fuentes, aunque no es hermana de la carllita ni de la nati ni de la tania (bien tonta la aclaración porque si no es hermana de la nati, obvio que no es de la carlita ni de la tania), yo nunca me había conectado emocionalmente con la muerte. Aunque tengo 50 años, y aunque parezco de 40, nunca se me había muerto nadie a quien realmente quisiera. Claro, por la pega he visto decenas, quizas cientos de personas muertas en las condiciones más extrañas que puedan imaginarse, algunas de maneras tan estereotipadas que uno llega a preguntarse si no lo habrán planeado, otras de maneras tan insospechables que uno se convence de que basta con abrir un ojo en la mañana para estar a punto de morirse. Y aunque eso me ha enseñado que la vida es nada más que un accidente afortunado cada día en que no se termina, nunca me dio la oportunidad de sentir realmente lo que significa que alguien de verdad te falte. Esa sensación que corroe a mi mamá por dentro cada vez que hablamos de su mamá, esas lágrimas que no logran contenerse de los ojitos de mi nati cada vez que nos acordamos de su abuelita guaco, y ahora de la carlita.

    No la conocía.

    La admiraba silenciosa y vilmente, porque significa vida, significa que no estás muerto por dentro, como yo pensaba que estaba cada vez que se moría alguien de mi familia o de mi entorno y todos me miraban raro porque no me ponía triste. No me iba a andar poniendo triste solo porque «es lo esperable». Con el tiempo caché que eso es lo que hacen los neurotípicos. Se ponen en «modo» triste. cuando alguien muere. Mi más sentido pésame, mis condolencias, que dios lo guarde, etc. Era tan bueno, que gran hombre, siempre estuvo preocupado de su familia, cuando el tipo era un caliente que andaba buscando leña en otro hogar, le pegaba a la esposa y le gritaba a los hijos. Parte de los ritos mortales es no recordar lo malo. «para qué» me decía mi mamá. Para qué acordarse de lo malo, si las personas que siguen aquí solo sufren con eso. Diantres, decía yo, se la pasaron sufriendo en vida con un maldito abusador y ahora más encima tienen que poner caritas mientras todos les dicen lo bueno que era, una falsedad que les debe doler en lo profundo, pero como «es lo que hay que hacer» lo aceptan y después siguen adelante. La esposa, por ejemplo, debe haber tenido un amor subrepticio y la gente en vez de darse cuenta de que lo tenía porque el difunto era una míerda y ella necesitaba apoyo y consuelo, la juzgan porque rompía sus votos.

    Without embargo, cuando se murió la carlita, yo no podía pensar en eso. Esta vez, como nunca, tenía pena. Genuina. Tenía pena porque no la iba a ver más, ni sentir su olor a cuñada, ni abrazarla, todo eso. Yo sé cómo era. Mañosa, prepotente para manejar, hasta un poco clasista si nos ponemos exigentes, seguramente un par de cosas más, pero no era mala. Ella no era corrupta, no le pegaba a su mamá ni a los perros, ni pelaba a sus amigas. De verdad ella es una pérdida para la humanidad. O sea, en el funeral de hitler más de alguien dijo algo bonito, pero el bigote corto está bien muerto, como Guzmán, como Pinochet, como Piñera, como Stalin. La carla no está bien muerta. Habiendo tanto monstruo vivo que hace pura embarrada, como Kast, como el rojo edwards, como Putin, como Bukele, se muere la carlita que dedicaba su vida a cuidar a sus perritos y cuidar a la gente de Puerto Natales.

    Más encima, como nunca, me tocaron cosas «de grande». Hablar con el funerario, sacar documentos, pedir papeles, elegir el ataúd. Cuando salimos de la misa de despedida, porque la carlita era católica, me preguntaron a mí «y ahora qué viene» y yo, chucha, hay que aperrar no más, no puedo decirle a los papás «no tengo idea que viene» porque ellos aparte de no tener idea además tenían mucha más pena que yo, una pena mucho más real, si se les murió una hija. ¿Cómo es eso de que se te muera una hija? Viste una ecografía donde estaba latiendo su corazón adentro de su mamá, la viste nacer, la viste aprender a hablar, a vestirse, la viste enamorarse, escribir poemas asopados malos o buenos, dibujar cada año unas rayas feas pal día del padre y tu amaste las rayas porque las hizo ella. La ves soñar con su futuro, querer una profesión, o un oficio, la ves que quiere cambiar el mundo, y un día la ves morir.¿ Cómo es eso? no lo entiendo. Me vuelvo loco. Tengo tres hijas y un hijo y no soporto la idea de que se vayan del mundo antes que yo. Todo lo que hago es para ellos. No es autismo. No vale ni el autismo ni la neurotipia ni blanco ni azul ni rojo, no vale nada. Los hijos te entierran a ti. Cualquier otro final es una estafa.

    Ahí, es ahí cuando uno anda volando bajo que los curas, los pastores, los majamama o como sea que se llamen los musulmanes, lo agarran a uno y lo terminan de convencer de que hay un tipejo (porque es hombre, si no, pregúntale a Jorge González) viviendo en el cielo que decide quién vive y quién muere, porque trabaja «de maneras misteriosas», como cuando los curas se llevan a los niños al confesionario para toquetearlos de manera misteriosa.

    Y es entonces cuando, honestamente, agradezco ser autista. Este autismo que me limita tanto cuando me traen una pizza por pedidos ya, porque me sudo entero de miedo de saludar a una persona que no conozco, es el mismo que me sirve para ver con claridad que la muerte no es una transición, ni un paso, ni un estado de desarrollo, sino simplemente un fenómeno natural que sobreviene cuando las circunstancias de afectación fisiológica son superiores a la capacidad del cuerpo para responder. No importa si tienes 20, 5, 47 o 100. No importa si eres de izquierda o de derecha, de centro, de la garra blanca o de los de abajo. Un día uno se muere no más. Si se muere alguien que amas, te da pena. Si no, te da lo mismo. Si quieres mucho a las personas que sufrieron la muerte, vas y les das abrazos. Si no los quieres o te dan lo mismo, no vas po. Simplemente no vas al funeral ni a la misa.

    Había tantas personas en la misa de la Carla. Tantas en su velorio. Llegó una viejita sin dientes que con esfuerzo terminaba las frases. «Ella fue tan buena conmigo» nos dijo. No tengo idea qué hizo la Carlita por ella, pero fue tan signifiicativo, o tan oportuno, que no lo pudo olvidar. Esa es mi cuñis. Si uno no vino a este mundo a hacerlo mejor, a qué vino? ¿a ganar plata?¿A comprar propiedades?¿a tener poder y autoridad? Váyanse todos a la porra. Lo único que importa en la vida es ser como la Carla. Ella no va a estar en los libros de historia ni en los anales de la república. No le van a hacer un busto de mármol en la moneda ni un cuadro en el museo de bellas artes. Mira como tirito. Ella le cambió la vida a personas a las que ni conoció. Yo quiero ser como ella. Yo quiero morir como ella. Yo quiero que me recuerden como ahora yo la recuerdo a ella. Te amo Carlita y yo cuidaré a tus papis, tus hermanas y tu perrito.

    Con cosas como la muerte, ser autista es más simple.

  • El mejor papá del mundo

    Ayer leí como una apoderada del curso de mi nieto publicó en el famoso grupo whatsapp un video de su hijo jugando un juego. Ella decía «este juego es para que aprendan la distribución gaussiana». A mi me dio entre risa, vergüenza, pena y ganas de sacarme un brazo y tirárselo, como decía el gran joey tribbiani. Será que yo no tengo idea qué es la distribución gaussiana y tampoco sé, o sea ni siquiera sé si esa es una weá que yo debería saber o es algo que nadie en su sano juicio sabe. Lo que se me ocurre es que yo, que soy abogado, no pondría un video en el grupo de whatsapp de primero básico diciendo «miren, esto es para que les niñes aprendan lo que es la purga de la hipoteca» y no me vengan con que no es útil, porque la distribución gaussiana seguro que sirve para algo, pero pagar la hipoteca es más importante, porque si no la pagas, vas a estar haciendo distribución gaussiana debajo del puente. Como te quedó el ojo, na de cosas juana rosa.

    El tema de hoy es la paternidad. Ahi quedaste tirado, como decía mi gran amigo josé miguel. Tirada. tirade. Porque si eres un fiel y asiduo lector de las aventuras y más bien desventuras del ex neurotípico, sabrás que no es muy yo eso de decir derechamente de qué se va a tratar la cosa. Como que uno tiene que ir descubriéndolo entre garabatos paréntesis y una que otra referencia a la cultura popular, como diría alfredo lewin en 1995.

    La paternidad po. No la estupidez a la que le dicen paternidad cuando un equipo de fútbol le ha ganado más partidos al otro. Eses es uno más de los usos patriarcales del lenguaje. Como patrimonio y matrimonio. Uno es la plata, el otro es el amor (supuestamente). Y después se enojan porque uno dice niñes.

    Me pasó que soy un padre autista. No lo sabía, pero lo era. Así de duro. Yo crié a mis hijos siendo autista. No tengo dudas ni tampoco pruebas de que es muy difícil ser papá cuando eres autista. O sea, el niño pidiéndote que juegues a la pelota y uno preguntándose por qué 11 pelotudos deben perseguir una bola. Dejemos ese puro botón de muestra, como diría una rosa. Imagínate si eres autista y no lo sabes. Es el nivel 2.0 de la dificultad paternal. O maternal. Yo digo paternal porque cuento mi experiencia y como tengo tula y naci en los 80, soy hombre, nunca tuve otra opción.

    Mi papá, que a estas alturas yo espero que ustedes sepan que también era, fue, es, será, hubo sido, hubiere estado siendo y todas las formales verbales posibles autista, solía decirme «mis nietos me vengarán» refiriéndose a que todos los malestares y malos ratos que yo le hacía pasar, él no iba a poder cobrármelos porque seguramente iba a estar hecho un viejo despojo, pero que mis propios hijos se encargarían de administrarle justicia atemporal, brindándole el regocijo y el solaz de ver cómo yo habría de sufrir las mismas indecibilidades (no imbecilidades) que yo le hice vivir a él, a manos de los enanos malditos y enanas malditas que traje al mundo. Y así fue. Una de las cosas que no depende del autismo es esa certeza de que uno está pagando las culpas padelante, como en la película del niñito de sexto sentido que hizo después con la helen hunt, donde era tan bueno que moría. No es broma. El feroz spoiler, pero así son los gringos. Manufacturan personajes bondadosos para que mueran en los brazos del óscar. En fin, por cada vez que le robé a mi papá 200 pesos de su caja de monedas para ir a comprarme unos wantanes a la esquina, alguna de mis hijas o hijo me asaltaron en modalidades modernas, como pedidos ya, uberits, yapo, o alguna cosa por el estilo. Por cada cana que le hice salir a mi papá con mis preocupaciones autistas que él no entendía porque él no era autista (o sea) mis hijas e hijo me han vapuleado con preocupaciones neurotípicas que no he comprendido. Hijas e hijo no es una empresa. No es que el dueño de la empresa sea de apellido hijas y tenga la empresa con su hijo. Not. Es que tengo 3 hijas y un hijo y como soy todo un belem do pará, le pongo weno con el lenguaje inclusivo, que sepan ustedes y ustedas que aunque les digan que no sirve para nada, por lo menos sirve para saber quiénes son tan ridículamente intolerantes que les molesta que digas hijas e hijos en vez de hijos. O sea hay que ser realmente un saco de weas.

    Pero no olvidemos la frase de hace unas líneas. Mis hijas e hijo me vapulearon con asuntos neurotípicos. Si po. Porque ellos son de la bancada neurotípica pues. Mi hija mayor, bueno tengo dos hijas mayores, una biológica y la otra gnoseológica, o quizás empírica o epistemiológica. Bueno, mi hija mayor en términos mendelianos clásicos (onda gauss) es totalmente neurotípica. Es alternativa, y medio posera como todas las cabras de su edad. 20. También cree que sabne mejor que yo como vivir la vida, lo que implica sabe el doble de mejor que mi papá y cuatros veces mejor que mi abuelo como vivirla, porque todos creemos que sabemos mejor que ancestro como hacer las cosas. A esa edad todos creemos que los viejos no han descubierto la real forma de lograrlo, y que nosotros sí. Ya po, enriélate. Ok, ella es sociable, sabe como comportarse en el mundo y no le teme a cosas insignificantes como una fiesta. Pueden que no le gusten, pero no les teme. Entonces, con todo derecho, ella esperaba que yo le proporcionara una paternidad neurotípica y no se la di. La nati dice que no tenía por qué, que los papás neurotípicos no llaman todos los días a sus hijas, que nadie lo hace, que nadie lleva a los hijhos y las hijas al museo a cada rato, ni al planetario, o les lee libros clásicos de la literatura universal, ni les pregunta por sus profundas preocupaciones dando consejo acertados todo el rato. En el fondo que nadie es perfecto. Y bueno, yo tiendo a pensar que eso es así. Nadie es perfecto. Realmente lo sé. Nadie lo es, pero esto no se trata de perfección, pues. Se trata de lo que esperaba mi hija, con toda inocencia, porque eso es lo que le hacía esperar su maldito estereotipo neurotípico. Tal como el mundo esperaba algo de ella por ser mujer, y ella no lo dio, ella esperó algo de mi como padre hombre abogado encorbatado macho, y yo no se lo di. Qué me importa a mí que me digan que nadie me podía exigir eso, que cada padre es distinto, que lo que importa es tratar, etc. Lo que yo sé es que mi hija no recibió lo que quería y yo ni siquiera decidí que no iba a dárselo porque nunca me di cuenta que eso es lo que quería. No puedes ladrar cuando eres gato.

    Otra cosa muy distinta es que la mamá de ella y su hermano, que no es la nati, haya contribuido a que lo que ella esperara de mi fuera intransable. Esa es una cuenta que viene en otro sobre y que un día supongo que podré cobrar. Aunque no la cobre, Me basta con poder cobrarla.

    Y el hermano se fue por el mismo camino que ella, muy comprensiblemente porque veía a su hermana mayor adorada caminar por ese sendero con seguridad. Era una ternura y me funcionaba estar con él cuando ser autista era entretenido. Porque para un niño de 5 años es entretenido que su papá sea otro niño. Yo le inventaba historias a mis hijos, cuentos. Les hablaba de los pájaros pajeros y de un superhéroe que inventé que se llamaba terrible de perro, que tenía capa y no podía volar, que tenía hocico y no podía ladrar, todo con la canción de andrés de león, que no es de él, ,y que dice «si me amaras». Mi hija hasta hizo una presentación powerpoint de terrible de perro y su polola. Y de los enemigos, que tenía que haberlos. Como esto es inicialmente de 2010, alcanzó a existir una enemiga que se llamaba «marimacho», que era lesbiana y malvada. No era malvada por ser lesbiana, ni lesbiana por ser malvada. No era en realidad muy mala, pero no prosperó porque pronto se convirtió en el epítome de lo cancelable. Mi hijo amaba verme. incluso cuando su hermana decvidió que ya no me quería ver, yo seguía yendo a verlos porque él quería salir a estar conmigo, cazar pokemones, ver monitos, hablar leseras y hacer bailar a las cucharas, que como eran unas locas se convertían en la cuchara chúcara. Todo estaba bien cuando él y ella estaban en esa edad en que te dejan ser feliz y no esperan aún que te pongas falda si eres mujer y corbata si eres hombre. Cuando llegas a esa edad, se sabe si eres neurotípica o neurodivergente. Cuando eres típico, es como si trajeras genéticamente aprendido como hacerte la corbata. Cuando no, te la pones, aprendes, y te preguntas porque tienes que tener colgando un pedazo de género del cuello para que te respeten. Y por qué es verdad que así te respetan, también te lo preguntas. Porque si tienes corbata eres serio, ejecutivo, responsable, puntual, confiable, proactivo, inmune al estrés y todas esas pelotudeces que piden en los trabajos, como tener 20 años de experiencia cuando te titulaste el año pasado. Y si no la tienes, eres un loco. Un parlamentario díscolo. Eres la oveja negra. Algunos te aclaman, porque está de moda hacerlo. Otros te critican, porque la paja en el ojo ajeno nunca pasa de moda, pero todos te pelan porque no te pusiste la corbata.

    También está mi hija mayor ontológica. La mariana. Ella siguió otro camino, pero también uno en el que puso en ejercicio la inefable frase de mi padre. Cobró venganza por lo que se supone que eran todas nuestras incompresiones, todas nuestras trancas de viejos, todas nuestras formas anticuadas de ver la vida que no encajaban con la realidad real en la que vivía ella. En el fondo es otra versión de lo mismo. Hija que juzga al padre por ser como es. Y ahí anduvo, dando vueltas por el universo con su pupa a cuestas, acompañada o no, no lo sé, de un alma bondadosa pero pequeña como era el papá de la pupa. Y bueno, hace poco volvió pues. Onda Dios, la biblia y el hijo pródigo, todo eso junto. Y me ama. Me ama porque le mando comida de pedidos ya, pero también porque sabe que cuando el mundo se le viene encima, puede venir a acostarse a mi cama y yo la voy a tapar y puede cerrar los ojos. Eso que uno hacía en la cama del papá.

    Y por último están la emilia y el gaspar. MI hija y mi nieto, que por edad y relación parece mi hijo menor. Gaspar es un dulce, demasiado pequeño para cobrar venganza de nada. Es la emilia la que me demuestra con su amor que todas mis teorías son tan valiosas como un grano de arena en la playa. Resulta que a ella ya se le pasó la edad en que creía a ojos cerrados que cuando yo soplo, las puertas del auto se abren, o que los regalos de navidad se los trae un viejo rechoncho vestido de rojo. Ya está en condiciones de acceder al estándar adolescente de cuestionar a su padre por el solo hecho de ser lo que es, pero no lo hace. Ella me ama. Sin reservas, sin contemplaciones, sin contratos, sin concursos ni sorteos. Ella opta conscientemente por seguir siendo niña lo más posible y por encontrarle una explicación a todo lo que hago mal. Incluso está dispuesta a enojarse con sus hermanas y hermano por cobrar venganza. La emilia es totalmente neurodivergente, hay que decir. Pero también ha sido forjada en una caldera de amor incondicional.

    Así que supongo que al final, este autismo que tanto desencuentro y dolor me ha causado no ha sido tan relevante en la relación con mis hijas e hijo, como las personas que les han acompañado mientras forjaban sus personalidades. Entonces, más que echarle la culpa al empedrado, como decía ferrer, al autismo, a la normalidad, al estado, a boric o a la camila vallejo, hay que mirarse la propia nariz. Mi papá esperaba con ansias que sus nietos lo vengarán, porque tenía la certeza de que había cosas que vengar. Yo no quiero reparación histórica ni venganza por mi paternidad. No quiero que Gaspar se la cobre a la mariana, o que quien sea le haga pagar a la Fernanda o Renato por su indiferencia. Lo que quiero es que sean felices no más, y quiero morirme tranquilo de puro saber que en cada momento de mi vida, en cada segundo, hice todo lo que buenamente pude por ser el mejor papá del mundo. Y esa precisamente es la respuesta. El mejor papá del mundo es el que nunca para de tratar de ser el mejor papá de mundo.

  • Historias de caca

    Cuando hacemos neuralgia (digo hacemos porque yo juro que seguiremos haciéndolo, sé que la chancla quiere y ta helao también) yo digo mucho la palabra «discléimer» que es un gringazo para advertir a la gente sobre algo que se viene en el programa sobre lo cual, supuestamente, no pueden reclamar, porque les avisamos antes. Eso es un discléimer, una especie de exención de responsabilidad estúpida, como el cartel de los estacionamientos que dice «si a ud le roban aquí, no es nuestra culpa, a pesar de que es un recinto privado administrado por nosotros en el que le prometemos que vamos a tener su auto estacionado, pero si pasa cualquier cosa nos importa una raja.» Bueno, en neuralgia hacemos disclaimers entre serios y bromas. A ver, mucho inglés, vamos a google traductor. (porque la wea es google traductor, uno se acuerdo primero de que va a buscar algo en google y después se acuerda de que lo que quiere hacer es traducir una palabra). Ok. Descargo de responsabilidad. Eso. En fin, esta entrada parte con un discléimer. Aquí voy a hablar de caca, de guáter, de cuando estoy cagando, etc. Así que si no quieren imaginarme sentado en un guáter cagando (ya lo hicieron) o les molesta que se hable de lo que nunca nadie habla (que es la caca y la verdad, por lo general) no sigan. Vamos.

    Siempre me ha pasado, desde pequeño, que cuando estoy cagando a veces hago tanta fuerza que se me va un poco la onda, como que siento que pierdo un poco el conocimiento, así como que me desvanezco, como dice mi suegrita cuando está traspuesta. Recuerdo cuando era chico que me pasaba un largo rato sentado el el guáter, cuando hace ya harto tiempo había terminado de hacer caca, pensando, disfrutando la soledad, el frío de la tapa en los cachetes, tanta cosa. El guáter era como parar el mundo para bajarse un rato, como decía la mafalda. En la década de los oshenta, como dijeron los prisioneros, no había espacio para la placenta, el amor, la paz, la educación alternativa, nada. Todo era producción, preparación, instrucción y doctrina. Desde pequeño. Entonces, cagar, era una especie de paraíso terrenal en el que nadie, pero nadie, me molestaba. Ni mi papá, con su frecuente y permanente práctica de encontrar malo todo lo que yo hacía porqué él lo habría hecho mejor, ni mi hermano, que dedicaba su vida a burlarse de mí y hacerme sentir que yo estaba de más en el mundo, ni mi mamá, que en toda su ternura y todo su amor, no se daba cuenta de que me convertía en un inútil por tratar de protegerme de todo, incluso de mi papá y mi hermano. Tampoco me molestaba la violeta, mi nana que después se convirtió en la pareja de mi papá, pero principalmente porque ella nunca me molestaba y punto. Incluso, hasta que cumplí siete años, ella me limpiaba el poto. Así de jugá. Y ganaba sueldo de nana, po. En 1980. Ella tiene harto amor en su corazón y me dio harto de ese amor a mí. Esta cagá del mate, tiene sus cosas como todo el mundo, pero al final del día, es wena. Bien, volvamos a la sala de baño de los 80.

    En mi casa clase media de vitacura (una clasificación que hoy parece inverosímil, pero fue cierta alguna vez) había dos baños. Uno era amarillo. Las murallas amarillas, el lavamanos bien grande, me quedó grande como hasta los 9 años, una tina gigante que ocupaba casi toda la muralla y un mueble ridículo porque era de madera falsa, con cinco cajones, lleno de puras cosas que yo no entendía, porque no eran juguetes. Madera falsa porque era café, toallas chiteco, una tijera con mango y «afirmador de pulgar» como las de los peluqueros, etc. Puras cosas ochenteras. Un champú olapón de huevo. Amarillo. Ni siquiera wellapon. Olapón. El otro baño era azul y era chico. La ducha era un chiste incluso para mí, pero tenía la gracia que era ducha teléfono. Se sacaba y te podíai poner el chorro en el poto pa que se te limpiara bien. Igual no la usamos mucho. Recuerdo que ya a mis 11 años nunca más se uso y era la clásica ducha llena de botellas y cajas y cosas amontonadas. Ese baño era muy raro porque estaba a la pasada entre el dormitorio de mis papás y la oficina de mi papá. O sea, un baño en el que teníai que cerrar dos puertas y si tu papá estaba en la oficina lo dejabai encerrado mientras hacías caca. Claro, mientras la cosa era hacer caca, todo bien, pero a partir de los 12 o 13, cuando la caca no era lo más importante, puta, mi papá pasaba a veces media hora encerrado.

    Todas mis cavilaciones acerca de la caca y sus distintas ramificaciones fueron diluyéndose con los años, sin embargo hoy (no es hueveo, fue hoy) estaba en el baño y no precisamente cagando, sino más bien lavándome los dientes, cuando repentinamente perdí la noción del espacio-tiempo. De verdad. Por unos 40 segundo no podía recordar donde estaba. Pensé que estaba en el baño azul de la oficina de mi papá, después pensé que podía ser algún baño de mi pasado que tuviera la puerta por la derecha, porque así lo tiene el baño donde estaba. El tiempo tampoco me llegaba, porque cuando pensé que podía ser el baño de mi papá, no pensé «oye eso es imposible si tienes 50 años». Entonces después volví a la frecuencia original y caché que estaba en la casa. Me asusté. Le conté a la nati. Claro, uno piensa hasta en un tumor cerebral, etc. Pero después me acordé de mi historial de viajes interdimensionales en el baño. Una vez en concón, me fui tan lejos que hasta me desplomé hacia la ducha, me eché la cortina de baño y tuve que comprar otra para reponerla.

    Lasunto es que siempre analicé mis desvanecimientos desde la vereda del raro po. Cuando uno no era autista, porque lo era pero no lo sabía. Entonces, yo pensaba que estaba enfermo no más. La medicina occidental, la sociedad occidental ve todo en blanco y negro. Blanco, estás sano. Negro, estás enfermo. O estás sano o estás enfermo. Y para estar sano, tienes que sacar todos tus exámenes dentro de los parámetros esos que aparecen en la hoja de resultado, y que uno no tiene idea quién los puso. Seguramente una horda de gringos de harvard o peor, de alguna farmacéutica. Una de las cosas que he comprendido desde que descubrí que no soy un tipo normal, es que gran parte de las cosas que nos han enseñado y machacado desde chicos son construcciones de los mismos weones que están a cargo de los hospitales, de los colegios, y que probablemente y muy seguramente son menos que todos y todas las demás, que somos las personas que estamos en el mundo.

    Entonces empiezo a preguntarme de donde salieron esos parámetros. Todos. Los parámetros correctos para la insulina, el colesterol, los correctos para servir la mesa, para ponerse ropa según la ocasión, para considerar a alguien enfermo o sano, sicópata o sociópata, buen o mal estudiante, etc. Todo. Cuando uno lo piensa, lo obvio es que todo fuera un asunto de mayorías. Como nos enseñan en el colegio a elegir presidente o presidenta de curso. Quien saca más votos gana. Así de simple. Pero el mundo no es así. El aborto es un delito, aunque el 70 por ciento de la población está a favor de que sea legal. Los milicos tienen capellán católico, aunque ya casi la mitad de los milicos son evangélicos. En los colegios no se puede enseñar a poner un condón, aunque todo el mundo usa condones y quizás cuantas chicas quedan embarazadas porque el saco de weas no sabía ponerse el condón. Chile esta yéndose a la mierda según la tele, porque a un paco lo matan a balazos, pero al jefe de ese pobre paco lo van a formalizar por 954 delitos y el tipo no solo se niega a renunciar sino que contrata abogados millonarios para tratar de que no lo formalicen. En ese mundo, en el que acabo de describirles, ¿quién me asegura que estoy enfermo solo porque me pego unos viajes sicodélicos mientras cago? ¿Los mismos weones que se ponen de acuerdo para vender los paracetamoles a 990, pero la lamotrigina a 23.000? Los mismos que tienen acciones de las clínicas, que son controladores de las isapres y por eso te mandan al doctor cuando les conviene?

    Chuta, yo empecé a preguntarme estas cosas solo cuando fui autista. Cuando tuve noción de que no era necesaria y perentoriamente un tipo raro que no encajaba en la sociedad, porque la sociedad era una sola y se pintaba de un solo color y había que tener ese color. Para ser sincero, fue un proceso que partió con las protestas de 2019, a las que me niego a llamar «estallido social». Mira la weá estúpida, estallido social. Como si darse cuenta de que te han estado cagando por más de 40 años fuera una razón para explotar. Es, como decía el gran Jaime Ferrer, un eufemismo. No fue un estallido social pa mí. Fue una masacre. Yo vivía en el centro de Valdivia y vi las protestas, vi las bombas lacrimógenas. Me llegó una lacrimógena a mi con mi hija cuando íbamos pasando y ella con 6 años lloraba por sus ojitos. La primera línea, «esa sarta de delincuentes» se acercó a ella y la protegió. Nos acompañaron a la casa. Me fui a la casa protegido por un tanque de cabros y cabras jóvenes a quienes no conocía y que seguramente no me habrían protegido si hubieran sabido que trabajo en la fiscalía. Ese fin de año de 2019 me enseñó que todas las estructuras que habían tratado de meterme a la fuerza durante toda mi vida, no eran más que puntos de vista. Entonces, me fui a la chucha. La nati no pudo comprenderlo, tuvimos una etapa de muchas discusiones, de mucha tensión, porque yo me cuestioné todo. Literalmente, todo, y ella, que no es autista, por suerte, no vivía los mismos cuestionamientos. Y para más remate, a poco andar, tan solo un miserable año después, me diagnosticaron con autismo y comprendí que todo lo que me había pasado durante toda mi vida no era expresión de una enfermedad mental, sino la manifestación mezquina e insoportable de una exclusiva forma de verlo todo, que criminaliza y patologiza cualquier cosa que no se apegue de manera estricta e implacable a lo establecido. Me ha costado años aquilatar la dimensión inabarcable de todo lo que he debido sufrir, de todo lo que han debido sufrir todas las personas como yo, por no conformarse a una norma que no tiene nada de estúpida, pero es solo eso, una norma, creada por mortales y limitada por ello a consideraciones mortales de género, raza, color, sexo, calidad, estirpe, condición, contexto cultural e histórico y tantas otras categorías que definen sociológicamente lo que se espera de nosotros.

    El problema o quizás la libertad para mí es, entonces, que hoy ya no doy nada por hecho, no me aferro a ninguna certeza. Si a ratos me quedo dormido en el guáter mientras cago, o pienso que viajé en el tiempo a mi infancia, ya no concluyo de manera inmediata que algo malo me pasa. No. Quizás, efectivamente, en nuestras neuronas hay un espacio que atesora experiencias sensoriales del pasado de una manera tan fiel que puedes sentir que estás en el baño de tu papá. Lo hemos vivido. Conozco personas que relatan haber sentido de nuevo el calor de las manos de su madre, el aroma de un plato de comida. ¡Quién no ha viajado al pasado como el crítico de comida de ratatouille, por solo sentir un olor determinado? Quién te dice hasta donde debes creer? Hasta donde debes dejarte llevar? Cuál es el límite de la capacidad sensorial y cerebral para almacenar experiencias, sensaciones, olores, sabores, y eventualmente transportarte al pasado? Efectivamente transportarte al pasado, quiero decir. No un sueño ni una ilusión. Un viaje al pasado. Te parece una locura? Déjame decirte que hasta la década de 1970, la homosexualidad era una enfermedad siquiátrica y había consenso internacional acerca de eso. Hasta 1952, podías matar a tu esposa si la encontrabas en la cama porque era tu derecho. Hasta 1823, la esclavitud era normal en Chile. (Chile fue el segundo país del mundo en abolirla, después de méxico y casi 10 años antes que Estados Unidos. Fue en el siglo XIX en que nos convertimos en una mierda conservadora). Qué cosas van a ser la norma en 20 años más? No dejes que la mierda te cubra. Caga tranquilo, caga sin pena, pero no te olvides de tirar la cadena. Una de las consecuencias más liberadoras del autismo para mí es haber comprendido que el mundo no es lo que dicen los manuales, que no se come como dice Carreño ni se hacen los cálculos como decía margalet. Por eso que no hay autistas fachos. Los fachos quieren que todo siga igual, para siempre, por siempre, y que todo el mundo siempre piense lo mismo acerca de todo. Muchas veces ni siquiera saben qué es lo que hay que pensar o quién dijo que había que pensarlo, pero defienden con uñas y dientes el statu quo.

    Te apuesto que la próxima vez que te sientes a hacer caca te vas a acordar de mí. Lo acepto. Si al hacerlo algo en ti cambia y percibes que no todo tiene que ser siempre igual, estoy dispuesto a ser parte de tu caca.

  • Fiscales Autistas

    Nadie me pidió que escribiera sobre el día mundial de la concienciación del autismo, pero lo haré, porque creo que la naturaleza humana lo hace indispensable. Si no lo tienes cerca, no lo hueles o no lo ves, no está.

    Algunas personas quizás se pregunten por qué debería la fiscalía preocuparse acerca del autismo, si no hay fiscala, fiscal, técnico, asistente, gerente, abogado o abogada, profesional de recursos humanos, auxiliar o guardia de la fiscalía que sea autista “porque a los autistas les sale baba por la boca y se pegan contra las murallas” como decía mi papá. Tener conciencia del autismo es justamente saber que eso no es así. Tal como esperas que las mujeres usen falda y jueguen con muñecas, que las personas homosexuales usen pantalones apretados y bailen con plumas en un club nocturno y que un discapacitado ande en silla de ruedas “o no es discapacitado”, el estereotipo autista nos pone camisa de fuerza, nos hace gritar mientras nos pegamos en los oídos, no mirar a la cara y hablar como la profesora de Charlie Brown.

    Yo soy discapacitado y no ando en silla de ruedas. Yo soy autista y puedo hilar frases mirándote a los ojos y saludarte sin pegarme en la cara. Yo soy fiscal del ministerio público hace más de 20 años también. Y te aseguro que, como yo, hay muchos y muchas que llevan esta procesión interna, porque lo es, con dignidad, discreción y probablemente con inocencia y frustración, porque la mayoría de nosotros y nosotras ni siquiera sabíamos que hemos sido autistas desde que nacimos. Solo fuimos raros. Yo era el asistente de fiscal que no conversaba en los coffee break, fui el fiscal que no iba a los almuerzos, he sido el guatón soberbio que no comparte con los demás y soy el tipo desubicado que anda en shorts cada vez que puede. Toda mi vida debí enfrentar esta necesidad incomprensible de encontrar la tranquilidad en donde los demás no la buscan. Me he enmascarado siendo el fiscal engominado, con terno johnson’s (porque con cuatro hijos y un nieto no me da para Falabella), yendo a las cenas a conversar cosas que no entiendo mucho y que debido a que no forman parte de mis intereses profundos, no me interesan. Me he esforzado en decir lo correcto, que no me sale natural, sino que forma parte de un manual que he ido escribiendo en mi cabeza día a día. Con el paso de los años, he encontrado cierta paz en algunas personas que no me piden que sea “normal” y con esas personas puedo sentarme a no decir nada, o hablarles durante largo rato sobre los años luz que son una medida de distancia y no de tiempo, acerca de cómo la luz de las estrellas más distantes del universo aún no llega a la tierra y cómo eso significa que mirar al cielo es mirar al pasado, etc.

    Las cosas que no son necesarias no me importan. Desafortunadamente, conversar, saludar, sonreír y asentir socialmente no es necesario. Uno no es autista, es pesado, creído, pagado de sí mismo, anda oliendo caca, elige tu pelambre. Me lo tengo merecido por no ser sociable.

    Mi principal manifestación autista es la literalidad. Me cuesta entender el subtexto. El otro día la Nati (mi esposa) me dijo “tiene un hoyo tu copa” bromeando porque me había tomado el vino muy rápido. Yo me puse a mirar la copa para encontrarle el hoyo y ella me tomó la mano y me dijo “amor, no era literal.” Suena fácil, pero son más de 12 años juntos para lograr esa coordinación. Ahora piensen en lo que es atender víctimas, querellantes, defensas, lo que es conversar con colegas, jefes o subalternos. La doble labor de descifrar el subtexto.

    Y yo puedo. Hay personas autistas que no pueden. No alcanzar a ser tan autistas como para pegarse en los oídos, pero no logran comprender el subtexto, y se frustran como todos nos frustramos cuando ponemos toda el alma en algo y no nos resulta. La mayoría pone su alma en los proyectos de la vida: La casa, el trabajo, los niños, estudios, etc. Yo pongo toda el alma en tratar de comprender el mundo. Y a veces no resulta.

    No escribí esto para que me tengan pena, ni paciencia, ni para recibir un trato infantilizante. No lo hago para que saquemos un manual del trato inclusivo para el autista. No hay manuales ni recetas. Ni un tercio de las cosas que te conté sirven para el siguiente autista que conozcas en tu vida. No hay cómo prepararse para un evento cuya naturaleza desconoces. Por eso la ley TEA no da las instrucciones para ayudar a las personas autistas. Solo propone la existencia de ajustes necesarios. En el fondo, la ley te invita a darte cuenta de que no somos todos felices con la casa, el auto, el perro, el colegio y si se puede, el yate.

    Lo escribo solo para que te tomes el tiempo de pensar en estas diferencias. Eso es tomar conciencia. No es echarse la culpa de nada o reparar un mal que no has causado. Es no dar por hecho que la próxima persona que veas no es autista.

    Nos vemos.

  • Rodrigo Flaño

    En la época en que comencé a darme cuenta que era distinto a los demás, por allá por 1980, cuando pasó lo de Bernard que conté hace mil años en el blog, tenía unos miserables 6 años y enfrentaba el mundo desde las ganas de jugar con amigos que no tenía, de ser popular entre personas que no entendía, en el fondo de ser el macho alfa que salía en los libros y en las teleseries, sin saber que jamás iba a poder serlo. Ni hablar de buscarse por dentro a ver cómo eramos. Los niños de 1980 teníamos que conformarnos con el modelo ridículo que venía impuesto desde la tierra de los presidentes asesinados (estados unidos) y que estaba sanforizado por nuestros abuelos violadores y nuestros padres golpeadores. Y eso que yo soy autista no más. No más, me refiero, porque yo tenía compañeros que claramente eran homosexuales, artistas, sensibles, músicos, lentos para comer, malos pa la pelota, muy gordos, muy flacos, muy altos, muy bajos, demasiado habladores, demasiado callados, cualquier weá era razón para ser raro. Y estaban también mis compañeras, que además de no tener que ser todas esas cosas que acabo de decir, eran mujeres, así que tenían que ser sumisas, rosadas, amuñecadas, dichosas de encontrar un pololo que las mandara para convertirse en esposas de un marido que las mantuviera. Y nosotros teníamos que «desarrollar las herramientas personales» para mantener una familia, es decir, para pagarles los gastos a los niños y no tomarlos en cuenta cuando tenían pena. En esas aguas tormentosas navegué hasta más o menos los 12 años. Recuerdo los múltiples intentos que hice de ser normal. De ser el hombre de estatura media-alta, blanco, no muy gordo ni muy flaco, estudioso, pero bueno para el fútbol, protector con su mujer pero dispuesto a culiarse a todas las demás si las encontraba ebrias en una fiesta, exigente con sus hijos y condescendiente con las hijas porque, «bueno, si son niñitas». Mi niña bonita como decía Lucho Barrios. Da lo mismo si sabe leer, porque ya había empezado mal por el solo hecho de nacer con vagina. Tanto que pelamos a los chinos y al menos ellos son honestos y matan a las niñas. O las mataban. O las matan. Qué se yo.

    Entre los seis y los diez, yo creo que mis principales intentos por ser normal eran los cumpleaños. Yo iba a los cumpleaños de mis amigos, pero para mi mala suerte eran amigos anormales. No solo porque yo fuera autista, sino porque eran millonarios. A mi papá se le ocurrió meterme al colegio más caro de Chile, el Nido de Aguilas, para que aprendiera inglés. Entonces los cumpleaños y los paseos de curso eran «a otro nivel» como diría un facho pobre cuando saca a crédito un viaje a cancún que dura 8 días y que estará pagando 8 años. Me acuerdo del cumpleaños del Eric Allred. Sí, no es broma, se llamaba «eric todo rojo». Ven que aprendí inglés? Pa partir, me sentí tan especial porque me invitó a mí y a otros seis o siete compañeros. No a todos! En un grupo selecto estaba yo por primera vez. Okey. Una buena y una mala. Puta la weá, mi mamá no entendió que la invitación era con «llevá», es decir, que la mamá del eric nos iba a llevar a todos en su chevrolet suburban a la casa para jugar. Parece que a mi mamá se le olvidó el cumpleaños en realidad, porque ese día había que llevar ropa pa cambiarse y yo no llevé, y cuando me fue a buscar la mamá del eric estaba ahí esperando y le dijo que me llevaba y ella me dijo «anda no más mi cuchito» y le dijo a ella «le voy a dejar ropa y el regalo que SE LE QUEDÓ EN LA CASA.» Vieja miserable, echándome la culpa a mí, cuando seguro que fue a buscar la ropa y pasó a comprar cualquier regalo. En fin, partimos mal porque en la camioneta iban todos con ropa de calle menos yo que iba con uniforme de colegio. El uniforme era más ordinario que el helicóptero de piñera, una camisa «paquetevela» y un pantalón de ese gris extraño que alguien inventó solo para torturar a los estudiantes en verano. El «pantalón de colegio» que todos hemos visto y que nadie usa para nada más. Error una vez vi a Jaime Miranda (a quien conocerán más adelante) vestido con pantalón de colegio, camisa celeste y terno azul llegando del trabajo. Pensé «hay que ser muy weon pa usar uniforme de colegio cuando ya no estai en el colegio.» Qué sabía yo. Quizás solo le alcanzaba para esa ropa, o quizás era en efecto un sacowea. Ya se me están arrancando los caracoles. Vuelta a la camioneta.

    Es tan incómodo andar en un vehículo (como decía la caro quililongo) cuando es público, pero no tan público. No hablo de la micro. Esa weá es humillante y miserable. Tampoco hablo del automóvil particular, eso es un regalo que solo tenemos los fachos pobres, los cuicos abajistas y, obvio, los millonarios no solo de colombia. Me refiero a «le furgón» escolar, o la camioneta de la tía como era este caso. Sentado en una asquerosa cercanía con personas a las que conoces a medias, por lo cual esperan, como esperan todos los NT, que hables de alguna weá. Además, los puedes oler, ahí entre pichí, zobaco y traspiración (el cumpleaños era después de clases) y su colonia de niño, en aquél tiempo Rodrigo Flaño o alguna weá así. Y el silencio incómodo en el que vamos todos, y la mamá del eric diciendo estupideces como para animarnos «vamos a pasarla super bien», «tenemos el patio listo». En aquel tiempo (onda semana santa, dijo jesús a sus discípulos y la weá) no habían inventado los juegos inflables, los jumpings, los arena láser ni los galpones de cumpleaños para que los papás y mamás pasaran de celebrar el cumpleaños de su nene a competir por quién hace el cumpleaños más bacán para publicarlo en instagram y en tik tok, porque facebook ya pasó de moa. En la casa del eric todos jugando, menos yo, porque me daba cosa ensuciar mi uniforme de colegio. Mi mamá se demoró como dos horas en llegar, porque, aquí viene lo millonario, el eric vivía en un cerro en la dehesa. Pero no solo vivía en el cerro, vivía EN EL CERRO, o sea, todo el cerro era de su familia. El patio «que estaba listo» era un cerro y lo que estaba listo eran diez caballos ensillados con sus riendas y dos mozalbetes obvio que bien negritos que trataban al eric de «mi niño».

    No se ustedes, pero a mí eso me cohibe. Me cohibió. Es que yo no era ni soy millonario, ni lo voy a ser tampoco, porque tuve cuatro hijos, tengo un nieto y cada vez que puedo le regalo plata a alguien. En esa época no tenía hijos ni nietos, pero algo me sonaba mal en tener personas que te traten de ud cuando tienes 10 años. Eso de ser el señorito, para mí era una cosa que le decían a Ricardo Tapia en Batman. Mis compañeros, sin embargo, todos futuros zorrones estilo Pradenas, estaban felices. Yo no. Me amargué. Me amargo harto. El cumpleaños se convirtió en una larga espera a que llegara mi mamá para volver a mi pieza, compartida en esa época con mi hermano, a acostarme en mi cama nido, en la cama de abajo, y sentirme calientito por estar en un hogar, porque en esa época todavía era un hogar, yo aun veía a mis papás darse besitos. Ese año mi papá le regaló un refrigerador a mi mamá, y ella le dijo «ay leo estoy tan feliz, gracias, te amo» y le dio un besito. Inolvidable para mí.

    No fue un evento aislado. El cumple del eric allred, me refiero. A los 14, ya «entrado en la adolescencia» como diría Alipio Vera, me invitaron de nuevo a la casa de un compañero zorrón y platudo. Ya estaba en primero medio, en el colegio Andrée. En esa época, mi deseo constante de alguna vez ser normal estaba entrando en etapa de crisis, porque ya llevaba 14 años sin lograrlo y más o menos 9 con la consciencia de no poder, así que ya estaba dispuesto a todo. Fui po. Además, el invitante era el Aaron Cohen, un compañero extraño para mí y claramente un modelo a seguir. Él llegó ese año al colegio y entró al curso como tsunami en la playa. Cuando me cambiaron de colegio mi papá me aconsejó «no ser muy entrador porque caerás mal» como si yo hubiera podido ser entrador. Bueno, no fui entrador, menos aún de lo que normalmente habría sido que ya no era normal, y desde sexto hasta primero medio aún no entraba en nada. Y el aaron en dos semanas era el rey del curso. Y me invitó a su casa. Puta, obvio que fui. Obvio también, todo fue igual. Una manga de zorrones hablando estupideces y debatiendo sobre el tamaño de las tetas y el coeficiente de soltura de la zorra de nuestras compañeras. No es que no me gusten las mujeres, pero a esa edad yo no tenía todavía interés en utilizar los cuerpos de ellas para mi placer. En esos años yo ya creía en que las mujeres eran personas. Tampoco soy el gran maestro de la perspectiva de género. En esa época menos. Ahora quizás sí, pero fue raro. No dormí nada, no me reí con las estupideces que dijeron. Nada. Otra vez nada.

    Esa desesperación por ser normal se manifestaba de varias formas. Me acuerdo a los 12, cuando estaban de moda los pantalones amasados, las camisas smile y las zapatillas pluma, que una vez me vestí con pantalones amasados naranjos, una camisa smile amarilla de mi hermano y debajo una polera cualquiera, además de unas zapatillas pluma azules. Salí a la calle y mis amigos me miraron con extrañeza. Nunca me habían visto así. Por un momento me sentí en una pasarela. Sentí que había música y que mi pelo caminaba conmigo al ritmo del viento, aunque no había viento y mi pelo era corto. Hasta recuerdo el olor de la colonia Rodrigo Flaño, pero fue, tal como dije, un momento. Pasados mis quince minutos de fama por verme novedoso, volví a ser yo. Paró el viento y dejé de caminar en cámara lenta, y tuve que hablar con la carolina canessa, mi amiga del barrio a la que todos amábamos y que se había acercado a mí porque estaba irradiando esa vibra de zorrón que ella había aprendido a buscar desde pequeña. Entonces cagué, porque como mi cuerpo era el de un adolescente ganador de 12 años, pero mi mente era la de un nene de 7 que quería jugar con los playmobil, no dije las cosas que ella quería oír. No dije nada. No sabía qué decir, Nunca supe qué decir.

    En ese deambular por los días y los meses del calendario, en esos 6 años que transcurrieron entre los 6 y los 12 en los que me daba cabezazos contra la muralla, convencido de que un día iba a derribarla y convertirme en una estrella, un día me encontré con una causa. No me refiero ni a una entrada peruana ni a un expediente judicial. Encontré una razón para crecer, para vivir y para creer que podía hacer algo útil en la vida aunque era anormal. Encontré los bomberos. Aquí es donde entra jaime miranda, donde pasa casi toda mi adolescencia y donde hay tanta historia que contar que no podré seguir en esta entrada, pero les adelanto el final. Es bastante obvio. Me fue mal. Nos vemos.

  • Todo, Todo

    Había que escribir. Claro que si. El último post del año pasado fue hace tieeempo, tanto que todavia si decias Kast la gente sabia de lo que hablabas. Hoy ya no. Nadie sabe si kast es kast o es trump o bolsonaro o rojo edwards. Y como se agolpan las cosas y las experiencias uno empieza a ponerse medio neurótico por querer contarlas. Me pasa también que pienso en la real llegada de mis escritos. O sea, alguien me lee? los de wordpress me felicitaron porque tengo 6 seguidores. Seis. Puta la wea, hasta alberto plaza tiene más seguidores que yo. Pero no importa, yo sé que alguien lee esto y le sirve. La polilla psiconauta por ejemplo, ella siempre me lee y le pone me gusta. Aunque sea solo para ella, seguire contando estas terribles historias de cómo cambia todo cuando uno es autista.

    Además que hoy quiero hablar de un asunto espantoso. Cuando a uno le diagnostican el autismo de adulto hay una parte tremenda que es reevaluar el pasado, que es lo que he estado haciendo y les he estado contando, entre intentando hacerles reir, un poco hacerles llorar y principalmente hacerles identificarse y cashar si ustedes son autistas también (o autistes como diría mi amiga karen fuentes), pero otra parte también tremenda de la que yo no me habia hecho cargo, y que es aterradora, porque significa hacer cambios de verdad, es el presente. Claro porque puta, uno puede mirar al pasado y llorar todo lo que quiera y reencontrarse consigo mismo y cantar canciones de graduación soltando un lagrimón porque por fin te entiendes y la weaíta, y perdonas a tu mamá y a tu perro por todo, y te perdonai a ti mismo y te creis la raja y súper evolucionado por todo, especialmente porque te dai cuenta de las cosas y así sucesivamente, pero otra muy distinta es mirar padelante y decir «ahora qué chucha hago con mi autismo y lo que estoy viviendo» porque significa hacerle de verdad a los cambios de registro y de forro.

    Pero como soy valiente (también soy caliente pero esa wea na que ver aquí) me fui en la volá zen tipo bruce wayne en busqueda de mi mismidad mísmica, como cuando se fue 7 años al tibet a tomar clases de artes marciales con Ras al ghul. Me salí de todos los grupos de whatsapp, cerre mis redes sociales y me confiné a una parte limitada de la realidad a la que ya nadie accede: el mundo real. El pasto, el aire, el cielo, etc. y toda la pachamama de los weones lana que comen placenta.

    POr supuesto, mi viaje al tibet fue harto más rasca que el batman, primero porque yo no soy multimillonario, pero principalmente porque a diferencia del murci ese, yo existo y tengo que pagar cuentas. Asi que nada de fiestas sofisticadas y trajes de murciélago. Estuve en concon en el departamento de mi mamá, primero de vacaciones y después con licencia. Mi gurú era la señora del café frida que vende no solo café sino también canjea libros y seguro que te sirve sandwiches de placenta mayo. Mis enseñanzas las saqué de netflix y amazon prime, y mi compañera leal era, por cierto, la mega nati, que es harto mejor que la weona fea de la maggie gylenhaal o la ex de tom cruise.

    En fin, terminé mi viaje a la semilla por el hiperespacio con una conclusión que puede parecerles weona o inteligente, pero me importa una raja porque es mi conclusión: Soy autista y eso no es normal. Así de simple. Yo creo que hay una normalidad en el mundo, y consecuente con mis principios huecos y anodinos respecto del mundo, esa normalidad está definida por la mayoría. Y cómo la mayoría de la gente es neurotipica (me refiero a la casa, el perro, el auto, la esposa, los hijos, etc. ver los capítulos anteriores) resulta que yo soy raro. Hice las paces con ser raro. Le conté a la nati hermosa que soy un raro y desde la rareza ahora enfrento el mundo. A mí me sirve. Primero, decidi usar la ley de conciliación de vida familiar y laboral y la ley de autismo para exigirle a mi empleador que me permita ser raro en la oficina también, porque soy raro y necesito ser raro para desarrollarme. Así de simple. Voy a mandar una carta pidiendo que me dejen ir a trabajar en chores cortos y no me obliguen a actividades sociales, y que me dejen trabajar lo más posible desde la casa porque tengo un nieto que criar y porque simplemente me siento como las pelotas en el ambiente de oficina.

    No tengo idea cómo me va a ir con eso, pero creo profundamente que es lo correcto pedirlo, exigirlo y hacerlo sentir. Nunca me senti así antes. Siempre me senti raro, pero raramente raro, así como que era una cosa sin forma ni color que no debió nunca haber existido. Ahora por fin me siento raro, pero onda de colección. Soy un ford T. Antes era un nissan V16 todo tuneao y viejo. Las dos weás son raras, pero el primero es de colección, se entiende?.

    Ok. Una de las mejores consecuencias de mi autoconversión en un auto de colección es que por fin la nati pudo referirse a mí con tranquilidad sin pensar que me podía estar pasando a llevar. La pobrecita ya no sabia si decir que soy neurodivergente, autista, tea, persona con tea, persona autista, persone con tee, persone autiste, raro, rare, o lisa y llanamente un weón mañoso. Ahora, por fin sabe que me puede decir que soy autista y soy medio raro y por cierto también que soy un weon mañoso, pero eso no tiene nada que ver con la neurodivergencia, sino con que simplemente soy un weon más mañoso que la chucha, como todos los viejos de 50 y más.

    POr que esa es la otra weá. Cumplí 50 años. Yo queria hacer una fiesta. miren la weá que se me ocurrió en mi búsqueda de la redención personal en las frias arenas de concon. Una fiesta de disfraces de los 80. A medio camino ya estaba arrepentido. Qué a medio camino. Cuando terminé de pensar en hacer la fiesta ya no quería hacerla, pero igual quería hacerla. Al final no la hice porque no pude, porque me dieron licencia porque se me abrió de nuevo la fistula de la osteomielitis y no iba a estar en valdivia para organizzarla. Entonces, como suele pasar con la mayoria de las cosas de la vida, las circunstancias decidieron por mí y me quede con las ganas de saber si queria hacer la fiesta ql o no.

    Ese fue mi verano pues, perritos, perritas y perrites. Ahora que lo pienso, este largo hiato entre mi último post y el actual se corresponde completamente con el viaje de autodescubrimiento y alimentación placentaria sin redes sociales que emprendí un poco sin saber que lo hacía para reencontrame y un poco pensando que me reencontraría conmigo mismamente mismo en la mismidad misma de mi individualidad individual. Nunca vi una piedra hablándome, ni tuve visiones de futuro o de pasado, ni fui contactado por una fuerza superior, ni por una inferior, ni me apareció el espíritu de un coyote difunto enseñando valiosas lecciones sobre la vida en el desierto. Esas weás no existen. Pero sí encontre por fin la respuesta a la primera pregunta que hice en este blog. Qué es esto? Qué cresta es esto de ser autista. Es una enfermedad, una condición una desventaja, una discapacidad, un privilegio, una forma de vida, una configuración cerebral? Un regalo que te permite ver el mundo como Robin Williams, desde arriba de un escritorio, desde donde se ve el interior de las formas de dos dimensiones? La respuesta la canto la Daniela Romo hace más de tres décadas ya.

  • El código Kast

    Hace unos días fui a los papanamericanos con la nati. Contra todo pronóstico, vienta, marea y contra todo mi mal entendimiento y pésimo juicio, acepté ir a un estadio lleno de weones a sentarme al aire libre en unos asientos de plástico más incómodos que la chucha y que se creen butacas porque se les sube la parte pal poto cuando te levantai para mirar a otros weones que ni conozco competir en deportes que nunca he entendido y más encima ver como otros países sacan las medallas mientras los chilenos y chilenas se quedan debajo de la mesa, todo ante la mirada inclemente de un sol espantoso o resistiendo los embates de un viento huracanado y frío, solo para sentir el placer ridículo de no ver nada porque todo está muy lejos y tener que mirar unas pantallas gigantes que también están lejos en las que también no se ve nada (no «tampoco se ve nada», «TAMBIÉN NO SE VE NADA») porque ponerle tampoco da la idea de que es una ausencia de experiencia, cuando en realidad es una experiencia más de horror sensorial. Súmale la música ambiental, que por suerte estaba algunas tribunas más hacia la derecha, pero igual se escuchaba a todo porcino y la gente aplaudiendo y entonando bellas melodías como el meneíto, la macarena o peor aún, el engendro más despreciable de la historia del multiverso, que no existe, pero claramente sería el hijo de maluma con bad bunny.

    Aireeeeeee.

    Ultimamente tengo que tomar harto aire porque mi odio ha crecido en intensidad y frecuencia, como las agresiones en una relación malsana en la que hay violencia de género o simplemente desequilibrio en la correlación de fuerzas. Como te quedó el ojo. De todos modos, amo el odio, primero que nada, como dicen los futbolistas, buenas tardes. Primero que nada, porque es una de las pocas palabras, si no la única palabra castellana que es al mismo tiempo un verbo y un sustantivo (afírmate los calzoncillos arjona, el poeta de las cosas simples) Si po, yo odio el odio cachai? yo amo el odio. No puedo decfir yo odio el amo, porque amo significa dueño o patrón, o sea, naqueers con amar. Sospecho que esa es la real y única razón por la que amo el odio, tal como la única razón por la que muchas veces digo cosas es porque quiero escucharlas salir de mi boca nada más. La comunicación es secundaria para mí. Terciaria, cuaternaria, probablemente icosaedriana, es decir, propiamente constitutiva de un poliedro regular con 20 lados, cuya única gracia es que es uno de los poliedros regulares de pitágoras, lo que es harta gracia en realidad. Eso me ha costado duros costalazos, como decía mi papá. No es que se haya muerto, es que ya no lo dice. Eso, por ejemplo, es un ejemplo ejemplar de lo que quería ejemplificar, tal como lo que acabo de decir también lo es de lo mismo. Maravilloso, no? Es un juego de palabras hermoso, pero que no sirve para nada. Si lo lees, tal vez sigas leyendo mi texto por curiosidad, pero cuando me lo escuchas decir en una conversación, usualmente dirás «y qué le pasa a este saco de weas». Eso me pasa siempre. Todos creen que soy un saco de weas, porque vivo en mi mundo autista en el que las cosas tienen un sentido específico que no suele ser el mismo que tiene para el mundo no autista, que he definido como el mundo de kast. Sí, porque Kast para mí representa todo lo que está mal en el mundo, que es, precisamente el mundo. Me puse bélico. Ya no creo que yo sea el raro. Creo que el mundo es el raro. Raro porque quiere que yo no sea raro. Y kast es el que más quiere que todos seamos iguales. Todos peinados por una vaca que vive en el segundo cajón de tu closet. La abres en la mañana y te pega un langüetazo y te deja listo, encorbatado y con terno para ir a producir. Como voy a estar mal yo si a pesar de que hablo cosas para escuchar como suenan, pienso que las mujeres tienen derechos, que los negros no son monos, los chinos no son mafiosos, los colombianos no son narcotraficantes y los gringos no son libres? Como va a estar bien pensar que hay personas que tienen que dejar de pensar como piensan, porque tienen que pensar como otras personas? Como va a estar bien querer que la gente deje de ser libre, creativa, rebelde, apasionada, cochina, verde, roja, salada, amarga, gritona, nerviosa, desconfiada, amable, sagaz, mordaz, procaz, mendaz, perspicaz, maleable, dúctil retráctil, invisible, hematofóbica, proactiva, activa, reactiva, insoportable, irreconocible, o por último cualquier weá que quieran ser o dejar de ser? Como van a estar en lo correcto las personas que lean la enumeración anterior y en vez de darse cuenta de que esta puesta de esa manera en forma de adredes para despistar a quienes creen que hasta hay que enumerar las cosas de una manera determinada, piensen que es una enumeración ridícula porque rima y no vean que cada adjetivo está puesto no solo para escuchar como suena antes y depués del otro, sino porque es verdad?

    Hace dos años descubrí que era autista, pero al final el asunto es que no soy autista pues. El autismo es una categoría que me puso Kast a mí. No kast. Ese weon ni siquiera sabe que existo. El otro día lo vi en el aeropuerto y me dio diarrea o colitis como habría dicho mi abuelita. Pero un weon como kast. Alguien que cree que a las personas hay que etiquetarlas. Los productos se etiquetan. Para ver cuándo vencen, cuándo los hicieron, cuánto valen, cuantas calorías tienen, cuá va a ser su contribución específica a mi muerte prematura por exceso de grasas trans, que son las grasas que nacieron como grasas pero se sienten proteínas por dentro). Si te etiquetan, es porque van a clasificarte. Y si te clasifican, detrasito te entregam un listado de las cosas que puedes hacer y las que no, y más peligroso aún, aquellas que puedes pensar, y más peligroso doblemente aún, aquellas que no puedes pensar.

    A mí no me gustan los estadios, pero fui. Fui porque la nati me invitó. La nati quería ir a los papanamericanos porque era algo que no se iba a repetir nunca. Y yo la amo, así que fui para acompañarla y me programé para no estar idiota ni odiar nada. Usualmente es lo que puedo lograr. No expresar el odio, para no hacer el rato desagradable. Pero la pasé bien. Muy bien. Fue una tarde mágica en que estuvimos juntos, nos cagamos de frío juntos, aplaudimos juntos a dos o tres deportistas de chile que sacaron medallas, aplaudimos con amor a los demás que llegaron de últimos o muy en el montón. Eso me emocionó de verdad. Esa cosa que te recorre por dentro y que sientes como de a poco va llegando a tus ojos y removiéndolos hasta que se te llenan de agua. Me encanta cuando los ojos se me llenan de agua, cuando la guata se me llena de risa, cuando no me puedo aguantar la risa ni la pena. Así que al final todo mi odio se echó a dormir una siesta, agradecido me imagino, cansado de estar de turno sin vacaciones los últimos 50 años. Fui feliz, pero no por primera ni segunda vez. Yo soy muy feliz cuando odio todo. Me da energía, es el motor que me mueve a funcionar. En el trabajo por ejemplo. Así que fui feliz, pero no por el odio, sino por el amor esta vez, como muchas otras, casi íntegramente todas relacionadas inextricablemente con la nati. Disfruté el viento, me encantó la sensación de vida y de espacio que da sentarse en un estadio y mirar pal otro lao. La weá de las pantallas no tiene arreglo, son como las weas y están lejos, y eso de que no se ven los deportistas porque están lejos tampoco tiene solución. Soy feliz, pero no weon. La cosa es que no dejé de ser yo. No me sentí traicionándome a mí mismo mismamente por ser feliz con algo tan poco tradicional para mí como una actividad al aire libre llena de personas, con ruidos y sin razón intrínseca de ser. Como fui criado en el código Kast, pasé casi toda mi vida sintiendo que mi sola existencia era una traición al mundo, porque no encajaba en el código. Y toda esa misma vida tratando de salir de la traición, poniendo pantalones amasados con 13 años cuando quería usar chores cortos, usando terno a los 21 cuando quería andar con buzo, chaleco y bolsito, yendo a fiestas que no me interesaban a bailar canciones que no me gustan y que seguramente son el antecedente directo de Badluma (el hijo del parcito). Entonces, un glorioso día de 2021 la cota román me dijo que era autista y empecé a pendulear hacia el otro lado, odiando todo y amando mi odio, validando todas las weas que hacía y sintiendo que no tenía por qué transar en nada. Hablaremos de eso en otro momento, pero ahora quiero decir que el péndulo volvió al centro, como vuelven todos los péndulos, siempre al centro, porque el movimiento continuo no existe, es como la fusión en frío y los fachos con buenas intenciones. Y aquí estoy. Ya no quiero ser bacán porque odio ni porque tengo camisas smile. No quiero sentirme raro en el mundo de kast, ni convertirme en kast para dejar de ser raro. No soy ni chicha ni limonada.

    Así que declaro hoy que no soy autista, ni neurodivergente, ni neurotípico, ni gordo, ni flaco, ni correcto, ni incorrecto, ni socialmente desadaptado, ni verde, ni rojo. Soy Álvaro, descendiente de odin, hermano de thor, hijo de Leonardo y Carmen. Si te gusta, bien. Si no, por fin, luego de 50 años de miedo, de ocultarme, de dudar, de pensar que tenia que ser, de vestirme a la moda y desvestirme con vergüenza, de envidiar a los populares en código Kast y de ser envidiado por nadie, por fin al término de mi largo viaje de redención personal quencomenzó la primera vez que no entendí algo, que fue la primera vez que tuve que entender algo, por fin, si no te gusta Alvaro, cómprate un pasaje, súbete al bus y ándate a la conchetumadre.

  • Cara de Regalo

    Una de las cosas más difíciles para mí siempre fue poner cara de regalo. Esa es la cara que ponen los NT cuando les traen uno. Me estoy imaginando ya ese montón de cumpleaños en departamentos y casas de amigos, o en la de mi mamá cuando aún no sabía cuál era mi real identidad, o como diría mi papá, cuando no sabía que era taradito, o como diría mi mamá, cuando todavía no me diagnosticaban de enfermo mental. Yo celebraba mis cumpleaños siguiendo la lógica neurotípica. Cuando chico, na que hacer, mi mamá hacía la fiesta, la torta, la piñata, que es la weá más agresiva e invasiva de todas las celebraciones que existen salvo las fiestas patrias y el rodeo, la mesa con mantel de plástico, vasos de plástico, servicios de plástico, hasta servilletas de plástico y, por supuesto, amistades y sonrisas de plástico. Cuando uno está en kinder, por algún motivo los cumpleaños son con todo el curso. Aunque sean 45, como en los liceos y los colegios como el mío, invitaban a todo el mundo y a todo el barrio. Y si tenías clases de karate, a todo karate. 60 pendejos en una casa clase media, y 60 papás también. Por eso todo de plástico, porque no hay casa de los 80 que tuviera 60 vasos de vidrio, salvo, por cierto la casa del asesino en el cerro Manquehue y probablemente todas las casas de la derecha. Yo no me acuerdo de mi mamá en los cumpleaños, porque estaba en la cocina, entregando sorpresas, conversando con las mamás de niños con los que yo nunca conversaba ni jugaba y maravillosamente, estando durante diez segundos conmigo mientras soplaba las velas de la torta. La foto oficial del blog es de un cumpleaños mío, con la típica pepsi de 1 litro que alcanzaba para toda la familia durante el almuerzo, y que ahora con cueva alcanza para un niño de 8 en la colación. Entre todo eso, llegaban los regalos, que se suponía que eran 60 uno por cada niño, pero curiosamente había como 20 no más. No más, como si fuera poco. Ahí entraba uno a calificar el mundo según los dictámenes del capitalismo. Juguete tras juguete, en esa época hechos de tolueno, amoníaco y hasta plutonio. Claro, yo era un niño privilegiado del barrio alto y esos eran mis cumpleaños. Como es el plural de cumpleaños? Cumpleañoses? Cumpleañi? Cumpleaña? El español no lo soluciona todo. Una vez fui al cumpleaños de mi primo Marcelo, que vivía en quinta normal en una casa que le había prestado mi abuelo a su papá. Eramos los primos no más. Y las primas, que en 1980, formaban parte de los primos. 4 regalos y sin sorpresas. Sanguchitos de jamón queso en panes de molde ideal o cena, porque el oso culiao de bimbo no estaba ni en coquimbo.

    A partir de segundo o tercero básico, la cosa se vuelve más honesta y no invitan a todo el mundo. En mi tiempo, no le llegaba la tarjetita village «te invito a mi fiesta» a todo el curso. Hoy, no ponen la foto en el grupo wasap de los papás, sino que llega por IMBOX y uno anda como los weones tratando de cachar a quién chucha hablarle del cumpleaños y a quien no. Todo lo demás se parece, pero en menor cantidad. A mis 9, siempre la cosa seguía siendo en la casa clase media ubicada en comuna clase alta. Hoy, parece un insulto si es en tu casa, salvo que sea una mansión, porque si no, tienes que arrendar un local para que los cabros y las cabras salten como monos o a lo menos juegos inflables. Si no, tu cumpleaños es un fracaso social, pero los regalos siguen siendo lo mismo, porque siguen viniendo escondidos adentro de un papel, que es la segunda mitad del problema. Y cuál es la primera mitad del problema? es que los regalos son sorpresa, es decir, uno no puede elegirlos. Qué, en serio? Para ti, joven neurotípico de corbatita, camisa polo y pantalones dockers, seguramente es obvio. Obvio. Para ti, todo es obvio.

    Cómo puede ser obvio un uso social tan estúpido como que en tu cumpleaños, que es el día en que por algún motivo que no tiene explicación celebras que naciste, como si nacer fuera lo importante, cuando lo que importa es lo que haces después de nacer y antes de morir, más encima te regalen weás que no sabes qué son, no sabes si te gustan, no sabes si te quedan, no sabes si vas a poder cambiar por algo que te guste de la tienda de la que te lo compraron, no sabes si vas a tener tiempo ni ganas de ir a cambiarlo, en el fondo no sabes nada.

    O sea, la posibilidad de que te guste un regalo que te eligieron sin preguntarte es tan baja que es realmente estúpido pensar en hacerlo. Y el problema no es ese, es que, como todo en el mundo, se supone que a todos nos gusta que la gente se esfuerce por tratar de conocerte tan bien que te elija un regalo sorpresa sin preguntarte y le achunte a lo que querías. Esa weá es imposible, pero como los neurotípicos saben navegar en ese mundo, ponen sonrisas igual y agradecen. Entonces el resultado insólito de este cruce de miradas entre ciegos es que una persona regala una weá que no sabe si le va a gustar a la otra, pero confía en que sí, lo que sabrá porque la persona lo recibirá con agrado si es así, y la otra, la que recibe el regalo, siempre pone una sonrisa y lo agradece diciendo que le encanta aunque piense que es una weá de regalo y que lo va a botar a la basura, o sea, al final nunca sabes si el regalo estuvo bien hecho y nunca conoces realmente a las personas, porque todas agradecen todo, salvo por supuesto que seas tan aweonao o aweoná que pienses que realmente le achuntas a todos los regalos siempre porque todos te sonríen y luego de pensarlo te vayas derecho a la rotisería de la esquina a comprarte un loto porque eres tan asertivo para elegir cosas aleatorias que seguramente vas a escoger 6 numeros exactos entre 36, una posibilidad harto más real que achuntarle a un regalo para alguien.

    aireeee.

    Súmale a eso que la absoluta falta de anticipación sobre lo que hay dentro de la caja o la bolsa maldita con colores y dibujitos de regalo es totalmente desregulatoria para un ND que se precia de tal, o que no se precia de tal pero realmente no puede evitar serlo. A mí me pasan un regalo y me llega a doler la guata de pensar que no sé lo que hay dentro y que supuestamente tengo que poner una sonrisa para agradecerlo aunque lo encuentre horrible. Por qué tengo que poner una sonrisa si no quiero ponerla? Es una pregunta tan básica que nos la hacemos a los 5 años ya, pero nos enseñan a dejar de hacerlo. Agradezca el regalo, dele un beso a la tía (a la vieja hipopótama), sea normal, por la cresta, si ser normal es ser como eres.

    Yo tengo banda sonora en mi vida. En mi cabeza suena siempre alguna canción o una melodía según lo que esté haciendo. Si estoy en un café, por ejemplo, probablemente mi música es amelie. Si voy en auto, la música es real, pongo la radio y según el auto es la música. Cuando voy en el escarabajo, pongo the hippy hippy shake, cuando voy en el brownie pongo remixes. Bueno, y por qué les cuento esto, porque cuando veo entrar a alguien a la casa con un regalo, empieza a sonar en mi cabeza la música de tiburón o la de psicosis y quiero arrancarme de los zombies. Curiosamente, una de las caras que más me cuesta poner es la cara de regalo. No solo es una cara falsa, como todas las caras, sino que implica el total compromiso con la falsedad de todo el negocio cumpleañero. Es como rendirse ante el sistema, es mi pensamiento de la línea anarcodivergente.

    En fin, así llegamos al presente, que también es un regalo, pero no viene envuelto en papel y aunque uno no sabe lo que es puede imaginarlo racionalmente porque es el resultado de los propios actos, es decir, uno está donde está y como está porque uno quiso así que como regalo está bien. Tal vez estás pensando, joven neurotípico con chalas, chores y toalla que ya no celebro mis cumpleaños, pero tal como dijo mi mamá cuando le pregunté cómo se llama la parte del vestido de china que va debajo de la falda, falso.

    Claro que los celebro si la parte del cumpleaños que significa mirar hacia atrás y cachar como ha venido la cosa, compararla con como está y apostar a como vendrá es linda, bonita y preciosa, como la nati al lado mío celebrándola. Lo que pasa es que ahora que sé que soy autista y que el papelito de regalo me desregula, que no me gusta poner cara de regalo y que me carga estar sentado en un sillón conversando de weás que no me importan o poniendo cara de conversación (que es otra de las tantas caras), lo celebro a mi manera. La nati sabe que no me gustan los regalos, aunque su amor por mí es tanto que se sigue empeñando en hacérmelos envueltitos y como es ella, se lo aguanto porque la amo y además lo disfruto porque la admiro, pero a los demás no les aguanto niuna weá. No me gustan los regalos salvo que sea una hoja pintada por mi hjio o una de mis hijas. Me basta con un papel que diga feliz cumpleaños papá o feliz cumpleaños alvarito, escrito a mano y hecho con cariño. Un regalo así no me hace poner cara de regalo, me hace poner cara de alvaro, que es la cara que tuve escondida por más de 40 años para agradecerle cosas que no me interesaban a gente a la que no quería, y sé que esa es la cara que las personas a las que invito a mi cumpleaños quieren ver. Y no es que me crea mejor que los demás, o más auténtico que los enetés. Las personas neurotípicas son felices con cosas distintas a mí. Yo soy feliz con cosas que son minoría. Lo importante es que seamos todos felices.

  • Hombres de honor

    Está de moda que todo sea urbano. Espacio urbano, mall urbano, edificio urbano, sistema urbano de cualquier huevada, etc. Como que las cosas urbanas son modernas y top y van con la onda arribista que tienen las ciudades hoy en día. En Temuco hay o había, no sé, un restaurant que se llama Mercato en el que los baños son ridículamente oscuros, con murallas negras y la puerta se cierra de corredera, así como entrar a un closet para mear. Fui almorzar ahí con la nati porque íbamos de paso hacia el sur y le pregunté a un amigo dónde era rico. “Anda al Mercato” me dijo. “Es rico, y además es urbano”. Puta la hueá dije yo. ¿Qué significa que un restaurant sea urbano? Habría que mirar el diccionario de la lengua española, pero es todo fome porque dice “relativo a la ciudad”. Eso es como decir que “chanta un peo en la tula” es un garabato relacionado al “miembro viril masculino y el procedimiento de presionar el ano humano contra él”, o sea, es decir lo mismo dos veces de manera distinta. Sin embargo, el segundo significado es más interesante. Dice “cortés, atento y de buen modo.”  ¿Será que la ciudad ahora tiene que ser bien educadita y esa es la idea? Lo dudo. Lo que pasa es que urbano suena bien. Suena a modernidad, como a murallas de granito y ventanales grandes en las oficinas de la multinacional del piso 16, que es donde todos quieren estar, así que el significado real de la palabra da lo mismo. Basta con que suene bien. Como el honor militar. Suena tan lindo que uno llega a emocionarse imaginando a los dos soldados de la película Cuestión de Honor de Tom Cruise, que matan a un compañero tratando de enseñarlo y luego asumen su responsabilidad como hombres honorables, o el mismo Cuba Gooding Jr. esforzándose por ser aceptado como buzo de la armada aun cuando le falta una pierna. Ahí concuerda la cosa con el significado del diccionario: “Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes.”  A uno le enseñan sobre el honor desde chiquitito. Al parecer se supone que seamos personas de honor, que no digamos mentiras, que vivamos noblemente, que hagamos el bien, que si nos comprometemos a algo, lo cumplamos, etc.  Es lindo el honor. Es una obligación moral. No está contenida en las leyes, ni en los manuales, ni en los reglamentos de convivencia de los colegios, y menos en nuestra querida constitución. Comportarse con honor es como lavarse los dientes. Cuando chico uno lo hace porque lo obligan y después, si entiende lo beneficioso que es, uno lo sigue haciendo solito solo porque sabe que está bien hacerlo. El primer tipo que a uno le enseñan que tenía harto honor es Arturo Prat.  No solo le brillaba la pelá a Prat. También le brillaba el cerebro, porque era re buen abogado y además le brillaba el honor. De hecho, se tiró descabelladamente a la cubierta del Huáscar con una pistolita a luchar por la patria. Si lo analizas con frialdad, es una weá con patas como decía mi mami, porque la derrota era segura y el enemigo superior, pero si lo pasas por el cedazo del honor, el tipo es un héroe. Sin estar obligado saltó al abordaje solo porque creía que estaba haciendo lo correcto. Eso es el honor. El honor de verdad po, porque las definiciones son fundamentales pa uno que es y fue autista. Ahora lo sé. Cuando me enseñaron que Prat era honorable, no lo sabía. No sabía que saber bien qué significa cada cosa era fundamental para mí, porque me cuesta leer entre líneas. Entonces, pa mi Prat era honorable aunque estaba luchando en una guerra inventada como siempre por la derecha para conseguir más plata del salitre y que en el camino les abrió el apetito pa llegar hasta arica. Y un edificio urbano pa mi es un edificio que queda en la ciudad, no un edificio con buenos modales. En fin, de vuelta al honor.

    Es como el soldado griego que corrió desde la batalla de maratón hasta Atenas para avisar del triunfo, o Carlos Dittborn trayéndose el mundial de fútbol a Chile en 1962. No tenían por qué hacerlo. No hay cálculos ni estadísticas. Se siente y se hace. Así es el honor, según el diccionario.

    Por cierto, en nuestro país en que los escarabajos se llaman poncho y la diarrea se llama colitis, todo tiene un distinto significado, y si al shileno medio, que como sabemos es más estúpido que la mitad del país, mitad superior que probablemente son todas mujeres, le cuesta entenderlo, imagínense a uno que le trae neurodivergencia.

     Los mayores cobardes de la historia han transformado el honor para siempre. Siguen usando el concepto, pero al igual que el edificio urbano, su real significado da lo mismo. Primero, aplicaron el concepto a su necesidad imperiosa de ponerle la pata encima a los civiles, porque esa mentira de que las fuerzas armadas son obedientes y no deliberantes nunca ha estado siquiera cerca de ser una realidad. Como pasan todas sus vidas sin hacer algo útil (porque en los últimos 200 años ha habido tres guerras, o bueno, cuatro si consideramos que Chile le declaró la guerra a Japón para la segunda guerra mundial, pero eso fue como echarle la foca al vecino desde tu pieza mientras se saca la cresta con el otro vecino en la mitad de la calle) han estado siempre al agüaite para tomarse el poder. Siempre. Miren la historia. Los primeros presidentes de la república conservadora fueron militares. Prieto y Bulnes. Luego asumió un civil, Manuel Montt y justo viene la primera revolución, en 1851, comandada por un militar. Lo mismo en 1891, cuando la derecha, siempre tan preocupada del bienestar del país, no aguantó que Balmaceda nombrara ministros no pertenecientes a los grupos de poder y mandaron a sus perros de presa, los militares, a tomarse el poder. Esa vez, claro, los militares se dividieron. La armada se enfrentó con el ejército. Cualquier honor. Al final perdió el presidente (o sea, una vez más los militares hicieron un golpe de estado, como ya lo habían hecho en 1830) y el poder se lo repartieron los millonarios conservadores resguardados por los quiltros fieles de uniforme.  Sigamos. En 1924 los militares sacaron cagando a Arturo Alessandri, se tomaron el poder, lo mandaron de vacaciones a Europa (exiliado en verdad) y luego lo trajeron de vuelta y aprobaron una nueva constitución. Los historiadores, todos fachos por cierto, adornan el cagazo con el famoso ruido de sables y que los milicos estaban defendiendo las ideas socialistas de Alessandri, pero la verdad es que aunque se aprobaron las leyes socialistas antes del golpe, los honorables uniformados ya habían fraguado el golpe y lo hicieron igual. ¿Para qué si ya se habían aprobado las leyes? No tengo que hablar del 73, supongo. Todos conocen la historia de cómo la derecha financiada por los gringos y apoyada por la democracia cristiana volvió a encargarle a su brazo armado que sacara a Allende, facilitándole el camino a través de un embargo económico de más de dos años de vacas flacas para Chile. Y en todos estos casos, los militares, supuestos hombres y mujeres de honor, supuestamente han cumplido con su deber. ¿Cuándo ha sido honorable derrocar al gobierno para asegurar los intereses económicos de los ricos? Eso es el honor militar. Saber abusar del más débil, saber cómo sacar del poder a los gobernantes elegidos por votación y reemplazarlos por sus dueños, los millonarios de Chile. Esta raza de tristes animales que usan uniforme comprende el honor como la obligación de imponer a cualquier precio la voluntad que les ha sido programada por sus jefes. Durante más de 17 años se dedicaron a torturar, asesinar, quemar, golpear, humillar, insultar, violar y desmembrar a las personas que se oponen a sus órdenes, cobardemente dadas por sus propios oficiales y fraguadas por la derecha.  Hay tanto huevón Pinochet, Contreras, Krasnoff, Labbé, Corbalán, que hicieron del sufrimiento ajeno su forma de vida y todos, todos seguían utilizando el mismo uniforme con charreteras y colores ridículos, recibiendo ascensos y más charreteras, convencidos de que eran fieles representantes de los valores supremos que inspiran el quehacer militar, entre ellos, por supuesto, el honor.

    En el colegio nos enseñan que no hay que pegarle a los niños chicos porque no pueden defenderse, pero estos desgraciados innobles se creían la raja torturando porque no cuesta nada sacarle las uñas a una mujer si además de ser más pequeña la tienes inmovilizada. Así cualquiera gana. ¿Qué honor puede haber en apuntarle con una pistola o una metralleta a una persona desvalida, amarrada, amordazada y torturada? ¡Qué demostración de abuso más absoluta es ser choro y abusador con quien no puede defenderse!  Ahí están los huevones ahora, haciéndose caca en los pantalones porque la justicia logró alcanzarlos. Los condenan por homicidios y secuestros y ellos, consecuente con sus valores despreciables y su torcido concepto de honor, se escapan, se “sustraen a la acción de la justicia”, se parapetan en los fundos que compraron con la sangre de las mismas personas a las que torturaron, se escudan en las fundaciones enfermizas que defienden sus delitos y que fueron creadas por ellos mismos y financiadas por los empresarios y político que les dan de comer e incluso, ya demostrando que hasta un chimpancé resfriado es más valiente, se suicidan. Hay que ser muy cobarde para pegarse un tiro luego de haber vivido toda tu vida matando gente. Y no me vengan con que Allende se suicidó también y fue cobarde. Allende se suicidó para que los malditos militares traidores que le habían vuelto la espalda no lo tomaran preso y pudieran jactarse de ello.  Tipos como Chacón forman parte de la casta de asesinos y torturadores que se aprovechó de que sus víctimas no podían defenderse y en esa época por supuesto que fue superpoderosa, pero en el final, cuando lo pillaron y le tocaba hacerse responsable de sus delitos, se consagró como un weon pusilánime que ni siquiera se atrevió a dar la cara y se suicidó como un cobarde.  Seguro que se creía la raja cuando veía su nombre en alguno de los oficios que tuvo que firmar como militar de la república y seguro también que le dio diarrea o incluso colitis cuando lo volvió a ver esta vez en una sentencia criminal en su contra. En fin, así son los militares en Chile, abusadores cuando tienen poder y cobardes cuando lo pierden. Igual que esos compañeros guatones medio babosos que iban en tu curso y que como medían 10 centímetros más que el resto se la pasaban pegándole a los compañeros más chicos, pero que se ponían a llorar cuando tu hermano mayor les pegaba un combo. Igual que marcelo Figueroa, el del cassette de Elvis Presley.

    Así es el honor militar y no tiene nada de lindo. No significa cumplir con tu deber porque te sientes obligado a hacerlo y nadie te lo impone. Significa ponerse un uniforme que trae consigo una red de protección e impunidad que te permite pegarle a tus compañeros de curso sin que se enteren los hermanos mayores, matar gente sin ir a la cárcel y seguir creyéndote honorable vivir el resto de tu vida sin hacer nada útil por nadie, ganando el mismo sueldo aunque jubiles e incluso heredándoselo a tus hijas y tus nietas y por supuesto te permite seguir diciendo que tienes honor, porque tal como a los de la constructora no les importa qué chucha quiere decir que el edificio sea urbano, a los militares el significado de la palabra honor les da lo mismo. Lo que importa son las charreteras y las medallas que te ponen en el pecho.

    Cualquiera es valiente con pistola.

  • Weona Decrétalo

    Hola hola, buenas noches a todos. Qué lindo ver a tanta gente linda reunida hoy. Lo siento harto eso sí, no soy la pilar sordo. Soy el ex neurotípico. Cierren las puertas. Ahora se quedan a escucharme. ñaca ñaca ñaca.

    Una de las cosas más recurrentes que veo en facebook e instagram son las fotos del pasado y la gente diciendo «Oh que lindo era el mundo antes, todo verde, los vestidos tan lindos, la gente tan educada, tan bien vestida, todos iban a misa, el mundo sin autos» y puras huevadas en esa línea. Sin embargo, así como la historia la escriben los triunfadores, los daguerrotipos se los sacaba la gente rica. Entonces, obvio que las fotos del pasasdo son bacanes, si es como mirar fotos de millonarios navegando en yates, veraneando en playa del carmen o paseando en ferrari por la costa azul de francia. Uno siempre ve lo que quiere ver y cree lo que quiere creer. Cualquier persona viviendo en un departamento de 20 metros cuadrados, inclujso en una casa chubi de 12 metros cuadrados, tiene mejor higiene que el rey de francia en el siglo 14. Recuerden que no había alcantarillas ni agua potable y la mierda se tiraba por la ventana al foso de los cocodrilos, que andaban cagados de hambre con ganas de comer esclavos no porque fueran malos sino porque les tiraban mierda todo el día, pero la gente no ve eso, ve al rey vestido con seda y con una corona de oro en la cabeza, que podía mandar a matar a cualquier y culiarse a la esposa de todo el mundo. Insisto, la gente ve lo que quiere ver. Y no solo eso, más encima les venden la pomada de que la felicidad es una decisión y que de todo lo que quieres lograr lo puedes, porque basta con decretarlo.

    Decretarlo po, weon. Anda a decirle a una mamá soltera con 3 hijos, que trabaja de cajera en un supermercado, que sale a las 6 de la mañana a dejar a los niños para irse a trabajar hasta las 5 de la tarde y luego ir a buscar a los niños a las casas de compañeros porque no pudo ir a buscarlos a la salida del colegio, para luego irse a la casa con ellos, darles once y comida si es que hay plata, para luego acostarse a dormir como un estropajo y levantarse a las 6, que su felicidad depende solo de que ella quiera ser feliz. «y por qué no te vai un rato largo a la chucha» te va a decir. «Págame vos los colegios, po, chuchetumare».

    Claro, si no cuesta nada hablar de felicidad y de la fuerza de la voluntad, el amor propio y las «ganas de ser feliz» cuando navegai en plata precisamente dando charlas chantas sobre la familia. Lo penca es que la gente lo cree pues. Y justamente la gente que trabaja en el supermercado, como parquímetros, haciendo aseo, la gente que necesita no ver su propia realidad para no tener ganas de matarse por no tener la vida de la pilar sordo, es la gente que más distorsiona su propia realidad con la weaíta de que uno es lo que quiere ser y ve lo que quiere ver, cuando en realidad quieren que veas lo que ellos ven y sientas lo que ellos te digan. Ellos, por supuesto, son los NT. Obvio.

    Eso es un problema para mí. Supongo que viene del autismo, pero nunca he podido ver otra cosa que no sea lo que hay. Aunque quiera que las cosas sean distintas, no me queda otra que ver lo que hay y no lo que quiero ver.

    Por eso, por ejemplo, no creo en dios. No tiene ninguna lógica. Dios estuvo en las nubes hasta que los hermanos wright volaron por sobre las nubes y desde ahí que inventaron que «era todo una metáfora», pero resulta que llevábamos 1900 años con que no era metáfora, sino que realmente san pedro estaba en una nube sentado con un llavero. Gagarin fue al espacio y vio que la tierra era redonda, confirmando la teoría de Galileo, copérnico y Aristarco de que girábamos alrededor del sol (que por cierto le costó la cárcel a varios, a manos de los sanpedristas) así que nuevamente dios se acomodó en otras oficinas, pasando a una especie de cielo bucólico que existe más allá de la comprensión humana. Lo cierto es que dios es como el viejito pascuero, pero el viejo al menos trae regalos. Cuando superas la infancia se vuelve imposible seguir creyendo en dios salvo que estés dispuesto a ver lo que quieres ver, o a esa edad, lo que los adultos quieren que veas. En mi caso fue lo mismo. Una vez superada la tierna infancia, esa edad en que te dejan tirarte peos, te puedes cagar en los pantalones y mear en la cama y por todo te dicen «oh, pero si está aprendiendo», en la que puedes contar chistes cochinos en la mesa porque te sale tierno (yo contaba chistes cochinos con permiso de mi mamá) entras a la etapa en que esperan de ti que te conviertas en un ciudadano modelo. Así, de un puro huascazo. No más viejo pascuero, no más ratoncito de los dientes ni hadas madrinas, no más dragones ni calabozos, no más reinos fantásticos. (pero sí más dios, eso no cambia nunca) Hay que crecer, ponerse ropa de adulto, salir a trabajar y de un momento a otro creer en el sistema y tener un orgasmo con las charlas de la pilar sordo.

    Parece que las personas autistas somos como Neo, cuando la trinity le decía «eso que sientes, que siempre has sentido, de que hay algo más, que no está todo bien, etc.» viene de modelo con uno.

    Me acuerdo cuando salí del colegio, que di la prueba de aptitud académica y me fue bien, pero no tan bien como yo esperaba así que no pude entrar a estudiar lo que quería, que era derecho en la universidad de chile. Mi mamá estudió ahí, lo mismo, así que yo me había puesto como meta ser igual que ella. Hoy sé que quería darle a ella felicidad, principalmente porque su mamá se había muerto cuando ella estaba en cuarto año de la universidad y no pudo verla titularse. No pudo verla convertirse en la primera profesional de la familia y mi mamá cargaba esa tristeza siempre consigo. Así que yo me dije, voy a ser abogado y me voy a titular antes de que mi mamá se muera y vamos a ir a mostrarle el título a mi abuela a su tumba para que conozca al segundo profesional de la familia. Mira la weá, mostrarle el título a un montón de huesos enterrados en una caja de cemento, pero mi mamá veía ahí lo que ella quería ver. Mi tía veía a mi abuela en uno de sus gatos, nunca lo he olvidado. Creía que el espíritu de su mamá vivía en uno de sus gatos. Eso fue hace tiempo, nunca supe qué habrá pasado después cuando el gato se murió. Bueno, la cosa es que me titulé de abogado pues, y fui con mi mamá al cementerio y le mostramos el título a mi abuela. Ella (mi mamá) lloró de felicidad y nunca he olvidado que le hacía cariño a la tumba, con una ansiedad y un dolor indescriptible. Como si quisiera sacar de adentro a su mamá y llevársela con ella. Ahí entendí lo que significaba todo esto para ella, que yo había planeado hacía ya 20 años y que 20 años después estábamos haciendo. A pesar de que para mí, no significaba nada estar ahí en la tumba, como no había significado nunca nada una ceremonia, una misa, un discurso, una canción nacional, el himno del colegio, el himno de los pacos y todas esas cosas simbólicas que no tienen ningún sentido, estar ahí con mi mamá me hizo sentir su emoción. La abracé, pero de verdad, no por compromiso. Fue empatía creo yo. Me llegaron sus emociones, me traspasaron, me inundaron. Eso me pasa a mí. Usualmente puedo sentir dentro de mí lo que está sintiendo alguna otra persona, cuando quiero, cuando hago el esfuerzo.

    Entonces, quién chucha soy yo para juzgar a alguien por abrazar una tumba o ver lo que quiere ver y no lo que hay? Eso que acabo de decir es digno de pedro engel, mira que el weon anda sintiendo lo que sienten los demás. Que se cree brujo, y por qué no cree en dios el sacowea porque no se le puede ver ni sentir? y la gente que lo siente? porque hay gente que lo siente, po. Yo tuve una polola que era más católica que el papa (la hermana de la coni, mi siquiatra) y a ella yo le creo que sentía a dios, o sea estoy convencido de que ella realmente lo sentía. Igual como yo juro que siento las emociones de las personas, como sentí la desesperación de mi mamá.

    Cuando uno entra a una habitación eso que dicen que «se siente el ambiente tenso», «se podía cortar con cushillo el aire» y todas esas pelotudeces, puta igual son ciertas. Si cuando la gente se agarra a palabrazos en un lugar realmente queda la cagá y hace más frío. Me pregunto por qué uno siente algunas cosas y otras no. Por qué uno ve algunas cosas y otras no. Bueno, hay veces en las que uno no ve porque le da miedo ver. Con una pareja anterior a la actual yo sufrí violencia física y psíquica. Una vez me pateó en el suelo, y no en sentido figurado. Una vez me arrojó una mamadera con leche a mí mientras tenía a una de mis hijas en brazos. Yo veía la violencia y la sentía, pero me daba miedo aceptarla y más denunciarla, por tantas razones, que no les contaré. Al final, quién dice qué es lo correcto?

    La respuesta es simple: no se pueden hacer reglas generales con algo tan delicado y único como las personas. Cada persona es un mundo, un universo completo. Siempre lo dicen cuando uno es chico: Cada niño es un mundo, con su individualidad hermosa, cada alma es especial, así con esa voz de baby channel en las charlas de la pilar sordo, en los jardines infantiles, en las reuniones de curso, en las misas chantas que hacen en los colegios y por supuesto en las clases de catequesis. A uno lo terminan convenciendo de que es especial hasta por el único e irrepetible olor de sus peos, pero después quieren que te conviertas en una fotocopia. Todos los hombres pelo corto, lengua de vaca, camisa, corbata y terno. Todas las mujeres faldita a la rodilla, vestido o a lo más buzo para hacer gimnasia. Todos y todas heterosexuales, por cierto. Pasando todo el mundo por el cedazo de la neurotipicidad. Y por qué? ¿Por que nos enseñan a volar si después nos quieren amarrar las alas? Quiénes son los artífices diabólicos de esta farsa con la que nos echan al mundo del trabajo para producir cadenas de montaje en cadenas de montaje? Somos acaso nosotros mismos? Somos los miembros de la especie humana quienes nos coartamos nuestra propia individualidad por una promesa miserable de progreso y crecimiento que nos tiene al borde de la extinción?

    En todo este proceso infame de decretar la esterilización de la neurodiversidad, yo creo que las personas tratan de ve lo que quieren ver y sentir lo que quieren sentir porque es la única forma de mantener viva la llama de la individualidad, la exquisita fragancia de la excepcionalidad. Mi mamá es única porque abraza a su madre a través de una tumba de piedra en un cementerio. Tú eres inigualable porque crees que te espera la vida eterna sentado en una nube a la diestra de dios padre. Yo, que vengo con fallas de fábrica y soy neurodivergente, les observo con una mezcla de envidia, compasión e incertidumbre. Envidia, porque ven lo que quieren ver y sienten lo que quieren sentir. Compasión, porque no ven lo que realmente hay, o más bien que no ven que en realidad lo que hay es nada ni se dan cuenta de que no hay nada que sentir, y finalmente, incertidumbre de no saber si realmente es mejor la estricta y gélida realidad desde la que se puede construir sobre bases concretas, o la ingenua distorsión de la propia convicción, que no por nublarte la visión de la piedra te impide esculpirla y además te brinda la felicidad de pertenecer a una categoría.

    Lo que sí tengo claro, es que ser neurodivergente es quedarse con la realidad, y ser neurotípico es andar decretando huevadas pa olvidarse del mundo y sospecho que la pertenencia a uno u otro grupo no es opcional. No lo sospecho, en realidad, lo sé.

    Yo estuve tratando de ver lo que supuestamente quería ver, pero que era en realidad lo que la sociedad quería que viera, durante más de 45 años, y nunca pude pasar por el cedazo de la normalidad. Yo nunca pude decretar. Siempre fui autista, pero nunca lo supe. Sospecho que para todos y todas es igual. No se trata de elegir si quieres ser neurotípico o neurodivergente, se trata de descubrir cuál de los dos eres, y de abrazar esa verdad con honestidad. No se trata de ver lo que quieres ver, sino de querer lo que ves. Así que nada de weona decrétalo, nada de inventarse mundos felices a costa de la propia realidad.

    Weona, acéptalo, tu sicología barata solo sirve para la gente que puede pagarte la charla. Las personas reales no andan decretando pelotudeces por la vida.

    Gracias, gracias, a todos por venir a la charla. Pueden comprar mi libro y mis calendarios con fotos mías distintas en cada mes en el lobby.

  • Colegio Andrée 2: Ferrer

    Last week in Exneurotipiends (voz de Joey Tribbiani)

    «Change color»

    «José Ignacio Piña llegó a ser presidente del Consejo de Defensa del Estado»

    «La josefina bravo jamás iba a tomar el curso más desordenado»…

    FERRER…

    Ahora, la conclusión…

    Así no más po. Ferrer. Estábamos abandonados por el dios del colegio Andrée, que era margalet, y ferrer dijo yo voy. Con eso debería bastar para que se ganara el cielo, pero la vida nunca te da lo que mereces pues- Ferrer no era la gran cosa, pero en el país de los ciegos el tuerto es rey.

    Debería hablar algo más del colegio andrée. Yo llegué a ese colegio en 1985. El colegio se había formado en 1967, o sea, llevaba poco Era el típico colegio que estaba buscando hacerse un nombre en la escena escolar santiaguina de los 80. La directora esa la típica vieja culiá facha que se creía del pueblo. Nombró al colegio en honor a su madre. Por eso, se suponía que todos debíamos casi tener un orgasmo inmediato por el solo hecho de escuchar el nombre. Era de las típicas viejas que esperaba que porque el colegio estaba nombrado en honor a su mamá uno se volviera loco con eso. Cuando mi mamá me postuló al colegio, me entrevistó un profesor que se llamaba julio rojas. Era un clásico neurovidergente adulto que no sabía que lo era. Pero él vio mi potencial y me informó positivamente, muy a pesar del plan del colegio. y entré po. El colegio Andrée. Na de weás. Un colegio privado, pero con los camarines hediondos. Lo más triste del colegio Andrée de los 80 es que no recuerdo nada de manera especial. No hay nada que valga la pena recordar salvo, por supuesto Ferrer. Quizás un par de auxiliares, de esos que contratan en los colegios y los ponen en los libros de fin de año para que uno siempre tenga claro que a los rotos también los consideran, pero en realidad son rotos, son empleados no son personas. Quizás un par de fotos de alguna actividad no tradicional, como el club de teatro. Recuerdo cuando inmortalicé a un homosexual en el club de teatro, en una obra a fin de año, frente a todo el colegio. Quedó la zorra. La directora se levantó en cada una de las funciones y habló sobre la decencia, la biblia y las buenas costumbres. Y el weon ni siquiera era explicitamente fleto. Era amanerado no más. Que colegio de mierda.

    Sin embargo, dentro de toda esta mierda, había un par de mojones que olían distinto. Uno de ellos era Ferrer.

    Ferrer.

    Ferrer escribió un libro. «Los españoles del winnipeg, el barco de la esperanza». Por allá por 1990 lo presentó como su gran obra en el círculo español de Santiago, en la estación los héroes de la línea 1 del metro de Santiago. Me acuerdo que nos enteramos y fuimos hasta allá, con varios compañeros, de los cuales solo recuerdo a la francisca salinero. Llegamos, entramos, nos arriesgamos. Y el weon no dijo nada más que «y ustedes qué estaán haciendo aquí». Onda, » por qué vienen si son solo alumnos, ustedes no son parte de mi vida, son una mierda a la que debo hacerles clase para pagar la luz, etc.»

    Ferrer usaba corbata y bigote. Terno Café. Lo anticipé en el capítulo 1, pero hay que profundizar. Era su esencia. Ferrer necesitaba de manera enfermiza la normalidad. Cuando nos tomó como curso, fue una noticia positiva para mí porque el weon me tenía buena, pero a poco andar me di cuenta de que su compromiso con la neurotipicidad era absoluto. Era tan weon que mis compañeros todos los meses, por huevear, me cantaban feliz cumpleaños los días 28 de cada mes, y el weon sonreía y lo celebraba. No sé si sabía que hacía tan solo un mes me habían cantado por lo cual era imposible que fuera mi cumpleaños o simplemente el weon era tan tonto que no se acordaba, pero no decía nada, o peor todavía, se hacía el weon. Era el estilo completamente opuesto a margalet. Margalet nos habría chucheteado a todos por imbéciles, pero los dos eran igual de malos, porque ninguno estaba preocupado de la razón por la cual me cantaban todos los meses que era, simplemente, huevearme. Margalet estaba preocupado de las notas y ferrer de que su curso apareciera como uno sin problemas.

    Ferrer fue el weon que nos llevó al viaje de estudios. Y como el colegio se creía cuico, fuimos a uruguay, argentina, paraaguay y brasil. Cinco minutos en cada país, pero estabas listo para contgar que habías viajado a cuatro países en el viaje de estudios. Igual hasta hoy me pregunto como chucha aceptas ir a un viaje con 30 pendejos que eran conocidos por ser los más culiaos del colegio. Ferrer se merece mi respeto por eso porque se la jugó y llegó de vuelta a chile con todos los weones vivos. Mientra tanto, otros cursos tenían escándalos, papás que viajaban a ver a sus hijos y otras weás peores. Raya pa la suma, ferrer controló la weá y no se puede negar.

    Algo me pasa con Ferrer. Odiaba y odio su bigote perfecto, su terno café y su voz digna de la Rae, pero no logro odiarlo en realidad. Él intentaba enseñarnos la virtud y la típica weá de los profes y estaba casado el weon y se comía a la leonor mateo que era la profesorade biología. Con el tiempo fue tan obvio que los dos se volvieron pareja y nadie más lo cuestionó, pero mientras yo me preguntaba si tenía que respetar a ferrer por su infidelidad mi mamá se separaba de mi papá porque se había enamorado de otro weon que conoció en el trabajo, entonces la absolutez de las cosas se me iba a la cresta de a poco y ferrer se convertía en una simple muestra de que somos todos seres humanos y que mi mamá era como él.

    Cuál es, entonces, mi real opinion sobre ferrer? Acaso es un profesor cualquiera de esos que no calan hondo y que pasan por la vida como pasa una ventolera por la playa? o acaso es uno de esos pilares fundamentales que la humanidad encuentra durante su desarrollo, de cuya comprensión depende no solo la existencia humana sino la misma subsistencia del universo?

    Hay que decidirlo. Esta weá no púede quedar sin resolver.

    Partamos por decir que el solo hecho que ferrer no me deje dormir es suficiente para que el weon no sea cualquier cosa. O sea, margalet me da lo mismo, duermo como rey, pero ferrer merece mi tiempo. Eso es algo.

    La cosa es que ferrer no es solo un profesor, ni un concepto, ni una forma de enseñanza.

    Ferrer es una forma de vida. La corrección, la perfecta adaptación, la neurotipicidad. La respuesta esclava a una forma de enfrentar la realidad que por antigua parece extendida, que por ruidosa parece correcta. Ferrer es la norma. La heteronorma. Ferrer es lo correcto. Lo normal. Ferrer es el palo de un metro que está guardado en francia y que mide realmente un metro, y da la norma para todas las weás que miden un metro. Más encima, Jaime ferrer era un weon bienintencionado, que quería ayudar, que quería educar, pero estaba consumido por la norma. Está consumido por él mismo, por todo aquello que él representaba. Yo pongo a Ferrer a la altura de todo el sistema educacional chileno, que más que personas quiere formar drones que colaboren con la construcción de una sociedad automatizada. Sin embargo, el weon me quería. Me leía los poemas pencas, me hablaba con pasión del quijote de la mancha., que es la weá menos apasionante que existe.

    Hacia el final de la época escolar, ferrer nos dijo que teníamos que hacernos cargo del anuario del colegio. Era algo que hacían los cuartos medios, pero mi curso de mierda no iba a hacerlo. Yo pensé que ferrer se lo merecía, que lo había dado todo por nosotros aunque el curso pensara que era un pelota. Así que me hice cargo del anuario. lo hice casi todo yo. De verdad. Casi todo. Y hasta le dediqué unas líneas por su entrega al curso. Quedó como la típica weá poco sentida que se pone en los anuarios. «Ahí está el hombre que nos enseñó….» etc. Algunos compañeros y algunas compañeras lo leerán y dirán «que es esta weá», pero no saben que realmente lo que hizo ferrer fue traerlos vivos del viaje de estudios, y sacarlos vivos de cuarto medio. Cuando uno está en un colegio que quiere ser cuico, chocar curao el fin de semana es una weá esperable, es casi un requisito. Así que ferrer lo logró, aunque mis compañeros nunca lo supieron.

    Ferrer no era un neurotípico porque no le dio el cuero pa ser distinto, porque no tenía ninguna neurodivergencia, porque no le daba para más. Ferrer no era neurotípico por descarte. Él era el neurotípico the real. Al lao de neurotípico en el diccionario aparece la misma foto que en este post. Ferrer sonriendo. Lo más sorprendente para mí es que siempre lo voy a querer. No por ser esto ni otro. No por ser blanco ni negro, sino porque el weon era auténtico. El weon me demostró que realmente hay gente que sigue la norma y es feliz. Que realmente si yo no quería seguir la norma, era porque era distinto, no necesariamente rompedor de esquemas y un weon raro. En un sistema educacional que intenta formar personas peinadas a lo lengua de vaca, encorbatadas y con terno, ferrer optaba conscientemente por peinarse a lo lengua de vaca, encorbatado y con terno. Eso es quizás incluso más difícil que ser distinto, como era yo. Ser un modelo perfecto de la norma porque efectivamente crees en la norma, me saco el sombrero. Sin burlas, sin socarronería, sin change color ni escala de notas. Jaime Ferrer creía en que había que ser neurotípico y eso lo respetaré hasta el día que me muera.

  • Colegio Andrée I: Change Color

    He hablado harto de cuando era bien chico. Los 80, bernard, harta nostalgia. Es tentador, uno quiere volver a la edad de la inocencia, como dijo Martin Scorsese, pero cuando se han vivido casi 50 años, hay harta más década que recordar que solo la primera. Y como la idea original de este blog era contar experiencias de autismo, sería bueno volver a ello antes de seguir odiando tanto al mundo. Veamos

    Entre sexto y octavo básico no me iba muy bien en el colegio. O sea, mal tampoco, pero no era un alumno excepcional ni nada de eso. Al menos, no en términos neurotípicos, que son los términos que importaban. Me gustaba harto la música. Incluso en el colegio en el que estaba jodí tanto hasta que hicieron una extraprogramática de órgano. Órgano po. Esos casiotone, con ritmos y sonidos distintos, todos re pencas. O yamaha. Me dijeron que si quería tener una extraprogramática de órgano tenía que conseguir por lo menos 5 alumnos que quisieran tomarla. Qué me han dicho. Póngale interés profundo, más conocido en esa época como obsesión. Así fue como conocí a mi amigo José Miguel. Era el presidente del octavo B y le fui a preguntar si algún alumno querría tomar clases de órgano. Huevié y huevié hasta que tuve 7 alumnos. Contrataron a un profe y lo pusieron a hacer clases. Pencas las clases, pero fue mi logro. Creo que fue el primero proveniente de las «externalidades positivas del autismo» como habría dicho mi profesor de economía, el chico silva.

    Con los años hubo más. En primero medio, no sé por qué, empezó a irme bien en Castellano., historia y geografía, inglés, francés, ciencias sociales y obvio, música. Realmente no sé por qué. El día en que entregaban la primera prueba de castellano de primero medio, Rodrigo Carreño me preguntó cómo me había ido y yo, acostumbrado a no creer en mí por más de una década de maltrato silencioso por parte de mi padre y protección invalidante por parte de mi madre, dije «yo creo que mal». En castellano me había ido mas o menos en todo el «segundo ciclo básico». Reguleque, como ganar 3 millones y medio no más. Por qué iba cambiar algo. Pum. Pérez, 6.5. Quéeee. Carreño me dijo, saale weon y pa qué decís que te había ido mal. O sea, vos cachai que yo odio todo, lo que implica que odio también a esa gente que dice que le va mal y se hace la que está preocupada solo porque es lo que hay que hacer. Y sin quererlo, lo juro, lo juro sr. juez, sin quererlo, yo había sido eso. Weno. La cosa es que nos reímos con Carreño y se convirtió en una tradición que yo le decía que me había ido mal y, lo más curioso de todo, se convirtió en una tradición que me iba bien. Ahora mismo, en este mismo momento mísmico, me sigo preguntando qué fue lo que cambió y si quizás tuvo que ver con la llegada de la profesora Josefina Bravo, una crack famosa porque tenía un Lada Samara y porque no leía las pruebas. Uno de los mitos urbanos del colegio era que un alumno había puesto entreparéntise (lean el blog completo pa saber por qué lo pongo así) una palabra sin sentido en uno de los párrafos de respuesta, y ni siquiera se lo habían observado con lápiz rojo. Otro mito decía que si partías tu respuesta con «desde una perspectiva amplia…» tenías asegurado el punto. Porque así era la cosa, 6 preguntas de desarrollo, punto base, 1 punto por pregunta y un cuadernillo de matemáticas para contestar. Un cuadernillo eran 4 hojas de oficio de matemáticas dobladas al estilo librillo. Y la puntuación? la rúbrica? la escala de corrección? chúpala con mayo. En el reino de la educación el profesor era el emperador, y no porque guardara las peras en cajas sino porque corregía como se le paraba el hoyo. En este empeño, claro, la barra era un importante elemento de juicio. Tenías que caerle bien a la profe y yo le caía bien a la josefina. Sin embargo, yo era un hijo de Ferrer.

    Ferrer había sido nuestro profesor de castellano en séptimo y octavo, y a pesar de que mis notas no eran de esas que daban orgullo al maestro, él me quería. Le gustaban mis poemas horribles e incluso se los pasó a un poeta español que vino una vez al colegio para que los leyera y el tipo le puso «persiste muy buena cualidad poética». Como era poeta, quién sabe qué quiso decir, quizás estaba diciendo que hacía frío en la antártica. Así es, la poesía me carga. Todo me carga. Bueno, uds. Saben. En todo caso, Ferrer tenía varias virtudes. Era un buen ejemplo de neurotípico total. Ya hablaremos más de él, pero uds no saben cuándo.

    Ferrer nos dejó en primero con la josefina, que era chistosamente dispersa. Sin embargo, ahora la valoro. Ahora el hueoncito se da cuenta, ahora cierto, ahora que la pobre no ve los frutos. Si po, ahora. Y qué tanta weá. Ahora la valoro. Ella realmente creía en las letras como un medio de expresión artística. Creo que era la única del colegio que lo creía. Ella hablaba disperso, porque hablaba el idioma del arte. En cambio, ferrer y todos los demás, se cortaban el bigote perfecto y se ponían la corbata y la chaqueta para formar personas adecuadas a las necesidades de la sociedad. Hombres y mujeres de bien, capaces de aportar su granito de arena al engrandecimiento de la humanidad a través de la sagrada práctica de marcar tarjeta por el resto de su vida. La josefina me vio. Ahora lo sé. Yo escribía mis pruebas en autista y ella se dio el tiempo de entenderlo. Por eso me iba bien. Ahora recuerdo que ese año me explicaba cosas que no había entendido de mis respuestas y me enseñaba a decirlas de otra forma. Qué grande. Nunca me dijo nada. Yo creo que no sabía, solo vio algo que los demás no.

    Entonces, repasando la profesoritud de la vida, voy encontrando ejemplos dolorosos de incomprensión y recuerdos sorprendentes de virtud, todo por supuesto en relación a la neurodivergencia. Es difícil juzgarlos, porque para ellos y ellas igual que para mí, el autismo era vomitar espuma por la boca, pero no solo de autismo viven las personas. Ha llegado la hora de hablar de margalet.

    Como le dije a mi hija cuando me preguntó cómo abordar un discurso si tienes poco rato para darlo, partamos por el final, así después solo explicas como llegaste a él.

    Margalet fue una mierda como profesor.

    Tanto, que cuando se murió me puse contento. En serio. Claro, seré criticado. Mansa weá. Me critican por todo. Al menos que me critiquen por weás que son ciertas. Bien muerto está el chuchesumadre Igual que Guzmán, Goebbels y Hitler. Bueno, hitler y Goebbels viven en Ganímedes junto con Michael Jackson, Elvis Presley y Yosip Ibrahim. Son los políticos los que no pueden decir la verdad porque pierden votos. A mí me dan lo mismo los votos. Para lo único que me han elegido en la vida fue para el concurso de ortografía de primero básico.

    Una vez estando en octavo un compañero mío de nombre Jorge Hales, que estaba muy presionado por las notas, porque no le estaba yendo tan bien, sufrió un ataque de pánico en clase de matemáticas. Margalet estaba entregando las pruebas. La cosa es que las entregaba en orden de notas, de la mejor a la peor, públicamente y diciendo en voz alta el nombre del alumno. Tenía este sistema estúpido en el que si te sacabas entre un 5.5 y un 6.4 te ponía un 6, 4.5 y 5.4 te ponía un 5, etc. Entonces, se sentaba y decía, los sietes! y empezaba, los seises!, etc. Si pasaban los sietes, ya no te habías sacado un 7. Bueno, la cosa es que a jorgito todavía no le entregaban la prueba y ya iban en los treses, que es donde siempre me la entregaban a mí. Súmale a esto que margalet se sonreía primero con orgullo, botando baba por los sietes y luego con socarronería y burla a la altura de los 3. A mí siempre me decía, veo que ud. es un hombre de principios, se mantiene en su nivel. Así de estúpido. Era tanto una mierda que a fin de año ponía en un papel mural a todos los alumnos que sacaban buenos puntajes en la prueba de aptitud académica, que antes s ellamó bachillerato, después PSU y ahora quién sabe cómo, e indicaba a qué carrera habían ingresado: Ingeniera en esto, construcción civil, Arquitectura, etc. Mi hermano se sacó el manso puntaje en la prueba de matemáticas y en la específica de matemáticas, pero el weon no lo puso, porque cristián entró a estudiar al conservatorio de la U. Católica, una carrera que no le daba prestigio a los matemáticos del colegio y claramente no era un ejemplo para las próximas generaciones.

    Ok, jorgito ya estaba nervioso por ahí por los cuatros. Margalet tenía una práctica humillante (oh sorpresa) que era gritar fuerte «Change Color» para cambiar el color del lápiz cuando empezaban los rojos. Fue ahí, cuando sentenció que ya no había más azules, que Jorgito colapsó. Empézó a faltarle la respiración, se cayó al suelo, se paró, vino corriendo donde el profe. Yo lo vi, porque estaba recibiendo mi 3. Tomé a jorge de los hombros y lo llevamos a la enfermería. Fin del episodio.

    Los papás de jorge tuvieron una reunión con el profesor jefe (este weon que era de educación física y me despreciaba porque no era un deportista de elí) y con la directora del «ciclo» y con la directora del colegio. Ey, no se pierdan, 1990. No fue para hablar del profesor, ni del sistema educativo, ni de la práctica de entregar las notas así. Fue para ver qué estaba pasando con Jorge que estaba tan mal, qué estaban haciendo mal los papás que Jorge no respondía como los demás alumnos. Al final jorge se cambió de colegio. Cuando se fue, todos decían, ohh, jorge no se la pudo con el colegio porque es muy exigente. Me llevé la impresión de que casi estaban orgullosos de que se tuviera que haber ido. Recuerdo lo mismo con el cristian reyes, el rodrigo jara, la paula castello. La Paula y Rodrigo , hoy los recuerdo, eran evidentemente neurodivergentes. La paula era autista, sin duda. Rodrigo tenía atención divergente. El negro reyes pa mí era flojo no más, pero en fin. No llegaron a la meta. La pregunta es, Cuál era la meta? Otro compañero al que echaron del colegio, porque lo echaron, por flojo y penca, se llamaba Juan Piña. Lo echaron en sexto, el año que llegué.

    Mis sospechas se confirmaron. A la clase siguiente, margalet nos dijo que le daba pena lo sucedido, pero que teníamos que aprender no solo matemáticas, sino también cómo era el mundo. Así de imbécil. Para mis compañeros neurodivergentes, blancos y católicos, que no eran ingenieros solo porque estaban en el colegio todavía, margalet era un dios. Estaba en la cima de la cadena alimenticia neurotípica, sentado seleccionando normales y despreciando a los subnormales. Y como las historias de terror siempre tienen un giro inesperado, a partir de primero medio el weon más encima fue mi profesor jefe. Uy si los apoderados estaban con un orgasmo múltiple, qué suerte tenía el primero A, tenían al mejor profesor como jefe. Al mejor!! Un weon que le había provocado un ataque de pánico a un alumno. Me estai hueveando. Éramos un curso de esos sagrados. Intocables. Malditos. Teníamos el mejor promedio del colegio, pero éramos el curso más desordenado y como el colegio era aspiracional, es decir, aspiraba a ser cuico y famoso, nos aguantaban todo. Se supone que Margalet nos iba a domar, con toda su experiencia y sus frases estúpidas como «estas canitas valen». A finales de segundo medio colapsó y arrancó como un cobarde. Renunció a la jefatura porque no se llevaba bien con nosotros. Y eso que Jorgito Hales ya se había ido. Claro, ahí se vio quién era quién. Otra cosa es con guitarra. Querís canela, weon? El que quiere celeste que le cueste, camaron que se duerme amanece más temprano, no hay mal que poco aprieta, etc.

    Cagaste, pelao cobarde. Arrancaste como una vil rata de cloaca, como decía Kojak y también yo. Y tus mierdas de enseñanzas no le sirvieron a nadien. Se fue juan piña y ahora es un súper académico y hasta fue presidente del consejo de defensa del estado. Cómo le habría gustado a Margalet y al colegio vanagloriarse de ese ex alumno. O sea, ex alumno era, pero no podis decir con orgullo en tu página de internerd que al presidente del consejo de defensa del estado lo echaste en sexto básico porque era desordenado, así que lo felicitamos por su logro.

    Jorgito Hales. Ahora también es académico y es un súper abogado de derecho tributario, o sea de impuestos y cosas así. Esas weas no las sabe nadie. Nadie. Y seguro que estaría entre los super destacados ex alumnos del colegio

    La Paula? vi unas fotos. Es feliz. Con eso me basta. Bueno volvamos al curso. Se fue el sádico y abusador de Margalet. Más encima se llamaba justo. Dónde la viste.

    Y adivinen quién llegó.

    Nunca tanta suerte No fue la Josefina. Ahora éramos el curso maldito. Ella habrá sido una profe distinta, pero weona no era. Y estaba con su curso en tercero medio.

    Dónde fuego hubo cenizas quedan. Besos y abrazos no quitan pedazo. Aunque te pillen clavado niégalo todo.

    Ferrer.

    Obvio que continuará pues.

  • Goto crest

    Los años ochenta fueron mucho más de lo que yo alcancé a notar. Será porque cuando comenzaron yo tenía 6 y cuando terminaron 16. Bueno la verdad es que cuando comenzaron yo tenía 5 y cuando terminaron 15, pero cumplí 6 y 16 en febrero de 1980 y 1990, así que pal caso da lo mismo. Y bueno, si pal caso da lo mismo, pa qué chucha lo digo, nosierto? No sé, pero me gusta cuando me dijeron que el blog era como hablar conmigo así que cualquier weá que se me ocurra la pongo no más usualmente entreparentise y si no, como ahora, a sangre de pato. Hace rato que quería escribir sobre goto crest. No tanto rato como para haber hecho una entrada después de haber querido escribir sobre goto crest y haberle dado preferencia a otra cosa. O quizás sí. Parece que sí. Parece que Nombres es posterior a Goto Crest en mi mente. Como cuando un grupo saca un disco y después compone un segundo disco pero lo publican después del tercero. Saonda.

    En fin, goto crest es un comando de Basic, el idioma en que venían los computadores atari 800 y 800 xl en los años 80. En verdad no es un comando. O sea, goto sí es un comando. En esos computadores, que tenían la gracia y desgracia a la vez de que no tenían windows, uno escribía línea por línea lo que quería que el computador hiciera. Había varios comandos, if then, for, poke, etc. Etc. no es un comando, es que estoy diciendo etcétera había más comandos, pero igual podría ser un comando. Onda ETC 200 y el computador, por ejemplo, se tiraba un peo. Weno, la cosa es que Goto era un comando simple, ponias goto y un numero de línea (una línea de tu programa) y el computador se iba a esa línea, saltándose las demás, o devolviéndose si era anterior. Como soy re penca, no pongo un diagrama pa que se entienda pero pondré una foto a mitad del blog, weá que nunca había hesho. Tenemos un contacto con Julio López Blanco que está en el pasado, adelante Julio:

    Graciasa, Matíaseh, me encuentro enna el ineteriora de une computadora ataria donde podemoseh vera una genuina línea GOTOa. Adelante estudios centrales.

    Gracias por ese contacto, amaro.

    En otras noticias, mi hermano y yo aprendimos a programar en Basic, pero programábamos puras huevadas. Yo una vez hice la canción de jimán (es he-man) y sonaba re bién. He-man po weon, El hombre, con Cristián debatíamos sobre la naturaleza jurídica del nombre de he-man y el nivel de retraso mental (recuerden que es 1984) del que había inventado el nombre. Y más encima, para desordenarme el mundo, a la weona en vez de ponerle she-woman, le ponen she-ra.

    Teníamos unas revistas Analog donde venían unos programas para copiar en Basic. La portada tenía unos dibujos la raja de naves espaciales y mundos alienígenas y cuando copiabas el programa salían puros cuadritos de colores. El cuadrito azul era el cielo, el verde el marciano y el rojo eras tu. Y uno se volvía loco con la weá. Eso cuando lograbas hacer funcionar el juego porque había un comando que era DATA y que venía seguido de una fila etearna de numeros, y con uno solo que copiaras mal, cagaba todo, dando por descontado que los weones no había copiado mal los números en la revista misma.

    Así que para no complicarnos la vida, tomábamos el computador y programábamos leseras como la canción de he-man y, por supuesto, goto crest. Era tan simple como poner en la primera línea crest=3, por ejemplo, y después en la 2, poner goto crest, cosa de que el computador fuera a la línea 3, no porque fuera a la 3, sino porque crest era igual a 3 así que tenía que irse a la línea tres. Ey, teníamos 11 y 8 años, no me vengan a rebatir la lógica y menos el uso del tiempo libre. Todo esto venía de la necesidad imperiosa que teníamos como hermanos de mandarnos a la cresta cada vez de maneras nuevas y creativas. Mi hermano una vez me mandó a la cresta con un cartel que puso en mi cama. Yo, le encargué a su mejor amigo que le entregara un sobre con una tarjeta de esas esquelas que vendía village, y le pedí a una compañera que le pusiera «para cristián» pa que el weon se excitara pensando que era la carta de una amiga declarándole su amor al estilo de los 80, que no era retro porque eran los 80, abrió y ahí estaba mi letra: «ándate a la cresta». Etc.

    Con los años, él me mandó una postal desde francia mandándome a la cresta, lo que fue sin duda un triunfo permanente de su parte.

    Bueno, el programa computacional goto crest fue diseñado y ejecutado por mí, pero fue un fracaso. El computador no quiso entender que crest era lo mismo que 3. Así que mis incursiones en el mundo de la cibernética terminaron ahí, pero la palabra no. Hasta el día de hoy con cristián nos decimos goto crest. Así que, a pesar de que la copa «ándate a la cresta» está en los estantes de su casa, el real triunfo, ese que cala hondo en la idiosincrasia y se queda para siempre en el corazón de todos los shilenos, ese fue mío.

    Así fue como nació gotocrest, que hoy uso de manera indiscriminada para mandar personas, países, estados, sociedades, corporaciones, empresas, ideas, perros, gatos, chanchos, conejos, cucarachas y hasta tardígrados a la cresta. Y como odio todo, lo uso bastante.

    Por ejemplo. La gente muere de hambre en áfrica? Goto crest. La gente muere de hambre en la calle de enfrente y si no lo ves porque crees en la prensa manejada por las 7 familias, goto crest. Y si lo ves y no haces nada, goto crest. Y si crees que no hago nada y solo escribo un blog goto crest. Y si no lo crees, goto crest.

    Crees que los delincuentes deben pudrirse para siempre en la cárcel? Goto crest. Te compraste toda la canasta que te venden los empresarios fachos, de que hay personas buenas y personas malas, de que nosotros somos los buenos que viven en la ciudad y los malos son los que viven en el bosque. Nunca has manejado curao? Nunca has meado en la plaza? Nunca te pegaste una cacha en un auto o en una playa? Todos esos son delitos en chile. En chile todo es delito, porque todo se soluciona condenando a las personas por cualquier cosa. No hay interés en enseñarle a las personas a no hacer cosas malas, solo hay presupuesto mental y emocional

    Básicamente, goto crest para todos y por todo, siempre. Eso permite una armonía en el continuo espacio-tiempo que me brinda paz mental. Hay que gotocrestearlo todo afuera, como la primavera, como decia la mami mercedes.

    Sin embargo, algo cambió desde 1980, y no son solo los computadores que por gracia y desgracia ahora parecen museo y tienen ventanas y ratones. Tampoco es solo he-man que pasó de ser un dibujo inocentón que daba consejos simplotes a ser un guerrero hambriento de sangre de skeletor que da puntos por sangre, como todo hoy.

    No. Lo que cambió es gotocrest. En 1980 yo gotocresteaba a mi hermano y con cueva a mis primos, y no me pescaban. No había posibilidad de gotocrestear a las multinacionales, ni a los fachos, ni siquiera a los weones que iban un curso más arriba. Hoy le pongo gotocrest a todo. Desde que descubrí mi autismo, sin asco. Sonríe y saluda, gotocrest. Ponte corbata, gotocrest. Compórtate con normalidad, gotocrestgotocrest. Cómo me gustaría haber sabido que gotocrest era como el sable láser de los jedi.

    Por eso ahora mi plan es convertir a gotocrest en tendencia, hashtag, la
    palabra del año, que seamos auspiciadores de los juegos panamericanos y los panpanamericanos, que aparezcamos en el logo de la coca cola y principalmente que autistas, neurodivergentes, personas con tea, personas con autismo, personas en el espectro, enfermitos, taraditos y tullidos, como quiera que nos quieran llamar, empecemos a darle gotocrest al estado, al gobierno, a las empresas fachas y las empresas que no son fachas (hay dos o tres creo)(en el mundo) a los pelotudos que piensan que para ser autista hay que vomitar espuma por la boca y las pelotudas que tratan de enriquecerse a costa de nuestra condición.

    La invitación es, entonces, para ti, joven autista del shile de 1980, a ti
    te hablo. Acércate a cualquier de las sucursales de savory, o a cualquiera de los locales de supermercados uriarte y garmendia, marmentini letelier, almac, cosmos, agas o a las multitiendas la polar, enrique guendelman y la casa del pie chiquitito, exige tu cresta de gallo en version gamuza, terciopelo o moletón estampado y envíala por correo a la casilla 1, santiago o a bellavista 0990 a nombre de iniciativa gotocrest. También es para ti, persone de 2023, haz click en tripledobevé punto GK2023.org.ar.net.com. y cambia el mundo dándole un like a la iniciativa Gotocrest.

    Cualquiera sea tu año, tu época, tu tiempo, tu lugar o la frecuencia de
    radioastronomía a la que vibra tu humanidad, participa y elige lado. O mandas a la cresta todo, o te vas a la cresta con todos. Como dijo primero George Bush y después Anakin Skywalker, if you are not with me yuar mai enemy.

    Y bueno, si no te gusta, pa qué te digo lo que puedes hacer…

  • Nombres

    Mi querida amiga Jessica Vergara, que tiene nombre de heroína de marvel y apellido de festival de la canción, me preguntó hoy sobre qué pruebas me habían hecho para darme mi diagnóstico de altas capacidades. No me hicieron ninguna. Mi querida amiga Constanza (ya van dos queridas amigas), que se llama como su mayor virtud y que es mi súper siquiatra, me diagnosticó en sesiones seguidas, de autismo y de altas capacidades, además del toc que ya sabía y de trastorno ansioso. No fui a ningún test de ados-2 ni a una evaluación formal con «profesionales certificados» de esos que se preocupan de que no haya «sobrediagnóstico» como si fuera posible que una persona «se haga pasar por autista» o peor aún «se comporte un poco como autista sin serlo y por eso le certifiquen que es autista». En mi instagram seguí a algunas chicas autistas que cuentan sus historias y me empezaron a llegar avisos de autismo. Evaluaciones, pulpos con caritas, cursos pagados, todos los negocios formados al lado de la nueva moda que es la neurodivergencia. Todo es un miserable y asqueroso negocio, incluso la forma distinta de ver el mundo de tantas personas que se descubren a sí mismas como gatos en un mundo de perros y terminan convencidas por la lluvia de ofertas de que tienen que pagarle a un desconocido para que les dé permiso de pensar como piensan. Como si no fueran a seguir haciéndolo sin el papelito. Como dijo maravillosamente mi querida amaranta, con ese nombre maravilloso forjado por García Márquez en su país mágico que todos deberían conocer, esto es lo mismo que el machismo y la homofobia. Los que están en contra de todo son siempre los mismos. Los blancos católicos universitarios profesionales millonarios. Y como no hay cupos para más millonarios en el mundo, la gente que necesita ir al médico, comprar pastillas, pedir un ajuste en el trabajo o que le traten con dignidad a sus hijos en el colegio está obligada a pagar las evaluaciones. Y como son los ricos los que controlan el mundo y las leyes, comienzan a salir las exigencias de cursos y las ofertas de magísteres inventados para sacarle plata a las personas neurodivergentes por ser como son. Obligao a pagar. Sin receta no hay medicamento. Sin certificado no hay permiso. Sin convulsiones no hay autismo. Y ahí entremedio estoy yo y otras personas como yo, que tenemos el color correcto en la piel y odiamos no necesitar nada, como mi amiga francisca, que de ropas café y animalista no tiene nada.

    Así no más. Yo tengo suerte. No necesito estar diagnosticado para obtener nada, porque ya lo tengo todo. Mientras era neurotípico conseguí todo lo que los neurotípicos quieren: Casa, autos hijo, hija, perro, deudas, membresía de un club de rotarios (no es broma, soy miembro de un club de rotarios), segundo auto, vacaciones en la playa (en el departamento de mi mamá, pero los vecinos no saben así que paso por BUCARPIM sin problemas. (Blanco universitario católico apostólico romano profesional intolerante y millonario). Es una de las categorías reconocidas internacionalmente por la asociación de weones amargados que Odian todo (AWEONAOT) creada por mí para combatir el incesante avance de los miembros del consejo internacional latifundista nacionalista totalitario de ricos ostentosos (CILANTRO). Si realmente crees que estas instituciones existen, eres más aweonaot de lo que pensé y seguramente confundes el cilantro con el perejil.

    Así no más pues. Soy la perfecta imagen del privilegio. Hoy fui a dejar a mi hija a un cumpleaños en un condominio cerrado en la punta de un cerro. Avancé por casas tan cuicas, que ni siquiera las hicieron pobres para ricos, sino que las hicieron los mismos ricos. Mi natita, que no es leche dura sino pacífico nacimiento me puso sobre aviso de que me encontraría con gente de mucha plata y que eso quizás me torcería la mente al punto de provocar un estallido, pero tal como para el otro estallido, esa no es la forma. Lo curioso es que llegué al cumpleaños y las personas que invitaban eran bien simpáticas. Hola, bienvenido, bienvenida tu debes ser emilia, adelante pasa te están esperando. Feliz a jugar se fue mi Emilita, que lleva el nombre de la mamá de mi papá que vistió de café hasta su último día para agradecer que mi papá se mejoró de la polio. En fin, el anfitrión y la anfitriona me dijeron «ustedes vienen de concon». «o sea, venimos llegando de concon de vacaciones» ah entonces son valdivianos «somos santiaguinos pero vivimos en valdivia hace cinco años». Nada de «hola bienvenido, mira por favor pasa a mi salón de visitas y siéntate en mi sillón de cuero de antílope mientras te sirvo una copa de dom perignon u lala». (u lala es el tipo de dom perignon, que es un tipo de champaña, cosa que sé solo porque veo las películas de James Bond y al weon arribista (porque es un muerto de hambre nacido en la pobreza) le gusta la champaña de marca y puras huevadas) (otra vez puse paréntesis dentro de paréntesis) (mi profesora de física decía «paréntise y a mi me daba harta pena) Ahi enmtonces me enfrenté a un quiebre en el tejido del espacio tiempo. (en inglés la palabra es mejor es «the fabric itself of space time) The fabric es algo así como «la tela» del espacio tiempo. Me gusta más. La tela no está tejida po, es una tela. Es más significativo que haya un quiebre en una tela que en un tejido, porque el tejido está lleno de hoyos. En fin, el quiebre se produjo porque no puede ser que alguien de plata no se crea la raja. No en mi universo limitado por las malas experiencias con los ricos y hediondo a odio. Es que todo se me convierte en odio a mí. El odio es mi motor. Debe ser porque soy un weon privilegiado de mierda que quiere cambiar el mundo pero no puede porque esta hundido en el privilegio. Y ahí estoy, saludando a este BUCARPIM, especimen exquisito de raigambre adinerada, sin poder odiarlo. El weon es demasiado simpático. Me queda la esperanza de que, como estuve cinco minutos dejando a mi hija en un cumpleaños, el weon en el fondo sea una mierda como todos los ricos y solo que no alcancé a darme cuenta, pero algo me dice que no. Algo en su modo de saludar, de mirar, de moverse. Su esposa también, la forma en que se me acercó y me saludó. No los pude odiar y si bien yo odio muchas cosas porque el odio es mi motor, lo que más odio es no poder odiar. Cuando no puedo odiar algo es cuando más odio eso. No el algo, sino el hecho de no poder odiar.

    Es que uno no odia por opción o por hacerse el odioso, o el bacán, o la víctima, o el neurodivergente, o el neurodiverso como dicen algunos. Uno odia cuando siente el odio no más po. Y si no lo siente, no se puede odiar y punto. Y odio esa sensación de no poder odiar.

    Este fue el primer contacto con los apoderados del curso de la emilia en el colegio nuevo. Ese al que llegamos luego de salir del muro de berlín hace unas semanas.Y fue bastante prometedor. Me carga decir esas cosas. Me carga la esperanza. Me gustan los hechos. No me gusta que las cosas sean prometedoras, me gusta que sean buenas no más. Y acabo de sentir esperanza en que le achuntamos con la Nati en poner a la emilia en donde está. fue una decisión difícil, porque es un colegio católico apostólico romano de profesionales blancos millonarios, pero tiene fama de ser un lugar de gente bondadosa que no acepta el bullying y que abre espacio a la diversidad y la inclusión. La emilia con sus altas capacidades que le determinan esa sensibilidad hermosa,, su completa imposibilidad de odiar y su consecuencial capacidad infinita de derrochar amor, amistad y ternura en el mundo, espera quye la gente sea como ella y si en alguna parte eso es posible, es en su colegio nuevo. El primer día llegó y los compañeros la abrazaron. Maldita esperanza, ahí está otra vez

    Entre las innumerables e infinitas cosas que odio, está también, por supuesto, la formalidad. Mi querida coni, que aunque es la otra coni es más coni que la coni, me dijo que le gustaba de mí que tengo un trabajo serio pero igual uso un gorro de chanchito. Así suena simplecito. Chanchito más álvaro igual no formalidad. Pero no es tan simple. La formalidad fue inventada por algún estúpido (porque las mujeres cuando inventan algo siempre es algo útil y además no son estúpidas) hace siglos con algún motivo que no me imagino. No logro comprender el valor de los ritos en una sociedad que evidentemente ha comprendido que no existen personas con barba blanca viviendo en el cielo, que el sol no es una pelota mágica, que la lluvia no es el pipí de jesucristo y que la tierra nunca fue plana. Otra cosa es que no quiera aceptarlo, pero ya lo sabe. La especie humana ya sabe que no hay nada especial ni mágico en su existencia, entonces para qué seguir poniéndose togas de colores para comerse un pan sin levadura, vestirse de estricto negro para celebrar una misa ortodoxa, ponerse corbata y terno para celebrar un matrimonio ponerse un vestido blanco para simular que nunca te has pegado una cacha como si culiar fuera malo, llenarse de uniformes de colores con charreteras y medallas rimbombantes con nombres ridículos como «premio a la extrema galantería en operaciones de combate», «miembro honorario», desfilar en hileras interminables y pasar toda la vida ensayando para el desfile en vez de usar todas esas camionadas de plata para ayudar a la gente que lo necesita, como mi amiga ximena, que no es la hermana de papelucho por una simple jota y que tiene que pedir hora para su evaluación siquiátrica y tantas personas que no son mis amigas y que ni siquiera quieren ir al médico sino que quieren simplemente comer algo más nutritivo que pan con mantequilla y fideos con arroz.

    Antes era a veces, pero ahora constantemente pienso que hay que ser muy weon pa no entender que es más importante que todos coman sano y tengan donde caerse muertos como dice mi mamá. ¿Acaso hay que ser neurodivergente para darse cuenta de eso? No. No tiene nada que ver. Yo conozco neurotípicas hermosas que luchan por la igualdad y por un mundo mejor para todos y todas, como la andrea eckhardt, con su nombre shileno y su apellido del tercer reich, y conozco neurodivergentes mezquinas que buscan aprovecharse de su propia neurodivergencia para ganar dinero o hacerse una carrera política. He visto la envidia y la maldad en ambos lados del círculo. Hace unos días dieron en Valdivia una película sobre chicas neurodivergentes en una función organizada por una corporación de aquí. Consiguieron el teatro, la publicidad, los sillones, el sector de apoyo sensorial lo armaron trayendo cojines de sus casas. Se sacaron la cresta para lograrlo, y cuando lo publicaron aparecieron un par de oportunistas, la carolina y la consuelo, casi exigiendo que la película fuera presentada por ellas y sus amigas. Carolina, que claramente es fuerte y valerosa, pero para conseguir lo suyo, y consuelo, que de alivio y solaz no tiene nada. Ese nivel de rasca. No compraste ni un cartón y querís animar el bingo. No, si gente mala hay en todos lados.

    Chuta entonces sumando uno más uno, esta fue la semana del blanco que es negro y del perro que es gato. Resulta que desde lo más profundo de aquello que odio recibí un trato digno, cariño, y me trataron a mi hija como siempre quise, como hubiera querido que me trataran a mí, la abrazaron sin conocerla y me hicieron sentir cómodo aunque lo odié. (odié sentirme cómodo, pero igual me sentí cómodo, tan cómodo que me puso incómodo odiarlo) Si hubiera sido más largo habría sido una redención absoluta y me compro un perro de esos pug si nariz que no pueden ni respirar y me hago cuico.

    Y por el otro lado, en el supuesto espacio seguro, vi como las ambiciones desmedidas y malhabidas carcomieron la decencia y la dignidad de las personas que yo imaginé que tenían alguna especie de ventaja pal juicio final. Hasta ahora yo suponía que las personas autistas veían más allá de esas mezquindades. No sé, tal vez inocente, tal vez motivado por la famosa ley del péndulo que me tenía un poco cegado, tal vez queriendo ver en mi condición que me ha traído tanto problema en el mundo neurotípico, alguna ventaja comparativa. Pero no. Si naciste chicharra, te mueres cantando decía mi abuelo, que se llamaba Rosa, y no era transgénero ni transexual, solo le pusieron rosa porque nació para el día de santa rosa y su mamá no iba a hacer una excepción por algo tan insignificante como un cañón y dos balas.

  • La Natita

    10 de la mañana. Estoy sentado en el viviendo de mi casa (compromiso total con la lengua castellana) y la natita hermosa me habla. Me dice «amor, dijeron en las noticias que un perrito salvó a un chino de ser atropellado, por un pelo» (no me diría eso la nati, es solo para el ejemplo y éste es el chiste del perro que salva al chino, a todo esto) «El perro fue un héroe».

    Mi mente se activa. Uno de mis pasatiempos más fundamentales consiste en determinar cuáles son los poderes de los superhéroes y superhéroas. De todos modos, no sé si un pasatiempo puede ser fundamental, especialmente si tienes otros pasatiempos además, lo que es claramente un requisito para que ese pasatiempo sea «uno de los más fundamentales». En efecto tiene que haber por lo menos tres para que dos sean los más fundamentales y uno al menos no. Aunque pensándolo bien, podrían ser solo dos y ser ambos fundamentales y yo ser un chanta que quiere aparentar que tiene más pasatiempos y que los sabe clasificar en más fundamentales y menos fundamentales. En fin, no es fácil determinar los superpoderes de una de estas personas y eso es así evidentemente porque no son los clásicos. Si pienso en Batman, es obvio que su superpoder es ser millonario. Superman, superfuerza, miradas que matan, etc. Esos son simples. Me refiero a los que nadie conoce. Por ejemplo, Yesterman. Este es un superhéroe gringo y yo pienso que tiene el poder de llegar ayer. No es un mal poder. Lo imagino en su casa escuchando por la radio «están robando el banco nacional» porque el robo siempre es en el banco nacional. Entonces yesterman dice «a luchar por la justicia» en un grito con marca registrada que seguramente le costará un juicio largo por no pago de derechos. Yesterman llega al banco nacional y cuando llega, es ayer. Es decir, falta un dia completo para el robo, lo que le permitiría avisarle a todos que se va a producir el robo. El tema es que como yesterman siempre llega un día antes y evita todos los delitos, nadie le cree, porque siempre dice que va a pasar algo y al final ese algo no pasa. Claro, me imagino a los ladrones entrando al banco al dia siguiente, al que habían estudiado durante dos semanas. Sabíam que había un guardia con pistola en el pasillo central, etc. Y resulta que entran y hay 10 guardias armados. Se van po, si weones no son. Entonces el robo se frustra porque nunca se produjo. Y yesterman queda de weón.

    Por otra parte está explowoman. Esta es una chica gordita, bajita y con capa, solo porque no quiero que sea alta, rubia y ajustada a los cánones de belleza impuestos por el patriarcado para que una mujer sea exitosa. Así que explowoman es baja, gordita, morena, inteligente y maravillosa. Ella también está en su casa también escuchando la radio y también escucha que están robando el banco nacional (no tengo que explicar por qué supongo) así que se dirije raudamente al sitio del suceso. Al llegar se acerca al patrullero que esta con su arma y un megáfono hablándole a los ladrones que están adentro, con rehenes. Porque en las películas los ladrones son tan weones que siempre toman rehenes. Y siempre son mujeres embarazadas o niños. Explowoman le dice al paco «qué ocurre, sargento o’hara» y este la mira y le dice «quien es ud. señora gordita» porque las gorditas son señoras y las flacas señoritas. Entonces explowoman entra al banco, activa sus poderes y explota. Junto con ella, mueren debido a la explosión todos los ladrones (que si se fijan son siempre hombres) pero también muere la mujer embarazada y los niños. De hecho, el banco se viene abajo por la explosión. Fin del robo, fin de los ladrones, fin de las víctimas, fin de explowoman, la superhéroa de más alto rendimiento de todas, porque su efectividad es del 100 por ciento. Enfrentó 1 solo evento y lo solucionó, pero murió.

    Implomán, en cambio, es lo contrario. Al usar sus poderes implota, es decir desaparece en un punto del espacio-tiempo achicándose hasta convertirse en una pelotita negra de dimensiones infinitesimales (quería decir infinitesimal hace como diez entradas) que cuando desaparece finalmente hace «ping». Lo que queda por dilucidar es si al implotar se lleva algo consigo. ¿Cuál es el tamaño de su campo de atracción implosiva? Podría ser cualquiera desde cero hasta el infinito. En el primer caso, su implosión no tiene sentido, no sirve como superhéroe y es un completo idiota por dedicarse a eso, ya que desaparece solo y los ladrones siguen robando. En el último caso, su implosión se lleva consigo todo el universo conocido, lo que también lo convierte en un superhéroe inservible. No me parece científicamente correcto (porquehasta ese momento todos mis pensamientos lo han sido, como pueden ver) que pueda llevarse consigo el universo desconocido, primero porque no sabemos si existe, dado que es desconocido, y segundo porque si es desconocido puede que tenga alguna propiedad que le permita no ser succionado por un repentino hoyo negro creado por un superpoder.

    Hasta ese momento, ha transcurrido un intervalo de tiempo no determinado ni determinable para mí entre el momento en que la natita dijo que el perro era un héroe y el momento en que vuelvo del universo desconocido al viviendo de mi casa a estar con ella. Vuelvo satisfecho porque viajé con mi mente por bancos, universos, superpoderes, explosiones, implosiones y sargentos de la policía con megáfonos en la mano, lo que me ha hecho olvidar que el intervalo de tiempo también ha transcurrido para la natita. Ahí tengo tres posibilidades.

    En la primera, la natita me hizo ese comentario y se fue a hacer sus cosas, sin enterarse de que yo anduve viajando por la liga de la justicia. Este es el escenario más cómodo, porque en él nadie sale lastimado. Es un escenario aleatorio para mí, porque no puedo controlar su ocurrencia, pero si ocurre, lo disfruto, como un arcoiris.

    En la segunda, la nati se quedó conmigo en silencio esperando alguna respuesta, lo que es lo más normal del mundo, porque si le comentas algo a tu pareja o tu esposo, usualmente es para que te comente algo de vuelta. En esta opción mi regreso es un poco más complicado. No sé cuánto tiempo ha pasado, probablemente algunos segundos y quizas hasta un minuto si la nati estaba, por ejemplo tomándose un cafe conmigo. Sin embargo, aquí no es tan imposible retomar, dado que el tema sigue siendo el perrito y puedo decir algo que me interese sobre el perrito, como por ejemplo «los perros son así, maravillosos, un gato jamás haría eso, el gato probablemente se vaya de inmediato a revisar el testamento del chino para ver si le dejó algo y le conviene salvarlo o no.» algo que es totalmente certero, dado que los perros vienen del cielo y los gatos del infierno. No solo «salvé» el momento sino que lo hice un momento nuestro, porque con la nati pensamos lo mismo, que los gatos siempre tienen algún plan para apoderarse del mundo y tienen razón los de marvel cuando dicen que son seres extradimensionales de otro universo.

    La tercera opción es la más difícil. En esta, la nati no solo se quedó sino que me habló más y yo, sumido en las tierras de los superpoderes y las capas, simplemente no le escuché. Aquí es donde los prejuicios nos cagan.

    El mundo está lleno de prejuicios y estereotipos que hemos aprendido. Tal como los policías siempre tienen, megáfono, los ladrones siempre son hombres y las heroínas siempre son altas y flacas, resulta que a las personas autistas no nos interesan los demás. Cada una de estas afirmaciones es falsa. Se supone que vivimos en un mundo desconectado de la realidad, en el que solo nos interesan los dinosaurios y que sabemos contar en un segundo todas las piedras que se caen de un jarrón. Todo eso se lo debemos a dustin hoffmann y rain man, la película que le enseñó a mi generación que somos taraditos que no saben hablar, y a los sacos de weas que piensan que el autismo es una enfermedad que se pasa con los años, cuando los niños y niñas aprenden a relacionarse. No es culpa de nadie. También le debemos a disney y barbie que nuestras hijas quieran vestidos rosados y un príncipe azul, y más oscuramente, que las golpeen y las maten si deciden que no es eso lo que quieren.

    Pero las personas autistas (si sé, empecé una oración con pero, demándenme) se interesan por los demás. No cualquier demás, eso sí. La nati, por ejemplo, ella es la luz de mi vida. ¿Cómo no me va a interesar? Cualquier cosa que me diga me importa. Lo que me pasa es que me voy al mundo de mis intereses profundos a cada rato. Además, tengo una obsesión compulsiva. No tengo un TOC, como dice la gente estúpida que cree que porque le gusta tener la casa ordenada tiene un toc y lo tira como afirmación liviana en una conversación social. Eso es tan estúpido como hacerse una herida en la rodilla y decir en un cumpleaños «ay es que tengo cáncer a la piel» o reírse de que alguien se equivoque en una suma y decirle «es que eris un retrasao mental». No, yo tengo un trastorno obsesivo compulsivo. En mi campo visual hay algunas cosas que no pueden ocurrir, y otras que si pasan, deben pasar de una manera determinada o mi mente se va a la chucha. Esa es la explicación en chileno de «pensamientos y miedos no deseados que provocan patrones de comportamiento repetitivos que afectan la vida diaria.» Entre mi interés profundo por la ciencia ficción, la ciencia real, los efectos generales de la física sobre los cuerpos, la exploración espacial y los animales, y mi obsesión compulsiva por saberlo todo acerca de los temas que se me hacen interesantes, me cuesta mantenerme en tierra.

    Pero lo hago. (otra vez vieron) Porque me importa la natalia, la mariana, la emilia, la fernanda, el renato, el gaspar, mi mamá, mi papá. Otras pocas personas no cercanas también. En la opción tres, entonces, prefiero decirle a la nati que no le estaba prestando atención, sumido en mis intereses profundos. Prefiero eso, en vez de inventar algo sobre lo que pudo haberme estado diciendo y corro el riesgo de que ella caiga en el estereotipo que también le enseñaron, de que por ser autista, no me importa lo que me hable. Prefiero correr ese riesgo, qué mas me da, como decía la miriam hernández, porque la otra opción es embolinar la perdiz, engatusar, o emperrusar como inventamos hoy con mi amigo rafa irarrázaval, porque los perros son mejores que los gatos.

    Le ha costado a la Nati. Obvio. No es fácil vivir conmigo. La diferencia es que ahora sabemos por qué no es fácil. Sin embargo, no es solo un tema de ella. No es ella la que tiene que entender. Yo debo salir de mi espacio de comodidad. Cuando uno está en el territorio de los intereses profundos, no está desconectado de la realidad. Uno puede escuchar. Sabe donde están las personas que ama. Sabe que están hablando. Yo creo que hay que entrenar la voluntad para ser mejores y tratar de frenar el bus. Hay catalizadores para eso. El amor es uno de los más fuertes. Las personas autistas amamos mucho. Mucho. Incansablemente. Amamos fuera del estereotipo y por eso a veces no se ve. Como un carabinero sin megáfono a grito pelao hablando con los ladrones. Como ladrones que no toman rehenes y embarazadas que no lo están, como niñas que quieren ser más poderosas que princesas. A veces dirás que quieres un turrón creyendo que nadie te oyó y unos días después un autista te lo dará. Otras, dirás que te te gustó un libro de pedro lemebel , y el autista lo leerá para compartir eso contigo, pero no te dirá que lo leyó y solo te enterarás cuando te repita una parte.

    No hay peor amigo que el estereotipo. Es el amigo que te cae bien porque te cuida de lo desconocido, pero no te deja saludar a quien quieres conocer. Aquí estoy. Conóceme. No vomito espuma por la boca, no sé contar los palillos de un mikado cuando se caen al suelo. No tengo un megáfono para hablarle a los ladrones, pero si me pides que estudie los planos del banco, lo haré feliz porque te amo.

  • Clones No

    Hoy fue el último día de clases de la Emilia en el colegio alemán. Para mí, esa fue una gran noticia y lo que siempre quise. No sé si estaba bien quererlo tanto, pero me basaba en mi propia experiencia. Yo también fui a un colegio cuico y facho, probablemente el colegio más cuico y facho de chile en el momento en que yo estaba ahí. El nido de aguilas. En 1980, el nido de aguilas quedaba en un cerro, allá lejos, por lo barnechea. Nosotros vivíamos en Vitacura, en una casa chica para la vitacura de hoy, pero grande para el santiago de ayer. No tengo recuerdo del jardín infantil Mi Casita, así que mis primeros recuerdos de estudiante son del Nido de Aguilas. Como en una evaluación de trabajo, vamos con lo bueno primero, para que la mente se abra y esté de mejor ánimo para lo malo. Lo primero y más importante, como diría cualquier facho que se precie, es la infrastructura. El colegio era simplemente gigante. Quedaba en un cerro y tenía miles de hectáreas de terreno, pasto, cerros, bosques, mieses, plantíos y arbustos xerófitos, como dice la ley de bosques. Buscando, buscando en google que es xerófito, porque no creo que sea amar un zero, ni tampoco amar a un fiat 600. Aquí esta. Arbustos que puede vivir en terrenos secos. Ok. De vuelta al blog. Claro, eso es lo más importante, la infraestructura. Tenía baños en las salas, un gimnasio que parecía el estadio nacional, una cancha al aire libre, cancha de fútbol, esas malditas barras por las que los profesores pretendían que uno subiera arrastrándose, una sala de música independiente, con un espacio tremendo y un escenario que daba al patio central, súper bien ubicada y una biblioteca tremenda. Quizás no era tan grande pero yo la recuerdo como la biblioteca de alejandría porque, bueno, yo era chiquitito. Ahí sí era po. Yo iba harto a la biblioteca. Sin embargo, en el mundo extraño de 1980, que en eso no se diferencia mucho del de 2023, en el recreo estaba prohibido entrar a la biblioteca, a la sala de música, a la sala de arte, hasta la cancha de fútbol. Si pues, si el asunto aquí no anda al lote. Estamos criando niños ordenados, que canten la canción nacional en fila, que usen el pelo cortito y pantalones, y niñas bien, que usen la faldita hasta la rodilla, aprendan a tejer, cocinar y la importancia de la acción social y de cema chile, nada de andar tocando música o pintando a deshora. A deshora. Con 45 minutos de música a la semana y 45 de arte es suficiente, si al final nadie se dedica a eso pues. Nadie que quiera tener un cargo de gerente en una empresa multinacional, al menos, o muchacha con dos dedos de frente que quiera casarse con el gerente de una multinacional.

    Mis compañeros eran millonarios. No estoy exagerando ni hablando en metáforas. Los cumpleaños a los que me invitaban eran en el estadio palestino, en mansiones arriba de cerros con dos piscinas y en fundos. Los paseos a fin de años eran en el «haras» de uno de mis compañeros, porque los papas tenían un criadero de caballos y había aposentos para las visitas y también para «el servicio». Yo no soy «un muerto de hambre» como diría mi madre. Parece que por eso me debía conformar con todo.

    ¿Qué más era bueno? La ubicación. Se parece a la infraestructura, pero no es lo mismo. Quedaba en los cerros. El aire era puro, y esa era una exigencia para mí porque tengo bronquitis obstructiva crónica. Como ya les conté, esa fue la excusa con la que nos fuimos a vitacura. Había casilleros. Los añorados casilleros. Añorados por quien? Por todos los weones y weonas que quieren ser como las películas gringas, en las que los alumnos de secundaria guardan suis cosas en casilleros, los compañeros les meten droga en el casillero y el inspector los reta, y por supuesto nada malo pasa, no como en la vida real. Pero los casilleros eran para los alumnos de séptimo para arriba. Ahh, también se iba al colegio sin uniforme. Ah, pero también era de séptimo para arriba. Cagué. Me fui en sexto.

    También Carlos Troncoso era bueno. Nadie más. Carlos es neurodivergente. Si está leyendo esto, compañero, en serio. Con carlos jugábamos a cualquier cosa, menos al fútbol. Íbamos juntos a la bibilioteca. Hasta el día de hoy somos amigos. Es la persona que conozco hace más tiempo en este mundo, fuera de los que me trajeron a él y el pesao de mi hermano que llegó antes.

    Bueno, suficiente. Paremos de contar. Nada más fue bueno para mí. El mundo desde arriba se ve demasiado chico para mí, y me daba vértigo vivir entre tanta desigualdad. Pero no solo eso. La gente no me gustaba. Y tenía 4 años. 5, 6, 7 8, 9 10 y hasta 11. Mis compañeros hablaban de irse a Estados Unidos a estudiar a Yale cuando tenían 7 años. Del viaje a Tailandia, de autos, de casas. Tenía un compañero que había nacido en singapur y yo creo que estaba pololeando con otro compañero que era chileno, y ellos eran una de las pocas fuentes de hazmerreír aparte de mí. El negro darrick también. Negro culiao, mono, bájate del árbol. Aquí los cabros chicos tenían papás que eran realmente de missisipi. Esta no era una chilenada cualquiera, tratando de parecerse a los chicago boys. Estos weones eran los hijos de los chicago boys y algunos venían de chicago y eran boys. Estos weones hoy son los que echaron al saco de weas de parisi de la universidad en gringolandia por acoso. Cuando uno mira en el mapa un estado gringo raro que se llama connecticut por ejemplo, yo tenía un compañero que venía de ahí. Ellos duraban un año, dos, a veces un semestre, porque el colegio recibía a todos los hijos de los diplomáticos y empresarios gringos que venían a Chile. Unos años después de que me fui, el colegio cambió al horario gringo, es decir, las clases empezaban en agosto y terminaban en julio. No es chiste. Ahí si que ya la cosa perdió todo contacto con la realidad.

    El hijo de Henry Kissinger fue compañero de colegio mío durante un par de meses. Después comprendería yo que a Chile en esos años venía una cantidad excesiva de gringos por poco tiempo para participar en todas esas operaciones que nunca tuvieron lugar y que hicieron desaparecer a tantas personas que nunca existieron, porque no olvidemos que todo es un invento de los comunistas para comerse las guaguas. Entreparéntesis, aquí en la mesa de al lado del Cafe de Luis, que es donde usualmente escribo, una vieja está tratando de convencer al garzón de que los comunistas quieren tomarse el país y que boric no usa corbata porque no terminó la universidad. No es broma. Y dice que todos los chilenos estamos unidos para combatirlos. Chuta, nunca supe que me habían inscrito. Es como mi amiga consuelo diciendo que todos los autistas queremos esto y lo otro, y yo no le he dado poder notarial nunca. En fin.

    Me cambiaron del Nido de Aguilas en 1985, justo antes del casillero y de ir sin uniforme. Lloré como cuando te apretan un coco. A pesar de todo lo que les cuento, y además de lo que les conté del bullying en capítulos anteriores. Lloré porque no me quería ir. Obvio, uno nunca se quiere ir de nada cuando es chico.

    La realidad del colegio alemán es muy distinta. No está basado ni pensado para recibir a los hijos de los diplomáticos, ni tiene su horario ajustado a la realidad europea. Sin embargo, por distinta, no es mejor. No se si es peor. Yo creo que todo lo facho es malo en un mismo nivel. Es difícil que algo malo sea más malo que otra cosa mala cuando el nivel necesario para llegar ahí es ser de partida como las weas. A mí me produce sarpullíos la alemanidad. Esa alemanidad falsa que se sale a borbotones de todo el sur de chile. La falsa y la real también, así que obviamente es muy probable que en muchas cosas, si no todo, no tenga razón, pero bueno, el blog es mío y aquí digo lo que pienso yo.

    La alemanidad falsa es la actitud alemana de los chilenos del sur. Ese arribismo estúpido, porque ser alemán no es estar arriba. Si fueran tan bacanes habrían ganado la segunda guerra mundial y todos hablarían alemán, pero los bacanes son los gringos y todos estudian inglés y ven los óscares. Y aquí los chilenos von pérez, von gómez y gonzalezweiflen se frotan las manos y ya casi se ven aceptados en la unión europea porque sus hijos arruinan sus promedios sacándose cuatros en alemán. La alemanidad verdadera es peor. Familias que se vinieron de alemania a colonizar el sur en 1850. Me pregunto por qué se irían de alemania a vivir en un lugar desconocido, sin luz, sin agua, sin nada (que mi amigo juan diría que es, entonces, con todo). En fin, como les regalaron más tierra que la que había en el hoyo donde hicieron la torre costanera, ahora sus descendientes están forrados en plata y se creen los reyes del sur. Y como en chile la plata es lo que determina el color de tu sangre, no solo se creen reyes y reinas sino que lo son. Y desde su plataforma incontinental (porque también se hacen viejos) miran a los simples mortales que entran a sus colegios alemanes para mezclar su sangre y hacerla a lo menos morada, porque azul no va a ser nunca, y ni se molestan en mirar a los que no entran al colegio alemán, porque no son dignos.

    Yo creo que todos están en el colegio alemán para decir que están ahí, tener contactos y formar parte de la kultura alemana, para que sus hijos vayan de viaje de estudios a alemania y se codeen con ellos mismos para el resto de su vida. Aquí en el sur la cosa es divertida. Tu cruzas un puente en bicicleta y estás en la dehesa, cruzas de nuevo y llegaste a chicureo. Te devuelves dos puentes y estás en Santiago. Andas un rato en bicicleta y llegaste a estacion central. Todo está cerca, hasta las clases sociales. Entonces, no cuesta nada meter a tu hijo al colegio alemán para que, o bien se mantenga dentro de la endogamia cuica, o ingrese mediante contactos a ella. Si cruzas tu perro con otro igual, los cachorros salen iguales. Matemática facha simple. Segundo paréntesis, a pesar de que ahora en vez de poner el paréntesis escribo paréntesis, no sé por que, hay un artículo en internet sobre el «mal uso de la palabra facho» escrita por un facho pobre venelozano. Está entre lo triste y lo ridículo.

    Pero más allá de lo que creo, que lo dije puro pa descargar todo el odio de 4 años de mi Emilia en ese colegio, no me gusta un colegio donde ella, que es neurodivergente, le daba miedo pedir permiso para ir al baño, si llegaba tarde le decían «buenas noches» en frente de todos los compañeros así que cuando íbamos un poco tarde me rogaba que no la dejara para no tener que vivir eso y la huevearon durante 1 año porque tocaba la flauta dulce con los dedos cambiados. Tuvimos una reunión con la directora del ciclo y la profesora de música para conversar sobre el tema. O sea, tuvimos que tenerla, porque nos llegó un correo diciendo que emilia tenía que aprender a tocar la flauta «bien». En la reunión «acordamos» que emilia tocaría la flauta al revés, y tuvimos que firmar porque obvio, cuando ella llegara a grande y se diera cuenta de que había tocado mal la flauta toda su vida y buscara culpables de su drama equino por no poder ser normal, el colegio le iba a mostrar nuestras firmas liberándolos de responsabilidad porque ellos quisieron hacer lo correcto, pero nosotros la llevamos por el camino del diablo. Y asi todo, la profesora de música, una vieja de mierda, nos pidió UN INFORME SICOLÓGICO que respaldara que la emilia tenía que tocar la flauta «al revés», porque nunca dejó de ser «al revés.» Imagínate si la emilia fuera zurda. Me pego un tiro. Unos días antes la profesora jefe de la emilia nos dijo que «el colegio no era inclusivo». Un tiempo antes entregamos en el colegio la evaluación de que ella tiene altas capacidades, y nos miraron con cara de «pero si no se saca puros sietes».

    Mi hija no ha sufrido tanto en realidad. Este mismo blog me ha permitido conocer a muchas personas que han tenido epopeyas de nivel histórico tratando de encontrar un colegio, o cualquier cosa que entienda, respete, cuide y proteja a sus retoñitos. He escuchado historias realmente espantosas, de profesores que le dicen a alumnas «pero si tu no pareces autista!», «ya déjate de hacerte la tontita» y otras estupideces aún peores. La maría montessori decía que cómo esperamos que un niño se quede sentado y callado para aprender, si los niños y las niñas quieren jugar y saltar todo el rato. Me acuerdo de mi nieto Gaspar, que es un alma hermosa llena de amor, se la pasa abrazándome y diciéndome que soy el mejor tata del mundo. El vive conmigo y con la Nati, lo estamos criando para que su mamita pueda trabajar tranquila y surgir en Santiago. La mariana su mamá, dice que el tiene «trastorno de déficit atencional». Yo creo que él tiene un sistema de atención divergente. Él escucha y aprende de manera distinta a como esperan los neurotípicos que aprenda. El otro día le hablé del invierno mientras jugaba. Y lo recordó todo. Así es. No más moldes estúpidos. No más sistemas prusianos que forman clones destinados a producir. La educación neurotípica tiene como objetivo generar funcionarios y funcionarias. Y en Chile es más crítico y malo, porque como estamos gobernados desde 1818 por los fachos, la educación ha sido moldeada para generar drones y «dronas» que aprieten botones, compren en falabella y se pasen la vida pagándole los intereses a los bancos para que los dueños de falabella y los bancos se compren un mercedes benz y otro yatecito. Dénse cuenta, por favor, de que las familias de este país hipotecan sus casas que compraron con subsidio para que el hjijo o la hija «vayan a la universidad» a estudiar medicina, kinesiología, odontología, derecho, cualquier weá, pero que sean profesionales porque «así van a surgir no como nosotros que solo tenemos una rotisería de barrio», y esa misma familia no va nunca al médico, ni al kinesiólogo, ni a la dentista, ni paga abogadas, porque como gastan toda su plata en pagar el estudio de los retoños, no les alcanza para salud ni para luchar por sus derechos. Es un círculo vicioso asqueroso y yo no quiero formar parte de los que lo dibujan, ni quiero que mi hija se codee con los hijos de los que lo dibujan. No importa si yo puedo pagar la kinesióloga, esa es la excusa de los flojos. La lucha por la igualdad no se acaba cuando encuentro un trabajo bien pagado. Se acaba solo cuando te ponen el piyama de palo, y ni siquiera ahí, si has tenido la visión y el corazón suficiente para saber que llevar a tu hijo a un cumpleaños en un criadero de caballos solo le enseñará a querer criar caballos y que el color de la sangre es uno solo, porque esa hija, la Emilia, va a tener en su corazón la semilla de la igualdad, esa que no crece en alemania ni en estados unidos, que solo crece en el corazón de los que ven más allá de sus propias narices.

  • Oración de Lo-Pan

    Este es el credo de Lo-Pan.

    Creo que usualmente escribo primero la entrada y después le pongo título. A veces el título se me ocurre mientras escribo. Otras, se lo pongo al final luego de leer lo que acabo de escribir. Muy pocas veces he partido con un título. Esta vez es así. Lo-Pan. Supongo que a medida que vaya escribiendo tendré que descubrir de qué se trata la entrada. Me gusta eso. No es muy autista según entiendo. Se supone que las personas autistas necesitamos estructura, pero a mi me acomoda mucho improvisar en algunas cosas. La verdad, en todas.

    Creo que mi autismo va por otro lado, por ejemplo, en la dificultad comunicacional en un ambiente social, como ya les he contado varias veces. Y bueno, como también les he dicha varias veces, lo que ocurre es que a las personas autistas no nos hacen en una línea de montaje. Cada uno es distinto. Una vez escribí un artículo sobre mi mamá en una revista en línea. Esa vez también partí con el título. Se llamaba «madre loca». Llegué a la conclusión de que mi mamá estaba loca porque le gustaba ayudar a los demás. Suena un poco «clishet». No voy a decir «pero es cierto» porque eso es más clishet que la propia weá que suena clishet. Puta ya la dije.

    Creo que «rescate en el barrio chino» es una de las grandes películas de la historia porque en ella los chinos pelean kung fu y con espadas en el aire. Saltan de un lado a otro, pero el salto en vez de durar lo que lógicamente debe durar un salto, dura como 20 segundos. Notable. En fin, en esta película, Lo-Pan, que por fin me refiero a él, es un mago chino con superpoderes. Wikipedia dice que es el antagonista principal de la película, que esquiva la muerte con facilidad porque es un fantasma al que no le afectan físicamente las cosas. Lo más curioso es que esa habilidad para evitar la muerte no es un superpoder, es una maldición de la que Lo-Pan quiere deshacerse. Lo pan quiere morir y esa es la razón de todo lo que hace. Según yo, una compañera de curso se parece a lo pan, no porque quiera morir y esa sea la razón de todo lo que hace, o porque sea una maga china, sino porque se parece de cara, pero también en la honestidad de sus intenciones. Ella no te vende la pomada de que es feliz o que está realizada. Ella hace todo lo que hace para mantener su nivel de vida, porque es honesta consigo misma, lo que es raro en una neurotípica.

    Creo que los neurotípicos no son honestos consigo mismos por naturaleza, porque parten de la base de que hay que llegar a un solo puerto. Ya hemos hablado del puerto. Ese puerto católico apostólico romano con esposa o esposo, hijos (no hijes), perro y casa. La cosa es que ahora que ya voy en bajada hacia el final, porque no creo que viva 98 años lo que implica que ya pasé la mitad, estoy bastante seguro de que las personas neurotípicas tampoco están hechas en una línea de montaje, pero que de eso las tienen convencidas. Nos dicen desde chicos que vinimos a este mundo a ser felices, que hay que acariciar a los perros, querer a los abuelos, ayudar a los pobres, que los dientes se los lleva un hada o un ratón, que los regalos los trae un viejo guatón que vuela en un trineo que vive en Estados Unidos, porque allá es donde las cosas pasan realmente, que hay que cuidar el mundo y desde hace un tiempo han agregado algunas cosas que se ven bien en la imagen de las empresas, como los objetivos y metas de desarrollo sostenible 2030 con dibujitos de colores, para que los grupos ambientalistas y animalistas no hueveen. Cuando crecemos, nos tienen convencidos de que la adolescencia es una etapa de rebeldía en la que rompemos con lo establecido y encontramos nuestra propia personalidad y luego cuando crecemos más se supone que retomamos la senda del orden y patria, dejamos de tontear con causas perdidas y nos ponemos a contribuir al crecimiento económico, pues ya nos hemos dado cuenta de que eso es lo único que importa.

    Creo que la adolescencia sobreviene porque nos damos cuenta de que toda la mierda que nos enseñaron cuando éramos niños efectivamente eran heces humanas y que ese olor nauseabundo que sentíamos era de las propias mentiras que se supone que tienen que acolchar nuestra infancia para que «seamos felices» y se respete nuestro interés superior, que parece que es no darse cuenta de nada hasta que seas lo más grande posible. Después de la adolescencia hay algunas personas que no vuelven al redil. No aceptan que la cosa haya sido una ilusión pueril, que los perros no tienen derechos, que el mundo no es para cuidarlo sino para explotarlo y que las empresas no son amables proveedoras de sandwiches, sino que tienen vacas vivas que son solo pelotas de carne con ojos para ahorrar y que prueban sus medicamentos en cobayas y ratones que mueren a diario.

    Creo quienes que no aceptamos eso y nos quedamos pegados en cambiar el mundo somos neurodivergentes. Estoy tentado a decir «debe de haber uno que otro neurotípico también» o más bien, correctamente «debe haber», pero no lo haré. Primero porque no creo que sea cierto y segundo porque ponerle ahí la excepción a la regla altiro no solo es nuevamente clishet sino que además es traicionar las propias afirmaciones Si alguien va a probar que hay neurotípicos que quieren cambiar el mundo que lo haga. No somos neurodivergentes por querer cambiar el mundo. Queremos cambiar el mundo porque somos neurodivergentes.

    Creo que los neurotípicos no se dan cuenta de que debieron haber cambiado el mundo hasta muy entrados en años, como lo-pan. Por eso digo que no son honestos, porque recién en la crisis de los cincuenta caen en cuenta de que tanto pagar la cuenta les pasó la cuenta. Entonces, como ya no pueden ni siquiera empezar a pensar en cambiar el mundo, cambian el auto, la esposa o ambos. Las neurotípicas, en cambio, encuentran el amor verdadero durante el largo viaje de la maternidad y a veces el trabajo o las obras de acción social, o simplemente en vez de encontrarlo, lo pierden en el camino, de tanto caminar a solas mientras el marido trabaja. Algunas se divorcian. Otras se quedan donde están, como mi amiga, en una mezcla de sacrificio y baja autoestima que se resuelve en favor de ser buena mamá.

    Creo que lo-pan era y fue neurotípico, porque tuvo que hacerse ridículamente viejo y convertirse en un fantasma para ser honesto consigo mismo y comprender que lo que realmente quería en la vida era morir, lo que le permitió planear el secuestro de una novia china virgen (hey, la película es de 1985, perdonen eso) para sacrificarla, volver a tener cuerpo físico y consecuentemente poder morir como un mortal. Irónicamente, no logra su objetivo de morir porque kurt russel lo mata. Giros inexplicables de las tramas gringas, pero el asunto es que la pelicula se trata de lo-pan cambiando el auto y la señora cuando se da cuenta de qué es lo que realmente quería.

    Santa María, madre de dios, se llamaba la clínica donde nací. Sin el madre de dios, pero es bastante obvio porque lo puse. Hasta ahí no más me atrevo a copiar el rezo, no porque me puedan cobrar derechos de autor o puedan atentar contra mi integridad física (porque no solo los musulmanes matan gente por motivos religiosos, de hecho todas las religiones desde la mesopotamia lo han hecho de manera sistemática) sino porque después tendría que pedirle a esta señora que orara por nosotros pecadores. En verdad no soy un pecador, ni creo que nadie lo sea, porque en la vida cometer errores no es una afrenta a una fuerza superior, sino un mero ejemplo de que nadie sabe bién qué chucha está haciendo, pero no es por eso que no le pido a la señora maría que ore por mí, sino porque no voy a poner mi identidad, mi pasado, mi presente, mi futuro, mis decisiones, mis errores y mis aciertos en las manos de una figura de yeso y menos en las manos de lo-pan, que no solo es un sicópata sino que además habla en chino y no va a entender nada de lo que le pida.

    Mi opción voluntaria y consciente es poner todas mis oraciones y mi energía en mí mismo, algo que aprendí solo después de 2 años de saber que soy autista y que espero que me permita de una vez por todas lograr lo que he estado tratando de hacer desde que tengo recuerdos y que voy a seguir tratando de hacer hasta el día que me muera, que es cambiar el mundo.

    Amén.

  • OK boomer

    Hace unos 3 años tomé un bus de Santiago a Valdivia. Como eran más de 100 kilómetros, nos preguntaban el nombre. Al lado mío había un viejo facho culiao que iba a Futrono, seguramente a su fundo limítrofe cual comuna imperial romana. El chiquillo de tur bus le preguntó el nombre. «Alfonso Suet» le dijo. «te lo deletreo, porque no vas a saber anotarlo. Ese doble ve e te te». El auxiliar lo miró y bajó la vista, algo así como diciendo «otro sacowea más». Entonces me preguntó a mí, y le dije «Alvaro Pérez, te lo deletreo porque no vas a saber escribirlo. Pe e erre e zeta» y me dio una cagadera de risa y al auxiliar también, y el viejo culiao se puso rojo y casi se derritió de rabia. Notable.

    Me quedé pensando en la vida de Alfonso Swett y cómo será para él, todo un boomer, que exista gente como yo, todo un taradito. Bueno, obvio que lleno los blancos con mi vida, porque no conozco más que su apellido y cómo se deletrea.

    «Hola, soy alfonso. Todavía me acuerdo de la primera vez que vi a una china rubia. Yo tenía como 8 o 9 años y con mi hermano estábamos viendo el canal 5, UCV televisión, en la pieza que compartíamos en la década de 1980. Bueno, la verdad es que la compartimos solo hasta 1984 calculo yo, pero para mí fue como una década. Teníamos una tele sony trinitron que era ya lo más avanzado del mundo porque en vez de una perilla para seleccionar los canales tenía un botón para cada canal así que podías cambiar del 5 al 13 sin pasar por el 7 o el 9. (El 9 que después era el 11.) Esa era la época en que los canales tenían nombres y no números, porque dependía de la ciudad en que estabas el número de canal en que lo veías. TVN era el canal 7, porque en santiago se veía en el 7 y el resto de chile me daba lo mismo, pero parece que a todos les daba lo mismo, porque se llamaba canal 7. El 13 hasta hoy es el 13, a pesar de que según la parte de chile en la que estuvieras lo veías en el 4, 5, 7, 9, 11, etc. No sé por qué no había canales en los números pares. El primero que vi fue el canal rock and pop, en el 2. Ok, fui a buscar los enanitos al bosque y por suerte los encontré. La cosa es que estábamos viendo Sankuokai (es una nave, es una nave) una especie de representación en la vida real de una manga japonesa sobre dos hermanos que cuidaban el universo, protegidos por una china rubia que se llamaba sofía, y que hacia el final de la serie supimos que tenía una hermana mala. Obviamente el hada estaba vestida de blanco y viajaba por el espacio en un barco antiguo con velas, hermoso y con música que hoy seguro la ponen en clases de yoga. La hermana mala, por supuesto, se llamaba demonia, se vestía de negro, viajaba en una nave horrenda y se comunicaba por una calavera. Seguro que además se tiraba peos hediondos y comía pizza con piña. Así es el mundo. La bondad es blanca y la maldad es negra. Dios es bueno, a pesar de que en su nombre se ha matado más gente que en todas las guerras de la humanidad juntas. El diablo es malo, a pesar de que a lo que se dedica es a castigar a la gente mala y preocuparse de que no se vaya al cielo. Los curas son buenos aunque sean pedófilos y las mujeres son malas cuando reclaman porque las violaron.

    Otra película de esas que uno nunca olvida es la máscara, esa de Jim Carrey con la cara verde. Ahí aparece la Cameron Díaz toda rica, con vestidos apretados, escote y tentando al Jim Carrey. También aparece una periodista con cara de buena y toda tierna con la que el inocente protagonista hace equipo para enfrentar a los malos. A la larga, se da cuenta de que la periodista pelirroja era la mala y la cameron díaz, a pesar de su pinta de mujer fatal y la caracterización de weona caliente de mierda que le dan a su personaje, era la buena. Por eso no olvido esa película. Bueno, también por el baile de los pacos haciendo trencito en la calle con las putas y los ladrones.

    Desde que nací me han estado enseñando cómo tiene que ser todo. No solamente qué es lo bueno y qué es lo malo, sino cómo se ven lo bueno y lo malo. Lo bueno siempre se ve limpio, como terno de predicador. Lo malo siempre se ve sucio, como la barba del kike neira. La marihuana es mala, porque produce adicción y afecta la salud, pudiendo causar la muerte y es lo que cultivan en sudamérica. El tabaco es bueno, porque produce adicción y afecta la salud, pudiendo causar la muerte, pero es lo que cultivan los gringos, que son los que redactan los convenios de la ONU.

    Ser blanco, hombre, estudioso, universitario, jugar fútbol, escuach (que ahora se llama pádel y entonces ya no es una influencia gringa) ir a fiestas con amigos y culiarte a las mujeres cuando se curan o se duermen, después pedirle matrimonio a tu polola, ponerse los anillos, ponerle el gorro antes del matrimonio, ir a tu despedida de soltero a culiarte una puta, que no es una mujer que merezca respeto como tu esposa, después casarte con un terno caro en una fiesta cara, sirviendo copete caro y comida con nombres ridículos como parfait de cornet o medallón de res con guarnición de batatas saladas rebosadas en resina de grasa vegetal, que no es otra cosa que carne con papas fritas. Luego de la fiesta, irte de luna de miel a tailandia, dejar embarazada a tu esposa de tres hijos, no inclusivo porque la RAE dice que no, idealmente 1 niño mayor para que proteja a sus hermanas, meterlos a un colegio alemán, o francés, o cualquier weá no chilena, empezar a comerte a la mamá de un compañero de tus hijos, o a tu secretaria, porque los hombres tienen secretaria y no al revés, divorciarte, buscarte una cabra joven (de esas que no son como tus hijas ni tu ex, ni como tus hermanas ni tu mamá, pero tampoco son putas, es decir, hay una tercera categoría de mujeres, que son estas cabras que andan buscando un tipo que las mantenga, ojalá separado para no tener guaguas, esas locas sueltas que no quieren cumplir con su trabajo de madres y por eso quedan solas, se les va el tren, etc.) comprarte un porsche o algo parecido, hoy en día también puede ser uno de esos hummers, los jeeps ridículos y cuadrados que se arrancaron de un cuartel militar y se tiñieron para que no los pillen. Luego conocer a tus nietos, hijos de una chica bien que no es puta ni de esas que se meten con viejos, porque tu hijo tiene la edad correcta para casarse y tus hijas también encontraron un par de weones como tú que las van a gorrear, pero al menos las llevarán a tailandia primero. En este mundo, las chinas no son rubias, pues. Son de pelo negro. Buenas o malas, no importa, los chinos tienen pelo negro y los negros también. Los rubios son extranjeros alemanes o suecos que por el hecho de no hablar bien español tienen valores superiores a los nuestros y hacen todo mejor. Ojalá hacerse amigo de ellos y llevarlos no solo a la empresa sino a tu casa. A la empresa dije, obvio, tienes que tener una empresa, porque solo así te haces millonario. No te vas a hacer millonario y viajar a tailandia trabajando en el servicio público o siendo cajero de un supermercado. Eso es para las putas en el día, o para sus familias, o para los hermanos de las minas que andan buscando viejo divorciado, pero no han encontrado así que siguen pobres. O para las personas extranjeras, que en ese caso no importa si son blancos, universitarios, hombres y comen medallón de res, porque como son extranjeros son delincuentes por naturaleza.

    Y por supuesto, están los que no son perfectos, pero con permiso de dios. Cojos, tuertos, ciegos, sordos, mudos, taraditos, inválidos, parapléjicos, diabéticos, cancerosos, todos los que están en el listado de imperfecciones permitidas por don francisco y la teletón. Esos igual son parte de la normalidad, no solo porque no podemos hacer nada por ellos y muchas veces son los suegros con plata, sino también porque cuando no tienen plata nos permiten regalarles zapatos viejos (o uno solo si son cojos) y sentirnos bien por ser tan buenos y normales que sabemos tratar como normales a los anormales.

    Creo que también hay alguna gente que tiene problemas en la cabeza. De esas enfermedades no autorizadas. No sé mucho de ellos. La última vez los vi con una camisa blanca.

    Pero como dijo megavisión, algo está cambiando. Ahora hay chinas rubias en todos lados. Acabo de ver una cantando en youtube, dándole una segunda oportunidad al estúpido cupido. Conozco varios barbones marihuaneros que no son delincuentes. Conozco personas que fuman marihuana y no son narcotraficantes. Hasta he visto negros que no son ladrones y extranjeros que no son rubios y saben leer y escribir. Incluso he visto chilenos que creen que no hay personas mejores que otras, o que tener plata no es lo más importante y hasta hombres que no se quieren culiar a cualquier cosa que pase por delante. Condenaron a uno incluso. Algo está pasando en este mundo perfecto, que está apareciendo gente rara. ¿Dónde estaba esta gente? ¿Existían antes? No creo. Al menos en mi recuerdo, cuando uno va a misa el domingo con los papás (porque aunque haya una mamá, son los papás, no lo olvides) no queda nadie en la casa. No queda nadie en ninguna parte. Todo el mundo va a misa católica los domingos, porque todo el mundo es católico, todos son blancos y todos tienen plata para no trabajar los domingos. ¿O no? Esto me asusta, porque en el mundo los mozos de los restaurantes no tienen familia, hijos, padres, deudas ni casa Viven en el restaurante, en donde comen y cagan esperando que alguien venga a comer para después cagar también. Como los vendedores de cuchuflí, que viven todos al final de la playa, porque no creen en dios ni van a misa, pero porque no necesitan hacerlo, su función es vender cuchuflí y para eso existen. ¿Por qué entonces ahora hay negros en la oficina y fletos en la tele? ¿Quién los dejó salir del corral? Como los dejaron salir, junto con todos los delincuentes, marihuaneros, barbones, tatuados, cojos, tarados, rotos y en general toda esa gentuza sin plata ni clase, destruyeron todo a su paso y todo por 30 pesos. «

    ¿Suficiente, no? NO. Es totalmente insuficiente. (Dénse cuenta de que ya cerré las comillas, ahora soy todo yo) No puede ser que tengamos a alfonso swett redactando la constitución. No habrá lugar para barba ni baba. La barba de los marihuaneros. La baba de los que no cierran la boca porque no pueden. Y entre medio, no habrá lugar para nosotros y nosotras (ahora soy yo de nuevo, chao la RAE) que pensamos distinto, sentimos diferente, no creemos en dios, o creemos en dios pero sin ir a misa, no queremos ir de vacaciones a tailandia si no pueden ir todes, o estamos cansados de ponernos la máscara verde de Jim Carrey para entender el mundo.

  • Polígono con forma de tea

    Tengo una teoría. La verdad, tengo varias teorías. Algunas las he contado en el podcast y juanito me dice que son osadas, básicamente exigiéndome un análisis mediante método científico para comprobarlas. No tiene mucho sentido, porque las teorías son eso, teorías. Uno puede teorizar sobre lo que quiera. Hay gente que piensa que la tierra es plana y otros dicen que es redonda. Mi profesor de ciencias sociales, que era un abogado frustrado, aparte de tratarnos mal de manera sustancial como un elemento esencial de sus clases y no por accidente, llegaba siempre con un código civil a dar clases de educación cívica, cuando no lo necesitaba para nada. En fin, ese profesor decía que la tierra era un geoide. Cuando uno le preguntaba qué era un geoide, era básicamente un «polígono con forma de tierra». Claro, así cualquiera po. entonces yo soy un alvaroide, la natalia es un natoide y la emilia un emoide. Polígono con forma de emi. Cuando cada categoría es un individuo, la categoría no existe, diría mi profe de lógica. O tal vez, el individuo no existe, diría mi profe de filosofía, mientras desaparece en un haz de luz proveniente del gato vivo de schrodinger.

    Puta, ya hice desaparecer a mi profesor de filosofía y todavía no les cuento la teoría. Vamos. Tengo la teoría de que cuando a uno le diagnostican el autismo, o más bien cuando a uno le hace total sentido que le digan que es autista (porque si empezamos de la base de que hay que diagnosticar el autismo, puede ser que te lo diagnostiquen por error, por eso que es imposible diagnosticarlo) uno se pone más autista aún. Es la teoría a la que yo llamo «la ley del péndulo» y luego de llamarla así me creo original por dos segundos, pero luego me doy cuenta que la ley del péndulo es un concepto que me antecede de manera casi ridiculizante. Me gusta la palabra en inglés para anteceder. Es «predate», que literalmente significa «prefechar» o sea, ser de fecha anterior, pero que también significa «depredar» como lo que hace un tigre con hambre y un humane sin hambre pero con ansias de poder. Me gusta esa idea de que algo que estuvo antes que tú te depreda. También me pregunto cuanta gente pelotuda va a dejar de leer el blog solo porque puse humane, porque «no se dice así» y puras huevadas impuestas por la real academia española de la lengua, que ha tenido 11 mujeres en 400 años y que de real no tiene nada, porque cuando estás a 16 mil kilómetros de los que se supone que te dicen cómo hablar, y que además se robaron todo lo que pudieron porque mandaron a sus peores ladrones a conquistar, la diferencia entre realidad y realeza se pierde en un mar, o más bien dicho, en el oceáno.

    En fin, lo primero es no confundir la ley del péndulo con la ley del pene dulo, que vendría a ser algo así como el porcentaje de dureza del micrófono de carne que le habilita para encontrarse enhiesto y en condiciones de ejercer sus funciones sexuales, pero pronunciada por el chino del chiste del perro que salva al niño. Si no se saben el chiste del perro que salva al niño, me escriben no más.

    Ok, volviendo a la ley del péndulo. Cuando me dijeron que era autista, aparte de decir un tremendo «AHHHHHHHH POR EEEEEEESO» y repetirlo de manera incesante durante meses hasta el día de hoy, me puse más autista. Parece obvio, porque me di cuenta de que muchas cosas que hacía eran por el famoso mascaraje, enmascaramiento, o masking, palabra que no me gusta porque solo falta ponerte «tape» para que signifique huincha de embalaje. Entonces, aquí estoy, ahora sabiendo que soy autista, y las primera reacciones de péndulo fueron no hablar más en fiestas porque como les contaba, ahora sé que no necesito llamar la atención, o no asistir a lugares ni reuniones a las que no quiero ir porque ahora sé que no quería ir porque veo el mundo en escala de fa mientras todos lo hacen en escala de sol. La cosa es que ahora siento que han comenzado algunas reacciones medio biológicas, quizás inducidas por mi autoconocimiento. Por ejemplo, ahora me molestan más los ruidos que antes. Estoy en una cafetería y me puse servilletas en los hoyos de las orejas porque el sonido me tenía enfermo. No recuerdo si antes me molestaba y me hacía el weon, porque me daba verguenza o simplmente no me molestaba.

    Ahora más que antes quiero ponerme la misma ropa, la que me gusta y me hace sentir cómodo y tranquilo y seguro. No necesariamente la ropa individual, sino la categoría de ropa que me gusta. Calcetines suaves, pantalones de buzo, poleras de manga corta con chalecos largos, poleras de manga larga con chalecos sin mangas. Seguro que antes me dirían rebelde, o RBD, pero ahora me da lo mismo lo que me digan.

    Digo esto porque creo que a más de alguien le debe estar pasando lo mismo y me pregunto si es necesario tener un examen médico creado, administrado y evaluado por neurotípiques (ahí se van diez pelotas más) para saber que uno es autista, neurodivergente o raro, y en el fondo quedar con permiso para serlo. Es pedirle a los normales que te den permiso para ser raro. Y si no te lo dan? Algo ahí me huele a mojón. Es como que las mujeres le pidieran permiso a los hombres para tener derechos, algo que ha ocurrido durante siglos. Solo cuando dejaron de hacerlo y salieron a marchar con las tetas al aire, escandalizando a los hombres a los que les gusta ver las tetas en las películas porno, pero no en la calle porque en la calle no las pueden controlar, pudieron finalmente instalar de verdad el tema profundo y esencial para la especie humana de que una mujer que no quiere tener un hijo no tiene por qué tenerlo solo porque a un cura pedófilo le molesta tener menos opciones de niños para abusar, o porque a un republicano le duele la pichula, por cualquier motivo, porque a los republicanos les tiene que doler mucho la pichula de solo meterla para tener hijos, que es lo que dicen que hay que hacer y supongo que hacen, porque uno siempre hace lo dice, no?

    Entonces, supongo que estoy proponiendo que los autistas también salgamos a marchar con las tetas al aire. No creo que la solución para que el autismo sea reconocido como una «identidad» como tan sabiamente dijeron mis queridas Naty FM y Soa Xime, sea seguir pidiéndole permiso a los normales para ser raros, y que más encima nos cobren con un examen que las isapres no van a reembolsar, no porque sea un examen de autismo, sino porque las isapres no reembolsan nada que tenga que ver con la salud de las personas, porque su negocio es que estemos sanos, no que nos enfermemos. Creo que deberíamos hacer una lista de conductas autistas. Una lista inductiva. De tanto repetirse conductas autistas, las ponemos en nuestro listado autista y el que quiera las lee. Si te das cuenta de que tienes esas conductas, bienvenido, bienvenida, bienvenide. (ahora si que ya nadie está leyendo). Si te sientes un poco identificado porque solo tienes dos conductas de, por ejemplo, 100, o sea, pero te sientes más cómodo ahora que sabes que esas dos conductas las tienen más personas, sigues estando bienvenide.

    Es una teoría no más, recuérdenlo. También tengo la teoría de que las personas neurodivergentes no están ni ahí con el éxito ni son competitivas con el resto. también tengo la teoría de que cuando te comes un crudo, no está realmente crudo porque la carne se cuece con el limón que le echas. También tuve la teoría de que todos los vendedores de cuchuflíes en la playa vivían al final de la playa en unas casas especiales, pero la abandoné porque caminé hasta el final de la playa y no había nadien. (ahí, desafiando a la RAE). Teoricé que el viejito pascuero no existía porque no podía entrar a las casas sin chimenea y ahí tenía razón. En ambos casos utilicé el método científico de la manera más simple. Observación. Fui al final de la playa y no había casas. Cagó la teoría. Miré todas las casas y no todas tenían chimenea, sin embargo en todas había regalos. No es posible el viejo pascuero. Eso sí, a los 13 años. Antes de eso, me negaba religiosamente a comprobarlo.

    Hasta el día de hoy teorizo que dios no existe porque era una forma de explicarse las tormentas, las lluvias, la nieve y el paso del día y la noche y por eso lo hacía vivir en las nubes, pero los hermanos wright echaron todo eso abajo, sin embargo por algún motivo extraño nadie le pide método científico a los que creen en dios. De hecho, nos pide método científico para comprobar que dios no existe. Curioso. Demuéstrame que no está lloviendo. Ok, no está cayendo agua. Ah, pero yo sí creo que está lloviendo así que está lloviendo. Yo sé que estoy mojado. Y tu le miras la chaqueta seca. En fin, esa es harina de otro costal y material para otra entrada.

    Yo voy a hacer mi lista para definir el autistoide, o polígono con forma de autistas. Si no le gusta a los científicos, me tendrán que demostrar que el autismo no existe

  • Niégalo todo

    Un puñado de personas sabrá de qué se va a tratar esta entrada solo con leer el título. Desde que comencé con esto en octubre de 2022 que he estado diciendo que algún día tenía que escribir sobre él. De solo pensar en hacerlo se me aprieta el pecho. Me da por pensar que soy malagradecido, porque hay tanta gente que a los 50 años ya no lo tiene, pero también resulta que lo que he vivido lo viví y no puedo, como dice la nati, nivelar pabajo.

    Mi papá.

    Partamos con el recuerdo. Mi primer recuerdo de mi papá es difuso. No es como la bicicleta caloi o el cumpleaños en mi patio. Me da rabia pensar que mi papá me tuvo en brazos y yo no puedo recordarlo porque era muy chico. Él siempre fue un héroe canoso. Yo recuerdo que pensaba que si tu papá no era canoso, no era realmente papá. Miraba a mis compañeros con papás de pelo negro y me daban pena. Mi papá era the real papá, con canas. Hablaba con la nati ayer sobre lo especial que era él para ser un papá de los 70. Nos ponía mucha atención, jugaba con nosotros, nos hacía soñar, nos contaba cuentos en las noches. Valentín, timorato y furgencio eran tres hermanos que viajaban por el mundo y por el tiempo. Valentín era arrojado y no pensaba nada. Timorato no se atrevía a nada porque era muy asustadizo. Furgencio era inteligente, pensaba, y resolvía los problemas aplicando su pensamiento. Esas eran sus historias, no con moralejas weonas de ratones culiaos o conejos que corrían más rápido que la tortuga. La moraleja era que había que pensar para resolver cualquier problema. A la emilia yo le he contado historias de valentín, timorato y furgencio. Las adora. Ahora no las recuerda porque no se las he contado últimamente, pero aprendió a resolver problemas con ellas.

    Ese es mi padre. Ese fue mi padre. Un tipo trabajador, serio y esforzado. Un niño que dejó de ser niño a los 13 años cuando se inició como aprendiz de contador de su propio padre, que era el contador más prestigioso de Talagante. Un joven que aprovechó la bonanza económica de mi abuelo para pasarla bien en moto, en auto, con sus novias y con mil historias que contar, desde un amigo que murió en un accidente de auto a un servicio militar que nunca sabré si realmente hizo, pasando por manejar tan curao que se cayó de la moto y durmió una noche completa en la acera de la panamericana, sin que lo atropellara nadie porque no había suficiente tránsito. En alguna etapa de mi vida me pregunté si eran verdad todas esas historias, pero ahora sé que eso no importa. Lo que importa es lo que esas historias querían transmitirnos a mi hermano y a mí.

    Mi papá se encontró con un hijo autista y esa fue, quizás, la primera vez en que el mundo que él había planeado no resultó como esperaba. Efecto John Lennon. Mi padre, adicionalmente, no sabía que yo era autista. No lo sabía yo tampoco. Ni mi mamá. Nadie. Resulta que de golpe y zopetón, el muchacho que creció con chaquetas de cuero andando en moto y que se casó con la chica más linda que encontró para luego viajar de luna de miel a europa y hacer una familia perfecta como la que le prometían las series norteamericanas que se veían en blanco y negro por UCV TV, había encontrado un escollo en el camino. ¿Y cómo lo abordó?

    Esa pregunta es peligrosa para los hijos, porque nos pone en posición de juzgar al papá. ¡Quiénes somos para juzgar al papá? ¡Lo vamos a mirar con los ojos y los criterios del año 2023 siendo que se formó en 1940 y se hizo padre en 1970? ¿Le vamos a perdonar cualquier cosa porque fue padre hace 50 años? Creo que nada puede ser más difícil que intentar juzgar a quienes nos han precedido. Y además de difícil, innecesario y malintencionado.

    Pero los seres humanos juzgamos. Es nuestra naturaleza. Como respirar aire. Como tirarse peos. Quien te diga que no se tira peos está mintiendo. Quien te diga que no juzga, también.

    Mi papá me decía que yo era un inútil. De todos los sobrenombres que el bullying me trajo a lo largo de los años, el peor de todos me lo puso él. Bolsa de caca. Mi papá me decía bolsa de caca. El asunto es que no me lo decía para hacerme sentir mal, sino para evidenciar que yo estaba haciendo algo mal. Claro, para él, no sacarme sangre a correazos era suficiente respeto. Una vez le pegó un correazo a mi hermano. Yo le pregunté «papá, porque le pegaste un correazo a Cristián.» Me contestó: Hijo, yo no le saqué sangre a tu hermano. No pegar queda para ustedes y sus hijos.»

    Cuando tu papá te dice eso, quedas de una pieza. Cómo habrá sufrido. Le miras la espalda cuando sale de la ducha y te preguntas si realmente esas marquitas son por mucho llevar la mochila en el servicio militar, que es lo que decía.

    De todos modos, mi papá me escribía notas con cada juguete que me regalaba. Eran notas que me hacían soñar. Una vez me llegó una carta de don francisco y yo estaba contento. Ahora sé que es un guatón culiao facho y corrupto, pero en esa época creía en la teletón. Entonces, hay tanta vida, tanto momento, tanto segundo y tanto minuto que pasé con él, aprendiendo cualquier cosa acerca de los motores de los autos, de cómo pintar una muralla o cambiar un enchufe, que no sé si podría realmente decir que fue un mal padre. No sé si alguien puede realmente decir eso, salvo de un padre que te abusa, te golpea o te abandona. Y mi papá no hizo nada de eso. Solo reaccionó ante mi autismo de la única manera que sabía, que era intentando enseñarme a ser como él, un macho recio protector y proveedor, amante de la velocidad, seductor y amante de la testosterona. Y eso no funcionó. Creo que fue lo único que no funcionó entre él y yo, pero fue lo que desmoronó todo.

    Claro, me puse rebelde en la adolescencia, porque uno será autista, con TOC, con trastorno ansioso y con altas capacidades, pero la adolescencia nos pone weones a todos, cualquier sea nuestra sigla, NT, ND, TDAH, TKG, cualquiera. Escribía poemas como las weas, canciones iguales a las de silvio, tocaba guitarra igual que silvio y más encima, como todos los adolescentes, me creía original y si me decían que estaba copiándole a silvio me ponía más weon. Mi pápá pa weones no estaba, así que me castigaba una y otra vez, sin clases de guitarra, sin salir, sin ver televisión, sin nada. Ahí entraba mi mamá a convencerlo de que 40 años sin ver televisión no era un castigo viable, y el círculo vicioso se cerraba con mi hermano aprovechando de hacerse el que no cometía errores, etc.

    Todo eso hasta que mi mamá se enamoró en el año 1990 y se fue. Y cómo no. Si llevaba 25 años viviendo con un hombre protector que no la dejaba trabajar a pesar de que era abogada y que le daba dinero cuando ella decía que quería libertad.

    Ahí se acabo mi papá.

    Después de eso, mi padre solía decir «tu mamá se murió». Yo le decía que iba donde mi mamá y él decía «pero si tu mamá se murió hace 2 años, hace 4 años, hace 10 años.» Hoy me dice «como está tu mamá, que se murió hace 30 años.» Parece broma, pero el hombre quedó varado en 1992. Los muebles, las películas, la música, la ropa, los gustos, todo. Todo es de 1992. Voy a su casa, que no ha recibido un solo arreglo desde 1994, que fue cuando la compró, y es como entrar en una máquina del tiempo, en la que él todavía tiene 55 años, mi mamá murió hace poco de alguna enfermedad desconocida y yo, claro, yo tengo solo 19. Aunque tenga 50, 4 hijos, 1 nieto, 1 ex esposa y 1 esposa, sigo teniendo 19 y, como cabro de 19, hago todo mal. Todo. Mi papá nunca más fue al médico ni al dentista. Se le han ido cayendo sus dientes y sus muelas a un ritmo inusualmente lento y su salud parece la de un hombre de 50 años. Afortunadamente, la salud también se le congeló en el tiempo. Y ahí está, con 84 años, viviendo en 1992 hace 31.

    Su salud es mi regalo. Ahí lo tengo. Sano y enojado con el mundo. No quiere que lo vaya a ver, no quiere que le diga que lo quiero, no quiere ver a sus nietos porque dice que es una pérdida de tiempo para ellos, pero sospecho que no los quiere ver porque le recuerdan que el tiempo pasó aún sin su permiso. Una de las mil veces en que lo fui a ver a su reducto de retiro, me dijo que me iba a regalar sus ternos, esos con los que trabajaba cuando yo era niño. Yo le dije «papá, tus ternos me van a quedar chicos.».

    «Hijo, no te estoy pasando los ternos. te estoy entregando el mundo. Yo ya no puedo seguir a cargo.»

    Así eran sus enseñanzas. No intencionales. No destinadas a ser aprendidas.

    «Mis nietos me vengarán» me decía cada vez que le pedía algo de plata. Y sus nietos claro que lo han vengado. A mis 15 años me dijo que me iba a dar un consejo para mis relaciones con mujeres (porque ni siquiera se preguntó si acaso yo podía ser homosexual. Resultó que no lo era no más.) Yo pensé que me iba a dar alguna directriz de vida o consejo para ser un buen compañero, un buen hombre. Lo que sea. Me dijo «Aunque te pillen clavado, niégalo todo.»

    Asi fue. Mi papá nació el día en que alemania invadió austria al comienzo de la segunda guerra mundial. Comenzó a trabajar a la edad en que yo dejé de creer en el viejo pascuero. Enterró a su padre a la edad en que yo me titulé. Enterró a su madre antes de que yo aprendiera a leer. Vivió una vida entera en su propia ley. Fue fiel e infiel. Salió a comprar pañales cuando la moneda estaba en ruinas y llegó con leche para sus bebés cuando no había agua para él. Fue hijo y padre, marido y abuelo, pero nunca lo pillaron clavado, y a pesar de que nunca me entendió, me ha querido desde el día en que nací y espero ser yo quien lo entierre a él para agradecerle por oler como huele, porque su aroma para mí significa que nada me va a pasar nunca.

    Mi papá estuvo listo toda su vida para negarlo todo aunque lo pillaran clavado, pero nunca estuvo cerca siquiera de pensar en negarme su amor, su dedicación, su trabajo y su exquisito aroma a padre que nació con él un día de septiembre de 1939 y se irá con él al cielo.

  • Hollywood

    Hay algo insoportable en las despedidas. Desde que soy pequeño. He estado tratando de recordar la primera vez que sentí esa pena. Se parece a un dolor de guata, pero tiene una intensidad que no viene del estómago. Me ha costado tiempo entender que viene del cerebro, un poco porque a uno le enseñan que el cerebro no duele, un poco porque la literatura nos convence desde jóvenes que los sentimientos están en el corazón y que son amor o falta de amor y no hay más. Siempre digo que la mejor película de la historia del universo es el día de la independencia. Casi todos los días lo es, porque tiene extraterrestres, naves espaciales y al presidente de los estados unidos literalmente subido a un jet salvando a toda la humanidad y convirtiendo el 4 de julio ya no en una festividad norteamericana sino en una festividad mundial de la libertad. Creo que ese es el momento más sublime de la historia de hollywood, ese momento en que los gringos se despojaron ya de toda vergüenza y dijeron en voz alta que efectivamente creen que son el faro de la historia del mundo y que los demás no somos más que paisaje que pasa borroso por el fondo de la ventana del tren. Sin embargo, algunos días vuelvo a pensar con cinco dedos en la frente y recuerdo que la mejor película de todos los tiempos (que es más que la mejor película de la historia de la humanidad porque además de incluir el pasado incluye el futuro, es decir, ya no existe posibilidad de que se haga una película mejor) es Intensamente. Y la mejor escena de todas las escenas que se han hecho y que alguna vez se harán, es aquella en que Alegría se da cuenta, por fin, de que la única emoción que tiene la capacidad de convertir una experiencia triste en una feliz es la tristeza. Esa fue de las pocas veces en mi vida en que realmente se me ha caído una lágrima, o sea, que no me di cuenta de que estaba llorando hasta que la gota me mojó la mejilla y rodó hasta hacerse notar por el cambio de temperatura y humedad de mi piel.

    Afortunadamente, estaba con la nati. Una cosa que es cierta de los avisos de la tele es que los momentos en que la vida de uno cambia para siempre es bueno vivirlos junto a alguien que te quiere de verdad. Yo tenía 43 años cuando la vi. Solo cuando la vi comprendí que tenía que dejar de esconder todas las penas que había tenido en la vida para intentar ser feliz, porque si las seguía escondiendo no lo iba a lograr. Así no más. Algunas personas van al sicólogo, otras, vemos una película y aprendemos una lección. Me ha pasado toda la vida. Viendo Kung fu panda aprendí que el presente es un regalo, que por eso se llama así y que no me tengo que concentrar en el pasado, ni soñar únicamente en el futuro. Viendo Mulan entendí que «la flor que crece en la adversidad es la más rara y hermosa de todas.» Viendo Toy Story 3 entendí que mis hijos habían crecido ya.

    Lo que no llegaba a entender es por qué todas esas revelaciones me resultaban tan agobiantes. Los sentimientos son especialmente agotadores para mí. Y eso no tiene límites ni conoce clasificaciones. Ahora tienen que imaginarse uno de esos collage de las series de los 80 o comienzos de los 90 en los que una canción nostálgica comienza a repetir imágenes de mi vida. Les propongo «fought and lost» de sam ryder: Vamos. (congratulations, on your jubilation) Marcelo Figueroa rompiéndome el cassette de elvis presley, mis compañeros celebrando que gané el concurso de ortografía, (this devastation) el saco de weas de pablo jaque ahorcándome contra la reja de la cancha de fútbol, (and everybody fought) mi mamá sentada en un banco de la plaza cerca de mi casa sacándome fotos mientras yo jugaba a la pelota con mis amigos, mi hermano en cama porque se sacó la chucha en micro y yo al lado llorando toda la noche para que no se muriera,(so we will see you here) mis papás peleando por cualquier cosa. Yo viendo con mi mamá el aviso de «una familia feliz», teleserie de canal 13 que daban los domingos en la noche y que se trataba de una familia que no era feliz, y yo diciéndole a mi mamá que nosotros éramos esa familia, pero llorando. (better to have fought and lost) Mi amigo cristóbal fernández yéndose del barrio a vivir a Viña del Mar…

    Mi casa sin mi mamá. Un día llegué de la bomba y mi mamá ya no estaba. Mi casa sin mi hermano. Yo llorando en los brazos de mi prima Daniela porque cristián se iba a vivir a Europa. La última foto que nos sacamos los cuatro juntos, mi papá, mi mamá, mi hermano y yo, cuando ya no éramos una familia ya, sin haber alcanzado a ser una familia feliz, en el aeropuerto. La sacó la violeta, la nana que llegaba a las 11 que la noche anterior se había quedado a dormir para llegar al aeropuerto a las 9.

    Mi casa vacía. Mi papá se fue avivir a la ciudad satélite de Maipú luego del divorcio y vendió la casa en la que crecí, esa que uno quisiera tener para ir a visitarla de grande. Yo todavía tenía llave. Estaba vacía, sin muebles, sin camas, sin lo que había sido siempre. Me acosté en la puerta y lloré como nunca. La guantalamera, mi perrita, todavía estaba ahí, y me langüeteó harto rato. Poquito después se fue a vivir donde la tía Eliana, una abogada amiga de mi mamá que tenía 15 perros. Hasta el último día de su vida se comió un berlín todos los días a las 11 de la mañana, como tentempié mañanero. Tuvo 40 hijos y se murió a los 14 años rodeada de ellos y conmigo al lado. Al menos para ella la historia de mi familia terminó bien. Lassie y bolt son un chiste al lado de la guanta. Y marley no es un perro, es una marca de café.

    No recuerdo cómo me paré del suelo de la casa ese día. Siempre me he parado de todas las penas. A pesar de que no sabía como manejar tantas emociones, tantas despedidas, tantas partes de la vida que no habían salido como las prometían las películas de holywood, siempre me paré del piso de la casa vacía, me limpié las lágrimas y seguí adelante, siempre solo.

    No solo, en realidad. A los 15 años conocí a mi amigo josé miguel. A los 11 había conocido a Daniel. Daniel Party, no es broma, Party como fiesta en español, era un jackson five en mis ojos. Tenía fama de estudioso. Usaba lentes. Una vez lo invité a la casa desde el colegio. Para mí era lo más bacán del mundo invitar alguien a la casa porque podía jugar con él, hablarle, conocerle, sin depender de que quisiera estar con otros niños o niñas y exigirme competencias sociales para seguir compartiendo. Los invitados eran solo para mí. Nos pusimos a ver Doble de Cuerpo, una película con harto sexo, y teníamos 11 años. MI mamá nos pilló y él le dijo a ella que sus papás lo dejaban ver esas cosas. Ídolo. No sé si era verdad o mentira, pero en ambos casos, ídolo. Después creció, se alargó, se puso flaco y misterioso y pololeó con la rubia del curso, pero no cambió. Siguió siendo mi amigo siempre y eso fue hermoso. Una vez yo estaba embargado por esta pena continua de los abandonos y las despedidas y él fue a verme desde su casa en Ñuñoa hasta el cuartel de bomberos en que yo estaba, en Vitacura. Nos sentamos en su auto a conversar. Así de bueno. Hasta el día de hoy lo quiero y lo voy a querer para siempre. Sin despedidas.

    Con josé miguel la cosa fue distinta. La primera vez que nos vimos él se me vino encima para tratar de que yo dejara de molestarlo. No es broma. En segundo medio yo ya había aprendido el lenguaje del bullying de tanto sufrirlo, y había decidido inconscientemente comenzar a hablarlo para relacionarme. Entre payaso y molestoso, me gané más de un combo. Uno de esos iba a ser de josé miguel, pero mis compañeros lo pararon. No sé por qué me defendieron, si porque era un debilucho (un debilucho de 1 metro 70 en segundo medio y 80 kilos) o porque era una especie de gema rara para ellos. Ahora me pregunto eso, influido por la sociedad de los poetas muertos y el finado Williams.

    En fin, esa noche llamé a josé miguel para pedirle disculpas, y él me disculpó. Y nos hicimos amigos para siempre. Para siempre. De esos amigos que hacen grupos de música juntos, salen de vacaciones, carretean juntos (o al menos él carreteaba mientras yo le acompañaba siendo voluntariamente el raro) y además se presentan a las esposas. Yo le presenté a su esposa, la fran morales, la del podcast. Ella se sumó a mi equipo de protectores durante el primer año de universidad. Tanto josé miguel como la fran dejaron cosas importantes cuando yo tenía pena. Miles de veces.

    Y bueno, está la nati. Ella merece una entrá completa y la tendrá. Solo sepan que ella decidió que me amaba cuando yo estaba postrado en una cama de hospital, recién salido del riesgo vital, sin saber si volvería a caminar, sin poder sentarme, y con una enfermera que tenía que limpiarme el poto porque yo no podía hacer caca solo. Ella me eligió sabiendo que quizás me iba a tener que limpiar el poto para el resto de su vida. Después les cuento el resto.

    Además de las películas, estas personas me han guiado en esto de soportar las emociones sin saber que entre el autismo y las altas capacidades, venían instaladas en modo jugador experto. Todas estas almas maravillosas dejaron de lado sus vidas en algunos momentos para brindarme un pedazo de la familia que dejé en una casa de vitacura, enterrada junto con el cuerpito bello del Salomón, mi primer perro, que está en el cielo de los perros con la guantalamera y sus 40 hijos, que es imposible que estén vivos después de 20 años, con el chino, todos esperando a que un día le llegue la despedida a mi Perrote, porque también tienen razón las películas en que todos los perritos se van al cielo.

  • Expectativas

    Me dieron licencia primero por una posible osteomielitis y después por estrés. En este país en el que tener licencia por estrés es ser mentiroso y conseguir licencia falsa para no ir a trabajar, nadie de la pega me ha llamado para preguntarme como estoy. Bueno, no es cierto. Me llamó la Sandra González, mi sandrita, la esposa de «está helao juan» que es uno de los panelistas del tesoro perdido de neuralgia, algún día les contaré por qué. También me llamó el pelao Carmona, que por algún motivo me quiere mucho. Quizás porque cuando llegó a Valdivia le invitamos con la Pamela a comer a un restorán de carne asada, que es la invitación más bacana que puedes hacer en horario de almuerzo día de oficina, porque es riico po. O sea, yo no soy vegetariano y no podría serlo, porque me gusta el pollo, la carne y el pescado, pero igual estoy cagao porque tengo el colesterol alto y dejé de comer carne. Entonces, una carne asada de vez en cuando es como encontrar un trébol de cinco hojas (porque de cuatro hay hartos) En fin, el pelao me emocionó porque nunca esperé que me llamara para saber como estoy. La sandra me emocionó porque me confirmó que me quiere de verdad. También me mandó un wasack la ale soto, que me está reemplazando, y me sorprendió porque no quería preguntarme nada de la pega, solo saber como estaba. Y como siempre ocurre, luego del wasack estuve cuatro o cinco días esperando que me escribiera para preguntarme de la pega porque si he aprendido algo sobre el dilema social es que la gente primero pregunta como estás y después pide el favor. Cuando eso pasa, te prometo que a mí todo se me va a la mierda, porque yo me emociono con el solo hecho de que me suene el teléfono, me llegue un whatsapp, o me digan hola. Entonces, luego de querer saber como estoy, preguntan si he visto tal cosa o tal otra y ahí cacho que no les interesa realmente saber como estoy y los odio. Pero la ale solo preguntó como estaba y pasaron un par de semanas hasta que me preguntó algo de la pega. No sé cuál es el límite, pero dos semanas está bien porque por un lado si quería saber algo de la pega como va a esperar dos semanas para saberlo puro pa que yo crea que le interesa como estoy, y por otro, en dos semanas es posible que le haya aparecido una duda real que no tenía cuando me llamó. Ok. aprobada.

    Las expectativas siempre han sido un problema para mí. Me hago muchas. Me vendo la pomada a mí mismo. Sospecho que algo tiene que ver con el autismo, pero realmente no lo sé. Cuando tenía 12 años fui con mi papá y mi mamá (no con mis papás cachai, lenguaje inclusivo y rupturista porque puse al papá primero en vez de ser gentil como todo un caballero machista de 1930) a pichidangui en abril. Hasta perdí clases. Este evento único en la historia, porque mi papá era de nunca faltar a clases, tuvo lugar porque venía el cometa halley y le dijeron que a partir de la cuarta región podía verse. Entonces, como mi papá era práctico y cagao como poto de paloma, fuimos al lugar más cercano que constituyera administrativamente la cuarte región desde santiago, que es, por cierto, pichidamgui. Onda bienvenidos a la cuarta región, mi papá apagó el motor y ahí nos quedamos. Yo feliz, porque nada podía ser mejor que ir en una camioneta Ford Econoline de esas gigantes para mí, dormir en los improvisados maderos hechos por mi padre y los colchones de cojines, al lado de mi mamá y de mi papá, y más encima sin mi hermano. Cristián se quedó en Santiago me imaginó que porque podía. Tenía 15 y quería sentirse grande. Entero weon, porque yo iba a ver al cometa halley y él no tenía polola así que no iba a comerse a nadie. Quien sabe, quizás hizo una fiesta llena de sexo, drogas y rocanrol, pero insisto yo iba a ver el cometa halley y no sabía lo que era el sexo, así que mi panorama era mejor.

    Para no alargar la historia, no vimos niuna weá de cometa porque en pichidangui estaba tan nublado que casi pasó el caleuche por la costa. Sin embargo, yo conocí a un niño de mi edad que se llamaba Maximiliano Solari. Todavía me acuerdo. Se imaginan que alguien lo conoce y lee esto? Capaz que ni se acuerde. Ok. Estuvimos dos miserables días. Esto es, llegamos a la hora de almuerzo un sábado, dormimos el sábado mientras pasaba el caleuche y nos fuimos el domingo al mediodía. Un día en realidad. Y yo jugué en la tarde del sábado con maximiliano. Una cagada. Debnen haber sido dos horas. Y al otro día al irnos le dije «ya amigo, nos vemos en santiago, dame tu dirección tu teléfono, seremos amigos para siempre, te imaginas después nos vamos a acordar de que nos conocimos en pichidangui, quizas vayamos a la universidad juntos, nuestro hijos iran al mismo colegio y después en tu funeral yo leeré una linda elegía…»

    Claro, el pendejo se subió al auto con cara de espanto y se fue. Nunca más supe de él, obvio. Igual me dio su teléfono, pero nunca funcionó. Ahora sé por qué. En serio, solo ahora acabo de entenderlo. ¿Ven que este blog es como un live?

    Así son mis expectativas. Tremendas. Me desgastan. Me llevan la vida entera. Ríanse con confianza. Recuerden que mi puesto de payaso es el que escogí para relacionarme con el mundo.

    Entonces, imagínense que estoy con licencia y de mis 50 compañeros y compañeras de trabajo me llamó uno y me wasapeó otra. La Sandra no cuenta porque es mi amiga y si no pregunta por mí se va al infierno. Igual pienso que es porque la licencia es por estrés. Por lo de la lepra. Yo creo que todos piensan que me las di de flojo y me conseguí una licencia para descansar y por eso no quieren meter las manos, pero me estoy engañando. Es porque la gente vive distinto a mí, pues. No se hace las expectativas que me hago yo. Lo que me pregunto es si realmente eso es lo normal. También me pregunto, de hecho me lo pregunto primero, si los ND son como yo, es decir, esperamos que el cariño sea verdadero. No es que no demostremos cariño porque somos raros. Es porque cuando no tenemos cariño, no hay nada que demostrar pues. Y preguntarle a alguien como está si no te interesa saberlo, no tiene ningún sentido. Al otro lado, lo normal sería hacer eso. Lo normal es mentir. Entonces, si lo normal es mentir, ¿por qué la gente no me llama para saber como estoy falsamente, cosa de comportarse como normales? ¿Es acaso porque saben que soy neurodivergente y que me desilusionaré de saber que es mentira? No entiendo.

    Tal vez no llaman porque simplemente no les intereso, aunque llevemos años trabajando juntos, y se la pasen todas las mañanas sonriéndome, siendo amables, preguntando como estuvo el fin de semana, como está su señora, como estám sus hijos, y yo expectativamente contestando de todo corazón cada maldita vez con la verdad. «estoy bien», «aquí, triste», «mi hija se sacó una mala nota». etc. Entonces me enfermo y me doy cuenta de que todo ha sido una gran mentira.

    Lo normal es mentir? Eso sí que es lo más raro de todo. Más raro que yo.

  • Neuralgia cruda

    La última weá que se me ocurrió fue un podcast. La verdad es que no se me ocurrió a mí, se le ocurrio a la Nataly Vásquez, una amiga a la que conocí haciendo lo que me gusta más, que es ayudar a la gente. Claro, suena medio quebrado, así como que puse todo el asunto del podcast y la Nataly puro pa decir que me gusta ayudar a la gente, pero no es así. Es verdad que me gusta ayudar a las personas. Cuando era niño, mi papá me decía «helpin help». Todavía no sé si quería decir «helping help» algo así como «ayudando ayuda» y que podría significar «ayudando a la ayuda», o si como suele ocurrir con todas las cosas del mundo, tienen un significado más bien simbólico y yo entre que no lo entiendo y necesito aclararlo porque la ausencia de enredo es fundamental en mi vida. Yo creo que era eso, que quería ponerme un sobrenombre tierno porque me gustaba ayudar. Y así era. Y es. Yo siempre levanto la mano cuando piden voluntarios. Como ese tipico personaje de las películas o las series al que nunca le dan la palabra porque siempre quiere contestar. Ese soy yo. El nerd sabelotodo apestoso que no te puede caer mal, pero al que tampoco quieres soportar, porque quieres estar con los populares, todo muy de película gringa de los 80, que como ustedes saben, yo creo que son las únicas que realmente cuentan la verdad sobre el mundo. Ya empezamos ya.

    Okey, al mismo tiempo en que se me ocurrió hacer un podcast, me bajó la fiebre de las redes sociales y me dio por convertirme en influencer. No creo que pueda ser un influencer yo, la verdad, pero sospecho (sospecho no más porque no he conversado conmigo para preguntarme) que mi intención es precisamente hacer un experimento para ver qué tan influencer puede llegar a ser un ND (neurodivergente, como pretendo imponer) lo que podríamos llamar un neuroinfluencergente o un neufluedivercerte. Y aquí estoy pues, haciéndome conocido de a poquito, con la misión autoimpuesta de divulgar un poco. No sé bien qué quiero divulgar. No es información porque no soy neurólogo ni psicólogo, ni terapeuta ocupacional. No son productos tampoco. De hecho, como comentamos con una de las lindas personas que me han escrito desde que se me ocurrió esta locura, mis publicaciones promocionadas en instagram son hasta ahora las únicas que he visto que no tienen un trasfondo económico. No quiero vender nada. Nunca he querido venderle nada a nadie, lo que probablemente significa que siempre he querido venderle algo a alguien, o no? Veamos, si nunca he querido venderle nada a nadie, significa que a ninguna persona he querido venderle nada, lo que significaría que es posible que a alguna persona haya querido venderle algo. Después, está el nunca. Es raro el nunca. Primero porque es imposible. Nada es nunca. Todo es alguna vez. Nunca es demasiado radical. Siempre algo pasa alguna vez, nunca las cosas nunca ocurren, lo que también significa que por decir que nunca las cosas nunca ocurren estoy exagerando y es posible que efectivamente haya cosas que nunca ocurran. Bueno, no quiero vender. Más simple.

    «Lasunto» es que entre el blog, las publicaciones en instagram y el podcast, bueno el podcast no porque todavía no hemos grabado ningún capítulo, pero entre el blog las publicaciones y el aviso del podcast he conocido personas. Creo que son personas que no existe posibilidad de que hubiera conocido si no fuera a través de esto que estoy haciendo. Para mí siempre ha sido difícil conocer personas porque mi hablamiento es malo. Hablo de las cosas que me importan, no escucho casi nada de lo que me dicen y abandono los lugares y las conversaciones en cuanto me aburro. No tengo mucho interés en hablar de nada que no me interese, lo que puede parecer obvio, pero no lo es. Casi toda la gente habla de cosas que no le interesan y según la Nati, de alguna manera les interesan estas cosas que no les interesan, porque es la forma de comunicarse de manera liviana e intrascendente que se utiliza para un momento social y a la gente le interesa mantener buenas relaciones sociales con el mundo, por razones en las que aún no indago. No se trata de que crea que no hay que preocuparse de esas razones, es que realmente aún no llego a comprenderlas porque estoy todavía tratando de descifrar el código conversacional del momento social, uno de los desafios más grandes que he enfrentado en mi vida. Una vez escuché decir, probablemente a mí, que para las personas autistas el desafio de la vida era al revés. Los grandes temas de la humanidad, como el cambio climático, la sobrepoblación, la política, el hambre en el mundo (porque eso del hambre en áfrica se quedo en 1986 con bob geldof) son asuntos fáciles de comprender y manejar para mí y mi brigada de «retrasados mentales» como diría mi papá (hawking!, todavía les debo la entrá sobre mi padre)(hawking! es como decir dios mío) pero los temas del día a día, como saludar a una persona en una fiesta o lo más terrible del mundo que es pasar un rato en un cóctel de la pega, son una ordalía insoportable, no porque uno se crea mejor que el momento y que la gente que lo está «coviviendo» con uno, sino porque implica facultades y habilidades que uno no trae de fábrica y que no se da cuenta que no trae no solo hasta que las necesita, sino hasta que entiende que no las tiene ni siquiera disponibles en un service pack o descarga automática o actualización con wi-fi para no usar datos móviles y que pueda haber cargos por parte de tu operador. Así no más. Uno puede resolver cómo bajar la temperatura del mundo en 1, 5 grados en los próximos 50 años, pero no sabe cómo seguir una conversación sobre el clima de hoy con un canapé de minichoclo en la mano.

    «Lasunto» es que uno no pasa el día, ni la semana, ni muchos días del año, y probablemente no muchos si es que no ningún año de la vida salvando el planeta, salvo que seas Greta Thunberg, y en ese caso, como eres famoso o más que famoso, importante, puedes tranquilamente irte de una conversación en cualquier momento o no querer hablar de nada que no te interese, porque probablemente al hacerlo la mayoría de la gente piense que es alguna modalidad moderna o estilosa de hacer las cosas y todos quieran hacerlo. Esto me hace recientemente pensar (de hecho en este mismo momento) que hay dos formas de hacer las cosas de manera rara, una es ser autista y la otra es ser famoso, o importante. Tres formas entonces.

    Curiosamente, a pesar de que no sé cómo chucha funcionar en un ambiente social, me emociono como cabro chico cada vez que alguien le pone un corazoncito a mi instagram, o lee mi blog. Imagínate ahora que promocioné mis leseras, hasta me han mandado mensajes de messenger (mensajes de mensajero cachai las cosas que uno dice ahora por la tecnologia y la transversalidad de la horizontalidad) diciendome que les gusta mi blog y mi forma de escribir, y no sé qué hacer con eso, porque es algo que nunca me había pasado. Esta es gente que aprecia lo que hago sin conocerme y por ahora es una adicción, porque me permite tener una sensación de gusto conmigo mismo sin tener que mantener una conversación estúpida sobre estupideces. Y bueno, dicen que uno se enajena con las redes, que se pierde la humanidad y ese tipo de tonteras, pero resulta que la humanidad ha sido harto inhumana conmigo cuando he tratado de ser lo que soy entre quienes son lo que son, porque me gusta usar un gorro de chancho de peluche y los demás no se lo ponen. Siempre pensé que usaba el gorro del chancho de peluche (que ha tenido miles de formas de manifestarse a través de los años) porque quería llamar la atención, porque era payaso, porque era pintamonos o florerito, centro de mesa, todas esas formas de humillar a cualquier persona que hace las cosas distinto que han diseñado los diseñadores de la sociedad occidental, pero desde que soy autista, más bien desde que soy un ex neurotípico que he empezado a comprender que el gorro del chancho me lo pongo porque me siento comodo con él. Quizás en algún nivel que no sé desbloquear aún, esta manifestacion fisica de estar distinto a los demás es una forma de poner en concreto, con una señal en el mundo, que también soy distinto por dentro, fundamentalmente distinto. No para ser mejor, ni para escribir poemas como Robin Williams en la sociedad de los poetas muertos, ni para enseñarle a los demás cómo hacer las cosas, como casi toda la gente que postea en redes sociales lecciones de vida y puras huevadas al estilo Gibran Khalil Gibran o su versión moderna, paulo coelho paulo, o su versión diabólica, mordida por zombies y corrompida por el dinero, Sordo Pilar Sordo, sino porque resulta no más que somos distintos. Las personas autistas leemos la música en clave de do, escuchamos en onda corta, miramos con visión nocturna, y seguramente tenemos hasta el pipí a temperatura distinta. Cuesta creerlo primero, pa uno mismo, imagínate pa las personas neurotípicas.

    Y bueno, entonces aquí estamos con la idea del podcast tratando de que juanito, la nati césped y la pancha puedan coordinar un horario para juntarnos por zoom y grabar la primera sesión para hablar las mismas sandeces que hablo en este blog, pero con un par de neurotípicas que van a tratar de explicarme las mismas preguntas esenciales que me paso haciendo aquí, como «por qué la gente dice de nada cuando hace un favor» y otras similares de trascendental importancia para la humanidad. Le puse neuralgia al podcast. No fue porque la neurodiversidad le provoque dolores de cabeza a la neurotipia. Eso se me ocurrió cuando ya había inventado el nombre. No fue porque sea una palabra cientifica que dice «neur» y por eso se puede relacionar con todo este tema desde un punto de vista supuestamente objetivo. De eso me di cuenta un segundo después de inventarla, pero la cruda verdad, cruda como pata de pollo, es que le puse neuralgia porque encontré que sonaba choro.

  • Hágalo Ud mismo

    Llevo varios días pensando en qué tengo que escribir una entrá pal blog y después me ponía a pensar si acaso esta especie de autoexigencia de tenerles noticias frescas era una manifestación más de mi autismo o si era alguna otra cosa, como probablemente una manifestación de mi trastorno obsesivo compulsivo, porque no se olviden de que si yo fuera un platano no solo estaría negro por fuera sino también negro por dentro. En fin, a final me fui dando cuenta de que esta necesidad de seguir escribiendo tiene harto que ver con mis ganas de ser escuchado y leído por más personas que solo aquéllas que me soportan a diario, que son re pocas. La verdad, es una sola, la nati que es un ángel en un mundo sin dios, porque mis pobres hijos e hijas están obligados y obligadas a hacerlo. Y acto seguido, me pregunto si esta necesidad de ser escuchado tiene algo que ver con el autismo. Como ven, estoy ensayando un nuevo sistema de escritura modalidad «estamos al aire tulio» en el que tengo la misma noción de lo que escribiré a continuación que ustedes, es decir, ninguna. Veamos, desde chiquito me gustaba contar chistes en la mesa frente a los grandes. Mi estilo era el siguiente: Le pedía permiso a mi mamá para contar el chiste. Ella me decía «cuéntamelo al oído» y yo le contaba uno súper inocente, así como los chistes de la emi «qué hace un perro con un taladro», «taladrando» ooo mi mamá babeaba y me decía que lo contara no más. Anunciaba un tierno chiste de su hijo y le cerraba el ojo a los comensales (que por eso después tienen la presión alta, ese es otro chiste) y entonces yo contaba una cochinada al estilo «por qué los chinos son amarillos? porque mean contra el viento», todos se reían y mi mamá se avergonzaba. Igual, después de una o dos veces, probablemente ella ya sabía como venía la mano y cuando cerraba el ojo a los hipertensos del futuro que es pasado, era para que supieran que el chiste era medio coshino. Les juro que acabo de darme cuenta de eso. Hasta la 8 35 del 4 de mayo de 2023 yo pensaba que mi mamá caía cada vez en la trampa y me doy cuenta de que tal como cuando engañé a la marianita y le hice creer tenía acceso permanente e ilimitado a todos sus whatsaps, mi mamá era más pilla que yo y lo sigue siendo. Creo que esto significa que los papáes como decía mi papá, y las mamáes son siempre más pillos y pillas que uno, y que por ende, el mundo está cada vez más weon con el paso del tiempo. Houston, aquí el módulo lunar. Retomando transmisiones.

    No sé si buscaba esa atención adulta por una evidente conducta pueril, o si tenía que ver con mi autismo secreto hasta para mí mismo a esa edad. Como diría un albañil al que se le olvidó su mochila, no tengo las herramientas necesarias. Lo que sí sé es que cuando obtenía la atención, me embargaba una real felicidad por un ratito. Y que luego de ese ratito, me volvía a invadir esa nostalgia imposible, porque a los 6 años no puedes tener nostalgia del pasado, ya que el pasado ocurrió una semana antes. Junto con mi diagnóstico de autismo me dieron el diagnóstico de la nostalgia. Como saben, hace 2 años. Nostalgia, le digo yo. Se llama trastorno depresivo atípico.

    Con el paso de los años, ya alcanzada la madurez de la adolescencia, es decir, madurez ninguna, encontré la música. Bueno para la guitarra, el piano, la batería, el bajo, todo. Mi hermano también, no sé por qué, Nunca supímos por qué. Dicen que mi abuela flora tocaba la guitarra, pero me la imagino rasgueando un par de tonadas. Parece que hay genes que evolucionan, darwin. Y era lo mismo. Poniéndome al centro de cualquier conversación o momento mediante la música, atraía toda la atención hacía mí. Y eso me provocaba esa esquiva felicidad que parecía un ratón arrancando del gato. Después, tuve pololas. Al final, más que pololas, eran encargadas de protocolo y relaciones públicas de Álvaro S.A. Yo me puse detrás, ellas hablaban, ellas me llevaban a sus mundos sociales, sus grupos y sus vidas. Yo era el «weon callado, bueno pa la música, que sabía de todo y hablaba poco». Me pregunto si era el típico weon callado que tiene toda la información sonbre el mundo y probablemente sabe cuál es el sentido de la vida. Me encanta ese personaje. Y así pues, pasaron los años. Me convertí en el centro de toda atención en cada momento. Ya fuera a través de chistes, o canciones, o simplemente de una capacidad inusitada de hablar sobre cualquier cosa, yo era el florero de cualquier mesa. El asunto es que no era buena compañía. Como dice mi amigo juan, a quien me referiré en breves instantes como juanito, yo no era un «conversista» (juanito no dice que yo no sea conversista, dice que él es conversista, y lo es, es maravilloso) Yo no era como alfredo lamadrid en humanamente hablando ni como la Cecilia Rovareti en el primer café de la cooperativa. Yo era un desagradable narciso autorreferente que hablaba, controlaba la conversación e imponía los términos y temas. Mis amigos se reían porque yo me quedaba dormido después de poner los temas. Una vez me fue a ver un amigo a la casa porque se había peleado con su esposa y yo me quede dormido mientras me hablaba, porque no me interesaba. Así de profundo el como las weas que yo era. Otra vez, mucho antes, se me ocurrió ir a ver a la polola de un amigo a su casa porque estaba de cumpleaños. Mi amigo también estaba ahí. Me puse a hablar, todos se reían. No me di cuenta de que había arruinado el cumpleaños porque al final solo se había escuchado mi monólogo y la polola de mi amigo era muy educada y nunca me echó cagando, que es lo que debió hacer.

    El asunto es que cuando eres autista y no lo sabes, cosa que sé ahora que sé que soy autista aunque parezca raro, no es como estar resfriado y no poder oler, o sentir los sabores medio raros y después se te pasa. Es que el mundo huele distinto siempre y el sabor de todo te parece tan extraño que no sabes cómo describirlo. Entonces, si más encima tienes que lidiar con un trastorno depresivo atípico, altas capacidades y un trastorno obsesivo compulsivo, resulta que tienes más ingredientes que desayuno de hotel, y ni siquiera sabes que tienes que hacer desayuno con ellos.

    El otro día me puse a llorar en el cumpleaños de mi querida amiga Sandra. Ella no se dio cuenta, ni el gran juanito tampoco. No hice escándalo y me fui al auto un ratito. No lloraba por melancolía, ni por depresión ni por ser autista, como probablemente crea mi padrecito. Lloraba de impotencia y de pena. Estoy en esa etapa del autodescubrimiento de la condición en que comienzas a ver tus limitaciones, y darte cuenta de que no son límites autoimpuestos, o sociales, o culturales, sino que son límites físicos. Sentado en una mesa en la que varias personas conversaban animadamente sobre cualquier cosa con la intención bienintencionada de celebrar los añitos de la Sandra, simplemente, me era imposible comprender la situación. Cuando era niño, no la comprendía y la forma que encontré para superarla fue contando chistes y atrayendo la atención hacia mí, de una manera tal en que nadie más hablara mientras yo hablaba. Me doy cuenta de que eso me permitía controlar la interacción, aunque fuera por un segundo, De ahí la felicidad. Pero hace algún tiempo, dejé de ser el centro de atención, porque cuando descubrí el autismo, quise centrarme por primera vez en mí. Mirarme al espejo, como decía la chica darling, que era toda lana, pero tuvo varios aciertos conmigo como sicóloga. Dejé el protagonismo de manera definitiva. En la pega incluso, dejé de ser jefe, dejé de querer destacar. Mi misión se convirtió en ser lo menos visible que se pudiera, para poder verme a mí mismo. Como una estrella, que de tanto dar luz no permite que se vean los planetas a su alrededor, mi obsesión por brillar me impedía ver mi propio reflejo, y como lo dijo hace más de 20 años Mulan, que como saben es la mejor película de la historia de la humanidad y el universo después del día de la independencia, «cuándo en mi reflejo yo me veré en verdad. quién es quien veo ahí (tan bonita tan gentil, no no, no me aguanté) mirando fijo a mí» La gramática de las canciones de Mulan y de Disney es como las weas porque las componen en inglés y luego las traducen para que encajen en la música, entonces, pa que se entienda algo parecido a lo que dice la canción en inglés, parece comercial de firestone «si camino no hablar nada venir», pero lo que importa es que es verdad. Si no sé qué hay en el espejo, no sé nada.

    Tome aire mijito.

    Ok, entonces aquí estamos descubriendo lo que hay en el espejo. Un chiste cochino encapuchado, una canción de silvio tocada en guitarra para seducir a una compañera de curso o una personalidad tan imprudente que arruina el cumpleaños de la polola de su mejor amigo? Un tipo tan descarado que se duerme ante la desgracia de quien se supone que es su amigo?

    Sí pues. Así de mal. Así y todo, hay algunas personas que siguen siendo mis amigos y amigas. Cuánto me tienen que querer, por la chucha, para haber aguantado medio siglo de estupideces. José Miguel, Daniel, mi compadre Gabriel que me aguantaba todo, pero decidió irse al cielo, porque para él sí que hay cielo. La fran quizás. Y la nati, obvio. No solo me ha aguantado sino que hasta se casó conmigo. Y en vez de arrancarse, me buscaba videos en yutub para ver si podíamos comprender mi forma de ser, una especie de hágalo ud mismo del autismo. Esa podría ser una veta nueva de este blorgs. Videoblog. Una amiga me dijo que hiciera un podcast, pero no es lo mismo con el autismo, aunque parezca eufemismo.

    La constante de todo este relato es esta «incapacidad para comprender la situación.» La situación social. Algo tan simple como hablar de cosas simpáticas durante un cumpleaños. Hace algunas entrás me reía de lo inútil que es hablar de verdades ocultas, pero hay otra cara para esa moneda. No hay moneda que no tenga dos caras. O sea, podrá haber? sería impresionante. No es el momento, por la chucha, concéntrate. Yo sufro. Añoro. ¡Cómo quisiera poder participar tranquilamente de una conversación amena sobre cualquier tema, solo porque estamos distendiéndonos mientras celebramos los añitos de mi amiga! No es que me crea superior. No es que me crea mejor. No es que piense que los temas que se hablan son tontos. No es qué me moleste que no se hable de mí. Ya pasé por pensar todo eso. Ya arruiné 49 años de mi vida en eso. Ya arruiné quizás cuántos cumpleaños, matrimonios, bautizos, fiestas de fin de año o simplemente reuniones de personas que creían que yo era su amigo. Es que simplemente, no puedo. No logro comprenderlo. Primero me asusté, y conté chistes, después me asusté y canté canciones. Después me asusté y fui egocéntrico. Ahora, ya no me asusto, pero me entristece y prefiero irme al auto que seguir arruinando amistades que prometen ser de verdad, como lo hice con tantas en el pasado que tal vez pintaban para buenas, pero fueron desperdiciadas y echadas al basurero por este autismo maldito que viene sin manual de instrucciones y tiene más botones que central telefónica.

  • Los perros saen

    Esto de ser autista se parece a la perspectiva de género. O sea, se parece digo yo cuando lo pienso a la rápida, pero en verdad es que tiene que ver mucho con el género, no porque el autismo le pase más a un género que a otro, o la prevalencia o todas esas cosas científicas que tan poco asidero tienen al lado de una buena superstición. Lo que pasa es que en ambos casos se esperan comportamientos de uno y al menos para mí, que soy hombre tanto por sexo como por género, siempre todos esperaron que fuera bueno para la pelota, que tratara de darle besos a mis compañeras de jardín, que les levantara la falda pa verle los calzones, que me pajeara en grupo con mis amigos en esa época en que todavía no te sale semen y te crees la raja porque ya se te para y no saís na lo que viene después, que me gustaran los chistes machistas, que encontrara «asquerosos» a los «maricones» y raros a todos los que no fueran unos zorrones de mierda listos para violar a cualquier mina que se quedara dormida, ya fuera porque tenía sueño o porque le habían dado zolben. Zolben, cachai. Cuando yo estaba en sexto básico, recién llegado al curso porque me habían sacado por fin del nido de aguilas y me habían puesto en un colegio chileno, pero arribista, mis compañeros hacían fiestas todos los fines de semana. TODOS, weon. TODOS. Teníamos 11 años y todos los sabados bailaban al son de geité y engrupo, con pantalones amasados y camisas smile. Claro, porque yo soy cuiquito, no lo olviden. Entonces además, el estereotipo (ahí está esa palabrita ensangrentada) incluía a los 11 años que te fueran a dejar en auto a la fiesta, no vayai a llegar en micro, y manejar no, manejar es para los 14 o 15. Bueno, yo no iba a las fiestas de mierda, no solo porque era nuevo y no conocía a nadien (es adrede la wea de nadien, no me vengan con weás) sino porque era autista y no lo sabía. En una de esas fiestas a mis compañeros, entre los cuales había actuales próceres como Juan Piña que fue presidente del consejo de defensa del estado y losicomekeaondemismo, le pusieron zolben en las bebidas a mis compañeras. Con once años, los weones ya se las querían comer. Yo creo que ni se les paraba todavía y quería meterla, me imagino que amarrada con paliltos de helado, pero de los que no traían premio, porque si no, doble pérdida, cagó el palito y seguro que iba a cagar la cacha porque estaba planeada y ejecutada por un pendejo de 11 años. La idea del zolben provenía de un aviso también machista en el que una pareja estaba bailando al son de la dolly parton !»ou yes aim de greit pritender» y se supone que iban a irse a echar a peliar los miones, pero a ella le dolía la cabeza. «Zolben, para no arruinar esos momentos». Uno veía ese aviso y todo pasaba colao. Primero, que las mujeres no culean porque les duele la cabeza. Segundo, que si no les duele la cabeza tienen que culiar aunque no quieran, tercero, que si el hombre quiere culiar, le da zolben a la esposa pa que no huevee, etc. Y los zorrones crisálida de mi curso no hallaron nada mejor que darle zolben a la vanessa y la carola saint jean, que eran las ricas del curso. Yo me enteré de esto por secretaría, ya que en un consejo de curso, el profesor jefe, que era buen gallo pero weno, hombre y profesor de educación física de los 80, tocó el tema. Igual bien. Ya tocar el tema en los 80 era un mérito. No fue una gran intervención. «Chicos, como se les ocurre poner zolben en las bebidas, podrían haberles causado una intoxicación, hasta la muerte.» Fin, El problema era quye no se murieran, no que los pendejos quisieran culiarlas dormidas a los 11 años.

    Tanto estereotipo de género, no? ¿Qué es esto?¿Recuerdo de un ex neurogénero o alguna cosa así? okey, vamos al grano.

    Redirijan su atención a la parte en que dije qué se esperaba de mí. Hombre, blanco, privilegiado, en los 80. No solo que fuera machista, metrosexual, futbolista e ingeniero, pero también algo que para un autista es terrible. Se esperaba que fuera competitivo, exitoso, que me casara por las dos leyes, tuviera un hijo, una hija, un auto y una casa en los suburbios. Y un perro labrador. No digo que eso esté mal. Lo que digo es que estaba mal que ese fuera mi camino. Y aparte de estar debatiéndome entre la explosión hormonal de la adolescencia, las revistas porno de mi papá, mi posera vocación por la poesía y la música, tenía que estar pensando en cómo cresta llegar a ser un profesional exitoso y ganar en todo lo que estuviera. Ganar. Ganar. Ganarle al del lado.

    Medirse las pichulas y tenerla más grande siempre.

    Esa es la condena de los hombres neurotípicos. En el tránsito, por ejemplo, todo lo que ocurre en este planeta viene de ahí. Cuando dos hombres se pelean a combos en la calle, los bocinazos en los tacos, las carreras de autos improvisadas por la calle, taparle la pasada al de atrás, no darle la pasada al que quiere meterse a tu calle, acelerar por la pista contraria para meterse más adelante, curao manejo mejor, yo manejo porque tú no sabes, pero dobla aquí, pa donde vai, pero este es weon que no sabe manejar, apúrate aweonao que estai de vacaciones…

    No solo en el tránsito. La guerra es eso. Yo tengo la tula militar más grande que tú, así que te invadiré. Además, mi forma de pensar es la realmente correcta. Yo sé que todas están correctas, pero la mía está más correcta que la tuya. Póngale. Las discusiones eternas en los parlamentos, las declaraciones cruzadas de los políticos, las explicaciones falsas para no admitir que te equivocaste, el reclamo en todos lados por todo siempre porque «a mí nadie me va a tratar así».

    Todo es para tenerla más grande. Y la verdad sea disha, a los autistas no nos interesa tenerla más grande Ni siquiera nos interesa la tula. A mi nunca me llamó la atención competir por nada. Cuando estaba en primero básico hubo un concurso de deletreo. Era el nido de aguilas así que se llamaba «spelling bee» algo así como abeja ortográfica. Nunca supe por qué. Ahora me suena porno. Bueno, a mi todo me suena porno. Grandmas chicken salad. Como en 1980 los autistas éramos o superdotados o retrasados mentales, me metieron al equipo del curso porque era superdotado. «este weon no habla, pero es seco». La típica. «este weon se mira las manos y habla solo, pero conoce los secretos del universo». «los perros saen». Así de weona es la gente.

    Gané po. Obvio. Primer lugar. Eee. Todos mis compañeros gritaban y celebraban como si hubieran encontrado la felicidad, o más bien como si hubieran ganado la copa del mundo de fútbol, que es lo más importante del mundo y es más importante que ser feliz. Me acuerdo que me pescaron y me dieron una especie de camotera simpática. Simpática pa ellos la weá. Estos eran los mismos estúpidos que pasaban todo el año riéndose de mí y botando mi cassette de elvis presley al suelo, pero ahora por un segundo me adoraban porque les había brindado la droga más adictiva de todas: el éxito. No importa si era una abeja ortográfica o ganar la carrera kessel en 12 parsecs, era ganar, que es lo único que importa.

    Me regalaron un archivador con hojas de plástico transparente, tamaño cuaderno chico, con un grabado de cobre en la tapa y crines de caballo en el lomo. Mira la weá estúpida. Faltó que viniera el pelao mackenna a entregármelo y me cantaran el patito chiquito mientras mataban un toro en mi honor. Hasta el día de hoy nunca usé el archivador para nada. No sabía qué ponerle, si fotos, u hojas de algo, porque era tan chico que solo cabían hojas oficio cortadas por la mitad. Al final, se perdió, junto con toda mi vida anterior al divorcio de mi papá y mi mamá, cuando mi papá vendió la casa y sin previo aviso botó todo, pero TODO. No es broma. Mis poemas, escritos en cuadernos universitarios torre Coil Lock se fueron ahí. No importa. Eran malos los poemas. Como las weás de malos.

    En fin, el asunto es que así he ido enfrentado toda mi vida estos desafíos de macho, que no me interesan ni tienen utilidad. Lo más divertido es que los gano. Primer lugar pruebas de ingreso a la brigada juvenil de bomberos 1987, Segundo lugar cantandrée 1989 (segundo porque fue con un grupo de música y uno de los weones se equivocó), primer lugar concurso nacional de ortografía 1991, saqué la carrera en cinco años sin echarme niun ramo, examen de grado a la primera, titulado dentro del cuarto superior de mi generación tanto en notas como en tiempo, primer lugar en la prueba pa entrar a la fiscalía, nombrado como asistente con 3 meses de título, antes de cumplir 29 años, primer lugar en el magister de política criminal, bla bla bla…

    A mí lo único que me ha interesado siempre es ser feliz. Que mi mamá y mi papá sean felices. Que mi hermano sea feliz. Mis hijos, mi esposa, mis tíos, mis amigos, mis compañeros, mis perros, mis colegas de trabajo, mis chicas y chicos de la corporación, todo el mundo. En serio, todo el mundo. Como no sabía que era ND (nueva abreviatura para neurodivergente, cómo les quedó el ojo) iba entregando mi felicidad a cambio de la de todos. Poco a poco, golpe a golpe, verso a verso, beso a beso dulcemente abrázame que quiero sentirme diferente, etc. Y de eso no me daba cuenta. Y no hay estereotipo alguno que te lo expliquie, que te haga esperarlo o que te haga sentir que estás haciendo lo correcto, lo que se espera de ti como retrasado mental de los 80. Las personas a las que les vas regalando tu felicidad neurodivergente no se dan cuenta, a veces ni saben. No tienen maldad. No te chupan la energía como lo hacen las personas malas. De repente se ven un poco más felices y no saben cómo, y se dan cuenta de eso y por un momento les brillan los ojos y ese momento es la consagración del amor y el éxito para uno. Nada más. No necesitas nada más. Me invade una sensación de calor, una picazón de bienestar que te recorre como sangre por las venas, como tuétano por los huesos y me doy cuenta de que el éxito verdadero para mí no está en el pobre caballo al que raparon para hacerme el archivador, sino en el valor agregado hermoso de la felicidad anónima. Deberíamos hacer un perfil del cargo pal autista. Igual tenían razón mis compañeros. Los perros, las guaguas y los autistas saen.

  • Baby Dentist

    La otra vez la nati estaba haciendo una de sus tortas maravillosas (maravillosas es poco la pueden encontrar en Pasteleria Natalia en instagram) y le habían pedido una torta que tuviera a Baby Yoda. Chuta. como la voy a hacer decía, si baby yoda tiene demasiados detalles y yo no puedo hacer tantos detalles. Ella siempre dice lo mismo, y siempre hace la torta y le queda preciosa que llegan a doler los dientes. (no es por eso que esta «entrada» se llama baby dentist, sean pacientes) (segundo paréntesis, sigo poniendo entrada en comillas mientras no me acostumbre a que las weás se llaman entrada) (tercer paréntesis el segundo paréntesis debería ir entre dos paréntesis así (()) o no? obvio) Bueno, volvamos con los enanitos al bosque como dice mi amiga chepi, que es la primera y única facha que merece aparecer en mi blog. En fin, la torta le quedó la raja, el baby yoda hasta tenía pelos en la cabeza. No sé cómo chucha hizo los pelos con fondant. En serio, son pelos de fondant, es una wea imposible. Entonces, aplicando nuestro súper sentido de los negocios, al estilo piñerasaurus, pusimos un aviso en el insta (el insta se dice, así lo dice mi amiguita karina cruzat, que es la única facha a la que mencionaré en este blog) con la foto de la torta para animar a la gente a comprarla. Y faltaba la canción, porque en instagram si ponís la pura foto se cacha altiro que eres de los 80, hay que poner la weá en un reel, en un story, o en un live, y puras cosas que se dicen en inglés porque somos weones. Busqué en espotifai y encontré la canción «baby yoda». Baby yoda, baby baby yoda, súper pegote la melodía. Estaba decidido. Salió el aviso. Y qué tiene que ver todo esto con baby dentist? Bueno, más o menos por la misma época (diremos eso para beneficiar la continuidad de la entrada porque no sé si fue en la misma época) (puta que hay hartos paréntess en esta entrada) (tercera vez que digo entrada) yo decidí que ya estaba bueno de tener el hocico hecho mierda por los golpes del pasado (literal, como dice doblao) y correspondía que fuera a ponerme los implantes que me faltaban en la boca antes de que fueran 32, pero como soy un impulsor del conocimiento, amigo de la enseñanza y fiel mecenas de los jóvenes, no fui a una clínica dental cualquiera, sino que fui a la clínica dental universitaria de la USS Valdivia. Me atendió un señor amable que se llamaba Elber. No es hueveo, se llamaba Elber. Me hizo una evaluación y me dijo que tenía que ponerme como 8 implantes. Igual barato porque era clínica universitaria. Pero antes, había que sacarme unos pedazos picantes de muela que tenía enclavados y hacerme unas tapaduras. O sea, ahora se dice restauraciones, porque la cosa es con resina y harta tecnología, pero pa qué andamos con weás si son tapaduras. Ok, tuve que esperar a que pasara el tiempo suficiente para que una alumna o alumno de la USS llegara a cuarto y le interesara atenderme. Un buen día de septiembre eso pasó. Me llamó ella. Quién? la Baby dentist po, obvio, no sean weones.

    Pa uno no es llegar e ir al dentista. Al menos ahora lo sé. Cuando eres autista, a veces te horroriza que te toquen. Otras, como en mi caso, te horroriza que te traten con frialdad. Yo creo que eso es peor. Al menos si te horroriza que te toquen, lo sabes desde siempre, porque desde que naciste te tocaron. Por el contrario, yo no supe que me horrorizaba que me trataran con frialdad hasta que me trataron con frialdad. No sé si la primera vez fue en el dentista, o en el oculista (la weá se llama oculista, no me vengan con siutiquerías), el pediatra, el peluquero, o el peor de todos, el profesor de gimnasia. Al menos, no recuerdo cuál fue el primeri, pero no parece tan importante definirlo. Todos estos seres de luz descendientes de Zeus (que no sé por qué chucha es un dios si se la pasaba violando a las diosas y a las mortales) son unos elegidos que te tratan como una basura. Hoy ocurre. Y estamos hablando de 1980 por la chucha, o sea, estos weones no solo se creían dioses sino que lo eran.

    Empero, como decía Pablo Neruda, los dentistas son el tema hoy. Recuerdo al dentista al que me llevaba mi papá. Moises Beas, en un edificio en francisco bilbao con tobalaba. Fuera de toda duda, una bestia medieval, o peor, el que cuidaba a la bestia medieval. tengo grabado el momento en que me puso la anestesia y no me tomó. Y recuerdo que le metió otra aguja con anestesia y el líquido saltaba de mi boca para afuera, saltaba, lo juro, lo vi volar por los aires. Y no tomó. (la dani debe estar riéndose)(ese paréntesis es solo para una persona, no hueveen) y como no tomó, el sádico me sacó la muela sin anestesia. «Ahora vamos a ver si eres hombre o marica.»

    Un minuto de silencio. Por mí, por mi diente, por la humanidad. Por Moisés Beas que ya murió.

    Así fui dando bote toda mi vida de dentista en dentista. Una vez mi mamá fue a ver al papá de una compañera de curso de urgencia un sábado porque se le había caído la «restauración» de los dientes de conejo, o sea, se le veía roto el diente como toda una carmela. Llegó diciendo «era suavecito el caballero». Tate. Para allá partí. Sí, el tata era bien suave, lo reconozco. Un día me dijo «ahora deja la boca abierta porque si la cierras se pierde lo que acabo de hacer». Tosí y cerré la boca. «Por la chucha te dije que que tuvieras la boca abierta, ahora tengo que hacerlo de nuevo voy a perder el tiempo y tu también y tre saldrá el doble…»

    Figura de Álvaro corriendo en el vidrio de la puerta.

    Otra se llamaba Hortensia. Me dijo «si te saco esta muela, podrías tener problemas en el futuro». Era dentista y sicóloga.

    Una vez andaba en Iquique con una polola y me empezó a doler una muela a las 2 de la mañana en un hostal. Ya no podía ser peor. Pesqué la guía telefónica (eso es un libro que se pubicaba antes donde estaban los teléfonos de las personas. Nunca me termino de acostumbrar a que la gente joven no las conoces Es como las manillas para subir la ventana de los autos. Hoy si tu auto no tiene ventanas eléctricas eres una mierda)(y dele con los paréntesis) y encontré un dentista de urgencial Lo llamé. Fui. Súper amable, pero me dijo «mira, a esta hora te puedo sacar la muela, nada más.» Chucha ok. La sacó. Me cagó el weon porque estaba pa tratamiento de conductos.

    En fin. Para qué les cuento los pediatras tocándome las bolas para ver si estaban bien. Iban a explotar? O sea, me habría dado cuenta. Pregúntame si me siento los dos cocos, pero no me vengai a agarrar las weas sin permiso. Eso le molesta a un neurotípico, imagínate a mí.

    Okey, llegué a los 49 ahí peregrinando entre bestia y bestia, a ratos entre dentistas buenos, que solo no habían crecido en una sociedad que supiera que los autistas no solo nos damos cabezazos contra la pared. No es fácil. La emilia tenía el año pasado una profe que no entendía su neurodivergencia. Y era el año 2022. Le dijimos que tenía altas capacidades y puso cara de limón. «pero si no le va bien en todo». Chas. Las ganas de pegarle una patá en la cabeza.

    En este infierno de tocaciones no autorizadas, espacios no seguros, llamados misóginos a demostrar que tengo la tula más grande del oeste y cotonas blancas que colorean la sangre de azul, apareció baby dentist.

    «Hola don alvaro, mire mi nombre es Daniela y le llamo de la clínica universitaria de la USS para ver si va a seguir su tratamiento con nosotros». Uno es así. El tono de voz, la forma de hablar, la forma de tratarme. Todo entró. «Sí, claro. » «ya, que bueno, venga el martes.»

    Espacio seguro.

    La bay dentist me brinda un espacio seguro. Ella se puso feliz cuando me dio una clase de cómo lavarme los dientes y yo cumplí sus instrucciones. Me habla con franqueza, me trata con ternura, porque la ternura se le sale por todos lados. Me protege. Ella no lo hace. No sabe que lo hace, pero me protege. Tanto me protege, que un día le dije que yo era autista y que ella era la mejor dentista del mundo y que no quería atenderme con nadie más nunca. Le dije que ella debería dedicarse a tratar niños y niñas que tengan autismo, porque su forma de tratar tiene la ternura y la calidez que necesitamos. Porque la necesitamos. Uno de los momentos más desafiantes de la vida para una persona del espectro TEA es dejar que te toquen, te revisen y te analicen, te corten el pelo, te revisen los ojos (eso es terrible, te miran de cerca, acercan la cara a tu cara, el ojo a tu ojo, te dan ganas de salir corriendo)

    Hace unos días no nos resultó la sesión. La anestesia no tomó. Igual que con el verdugo Beas que en paz descanse. Yo me puse muy mal. Ella lo notó. Fue tan dulce conmigo. Esas cosas son invaluables. No me interesa un dentista que tenga un diploma de la universidad de no se dónde chucha. Me interesa una persona que sea capaz de darse cuenta de que necesito un espacio seguro. Lo más sorprendente es que la baby dentist lo brinda sin planearlo. Es una de las muchas cosas en que los chicos y chicas de hoy son tanto mejores que nosotros. Estoy hastiado de leer que la generación de cristal, que no aguantan nada, que son flojos y le tienen miedo a todo. Es verdad que nosotros crecimmos en un mundo de mierda donde todo era ser más choro que el del frente y los hombres no lloraban y las niñitas eran miedosas, y no nos vacunábamos ni nos curábamos las heridas porque supuestamente éramos invencibles. Es verdad también que a mi nadie me respetó nunca, ni me preguntó qué necesitaba. La baby dentist representa una evolución de la humanidad. Ella, ellas, ellos, son mejores que nosotros. Si no quieres aceptarlo es porque te gusta que te saqueb las muelas sin anestesia y crees que eres más valiente por eso, cuando la verdad es que eres más hueón no más.

    Ah, a todo esto, baby dentist es porque ella es una bebé. Tiene 23 años. Tenía 9 para el terremoto de 2010. Es tan chica que nunca vivió en en el siglo XX. Es más chica que mi hija mayor, y me hace sentir más seguro que mi papá.

    Y bueno, la conocí el día que fui a dejar la torta de baby yoda.

  • El negro mandinga

    La vida es lo que te pasa mientras haces los planes. Esa frase siempre la he vistro atribuida a John Lennon, pero al final uno nunca sabe si realmente fue él quien la dijo, porque ahora en internet nada es lo que parece. El otro día apareció una foto de una mina que es actriz porno y decia que necesitaba ayuda para combatir el cáncer. La broma era que o caías en la trampa porque nunca habías visto a la mina, o cachabas altiro quien era porque habías visto películas porno y quedabas en evidencia. Yo la caché altiro. En fin, por qué partí con la frase del flaco lennon? Pues porque dentro de mi plan preconcebido para compartir con todos ustedes lo que es ser autista yo estaba preparando en mi mente hace semanas una entrada sobre mi papá. Uf, mi papá, es un universo completo hablar de él. Y daba para varias publicaciones, pero ahí estaba yo haciendo mis planes y el marido de la yoko ono me cagó la onda. Me pasó una weá totalmente inesperada, pero de esas que nunca en mi vida pensé que podrían ocurrir. No a estas alturas ya, y no lo digo por parecer un viejo ya deschavetado, o para hacerme la víctima así como ohhh que viejo estoy, sino porque, puta en vez de dar tanto jugo y preámbulo mejor les cuento pa que cachen. Me reencontré con mi hermano.

    No es hueveo. Yo sé que no me van a creer. O van a decir ah este chuchesumadre estaba puro inventando que se odiaban con el hermano como para ponerle color al blog, pero no. Es verdad. Con mi hermano no nos soportamos. En toda nuestra historia solo tuvimos problemas .Les conté la vez pasada que me pegó en las bolas sin razón. Bueno, para ser justos, yo una vez le cagué la amistad con el negro mandinga. El negro mandinga era un compañero de colegio de mi hermano que se llamaba Gustavo Anríquez y le decían el negro mandinga, pero el problema es que él no sabía eso. Se lo decían a sus espaldas, muy propio de inicios de los 80 en un colegio de idiosincrasia gringa. Y yo, pues, escuchaba como se referían a él. Un día lo invitaron a la casa, y me lo presentaron. «Alvaro, este es mi amigo gustavo anríquez» dijo cristián. Y yo le dije «ah, el negro mandinga.» Puta quedó la cagá. Gritos pa cá, gritos pallá, el negro mandinga se fue a mandinguear y no volvió más.

    Mi hermano siempre fue un loco culiao, pero a veces me hacía reír. Cuando tenía 4 años, esperaba en la puerta de la casa a que pasara alguien caminando y cuando lo veía salía corriendo, se bajaba los pantalones y le mostraba el poto. No es hueveo. Mis papás pensaban que estaba loco, y bueno, tenían razón. Una vez llamó por teléfono a un amigo y estaba tan apurado que cuanto le contestaron dijo «aló, con quien desea hablar». Otra vez se le ocurrió llamar a la gente y habar como chino. En esa época hermosa en que uno no tenía idea qué número era el que te estaba llamando, porque los teléfono tenían un disco para marcar, él llamaba a cualquier lado y decia «alo, lolíalaalolilalón?» (se supone que era aló, podía hablar con li la lón, una supuesta persona china inventada por él). Lo decía con ese tono de chino falso que cuentan los chistes. Le cortaban y se cagaba de la risa. Un día una señora le dijo «lalín lalón» y le cortó. En fin.

    Creciendo se nos hizo más difícil. Él tiempo pasó mal para nosotros. Cristián creció y se fue convirtiendo en un extraño y yo fui profundizando mi neurodivergencia. Pensábamos muy distinto respecto de todo. Él cree en dios, yo no. Él tocaba jazz y miraba en menos el pop. Yo tocaba pop y odiaba el jazz. El tenía una polola muy simpática que se llamaba Mariely y yo una vez le dije «wea». Mal. Lo principal, en todo caso, es que mi música yo la hacía con cariño, creía en ella, y él la miraba en menos. Esa weá nos mató. Uno de mis defectos más hermosos es que no perdono nunca, así que la cosa se enfrió. Más encima, yo siempre dando el primer paso. Le escribía, le mandaba cartas, una vez hice una versión pop de una canción que él había compuesto para homenajear a un música de jazz al que admiraba mucho, michel petrucciani. Hice una versión pop con rap de la canción de cristián, se la dí en un cassete (cáchate lo viejo) y a él se le quedó en Chile. Yo creo que la dejó acá. No le interesaba.

    Estos últimos dos años, ya ni hablábamos. Hace algunos años Cristián contó a la familia que tenía según él esclerosis lateral amiotrófica, lo mismo que stephen hawking y bueno, yo no le creí, porque no tiene diagnóstico, como que se autodiagnosticó. En fin, más allá del título, cristián está sufriendo hace años con su cuerpo. Quizás eso le hizo cambiar.

    Para mi cumpleaños, hace 23 días, Cristián me escribió para saludarme y me dijo que había escuchado mis canciones y que había hecho unas versiones a su manera de algunas de ellas. Me las mandó.

    Khé? Sonido de tocadiscos rajándose.

    Era verdad. Escuchó mis canciones. Por primera vez en 30 años. Y no solo las escuchó. Las sacó. Eso significa que le puso atención a las notas y los acordes y las tocó él mismo. Luego de eso, craneó arreglos nuevos para las canciones que más le gustaron. Toda esa weá hizo sin siquiera decirme nada, sin esperar nada a cambio. Parece teleserie de corín tellado, pero no lo es. Es cierto. y puta, yo seré weon, reconcoroso…, y rencoroso no más, la verdad. Más rencoroso que la cresta. Yo debo ser el weon más reconcoroso del mundo. No se me olvida nada. No perdono nada. No distingo nada. No sigo adelante. Todavía me acuerdo de cuando el samuel papazian me bajó el short de gimnasia mientras estaba en las barras en el Nido de Águila. Todavía me acuerdo cuando el saco de weas del Pablo Jaque me tomó del cuello y me tiró contrá una de las rejas de la cancha de fútbol en el ándree. Y quiero que los dos weones se quemen en el infierno, pero antes los atropellen y queden vivos y sufriendo. Y estas cosas pasaron en 1980 y 1989 respectivamente. Ese nivel de odio y rencor tengo yo. Imagínense con mi hermano como era la cosa. Bueno, volviendo al camino pavimentado, por muy rencoroso que soy, también soy como esos juegos de las guaguas en que hay que meter una pirámide adentro de un cubo y hay entradas con forma de pelota, cuadrado y pirámide. Cuando encontrai como meterme la pirámide, todo termina. Y eso, hijo mío, es autismo puro. No perdonar, no porque no quieras hacerlo, sino porque no puedes olvidar, porque no entiendes una, dos, tres o cien bromas y acumulas la frustración de no entender algo que todos los «normalitos» dan por hecho que entendiste, y dan por hecho que después las bromas las vas a hacer tú. Y después haces las bromas, pero no porque te parezcan chistosas, sino porque es el el idioma en que aprendiste a comunicarte con los pelotudos que te las hicieron y con los pelotudos que se reían mientras te las hacían. Como todo lenguaje, es un código para meter la pirámide en el cubo. Como cuando aprendes a decir «de nada» luego de que te dan las gracias, y te preguntas por qué chucha hay que decir de nada si no es verdad que no te costó nada hacer el favor, por qué hay que decir una weá que no es verdad y por qué la gente espera que uno la diga.

    Comprendan entonces que en mi vida NUNCA había perdonado a nadie por nada. Pero a mi hermano lo perdoné por todo. Cuando cumplí 49 años, por primera vez, perdoné a alguien por algo y para más maravilla, fue a mi hermano, el único que tengo y que tendré, el que corrió a un volao de encima mío cuando estábamos en el recital de chicl corea al que fui solo pa estar con él, el único que sabe quién es fito andrés puta johnson, el único tío de mis hijos, y que está tan enfermo que a veces no me puede escribir. Llevo 23 días recuperando 30 años perdidos de los que no me arrepiento, porque de verdad pienso que Cristián fue como las weas conmigo y yo a veces como las weas con él, pero no puedo hacerme el weon si finalmente mi hermano me dio lo único que siempre quise, que era su atención, su respeto y la oportunidad de crear música entre los dos, porque tenemos una conexión casi micelial que fluye sola como una seda.

    Y asi no más fue, pues. Por mucho que la yoko ono haya separado a los beatles, que digan que john lennon era homosexual o que confesó haber matado a Paul McCartney en una canción, el flaco de los lentes redondos se podrá haber mandado muchas cagadas pero su frase está grabada en el bronce de la historia. Aunque tengas 49 años, 4 hijos, 1 nieto, seas fiscal hace 20 años y te sepas tu vida de memoria, igual, igual la vida sigue siendo lo que te pasa mientras haces los planes.

  • No voy a poder

    Estos últimos días ha estado de moda el poder. La verdad es que ha estado en la prensa el poder, porque de moda ha estado siempre. Es como dijo la aline kuppenheim hace 20 años cuando se le ocurrió cantar una canción en vez de actuar, que es como que a mí se me ocurriera escribir un blog en vez de ser fiscal: «el amor hace tanto daño, pero sigue de moooodaaaa». El poder también hace tanto daño, y nunca ha pasado de moda. Por ahí he escuchado también eso de que tanta gente ha muerto por la religión, por las ideas. Yo pienso que más gente ha muerto por el poder. El poder es una enfermedad que mata tanto al portador como al contagiado. Weno, la cosa es que se puso de moda porque habia que encontrar una persona para que fuera fiscal nacional y yo, trabajando en la fiscalía, escuchaba a la prensa decir «no tiene que tener lazos con nadie ni haber opinado nunca nada sobre nada, ni tiene que pensar nada acerca de nada nunca y nunca jamás haber hecho nada.» Lo mismo pedían en el senado, en la cámara de diputados, en las municipalidades, en los partidos políticos, en la feria, en la vega en la piojera, en la playa, en la cárcel y también en todas las tiendas de falabella. A mi, por mi lado, me daba rabia eso, porque no existe nadie así po. A todos nos gusta alguien, somos amigos de alguien, le compramos la fruta a alguien y tenemos una familia y amigos que proteger. Además, bueno pero eso es otra cosa, cuando uno trabaja en la fiscalía realmente piensa que hay que ser objetivo. Objetiva. Obvjetive. Una vez yo iba en el auto con la nati, la mochina, esa auta negra de la foto como hace dos «entradas». Un tipo salió de un estacionamiento y nos chocó. La nati iba manejando. Llegaron los pacos y me vieron. Era un pueblo chico así que yo era el señor fiscal, y todos cuadrados y pase señor fiscal a tomarse un cafecito, etc. Así que vieron y les dio diarrea y empezaron a señorfiscalearme y toda la custión. Eso es lo raro del poder y supongo que es lo más atractivo, que uno no tiene que ejercerlo para tenerlo. Cuando vives en torno al poder, miras todo desde la misma ventana, porque no ves que hay otras. La casa del poder tiene una sola ventana.

    En fin, les dije que no, que tenían que tomar el procedimiento como uno cualquiera, porque era un procedimiento cualquiera. No podían creerlo. Los pacos viven en un mundo en el que están obligados a informar al superior todo lo que pasa. Chocó un diputado, se meó en la calle un senador, pillaron maejando curao a un juez, a un seremi, entraron a robar a la municipalidad, etc. Todos corren, porque le paso algo a alguien «importante». Y después estas mismas personas importantes andan diciendo en la tele que somos todos y todas iguales, etc. (dicen todos y todas, no porque crean que hay que visibilizar a las mujeres también en el lenguaje porque el lenguaje construye realidades y la práctica hace la diferencia, sino porque si no dicen todas y todos, los critican en la tele y puede que pierdan un voto, o una vota, que es menos importante, o un vote, pero ese da lo mismo porque son pocos. Poques)

    La naty se fue entonces en el carro de los pacos, le hicieron alcoholemia, la llevaron a constatar lesiones, etc. Ella iba feliz y dice que me amó más aún ese día. Impresionada, porque los carabineros estaban dispuesto a no hacer nada de eso porque era la esposa del fiscal. La esposa. Ni siquiera era la fiscal ella.

    Entonces después vienen con que hay que arreglar a la fiscalía porque las cosas no se hacen bien, cuando hacerlas bien significa meter preso a todo el mundo, por todo, para siempre. Pero a todo el mundo cachai, io sea si una persona denuncia a otra por lesiones, hay que meter preso a quien pegó los combos por haberlos pegado, y a quien denunció, por haber denunciado falsamente. las dos personas al mismo tiempo, presas por cosas contradictorias, pero juntos en la cárcel para siempre. El preso de schrodinger. Y también meterse preso uno mismo por haber metido presas a dos personas por cosas contradictorias, pero todos presos al final igual, porque la función de la fiscalía es esa: Meter gente presa.

    Pero no cualquier gente pues.

    Hay que meter presos a los pobres, a los extranjeros, a las putas, a las chicas y chicos que hacen espectáculo en los semáforos, a los que fuman marihuana, a los que se roban balones de gas y los venden en cinco mil pesos para comprarse un pito o cuando andan bien, un pedazo de pan.

    Hay que meter presos a los que no piensan como nosotros, por no pensar como nosotros. A las mujeres que no quieren ser madres, porque cómo se les ocurre no querer ser madres si para eso las puso dios en el mundo, que acaso creen que las hicieron de una costilla por casualidad? es porque son un complemento del hombre. A los hombres a los que no les gustan las mujeres, sino que les gustan otros hombres, porque son unos monstruos que no entienden que dios (otra vez dios, este caballero aparece harto por aquí, y también es hombre, un temazo) les puso el tornillo para meterlo en la tuerca y no en otra parte. A las mujeres que no les gustan los hombres, pero en este caso la explicación es más simple: Son un engendro del coludo.

    Yo creo que por eso el poder es tan atractivo y tan deseado, porque te permite obligar a la gente a pensar y actuar como tú, que es la weá más estúpida que me puedo imaginar. Mi relación con el poder comenzó cuando tenía como 3 o 4 años. No vayan a pensar que yo tenía mucho poder a los 3 o 4 años. Pero mi hermano sí lo tenía. Sobre mí. El es mayor. Tenía 7 a mis 4. 8 a mis 5, etc. Como decía joey, cuando yo tenía 10 el tenía 13, así que cuando yo tuviera 30 el tendría 39. Y bueno, él ejercía su poder con harta propiedad. A los 4, jugábamos a Batman y Robin. Al menos, yo creía que jugábamos a eso, pero él siempre era batman y yo robin, él salvaba a las personas y yo miraba mientras lo hacía. Una vez cuando yo tenía como 10, él me pegó un combo en las bolas y se fue a reír a su pieza. Le conté a mi mamá y no me pescaron, porque como éramos hombres, mi papá dijo que eran cosas de hombres. Mi hermano tiene probablemente más problemas psiquiátricos que yo, pero él nunca se los ha tratado. Como mi papá. Los dos creen que el sicólogo es para los locos. Eso es como creer que el médico es para los muertos. Con el paso de los años mi hermano fue perfeccionando sus técnica de abuso infantil hacia mí, bajo el manto de impunidad que le otorgaba la tríada infernal: Mi papá, el autismo y la sociedad occidental. Mi papá, porque las cosas de hombres se solucionan entre hombres. El autismo, porque o sea todavía tengo que decirlo? Es como que te pongan a correr una carrera con zapatillas que te quedan chicas sin decirte que te quedan chicas. Te das cuenta solo cuando te las pones, y ya es tarde. Y la sociedad occidental, que en 1980, 1990, 2000, 2010 y hasta 2020, sigue pensando que si no encajas no es porque la entrada es muy pequeña, sino porque tu forma es la equivocada.

    Ya por los 13, cristián (mi hermano) había desarrollado la ciencia de hacerme sentir mal sin interacción física, muy coincidente con su paso del pensamiento concreto al abstracto. Parece que se entretenía diciéndome que todo lo que yo hacía estaba mal hecho, lo que no hacía debía haberse hecho pero mejor que no lo hubiera hecho porque lo habría hecho mal, que lo yo pensaba estaba equivocado, etc. Todo, por supuesto, ayudado por grandes e insignes representantes de la normalidad y el poder, como mi profesor jefe mauricio catalán, que me despreciaba porque era gordo y él, como profesor de educación física, esperaba que su curso fuera un equipo de fútbol, mi profesor de matemáticas, Margalet, un weon que disfrutaba premiando públicamente a quienes sacaban buenas notas y humillando públicamente a los que no, entre ellos yo. Para qué hablar de los bomberos. Eso merece, y tendrá un capítulo aparte. Todos, invariablemente, enloquecidos con su pequeña cuota de poder sobre mí. Pequeña para ellos. Gigante para mí.

    El poder no es para personas como yo. Ni para tenerlo, ni para sufrirlo. Porque el poder se sufre, no se experimenta, pero no es posible no estar sometido a él. Lo que sí es posible es elegir no tenerlo. Yo he elegido conscientemente no tenerlo a lo largo de mi vida, porque así la vida es más simple. Suena como un clishé, tan clishé como decir que algo suena como un clishé. No tanto como decir que decir que algo suena como un clishé suena como un clishé, primero porque no es mucha la gente que dice eso y segundo porque ecribí clishé con s y no con che. Salió verso, blanca maría. En fin, cuando te das cuenta de que no quieres poder y eliges alejarte de él, ahí sí que te conviertes en la weá más rara del mundo. Yo pensé que no se podía ser más raro que autista con TEA y altas capacidades, pero sí se puede. Autista con TEA, altas capacidades y sin interés alguno por el poder. Suena como currículum en reversa. «Alvaro Pérez», «Alta capacidad de gestión y pensamiento, manejo de equipos unipersonales, alto nivel de descompromiso con el poder». Estoy ideal para una empresa multinacional. Imagínense como es esto de no querer poder, que no es lo mismo que no poder querer, o que no poder ni querer, cuando uno trabaja en la fiscalía. Nadie te cree po. Cómo no va a querer ser jefe? Ya fui jefe, y no me resultó, no fui buen jefe, porque no era cabrón, ni capaz de pensar mal de mis subalternos. Capaz. No se trata de pensar mal todo el tiempo, se trata de poder hacerlo. Prefiero quedarme en mi rinconcito, haciendo mi trabajo, preocupándome de que no todos los pobres aves que sacan un balón de cinco kilos pasen un año en la cárcel por cada kilo, de que las cosas realmente malas como un homicidio o una violación no queden impunes, de que las personas que no entienden el mundo de la justicia lo entiendan un poquito mejor y de que los que tienen un hermano como yo, que se nota, y que ahora pueden denunciarlo porque yo no podía, puedan recibir más ayuda que solo las caricias de una madre antes de dormir, que te ama y se desvive por protegerte, pero no sabe cómo, porque es 1980 y nadie sabe como, y porque tú no sabes cómo decírselo porque ni siquiera sabes que al igual que los migrantes, los negros, los pobres y las mujeres, con 4 años, 1 perro de peluche y olor a colonia simonds ya estás siendo víctima de abusos de poder por parte de hombres blancos que dan todo por hecho.

  • Ranking

    He tenido que aprender a entenderme en muchas cosas. Una de ellas es el cariño, el amor, el respeto por la vida, y todas esas sandeces que nos enseñan de chicos que deben ser de una manera determinada. Si se muere un familiar, tienes que tener pena. Si se muere un perro, menos pena. Si se muere el perro de un familiar, menos pena aún. Si se muere el familiar de un perro, sin pena. Tarde comprendí que la neurodivergencia también «afecta los afectos». Esta honestidad también es interna. No solo soy desubicado para decirle las cosas a los demás. También lo soy para sentir mis sentimientos y emocionarme con mis emociones. Como ya saben, el mundo nos divide en verdes y amarillos. Perros y gatos. Chanchos y Pollos. Normales y Raros. Rojos y Azules. Por eso cuento estas historias de gatos amarillos con azul que se creen pollos.

    El 26 de marzo de 2015 pasó un aluvión de barro por chañaral. Fue a la hora de almuerzo. Yo estaba en la fiscalía de chañaral, a la que habíamos llegado con la nati por el sueldo, solo por el sueldo, no lo olviden. La nati estaba con la emi en una casa que estábamos arrendando a una cuadra de la carretera, y a una cuadra y una playa de distancia del mar, mientras la mariana se echaba una siesta porque habían suspendido las clases ante la posibilidad de que hubiera un aluvión de barro (no es chiste, le achuntaron medio a medio). Bonita la casa. Tenía 4 piezas y 2 baños, lo que para nosotros era un avance despues de haber vivido en una pieza de Zamora, una casa de 2 piezas, 1 baño y una cosa que se presentaba a sí mismo como cocina, y una casa de 3 piezas, 1 baño y una escalera de 30 escalones que había que subir para llegar, pero que al menos tenía patio.

    Bien, el barro venía de la cordillera y yo lo vi desde la parte alta de chañaral. Pesqué la camioneta de la fiscalía y me fui torettamente hasta la casa y entré gritando «nati, nati, vamos, salgan, nos tenemos que ir.» La nati alcanzó a armar un bolso para la emi con un par de pañales y salió en la Mochina arrancando. Al salir me preguntó «¿y los perros?». «Los perros no, amor.» Ese era el santo y seña para una cagada inmimente, ya lo habíamos conversado. No somos doglovers ni nada, pero queremos a nuestros huachos. Pero nos queremos más a nosotros. Si no había tiempo, si realmente la cosa era grave y urgente, los perros no.

    Salió la nati con la emi y la marianita en la mochi hacia la parte alta, que estaba una cuadra más hacia arriba. Yo me quedé para tratar de salvar a los perros. Subi al perrote, a la coca y al chino a la camioneta, los amarré y los llevé a la casa de Marco con la Fabi, en «el alto». Faltaba la cleme. Volví, estacioné a la subidita, entré al a casa para buscarla pero también entró el barro. Entró como en las películas, a chorro. Me agarré de la reja de la casa y aguanté. Subió, subió y subió hasta que me llegó al pecho. Frío, viscoso, y no sabroso, me amenazaba con subir hasta la cara, pero yo tenía el cemento de la base de la reja para medir 2 metros 10 si era necesario. Hasta ahí todo bien. Los autos empezaro a moverse con el río de barro. Ahí fue la cuarta vez en que he estado a punto de morir. Ayer les hablaba de la tercera. Esta es una película desordenada, sorry. Una camioneta luv, azul, venía hacia mi, conducida por el barro. Me iba a aplastar. Les prometo que cerré los ojos por un momento, pensando, hasta aquí no más llegamos, cleme. La cleme es nuestra perrita caniche que se había agazapado a mis hombros durante el barreo. Viva la weona. Es que los perros saen.

    Antes de llegar donde yo estaba, una puerta se le abrió a la camioneta. Eso hizo que entrara el barro a la cabina y se torció para el lado del conductor. Se fue con el río y chocó suavecito con la reja del frente. Fue suavecito, no creo que me hubiera matado con el choque. Pero pensé que me moría. No pasó toda mi vida frente a mis ojos, en todo caso. No tuve una revelación, ni nada.

    Okey, estamos con el barro hasta el cuello. Después de 20 minutos más o menos, la corriente bajó de velocidad, así que empecé a caminar por la vereda con el barro hasta el cuello y la cleme en mi mano izquierda, mientras la derecha se afirmaba de las rejas y las muletas. Porque no les conté esa parte. Para esa época todavía yo usaba bastones a los dos lados, debiudo al accidente del 2011 en moto. Así que imagínense no más la escena digna de Hollywood, o Bollywood, o loliwood. Por suerte no fue digna de natalie wood. Oo la talla maldita.

    Cuando «lo pierdes todo» de verdad lo pierdes todo. Los incendios son así, las inundaciones también. No es solo que te falte ropa, zapatos, cama, refrigerador, cocina, microondas, corbatas, calzoncillos, poleras, calcetines, etc. Te faltan también fósforos cortauñas. cepillos de dientes, pasta, guater, lápices, libros, recetas de cocina, ollas, platos, corchetera, perforadora, papel, cuaderno, alfombra, ganchos de ropa, palitos para las orejas, lentes de sol, lentes ópticos, la weá que se te ocurra, te falta. El barro a nosotros nos llevó, literalmente, todo. La nati, la emi y la mariana quedaron con «lo puesto» como dice la gente. Yo ni siquiera, porque mi ropa quedó toda embarrada y el barro venía con ácido sulfúrico desde unos depósitos y camiones más hacia la cordillera.

    También se llevó mis recuerdos.

    Yo tenía un libro de esos antiguos que vendían en los locales donde revelaban fotos, que siempre se llamaban «foto» y un apellido alemán. Foto Müller, Foto Puëller, Foto reisfchneider y después cuando sobrevinieron los moles, se llamaron por un tiempo «foto müller-puëller» y otros joint ventures que al final murieron igual, pero al menos murieron acompañados. Era de esos libros guatones, con un anillado dorado tremendo pero que venían forrados con unas fotos de paisajes y que decían «photo album», con hojas duras que tenían unas páginas transparentes que se pegaban a la hoja y que uno podía abrir para poner fotos dentro, que quedaban pegadas y tapadas con la transparencia. Es más fácil que miren la foto en realidad.

    Lo tenía con los mensajitos de más de 30 años que me habían enviado mis papás, en papelitos. «te mandé un sandwich, mi cuchito», «para que aproveches las horas libres» porque había escogido una extraprogramática de periodismo en el colegio y tenía que esperar desde las 12 45 hasta las 16 30 dando vueltas. «Cuando entres, da tu nombre y dile a la recepcionista que tu mamá ya va» eso era para una visita a la tecnóloga óptica, por mi estrabismo, más o menos a los 7. Había una carta hermosa que me escribió mi mamá cuando cumplí 15, como regalo de navidad, con unas cosas preciosas escritas en su letra maravillosa de la que no olvidaré jamás la x. Era tan rara su x, con unas vueltas para atrás y para adelante, pero ella es la única persona que conozco que escribe la x realmente manuscrita sin levantar la mano. «next chapter: skeleton attack» un cartelito que venía con el monito de he-man que me regaló mi papá cuando tenía 12, anunciando que pronto vendría «skeleton». Una joya.

    También se fue un lápiz de esos súper bacanes marca montblanc que mi mamá me regaló para cuando me titulé de abogado. A mí nunca me han gustado las cosas caras y de hecho ese lápiz lo tenía guardado nuevo, porque me daba cosa usarlo, pero era un regalo bonito. La montblanc apareció, eso sí, entre el barro, meses después, cuando yo ya estaba en Puerto Natales. Me la mandó por starken el Pancho Hardoy, uno de los doctores y doctoras que «lo dieron todo» durante el aluvión de chañaral.

    Mis recuerdos no aparecieron más.

    Resulta que a mí nunca se me ha muerto nadie. Así de rajudo. Voy a cumplir 49 años en febrero y nunca se me ha muerto nadie. Mis dos papás vivos, mi hermano también (aunque no sé si me de realmente mucha pena cuando se muera, si se muere antes que yo), mis hijas e hijo por suerte con salud toda la vida. Dos hermanos de mi mamá se murieron uno hace años y el otro el año pasado, pero no me dio mucha pena. No los conocí mucho y más tristeza me dio mi mamita que estuvo tan apenada. Mi abuelo se murió el 2012, pero como ya les he contado, no tuve mucha cercanía con él, porque era un viejo fome. Otra vez, tuve más pena por mi mamá que había perdido a su papi. Por último, una prima se murió hace un par de años. Yo no la veía hace 30 años así que comprenderán que me dio lo mismo.

    Mi pérdida más grande hasta ahora han sido Salomón, la Guantalamera y el chino. Los dos huachos y la huacha que se han ido muriendo a través de este casi medio siglo. Salomón murió a los 2 años, cuando yo tenía 11, envenenado con estricnina por unos vecinos de mierda, que nunca pude identificar. La guantalamera murió a los 14 años, cuando yo tenía 30, de vieja, luego de haber tenido más de 40 hijos en varias camadas. Era bacana. Y el chino se murió a los 6, luego de meterse en una riña con unos perros de campo. Quiero creer que se metió para hacer justicia por el más débil, probablemente un terrier cagón bueno pa ladrar y malo pa la pelea, pero lo más probable es que haya sido de puro weón, si era más bueno que el pan y se notaba que no le gustaba pelear. lo deben haber toreado hasta que no aguantó más.
    Después de mis perros, la pérdida más significativa fue mi álbum de recuerdos en el aluvión. Esa es la clasificación. Primero, Salomón. Yo era muy chico y su muerte fue muy trágica e inmerecida. Segundo, el Chino. Era un pan del big bang. No merecía morir así. Además, estaba a préstamo en un club extranjero cuando pasó, viviendo en pichirropulli. Tercero, la guanta. Es mi única pena negra de la muerte que sobreviene porque ya no hay más bencina. La única que se ha ido porque ya era hora de irse. Mi único contacto con el misterio del fin de la vida. Después, mi álbum de recuerdos. Y después, harto después, mi abuelo con dos o tres puntos más que mis tíos y mi prima, que están todos revueltos ahí en una fosa común de mi alma, sin mucho valor.

    Carerraja, me importa más mi perro que mi abuelo.

    Cuando se muera mi mamá o mi papá, claro, el ranking va a cambiar. Lo sé. Cuando se muera mi hermano, lo dudo. El fue malo conmigo. Ya no lo es porque no está en Chile y no tiene cómo ser malo conmigo. Es mezquino, egoísta, egocéntrico, ególatra y todos los egos que se les ocurran. Yo creo que no usa ego porque no vive en chile. Si se muriera un hijo, uf, ni pensar. A veces el chancho tiene el mismo sabor del pollo, depende cómo lo cocines. Hay cosas que son iguales para rojos y azules.

  • Tas Choapa

    Cuando era bien chiquitito, como a los 8, a mi papá se le ocurrió que fuéramos de vacaciones en una camioneta ford econoline. La compró y la encachó (que es lo mismo que enchular pero antes se decía así) para que durmieramos los cuatro adentro (con mi hermano y mi mamá) poniéndole unas tablas de aglomerado unas frazadas, unos sacos de dormir. Compró unas cosas de camping, la cocinilla chica, una grande, unos platos de camping, servicios de camping, todo de camping. La guinda de la torta era el «sani pottie» un guáter portátil que tenía en su nivel de más abajo unos líquidos medio raros que disolvían los mojones. Había que descargarlo cada cuatro o cinco cagadas. Nos fuimos. Primero fuimos a Tongoy. No porque fuéramos a tongoy, sino porque íbamos a la serena y nuestra súper motorhome quedó en pana a la altura de tongoy. Les hablo de una carretera que no tenía dos pistas, ni pronto copec, ni micopiloto shell y tampoco muchos peajes. Había uno solo, a la salida de Santiago, que todavía está ahí.
    Mi papá dijo «no llegamos a la Serena» así que cachó que teníamos que llegar a algo que estuviera antes. Toma. «Tongoy 10 km.» y era pal lado del mar, así que seguramente tenía mar. Nos fuimos. Toma 2.
    Llegamos a tongoy con el puro olor, porque la pana era del estanque de bencina que se había roto con un piedrazo. Hasta hoy no me explico UNO porqué los pelotas de la Ford ponían el estanque de bencina onda lo más abajo posible, casi con un cartel que decía «piedra, pegue aquí» y DOS cuándo fue que se dieron cuenta, porque no fue con la camioneta de mi papá. De hecho estábamos en 1983 y la ford era de 1974.
    En fin, tongoy era una maravilla. Les hablo de una península secreta que tenía dos playas, unas 100 casas, un retén de carabineros y un local de juegos electrónicos. No había grandes hoteles, ni spa, ni lodge, ni cualquier weá con nombre gringo que se les ocurra. Nos estacionamos en la bomba copec, que era la única en 100 kilómetros a la redonda y mi papá compró unos bidones de bencina, los llenó y nos mandó con mi mamá a la playa mientras él reparaba el estanque con John Black Pérez, que era el dueño de la bomba. No es broma, se llamaba john black pérez.
    De ahí en adelante, seguimos yendo todos los años a Tongoy, en diversas fórmulas. A veces a la hostería de tongoy, inaugurada al año siguiente, a veces en casas arrendadas con otras familias, porque eran casas de 10 dormitorios o más, a veces nosotros solitos con mi mamá porque mi papá tenía que trabajar, pero todos los años a Tongoy. Con el tiempo, tongoy se volvió un «destino apetecido» como dicen en la tele. Se empezó a llenar de gente, prosperidad, tecnología y lo peor, de reglas. Ya no podíamos llegar y entrar a la playa grande en auto, como siempre se había podido. Yo soñaba con manejar las distintas camionetas de mi papá, todas usadas, todas viejas y todas con panas distintas a través de los años, por las playas de tongoy, donde había pasado de ser un niño a un adolescente. Soñaba todos los años con volver a esa playa con olor a libertad y sabor a infancia. Por supuesto, Tongoy se fue convirtiendo de a poco en otra más de mis estructuras rígidas, necesaria, protectora y feliz, sin que yo lo notara. Había muchas cosas de Tongoy que yo quería repetir todos los años: Llegar a jugar a los flippers donde atendía Jorge, un chico bonachón que debe haber medido un metro setenta pero que a mis 10 años parecía un gigante. Estaban los churros del tipo de la feria artesanal, un gallo con barba que se parecía al baterista de congreso, las pizzas del Gigino, un lugar extraño y mágico ubicado en el segundo piso de una casa hermosa que daba a las rocas. Estaba la virgen del cerro de tongoy, lo más arriba que se podía llegar. Estaba la lorena cathalifaud, una amiga de mi hermano a la que yo amaba sin saberlo, con ese amor de niño como el que describía Eduardo Barríos. Estaban los vómitos, siempre a la segunda semana, de tanto comer empanadas de queso. Y, por supuesto, estaba el restaurant Mar-cos, donde atendía la señora paty. Ella era una soltera de 40 años en la década de los 80, que había quedado embarazada sin estar casada en un pueblo chileno de 1980. Se imaginan lo que sufría. Mis papás nos llevaban a almorzar donde ella y cuando la vi embarazada le dije «señora paty, yo le voy a pedir a la virgen que su hijo salga sanito.» Ella se puso a llorar de emoción y le preguntó a mi papá cuales eran nuestros segundos nombres, porque así se iba a llamar su hijo. Mi papá, muy gentil, le contestó «cristian david» por mi hermano y «alvaro patricio» por mí. Así que el hijo de la señora paty se llama David Patricio, en honor a mí, aunque yo me llame Alvaro Matías Jaime. Así era mi papá. Simpático el weon. En fin, así era tongoy también. El lugar de veraneo de los cuentos. Eso tuve yo. No tuve una familia de cuentos, ni abuelos que cortaban leña, ni abuelas que hacían queques, pero tuve veranos como en las películas.
    La primera vez que no fuimos a tongoy para el verano fue en 1990. Por algún ridículo motivo nos fuimos a Puerto Varas. Era lindo. Yo nunca había ido, estabamos con dos familias de amigos de mi papá, más bien clientes que amigos. Mi papá era contador de esos antiguos como Jaime Vadell en la ferretería de la película desconectados. Conocía a sus clientes, los visitaba en la casa, reía con sus éxitos y lloraba con sus tristezas. Adicionalmente, veraneaba con ellos cuando podía. Le pagaban en camisas, bicicletas, pantalones, cocinillas, carpas, latas de comida, cajas de bebidas, lo que hubiera. Mi papá era como los influencers de ahora, que reciben cosas por mostrarlas en instagram. Solo que él las recibía por hacer la contabilidad y por supuesto, descontarlas cuando se las regalaban.
    No la pasé mal en Puerto Varas, yo siempre fui un niño bueno, que trataba de adaptarse. Mi mamá decía que a esas vacaciones iba a ir la hija de uno de los clientes de mi papá y que estaba mandada a hacer para mí, así que más encima me fui emocionado. La chiquilla era re bonita, como cabra de 14, pero estaba enamorada de un jugador de no se qué que había conocido en Bariloche así que no pasó nada. Fue bonito, pero algo me faltó. No sabía aún que era Tongoy. Mi hogar, uno de mis hogares, una de las cosas que me brindaban tranquilidad, como Bernard y como mi mamá.
    Lo que yo no me esperaba es que no volveríamos a ir a Tongoy. Al año siguiente, mis papás ya estaban en una etapa crítica de su relación. No había presupuesto emocional para viajar juntos. No hubo vacaciones. Yo recurrí a José Miguel, uno de los grandes tótems de mi vida, y nos fuimos solitos a Tongoy, en un bus Tas Choapa que salió del terminal los héroes, puras cosas que ya no existen. Si ya fue hace más de 30 años pues. Así seguí yendo a tongoy. Ya no iba mi hermano, ni mi mamá ni mi papá pero yo quería seguir yendo. Por supuesto, quería que nada cambiara también, pero todo empezó a cambiar. Un poco porque mis papás se fueron a la cresta, otro poco porque todo cambia siempre, ¿no? Tongoy se convirtió definitivamente en un balneario de moda y aparecieron puerto velero y las tacas, y lo que es peor, desaparecieron mis amigos. A La lorena cathalifaud nunca más la vi y a jorge menos.
    Mis técnicas para seguir yendo a Tongoy se perfeccionaron con los años. Al año siguiente fui en un bus TAL los diamantes del elqui, Solo. Solo porque José Miguel se había ido a huevear a Europa, desde donde me mandó una postal que decía «Holanda la tiere». La tiere. 5 años después yo habría de mandarle una postal de holanda que decía «holanda la sigue teriendo». Ese año fui a ver si encontraba a mis amigo del colegio, Andrés Lucero y Mauricio Santos. Me dijeron que estaban en La Herradura de Coquimbo. Estuve dos días buscándolos, porque pensaba que la herradura era como cuando yo era chico y me encontré con la Avenida del Mar. Raya pa la suma, terminé en Tongoy con un improvisado grupo de nuevos amigos, con los me acostaba en la arena en esos grupos apretados a escuchar La Pachanga de Vilma Palma e Vampiros.
    Al año siguiente, nos fuimos con José Miguel al Valle de la Luna a dedo. A dedo como cuicos que éramos, porque llegamos a dedo hasta La Serena y ahí tomamos un bus salón cama, el primero de mi vida, hasta antofagasta, por 5 lucas. Nos dieron hasta un combinado en el bus, y desayunamos un mankeke. De vuelta del valle de la luna, calama, antofagasta y todos esos lindos destinos llenos de arena y sol, pero no de mar, obvio, terminamos en Tongoy, en donde tuvimos un éxito inusitado con nuestra guitarra y nuestras canciones de «El Lomo», que era nuestra banda oficial. Obvio, llevé a José Miguel a almorzar donde la señora paty que nos regaló un almuerzo maravilloso con pescados, mariscos, de todo. Inolvidado.

    Tongoy me seguía protegiendo.

    Pero todo se acaba pues. En los años siguientes me hice universitario, casi al mismo tiempo en que mis papás se separaron y la casa en que había vivido toda mi vida desapareció en manos de una corredora de propiedades. Hasta bernard estuvo perdido esos años, en la bodega de la casa de mi papá en Maipú. Así, un poco vapuleado por los abandonos y un poco deslumbrado por la libertad de no tener papá ni mamá encima, me fui olvidando de tongoy. Anduve por el alerce andino, fui a Europa a mandar la postal desde Holanda, me puse a pololear con una niña que era de Chillán así que empecé a ir a chillán a ver si encontraba la protección que ya no iba a buscar en Tongoy porque allá era en otro universo. Después, me titulé, y no salí de vacaciones. Después, dejé embarazada a la mamá de la Fernanda, me fui a Rancagua., y una cantidad notable de etcéteras.

    El capítulo no estaba cerrado, pero no había forma de cerrarlo parece. Adivinen quién me ayudó a cerrarlo. ¿Adivinaron? Obvio, la Nati.

    Ella es todo. Ella lo hace todo y lo arregla todo. En el 2012, recién juntos y recién yo resucitado al tercer trimestre (no al tercer día) luego del accidente que por tercera vez casi me mata, se nos ocurrió postular a Chañaral, a la fiscalía. Por el sueldo, nada más. Vayan a Chañaral y comprenderán que solo puede ser por el sueldo.

    Para llegar a chañaral, los perlas nos compramos una auta nueva, la Mochina, que era un KIA RIO 5 de color negro. Y para probarla, nos fuimos por tierra hasta antofagasta. Entonces le dije si acaso podíamos pasar a Tongoy. Obvio que sí. Uf. 18 años desde la última vez, yo esperaba casi barcos voladores.

    Curiosamente, era mucho más igual a lo que yo recordaba de mi infancia de lo que era cuando había ido por última vez en 1994. Entendí que uno ve lo que quiere ver, y más importante aún, uno no ve lo que no quiere ver. Mi tongoy de la infancia estaba intacto. Claro, un par de cosas nuevas, una ciclovía, unos hotspots, más pavimento, etc. Pero en esencia, lo mismo. Lloré. La nati me abrazó. Fuimos a comer al restaurant de la señora Paty, pero ella no estaba. Estaba David Patricio, a quien nunca le conté que se llama patricio porque mi papá era un loco igual como yo soy ahora.

    Pasamos una noche en la hostería de Tongoy, la llevé a dar una vuelta por la península como mi papá hacía conmigo, le mostré donde estaba la pizzería Gigino y donde habíamos quedado en pana…
    Terminamos de dar la vuelta en 10 minutos. Así de pequeño es Tongoy. Como pequeño era yo la primera vez que fui. Como pequeño seguía siendo por dentro en 2012, cuando hace casi 20 años que ya no había familia, ni casa en Vitacura, ni lorena ni jorge. Cuando me di cuenta, gracias a la Nati, de que sí había familia, de que la familia iba al lado mío en la Mochina, y de que la tarea era ahora encontrar una nueva casa, más lorenas, más jorges y más señoras paty, porque la vida es un ciclo y uno solo se da cuenta de eso cuando entiende que hay que ver no solo que uno quiere ver.

  • Paseo de Curso

    Me estoy poniendo a la moda con esto de la información en tiempo real. Me dieron ganas de escribir sobre el paseo de curso de la Emilia y lo voy a hacer ahora mismo mientras estoy en el paseo de curso de la Emilia. Me imagino que más de alguien me debe estar mirando ahora mismo mientras estoy sentado en el auto escribiendo en el computador un día domingo en una parcela con pasto, piscina, quincho y comedor, donde hay comida y mucha gente para pasarlo bien. Quizás digan «oye cacha el weon raro» o «mira el papá de la Emilia que es antisocial.» Y bueno, resulta que estoy más cómodo aquí. Ahora vino la nati a dejarme mi botella de coca cola zero con mi vaso de vidrio. Mañoso el weon. Tiene que ser en vaso de vidrio la coca cola porque si no, el sabor es distinto. Como que el gas se va a la chucha en los vasos de plástico, y además las weás se doblan enteras y la espuma, que ya por ser coca zero es harta más, huevea ene cuando el vaso es de plástico. Bueno, supongo que no tiene nada de malo traerse un vaso de vidrio al paseo de curso si uno viene con la típica bolsa de jumbo, o si eres más cuico una hielera, y si ya eres de alcurnia vienes con «nevera». Otra cosa sería tener en tus manos el destino de la humanidad y que dependa de que te tomes un vaso de coca cola y no te lo quieras tomar porque el vaso es de plástico. Aló. Onda costo beneficio po, awenao. Ok. Volvieeeeendo al tema.

    Mi papá decía que la vida era como un partido de fútbol. A todos nos pasan un uniforme, canilleras y tiran una pelota a la cancha y de uno dependía si ibas a meter goles, a defender tu arco, a hacer faltas o si al final te iban a poner en la banca por no hacer realmente nada. Yo, por supuesto, no entendía nada de lo que quería decir, porque mi primera pregunta siempre era «y qué pasa si no te gusta el fútbol» y mi papá me decia «no pregunte weás». A mi lado en el paseo hay unos niños jugando fútbol. Más allá hay unas niñas bañándose. Yo nunca jugué fútbol ni me bañé en un paseo de curso. Los odié toda mi infancia, porque me llevaban a ellos a jugar fútbol o bañarme, y yo no quería jugar fútbol ni bañarme. No me sentía cómodo.

    La comodidad es importante. Curiosamente, me siento harto más comodo en este paseo de curso de lo que pensé que me iba a sentir. De hecho pasé toda la semana odiando el paseo de curso y pensando que la iba a pasar como las weas porque seguro que iba a haber pasto y calor y esos típicos árboles que tiran polen, plátanos orientales creo que se llaman. Qué tienen que andar haciendo en Chile estos plátanos malditos si aquí no estamos en el oriente. Bueno, tal vez para los chinos estamos en el oriente po. Siempre uno cree que está en el centro del mundo, si no, pregúntenle a los católicos de la inquisición que condenaron a galileo por decir que la tierra giraba alrededor del sol. Más encima, ayer fuimos con la nati y la emi al cumpleaños de una amiga en un lugar mucho más prometedor que la cresta del mundo (porque ahí queda Curiñanco) que era Las Parras así que fui con esperanza y resultó que salí del auto y se me pusieron los ojos como pelota de basketbol y lloré como una magdalena hasta que nos fuimos, que fue onda «abort» como media hora después de llegar y no alcance ni a comer carne asada ni torta, que es lo único bueno de cualquier evento social. ufff. Respiremos, pero el paseo de curso está la raja. No hay alergia, hay harto espacio, una piscina llena de cabros chicos, un juego inflable que no se desinfla y cada uno hace lo que se le antoja, entre ellos yo, que me vengo a sentar al brownie a escribir sobre estar sentado en el brownie escribiendo sobre eso.

    El espacio personal también es importante. Me cargan las mesas de te club. Bueno, me carga todo a mí, si no pregúntenle a mi amiga andrea hernández, pero también y mucho las mesas de te club. No entiendo por qué hay que comer con veinte weones (weones con e inclusiva) a cada lado, todos apretados ahí típico con las manos hacia adelante como perritos, obviando siglos de evolución que nos pusieron los hombros por fuera del torso y los pulgares en oposición. Pero ahí los weones comiendo como si no hubiera más lugar. El asunto es que no hay más lugar po, como que eligen la mesa de te club más penca. Bueno, en el paseo de curso no fue así. Había espacio personal y pude comer utilizando mis pulgares oponibles. Y el ruido. Para qué comer con tanto ruido? No hay nada mejor que comer en tu casa, donde no hay nadie más que tú y las personas que amas y que te soportan, que hablan temas que te interesan o que si no te interesan al menos los escuchas por amor y por amor te terminan interesando. Hoy traté de entender el famoso tema de la conversación de sobremesa y otra vez no pude. No me interesa nada de lo que tenga que decir nadie y tampoco me interesa sonreir cuando algo no me interesa.

    El curso de la emi, sin embargo, me hace agradable todo. Son buenas personas, que no se calientan la cabeza si me vengo a sentar al brownie a estar solo y que me ponen una sonrisa cuando regreso después de estarlo. No sé si es una sonrisa real o falsa, pero tengo la suerte de ser autista así que no me interesa.

    Tampoco se me emocionen. No voy a convertirme en el alma de la fiesta, ni se pongan tristes porque no voy a dejar de escribir las memorias de un ex neurotípico. Ser autista no es una enfermedad, por ende, uno no se mejora ni se cura. Lo interesante es comprenderse uno mismo y cachar que ni la mesa de te club, ni los hombros metidos en el torso ni el ruido del comedor me hacen raro. Son las personas las que me hacen raro. Cuando no estas en la normalidad, es porque hay quienes piensan que hay una normalidad. Sin embargo, nadie está en el centro del mundo. Nadie es realmente normal. Ahora que sé que no soy del colo colo ni de la U, sino que probablemente de algun equipito chico que nadie conoce mucho, me puedo preocupar de lo que realmente importa. Total, al final todos los equipos juegan al mismo deporte, y si no quiero jugar, puedo ser árbitro, comentarista, hincha, periodista, aguatero, arco, cancha, tiza para marcar la línea, estadio o incluso el aire que pasa por el partido. No importa si tu vaso es de cristal o de plástico, lo que importa es que tomes la coca cola en el vaso que te gusta.

  • Señora Hipopótama

    Yo no soy para nada pobre. No puedo venir a vender la pomada con que soy del pueblo. Nací en una clínica privada, la más bacán de Santiago cuando nací, que era la clínica Santa María. Cuanto tenía 2 años mi papá y mi mamá se cambiaron a Vitacura porque el aire en San Miguel era como las pelotas ya, y en Vitacura también seguramente ya lo era, pero se notaba menos. Santiago era como es hoy Loncoche. El otro día estuve en loncoche porque me invitaron a un seminario de violencia de género que organizó la superintendenta del Cuerpo de Bomberos. Una ciudad chiquitita, con las calles amplias, con pocos autos, como era Vitacura en 1976. Mi primer colegio fue el Nido de Águilas. Esa onda. Era el colegio más caro de Chile. La primera vez que anduve en micro fue a los 15 años. Fui en micro a ver a mi tía Maggi, porque quería vivir la experiencia de andar en micro. Me acuerdo que veía por la tele las noticias que de vez en cuando mostraban recoleta o la florida y veía que había caminos de tierra. No sé por qué me sorprendía tanto si la calle Petrouska donde yo vivía era de tierra en toda la parte que llegaba hasta la plaza. Mi papá era contador. Yo no sabía que era eso, pero una vez un amigo me preguntó que hacía mi papá y yo le dije que era contador. El me dijo que su papá era gerente. Ninguno de los dos sabía que significan esas cosas, pero a mí me sono más bacán gerente que contador, así que le dije de vuelta: «pero mi papá es el contador general de la república». Esa onda. En fin, mi vida acomodada también incluía cumpleaños con mucha gente, fiestas de navidad en la casa de mi abuelo con toda la familia, fiestas para esperar el año nuevo en familia, todos bailando, asados gigantes de fiestas patrias otra vez en la casa de mi abuelo, y en todas siempre estaba lleno de gente. Cuando tenía 10 años contaba ya 4 tías, 4 tíos, 10 primas 11 primos, 2 abuelos y media abuela. Todos y todas con sus parejas, todos jugando a la familia feliz, lo que significaba saludarlos a todos, sonreir, poner cara de feliz, darles besos y abrazos y aguantar las cachetadas y los gritos del saco de weas del tío tulio curado, porque entrando a la casa de mi abuelo pisaba un corcho y se iba a la chucha.

    Recuerdo perfectamente mi sensación. En otra de las maravillas del esterotipo, seguro que me dirían bipolar. Despertaba los días de la fiesta con muchas ganas de ir porque iba a recibir regalos. Ese deseo infantil, sumado a la incapacidad de ver más allá de los próximos diez minutos que se supera solo bien entrada la obsolescencia (que es lo que viene despues de la adolescencia) me hacían olvidar cada año que llegando a la fiesta me empezaba esa conocida sensación de no querer saludar a nadie. No me gustaba oler los cachetes de las caras de mis tías. Su perfume no era el de mi mamá. No me gustaba el olor a viejo de la piel de mi abuelo. El viejo además estaba lejos de ser como esos abuelos bucólicos que cuentan cuentos y cortan leña. Era un viejo caliente que tenía hijos por otros lados y nadie supo hasta que se murió. Después estaban mis primos, que me odiaban porque vivía en Vitacura y según ellos me creía mejor que todos por eso. Ahora sé que ellos se creían peores que yo y me da pena. Mi familia era el estereotipo perfecto. Hermanos flojos que fueron taxistas y hermanas estudiosas que fueron profesionales, en un país que les había regalado la educación. Ahí estaba yo, sin entender por qué mi cuna de oro era un insulto, sin querer darle besos a personas que no veía más que dos o tres veces al año, sin querer jugar a juegos estúpidos como el pillarse y las escondidas, que me ponían nervioso porque si había que esconderse me daba lata y si había que buscar sentía que se estaban riendo de mí.

    Ahora veo en facebook esos posts que dicen «no obligues a tu hijo a darle besos a alguien si no quiere» y me acuerdo de quino, que dibujaba al guille saludando obligado a una amiga de su mamá. Al darle el beso se imaginaba un hipoótamo. Esa es la pura verdad. Si a un niño o niña que no vive en la neurodivergencia le resulta incómodo que le obliguen a saludar a la señora hipopótama, imagínense a un niño que no solo es autista, sino que no lo sabe. Era un terror. Como decía, el olor, las manos que no son las de tu mamá, son otras manos, y pa qué decirte esas viejas asquerosas que te tomaban la cara con las manos traspiradas o cebosas y te daban un beso en la boca. EN LA BOCA, POR LA CHUCHA. La wea es un delito! Ahora lo es. Antes no lo era. O sea, lo era. estaba en la ley, pero la ley no es solo lo que dice la ley, sino lo que la gente piensa que es también.

    Todo sea por los regalos, pues. A la hora de los regalos, el asunto tomaba un segundo cariz del que tampoco te habías acordado, Ya fuera navidad o cumpleaños, los regalos te tienen que gustar. Aló? Como habías pasado entre seis meses y un año olvidándote de lo malo, tampoco de acordabas de eso. No importa que weá te regalen, tiene que gustarte. O sea, a un niño que se pone nervioso porque su cubrecamas no es la misma que el día anterior y solo se calma cuando su mamá le explica tomándole la mano que había que lavarlo, y después es tanto el prob lema que tu mamá decide comprar dos cubrecamas iguales para ofrecerte la rutina que necesitas, a ese niño lo sientas enfrente de 20 personas que son «de tu familia» pero a quienes ves menos que al cartero, les pasas un paquete envuelto con algo adentro que no sabe que es y lo que tiene que hacer es no ponerse nervioso, abrirlo con una sonrisa y ser el niño que todos esperan que sea, contento tan solo de haber recibido un regalo. Imposible. Y eso, repitelo 1 vez por cada familia de la familia. Es toda la tarde poniendo caras. Yo no sé poner caras. Tampoco entendía nada, solo quería tener regalos. Uno será un niño raro, pero es un niño, y un niño quiere regalos.

    A los 23 años yo andaba en Europa. Anduve todo el verano en Europa. Sospecho que mi papá me mandó para allá para autoexculparse por el espantoso divorcio que con mi mamá me brindaron, lleno de gritos, descalificaciones y conmigo al medio con ropa negra, pito y tarjetas. Bueno, andaba por allá para mi cumpleaños, que es en febrero. Mi hermano vivía allá. Se fue a los 22 o 23 años apenas pudo, para escapar de este país donde no iba a ganar plata como músico y donde mis papás estaban en plena guerra. Después se haría la víctima por haberse ido, calma. calma, algún día pelaremos a mi hermano.

    La cosa es que me celebraron el cumpleaños pues. Me regalaron un CD, que en esa época eran la novedad frente a los casetes. Era un lindo gesto, me lo regalaron porque una canción que andaba sonando en francia me habia gustado. Yo creo que me lo regaló la Elise, que era su esposa en esa época, porque mi hermano siempre fue como las weas. En fin, a mi me gustaba escuchar los CD completos, desde la pista 1 hasta la última, así que me dijeron «pónlo» y puse la pista 1. La canción que me gustaba era la 2, así que mi hermano dice «pero weon, pon la canción que te gusta si para eso te lo regalamos.» Chucha la weá. Parece que tenía el estanque lleno ya pues, porque cuando me dijo eso empecé a agarrlo a chuchadas que el regalo era mío, y que yo lo escucho como quiero. Ahí estaba gritándole por fin a mi tío tulio, a mi papá, a mis tías hediondas a impulse, a mis primos desgraciados resentidos, a mi abuelo culiao que no me había contado cuentos, y también al conchesumadre de mi hermano que siempre abusó de mi incapacidad de defenderme y ahora venía a dárselas de bueno regalándome una weá que había elegido su esposa y más encima diciéndome ya no solo que me tenía que gustar sino también cómo me tenía que gustar.

    Ustedes podrán pensar que no se lo merecía. En algunas entradas más comprenderán que sí se merece todo lo que le ha pasado. El tema ahora es otro.

    Los autistas también nos cansamos. No de ser autistas. De que ustedes quieran que no lo seamos.

  • Verdades Ocultas

    La emilia no es autista. (tampoco es la de la foto, esa es la fer) Así de simple fue el veredicto. Cuando supe queyo sí era autista, hace poco más de 1 año, supe al mismo tiempo que tenía altas capacidades. La cota, mi ex cuñada y siquiatra de cabecera, me preguntó altiro por la emilia, si acaso era muy sensible, si le iba bien en el colegio sin mucho esfuerzo, si se interesaba por temas más adultos que sus compañeras, si había aprendido a leer o escribir en tiempo record. Yo contesté que sí a todo. «Hay un componente genético posible» y ahí me fui a la chucha. No quería que mi hija fuera «especial». No porque no sea especial, pero una cosa es ser especial y otra muy distinta es ser especial. Siempre me he preguntado si la gente que tiene hijos o hijas con síndrome de down realmente piensa que son una bendición. No sé cómo será vivir eso, pero sí sé cómo es que tu papá te quiera porque saliste de tus cocos nada más. La fernanda, la de la foto, no es autista. Renato y la Mariana, quetampoco están en la foto, tampoco lo son. Bueno, la marianita no es biológica mía, pero eso se me olvida no solo de manera recurrente sino también opcional. Me puse contento pues. Por fin algo bueno salía de mi autismo y era, precisamente, su ausencia. Es que aun cuando uno no haya planeado tener hijos, o también si los planeó, algo que no cambia es eso de que uno no quiere que pasen las mismas cosas que uno.

    La emilia tiene altas capacidades. Maravilloso? Así de simple fue también el veredicto. No es tan simple lo que significa. Esto hará que vea el mundo desde otro lugar, igual que yo. Comprometerá sus decisiones y sus amistades. Le permitirá abarcar ingentes cantidades de información, comprender problemas tan ridículamente lógicos que sobrepensarlos es el error, dedicarse a lo que le guste con una pasión y una perseverancia que ni ella sabrá explicar y alejarse de lo que no le estimule intelectualmente con la misma fruición enfermiza. Le provocará tristezas inexplicables, de esas que corroen el alma, por situaciones que no lo ameritan, como el final de una película de disney o la muerte de un perro al que no conoció y que nunca ha visto. Le hará anticiparse a los problemas y solucionarlos en la cabeza aunque a veces no pueda implementar esas soluciones mecánicamente. Le hará llorar con facilidad y sin explicación para quienes estén a su lado, pero tampoco para ella.

    Nunca pensé que iba a ser un buen padre. Ni un padre siquiera. Mi infancia llena de abandono emocional no fue advertida ni por mis profesores ni por mis padres. No ves una mancha si no la estás buscando y nadie estaba buscando. Así pues, no pensaba que sería buen padre no porque específicamente la paternidad no se me fuera a dar, sino porque no pensé nunca que iba a ser bueno en algo. Difícil que fuera bueno en algo si todo el mundo siempre se reía de mí por todo lo que hacía y mi papá se la pasaba diciéndome que hacía todo mal. En fin crecí pues. Y antes de cumplir los 30 años fui papá por primera vez. Me cayó en las manos la Fernanda. Me las cagó también con esa cosa extraña de caca que hacen las guaguas recién salidas del horno, pero que es menos extraña que su nombre. Estuve mucho rato con ella solo en la neonatología. No tuvimos un buen matrimonio con su mamá. Algún día quizás me refiera a eso, pero ahora sé que es por eso que estuve con la fernanda hasta que cumplió 2 horas. Ahí me la vinieron a buscar para llevarla no sé dónde. Recuerdo que pensé que tenía muchas cosas que leer, pero quería hacerlo bien. Cambiar pañales, darle leche de fórmula, levantarme en las noches a verla, todo lo que sale en las películas. Todo, salvo eso de que la vi y me enanoré y supe que todo estaría bien, etc, Eso no pasa, la miré y vi una guagua igual que otras, no comprendiendo eso del lazo inextinguible y toda la weá católica que nos enseñan sobre los hijos (y las hijas). Yo solo sabía que tenía que cuidarla porque era mía. Uno se va enamorando de a poco de los hijos, porque no los tiene en la guata. Por eso que a la mariana la quiero igual que a los hijos e hijas de mis cocos porque a todos y todas les conocí cuando ya eran personas. Ese pensamiento para mí es completamente obvio. No le veo fallas a mi lógica. Sin embargo, parece que es un pensamiento autista, porque elimina toda la noción de la sociabilidad. Sospecho que uno no puede decir eso, o al menos no decírselo a la madre que acaba de parir, ya sea que acaba de parir hace 1 hora o acaba de parir hace 20 años, porque las madres siempre acaban de parir a sus hijos e hijas, porque los tuvieron dentro y siempre van a ser una parte de ellas. Hay que decir que el bebé es hermoso, que es tal como lo soñaste, que eres la persona más feliz del mundo, y todas esas huevadas que dicen en las películas.

    Yo dije que tenía sueño y que yo pensaba que iba a ser más emocionante tener un hijo.

    Cuando lo dije recordé tanto episodio de mi vida en que me sentí tonto e incomprendido por decir cosas que no tienen un sentido social. La gente le dice «no tenís filtro» No falta la persona que te dice «tu soi muy carerraja pa decir las weás» o esos que siempre tienen una buena lección que dar y andan evaluando y calificando a las personas (Que son los primeros weones que se inscribieron en facebook y twitter seguramente) y dicen «con la excusa de decir las cosas sin filtro, le faltas el respeto a las personas.» ridiculizando la práctica sana de decir la verdad. Eso de la verdad es un filtro en sí mismo, y es el filtro definitivo. Cuando dices la verdad, sabes de inmediato quién es quién. Si estás en una fiesta y te preguntan «como estás» y tú dices «aburrido, tengo ganas de irme porque la comida está como las pelotas y tengo sueño» los que te miran raro por no decir «bien, gracias, está todo maravilloso» aunque sea mentira, para mí son una mierda. Están los que lo encuentran bacán, pero así como demasiado bacán, como que te felicitan por ser tan honesto «oye que bacán que seas así». Es como si tuvieran conciencia de que son una mierda social que no dice la verdad, a diferencia de los demás. Mis profes de derecho dirían que tenían «conciencia de la ilicitud», pero entonces son más malos que los otros, porque son mentirosos DE ADREDES po, no porque no cachen que ser sociable es mentir. Además son weones, porque si encuentran tan a toda raja decir la verdad sin filtro, por qué no lo hacen? Y están los que no te dicen nada, que te quedan mirando no más y ponen una sonrisa de aprobación. Sonrisa social se llama. Esos malditos son los peores, porque no sabes qué están pensando. Lo que sí sabes, es que se quedan ahi y son mentiroso también, porque sonríen cuando dijiste algo desagradable. Para sonreir con algo desagradabe o eres weon o eres cínico, o peor, eres un weon cínico.

    Ven? Todo esto de las mentiras sociales y las verdades ocultas, no pasa solo en las fiestas. Pasa en todos lados. Pasa en la vida. Pasa en TNT. Pero así como es estúpido pensar que los homosexuales son detectores de fletos, también es una imbecilidad creer que los autistas somos detectores de mentiras. Nadie es detector de nada. Lo único que detecto con mis verdades son problemas y desprecios, porque la mayoría vive en esa sociabilidad inútil Y no es solo que la encuentre inútil. No es una opción como es mi opción que la mariana sea mi hija y no mi hijastra. Realmente no entiendo porqué a alguien le interesa saber cuál es mi opinión sobre Verdades Ocultas si no me conoce y nunca me ha visto. Ni siquiera sabe si la he visto. Qué va a hacer con esa información? La va a archivar? está haciendo algún estudio sobre el impacto de Verdades Ocultas en las personas que no conoce y que no volverá a ver? En ese caso, a quién le va a interesar el estudio? Por qué a sus amigos, que son las personas que sí va a volver a ver, les iba a interesar que el maldito gaste su tiempo en un estudio sobre gente que no va a volver a ver en vez de hacerlo sobre ellos? Quizás es pariente de alguno de los actores… Así veo el mundo yo. A 200 por hora. Hipervelocidad para solucionar problemas y hacer mi trabajo, pero también para cuestionarlo todo. No hay tiempo para sociabilizar…

    «No», me explica la nati, «es solo para conversar un poco.» Esa explicación me mata. Por qué hay que conversar un poco? A mí me acomoda estar en silencio. O miro a los demás y después sé cuáles son sus gestos y cuento los bloques de plumavit del techo, o tomo mi teléfono y me pongo a buscar algun dato interesante. Usualmente información sobre las estrellas, los planetas. Claro, y eso para qué me sirve, si no voy a ir a la luna ni a marte en los miserables quizás 40 años que me quedan de vida. Soy un cínico entonces? Y me quedo pensando en eso y mientras los demás conversan sobre verdades ocultas yo oculto mis verdades.

    Llámenme sobreprotector si quieren pero no quiero que mi hija viva eso.

  • Islas

    He estado ocupado estas dos semanas. Por eso que no he podido hacer esto que es lo que más me gusta, que es tratar de que quienes vienen no vivan lo que vivimos los que ya vamos.

    A veces uno no sabe por donde partir cuando se sienta ante la pantalla. Son 40 años de incomprensiones. En cada minuto, hubo algo que mi forma de percibir las cosas entendía de una manera que el resto no. Y no es cosa de encontrar «otro autista.» Eso pensaban mis profesores de básica. No del autista, porque yo no era autista, recuerden que yo era raro no más, pero algo así como «normal raro». En fin, las profes pensaban que si yo era raro, probablemente me entendería con los otros raros del curso, como se entendían los normales con los normales. Ocurre que los autistas no somos un modelo distinto de auto, hecho por montones en una línea de montaje. Bueno, para lo que sirva, tampoco los normales lo son, pero en 1980 solo había dos tipos de personas. Normales y raros.

    Entonces a los raros nos tiraban a una especie de campo de concentración dentro de la misma sala. El ghetto. Cuando yo era chico las salas se agrupaban en grupo de a 6, en una especie de islas en las que me imagino que se esperaba que nos miráramos a los ojos y aprendieramos a socializar. No sé, nunca pregunté, no solo era de los raros, sino que tenía 6 años y no me preocupaba tanto de los criterios educaciones de mi colegio. El asunto es que como los raros no éramos muy de hablar sobre las vacaciones, o sobre fútbol, o sobre nada, o nos ponían a todos en una de las islas, dentro del muro de berlín, o peor aún, nos ponían uno en cada isla para que «aprendieramos a ser normales».

    Pasé todo primero básico en el ghetto. No era malo, estaban conmigo Carlos Troncoso, juan miguel valdès, daniel bascuñàn, el darrick jones, un negro (porque en esa época eran negros, no afroamericanos ni aborígenes) que no era para nada autista, pero era negro así que también pasaba por raro en el país de los ingleses de latinoamérica. Si mi papá leyera este blog (uf, espérense el capítulo de mi papá) diría «ahora en el 2022 los raros son los chilenos, porque está lleno de negros extranjeros delincuentes narcotraficantes.» Ok, volvamos al ghetto. Era un lugar seguro. Hoy dirían espacio seguro, pero era como los vagones de metro para mujeres. Seguro porque no podían entrar los ladrones, no porque el barrio fuera tranquilo. Un día se le ocurrió a la profesora que podíamos traer música y ponerla en clase a la hora de almuerzo, toda una innovación para 1980, no solo en lo educacional sino también en lo tecnológico, porque en esa época pal día de ciencias uno llevaba el atari 800 xl y todos se volvían locos y por un día eras popular. Bueno, puso una radio con «tocacassette» y yo después de mucho esfuerzo y días de pensarlo quise llevar un cassette. Le pedí a mi papá mi cassette de los grandes éxitos de Elvis Presley porque en el matrimonio de mi tío Osvaldo habían pueso «mary´s the name (the latest flame) (el nombre de la canción es con paréntesis no es como este paréntesis que lo puse yo para decir que el nombre de la canción era con paréntesis. Debería haber paréntesis para reproducir un paréntesisi y otros distintos para los paréntesis que uno pone). Ese cassette era mi tesoro más preciado porque me lo había regalado mi tío tulio en su casa después del matrimonio. Mi tío tulio era el tío choro en esa época. Después supe que era un concha de su madre porque trataba mal a mi tía, había tenido hijos por otro lado y más encima le pegó una cachetada a la Fernanda, mi hija, cuando ella tenía 2 años. Después de eso nunca más le volví a hablar.

    Llevé el cassette al colegio y a la hora de almuerzo salí del ghetto y fui a poner la música. Empezó a sonar elvis presley y yo me puse tan contento. Detrás mío apareció Marcelo Figueroa, uno de los tantos conchas de su madre que encontraría yo en mi vida, con la diferencia de que él fue el primero. Dijo «no, esta música no.» Sacó el cassette a la mitad de la canción y lo tiró al suelo y se rompió (porque lo tiró con maldad el chuchesumadre) y puso algo que no recuerdo. Probablemente Van Halen. Fue la primera vez que sentí una emoción que me acompañaría por el resto de mi vida alimentando mi odio y mi resentimiento hacia todo. Me sentí atropellado, humillado, avergonzado, como cuando en los sueños estás en pelota. Se río, obvio, si las películas sobre las escuelas gringas son ciertas. Tal vez las únicas ciertas.

    Muchos ocuparon el lugar de Marcelo en los años venideros. Riéndose de mis gestos, de mi ropa, de mis miradas perdidas. Ya hablaremos de eso. Ahora, de vuelta a 1980.

    Por salir del ghetto me pasó pues. Cuando le conté a mis compañeros raros y negros que traía el cassette todos estaban felices. Claro, no estábamos hechos en una línea de montaje, pero cuando andas con terno en un estadio, de lejos ves a los que tienen corbata y ellos te están mirando. Fue cuando sali del espacio seguro fue que me quedó la cagá. Entonces qué hice? Obvio, no salí más del espacio seguro. Simple, no?

    No.

    No se puede no salir del espacio seguro. Hay que atravesar el colegio para llegar al auto de tu mamá, o al paradero. Hay que atravesar la sala para ir al baño. (en primero básico, la sala tenía baño). Hay que atravesar la sala para ir al pizarrón, y pasar cerca de las demás islas. Hay que salir al recreo. Puta, qué hueá más terrorífica el recreo. Todos los pelotas jugando a la pelota. Todas las cabras jugando en las barras. Yo salía de la sala con terror, pensando en qué iba a hacer hasta la campana, porque no me dejaban ir a la sala de música, ni a la biblioteca, era muy chico, y tenía que jugar. Además, se supone que se me iba a pasar la hueaíta algún día. Igual había unas banquetas hechas de cerámicos. El piso del pasillo era de cerámica, y habían hecho unas banquetas de cemento y las habían tapado con cerámicos. Eran unos cuadrados de cerámico. Siempre estaban frías. Me gustaba eso. Sentarme ahí y sentir frío en el poto y en la parte de abajo de las piernas. Miraba desde ahí el patio y me encanta el punto donde los árboles se cortaban y empezaba el cielo azul. En santiago era bien azul en 1980. Ahí me quedaba absorto, pensando en los colores. Miraba los juegos de fierro pintado (las barras) y a las niñas, que se les veían los calzones cuando se daban vuelta. No me gustaba jugar. Me gustaba pensar. Que estarían pensando las niñas? Qué pensaban los niños que jugaban a la pelota? (después supe que no piensan mucho) qué estarían pensando los árboles? Pensaban los árboles? Voy a ir a leer a la biblioteca sobre los árboles a ver si piens…

    Alvarito, que hace sentado, mi niño! La profe Gloria, buena, buena del alma. Vaya a jugar mi niño, que es chiquito y tiene que gastar energía.

    Ahí estaba otra vez el dolor de guata. Se me apretaba todo y como era chico, me paraba y trataba de ir a jugar a la pelota. Los niños corrían, fuerte, duro, pegaban, no había jugar para mí. Te da miedo pérez. «Es niñita». Quiero ser normal, voy a jugar. No veo una. Mientras avanzo para tratar de ser parte de una historia que no comprendo y no me interesa, veo de pasada los árboles. Ya podré ir a la biblioteca.

    Campana. El ghetto! Por fin. Vamos a estudiar, a leer, a estar callado sin tener que hablar con mis raros y mi negro, que como yo, se callaban también. Algunos porque querían, como yo. Otros, porque si están todos callados, me da cosa hablar porque además soy negro.

    Pero todos cómodos En nuestra isla, en el ghetto, nadie es una persona, pero somos todos iguales.

  • Marco teórico

    No todas las cosas que le pasan a uno son porque uno es autista. O porque uno tenga altas capacidades. O por el Toc. Algunas cosas le pasan a uno porque es hueón no más.

    Cuando empezó la pandemia con la Nati, igual que mucha gente, de un día para otro nos vimos encerraditos en el departamento. Bacán. Pasamos de despertar juntos y darnos un besito para recordarnos durante el día, a estar juntos todo el día. Nada mejor para un autista que un cambio tan grande de rutina venga acompañado de quedarse en tu zona de máxima seguridad, que es la casa. Claro que sí. Bueno ahí, felices, comiendo perdices y manices (no maníes, ok) empezamos a cachar que faltaban algunas cosas para convertir el departamento también en mi oficina. Como yo suelo darle rienda suelta a mi trastorno con lo que me conviene, transformé mi noutbuc en una central nuclear, con 4 pantallas, impresora, escáner, audífonos de gueimer, silla geuimer, teclado gueimer, maus gueimer. Hasta calzoncillos gueimer me compré. Para todo esto, por supuesto, me sirvió bastante el primer retiro, que me llenó los bolsillos de manera innecesaria e irresponsable para con mi futuro, pero qué tanto si nos podemos morir mañana. Ahora que lo pienso, no me morí mañana ni el día siguiente. De hecho, seguí vivo lo suficiente para gastar el segundo y el tercer retiro y quedar debiendo el vuelto. La cosa es que entre tanta renovación y forzada generosidad de las AFP, también había suficiente dinero e irresponsabilidad para renovar otras partes del departamento, que como recordarán, no era nuestro en esa época, ni ahora, ni nunca, porque el que compramos fue otro. Entonces, ojo, el clásico «no gastís plata en weás que no son tuyas» era totalmente aplicable.

    Su mueble, su tapiz pa los sillones y por ahí, mandamos a hacer un espejo de cuerpo entero con un marco bien bonito. Grandecito. 90 de ancho, 2 metros de alto. Era un espejo de esos para darte cuenta si detrás tuyo hay un vampiro, porque no lo ves. Esto significa que cuando te miras al espejo y no ves un vampiro, es porque está ahí. Escalofriante. Es como el machismo. No lo ves, pero está ahí.

    En fin, el espejo estuvo listo yo creo que en abril de 2021, pero nosotros ya en esa época habíamos descifrado el acertijo del teletrabajo y estábamos literalmente viviendo en concón mientras yo trabajaba en Valdivia. Algo que habría enorgullecido a Isaac Asimov. Así pasó el tiempo y no fue hasta este año que por fin pudimos ir a ver el espejo. Cuec. Estaba malo. No tenía ningún soporte detrás, entonces era vidrio con marco. Muy débil. Pa la casa. «Ok, le vamis a poner un cartón o algo.» Nunca le pusieron nada. Como las pelotas. Pasaron los meses, y nunca le ponían nada. Es la marquería que queda al lado de los civiles en Valdivia, por si acaso. Mala la weá.

    Así que un buen día de primavera se me ocurrió ir a buscarlo, montado en una más de las nuevas cosas que compramos con la inusitada bonanza que nos trajo la pandemia: El negrito brownie. El negrito brownie es nuesto nuevo auto, que no es un auto sino una camioneta nueva, apoteósica e innecesaria e indecentemente grande que decidimos comprar para darnos el gusto de hacerlo, porque puta que hemos pasado cosas con la nati. En serio, quedan hartas entradas de blog pa que se vayan enterando.

    El negrito brownie es una chevrolet captiva desproporcionada, pero eso a mí me daba tranquilidad pa llevar el espejo. La nati, por supuesto, centrada, prudente y hermosa como es, me dijo que no iba a caber el espejo, que iba a quedar montado sobre una de las pelotas de la maleta, esas que replican la forma de la rueda trasera, y se iba a quebrar. Sin embargo, en teoría, el marco cabe en el brownie. Es un marco teórico, pero yo confié en que podía ser real. Entonces ocurrió lo que les partí contando. No por autista, ni por Toc ni por neurodivergencuia, sino de puro hueón, fui a buscarlo igual.

    Lo más entretenido de todo es que, en mi constante compromiso por llevar a ustedes noticias frescas como el pan de la mañana, la parte del relato que viene ahora la nati no la sabe y se va a enterar junto con ustedes cuando lea el blog. No es broma. Ha estado esperando para enterarse. En fin, qué es la vida sin riesgos.

    Bueno, un día cualquiera fui a dejar a la Emilia a Karate y mientras la esperaba, que es una hora, pesqué al negrito brownie, y me fui a la vidriería. Finamente, después de dos años, me llevé el espejo. Lo subí al brownie en la parte trasera. Lo apoyé en la pelota con forma de rueda.

    Obvio que se quebró.

    Toda mi vida pasó ante mis ojos. Y por supuesto me imaginé a la Nati teniendo razón. Maldición. Siempre tiene razón. Y yo nunca. Por qué nunca, por la chucha. Una vez, es todo lo que pido.

    Bueno, me dio entre vergüenza y pena. Pena, porque el espejo a la nati le gustó y no quería que no puidiera tenerlo después de dos años de espera. Vergüenza porque, puta la wea, si tengo que explicarlo ustedes son weones y weonas también.

    Entonces, diseñé un plan tan nefasto como bondadoso, a ser ejecutado en menos de una hora. Boté los restos del espejo roto, limpié el brownie, pesqué el marco, que no se iba a romper la weá, la eché en el auto, me fui manejando a anibal pinto a una vidriería, lo entregué, encargué que le pusieran un espejo nuevo, lo pagué, lo dejé encargado, me subí al auto, me fui a buscar a la emilia, llegué justito y bien. Ahhh, quedé cansado de puro contarlo.

    Me fui de vuelta pensando en si podía excusarme por ser tan weon esgrimiendo mi neurodivergencia. Sin embargo, aparte de comprar una capa para ponersela en la espalda a a nati cuando se enoje, y decirle «ahora estás súper enojada», no se me ocurrió nada más.

    Adelante estudios centrales.

  • Bernard

    Hace unos días con la Natalia cumplimos un sueño de años. Por fin nos pudimos comprar una casa. El casado casa quiere dicen, no? Nosotros nos casamos hace ya casi 10 años y ahí estábamos queriendo casa y no teniéndola. Y al final fue departamento y no casa. Ironías. Principalmente porque yo tenía un montón de problemas con Dicom, que venían de mis años en Rancagua y después por las peleas del divorcio. Ok, pero esto qué tiene que ver con ser autista y no saberlo? Nada. Y entonces qué estai contando leseras? A ver? Una cosa es que el blog se llame recuerdos de un ex neurotípico y otra es que esté obligado a escribir puras cosas de autismo. El blog es mío, cachai. Ya, eso como declaración de principios inútil Ahora, vamos al grano.

    Después de firmar esclavitud por 20 años en la notaría nos pusimos felices con la Nati. Obvio. Éramos libres y ya no lo somos, Podíamos comprarnos una bicicleta trek al mes y ya no podemos. Ahora «tenemos dónde caernos muertos», como si antes de tener casa algún efecto físico incomprendido nos hubiera impedido tocar el suelo con el cuerpo y dejar las chalas en ángulo recto. Para mí, era cumplirle una promesa a mi Nati preciosa que dejó todo botado cuando me conoció y como toda una princesa del patriarcado se fue conmigo a Chañaral sin trabajo y sin ingresos a vivir de mi sueldo. Para la Nati, hasta donde entiendo yo, es una tranquilidad de que le podrá dejar algo a sus hijas si tenemos la mala suerte de ponernos el piyama de palo juntos. Como sea, era lindo el momento, así que llamé a mi mamá para contarle. Ella nos echó una manito con parte de pie así que estaba al tanto de la «operación» como le dice el banco. Qué falta de empatía no? La casa es para todos un lugar especial, no lo olviden, por eso arréglenla en Sodimac.

    Mi mama se puso contenta y me felicitó, a la nati también. Días después me tocó llegar a verla por un viaje a Santiago y cuando abrió la puerta me dio un abrazo y me dijo «te felicito, hijo, tanto que les costó». Bonito. Muy bonito. No solo es bonito que tu mamá te quiera, sino que es más lindo que se ponga feliz por tus éxitos aunque no sean de ella. Bueno, la verdad es que los éxitos de mis hijos son míos también.

    Y el rollo autista, cuándo? Oye, si andai con apuro anda al rápido a comerte una empaná. Estoy contando.

    Después, yendo en contra de la historia de mi vida, con mil historias insistiéndome que no lo hiciera y trémulamente porque nunca dejaré de creer que un día será distinto, se me ocurrió llamar a mi papá para contarle. Uf. Mi papá merece un capítulo entero, o como dice aquí en el blog, una «entrada» para él solo. O dos. O tres. «Hola, papá. Llamó para contarte que con la nati nos compramos por fin un departamento.»

    «Pero como podís ser tan hueón». «Siempre haciendo weas, hijo mío, por la chucha, que nunca hayai aprendido.»

    Mi papá tiene 3 casas y 1 departamento.. Se las fue comprando durante su vida laboral para asegurarse una pensión porque nunca tuvo sistema previsional ni isapre. Juntó la plata y las compró al contado. Cuando pudo.

    «Pero papá, yo estaba arrendando hace 15 años, ahora pagaremos nuestra propia casa y son como 200 lucas al mes por sobre el arriendo.» «200 lucas al mes, por la chucha, como te metís en weás siempre. Siempre haciendo todo mal».

    «Y entonces por qué te compraste tú 3 casas y 1 departamento si comprar propiedades es una huevada?» «Comprar propiedades no es una huevada. Tú eres un weon que no sabe hacer las cosas. Cuando yo me las compré, era un buen momento para comprar.»

    «Papá, me dieron una tasa rewena porque soy cliente del Banco hace 20 años. Al final quedó en menos de 4 por ciento, no sé cómo». «Bueno, tú sabrás lo que haces, pero cuando te quiten el departamento y no tengai dónde caerte muerto (otra vez lo mismo) no me vengai a pedir ayuda,» (Eso es mentira, si yo le pidiera que me regalara una de sus casas, me la regala altiro)

    Bueno, corté el teléfono y le conté a la Nati. Ninguna novedad para ella. Mi papá siempre ha creído de manera sistemática y constante, como dice el facho de Mosciatti cuando dice cualquier cosa, que yo hago todo mal porque soy un weon. Mi papá no es malo, pero nunca me comprendió. Tal vez porque yo no era un macho, tal vez porque era débil, porque a los 3 años me regaló un peluche de un perro San Bernardo que se llamaba Bernard (el nombre penca, pero así se llamaba. Traía el nombre anotado atrás) y yo lo convertí en parte de mí. Dormía con él, lo llevaba a todas partes, como todo niño, lo que estuvo bien y aprobado por él como hasta alrededor de los 8 o 9 años, pero después de eso, cuando seguí necesitando estar con Bernard me convertí en un chico raro y débil para el estereotipo del macho alfa que él esperaba.

    No es totalmente su culpa, no? Nacido en 1939, criado en los 40. Ni siquiera en los 50. Cuando mi papá tenía 13 años recién las mujeres pudieron votar para presidente. El mundo para él siempre fue y será de hombres fuertes, que se crían para proveer a las mujeres a las que toman cuando les parece, porque son de ellos. Cómo encajar yo ahí, con mi perrito de trapo (como decía mi mamá en broma) a los mismos 13 años, haciéndolo hablar con voz de niño y conversando con mis otros 10 peluches, con los que me acostaba a dormir. Casi ni cabía en la cama yo. Para mí, Bernard no era solo un peluche para jugar. Era mi cable a tierra. Curiosamente, Bernard era mucho mejor con la gente que yo. Bernard tenía un grupo de rock anglo, saben? Se llamaba «The Dogs». Su tercer disco se llamó «The China Menace». No se traducía como la amenaza china. Era la amenaza que significaba China. Comprenden? algo así como «China: El modo de vida que nos amenaza». A los 13 años, en vez de ponerme zapatillas pluma, pantalones amasados y camisa color damasco, yo componía el primer single del tercer disco de Bernard: «Diguiliguilongdongdingdangdong», una especie de grito desesperado de una banda que no quería ser un one hit wonder, porque su primer sencillo «The dogsong» había llegado a lo más alto del dogboard. Y mas encima dibujaba las tapas de los elepés. Y todo solo.

    Mi papá no entendía que yo era autista. Que bernard era mi objeto de apego. Mi rutina. Yo tampoco pues. Para mí era mi amigo bernard, que siempre tenía que estar a mi lado. Yo vivía una vida exitosa a través de Bernard, porque siendo Alvaro no me atrevía a mirar a mis compañeros a los ojos ni saludarlos. Menos a mis compañeras.

    A los 13 años empecé a hacer todo mal, para siempre.

  • Estrabismo bilateral

    Mi recuerdo más antiguo es el de mi cuarto cumpleaños, en 1978. Vivíamos en una casa en la comuna de Vitacura, que en esa época era como hoy es la florida. No se imaginen que era un mundo de fachos cuicos como ahora. Igual era una casa esquina y mi papá había hecho una oficina al final. Claro, pa mi cumpleaños de 1978 yo no sabía eso todavía, pero ahora sí. Recuerdo que estaba sentado en una bicicleta Caloi roja, de esas con el manubrio en forma de c, como las que ahora son de paseo, pero microscópica como yo. Mi recuerdo incluye el patio de la casa de mis papás, en la calle Petrouska. Era un patio de cemento, con un par de arbolitos cerca de las rejas. De esos árboles que daban semillas que daban frutos. Parece que había una fiesta. No lo digo solo porque estaba de cumpleaños, sino porque recuerdo la mesa de madera del patio, siempre yerma y solitaria pero esta vez cubierta con un mantel plástico de colores, y algunos niños gritando y jugando en el patio.

    Mi principal memoria es de verlos jugando y yo sentadito en la bicicleta con ganas de andar un poquito. Era mi bicicleta caloi nueva! No me interesaba mucho jugar con ellos. ¿Es raro que no me interesara? Esta es mi primera memoria autista. Yo era un niño que no jugaba en los cumpleaños.

    Dice mi mamá que yo tampoco veía tele cuando tenía 3 años. Y por eso, las visitas y mis tías decían que yo era inteligente. Más inteligente que los demás, porque los demás veían tele y yo no. Curioso. Unos meses después descurió mi mamá que yo no veía la tele porque tenía estrabismo. Como suele ocurrir con las cosas hermosas, las que perduran y también con las enfermedades más terribles, nos enteramos por casualidad. Mi hermano, que también tiene una obsesión compulsiva auque mucho más grave que la mía, ha sufrido mucho más que yo porque además de vivir con el TOC que le obliga a lavarse las manos seis veces cada vez, cuando tenía 7 años pensaba que tenía los ojos enfermos porque veía borroso a veces. Su obsesión fue tanta, que mi mamá lo llevó a ver una oculista. Así se llamaban en esa época. O sea, siempre se han llamado oftalmólogos y oftalmólogas, pero cuando yo tenía 4 años no te miraban feo por decirles oculistas y ahora sí. Mi papá le decía componedor de huesos al traumátologo, pero eso era distinto, porque en el fodo estaba haciendo pasar al componedor de huesos por traumatólogo.

    En fin , volvamos al tema. Mi mamá llevó a mi hermano al oculista, y como no teníamos nana, yo fui con ellos. La verdad es que teníamos nana, pero era harto floja y llegaba a las 11 de la mañana todos los dias. Nunca entendí eso, porque mi papá salía a traajar a las 6 de la mañana y mi mamá estaba en pie a las 7 para llevarme al colegio.

    Llegamos al oculista, que era una oculista, la doctora Anabella Valenzuela en la calle Huelén. Ella le preguntó a mi hermano qué le pasaba y él le dijo «que cuando me hago así (y se frotó los ojos) veo pelotas de colores». Las adultas de la habitación se rieron, obvio. La doctora le hizo un tratamiento especial a mi hermano y luego de eso me cambió la vida: «Bueno, ya que estamos aquí, veámosle los ojitos a tu hermanito.» Me subieron al banquillo de los acusaditos, la doctora me puso esas lupitas en el ojo y me miró por el iris hacia adentro. Nunca olvidaré cuando su sonrisa por las pelotas de colores se transformó en cara de terror. «Este chico tiene estrabismo bilateral y si no lo operamos este mes, perderá la vista.»

    Era verdad. Un compañero mío, alejandro gacitúa, tuvo estrabismo en uno de sus ojos. No tuvo hermano con pelotitas en los ojos, y perdió la vista.

    Chan.

    Por eso no veía tele, pues. No porque era más inteligente que los demás, sino porque no veía nada y bueno, con una mínima inteligencia no te vas a quedar mirando algo si no entiendes nada, ¿no? El asunto es que no es por el estrabismo que no jugaba en los cumpleaños. Nunca hubo tampoco una coincidencia multiversal como la de mi hermano que provocara una visita mía al siquiatra o a la psicóloga. Por lo demás, una sesión a mis 4 años tampoco habría servido para nada. En 1978, los autistas éramos o retrasados mentales o niños tranquilos, según si podíamos mirar los ojos y hablar de corrido, como yo, o si teníamos esa actitud que satisfacía el estereotipo del autismo: el niño o la niña que no te mira, que no habla, no quiere que lo toques y se defiende a grito pelado.

    Para mí, lo complicado es que yo miraba a los ojos cuando me atrevía, hablaba de corrido y me dejaba tocar.

  • ¿Qué es esto?

    Soy autista. Tengo Un trastorno obsesivo compulsivo. Tengo altas capacidades. ¿Es como decir algo malo, algo malo y después algo bueno, no?

    He recorrido harto camino para llegar a sentarme hoy en este computador a escribir palabras como «neurotípico» y «neurodivergente.» Curioso, cuando las escribes, el corrector te las marca de rojo. No las conoce. En verdad nadie las conoce mucho. Menos yo. Tengo 48 años y las conocí hace 1. Claro, sabía lo que es ser autista, pero porque lo había visto en la tele, en alguna colecta de Aspaut, o en la casa de algún amigo que tenía un hermano taradito. Taradito decía mi papá. Cuando alguien no miraba a los ojos, no jugaba a la pelota, no hablaba de corrido, no se rascaba las bolas con los amigos ni le gustaba agarrarle el poto a las mujeres, era un huevón raro. Cuando una chica no jugaba con muñecas, cuando caminaba por el patio alrededor de la cancha sin entrar en ella, y jugaba solo con algunas de sus compañeras porque no le gustaba jugar en grupos ruidoso, ni le gustaba la música fuerte, era una cabra rara.

    Qué idea iba a tener yo de que ser autista no era una enfermedad mental. Mi papá decía que los niños autistas hablaban a gritos y que había que alimentarlos a la fuerza. Que terminaban en hospitales siquiátricos. «Tu hijo, eres normal».

    Normal.

    Yo recorría el borde externo de la cancha, me iba a tocar piano durante los recreos, no sabía como saludar a las personas, me daba miedo estar sin mi mamá, no entendía los chistes y me aferraba a las personas. Mis compañeros no. Ellos jugaban en la cancha, esperaban con ansias los recreos para ir a correr y pegarse patadas jugando al so, a los 12 años le echaban Zolben en las bebidas a las compañeras en fiestas a las que yo no iba porque me daba vergüenza. ¿Por qué no te gusta bailar hijo? decía mi mamá, si todos los niños bailan. Yo pensaba que bailar era fome, inútil no servía para nada y quería ir a leer todos los libros de ásterix, y después todos los de isaac asimov. Me gustaba la música de Alberto Cortez y no el rock latino.

    No sé realmente si escuché rock latino para encajar, sin saber que nunca encajaría. Cuando eres un triángulo no entras por espacio del cuadrado.

    Eso es esto. Un lugar donde les iré contando mis memorias, pero no cualquier memoria. Las memorias de cuando yo no era autista. Cuando no era una persona neurodivergente. Son mis recuerdos de la época en que era un niño normal, pero raro. Inteligente, pero raro. Bueno, pero raro. Anormal, pero normal.

    Estos son mis recuerdos de cuando era neurotípico.